Preciosa plumilla de la Recoleta de San Diego por el artista Alfonso Espinel Rodríguez.  Este convento franciscano fue levantado en 1606 en los deshabitados terrenos de la Hacienda Burburata, de propiedad del poderoso señor Don Antonio Maldonado de Mendoza, sobre el antiguo camino a Tunja. En 1627, se le adicionó la capilla anexa consagrada a Nuestra Señora del Campo, cuya imagen tallada en piedra fue motivo de gran devoción por parte de indígenas y labriegos de la Sabana. Es muy conocido el labrado quiteño en plata obsequiado por el Virrey José Solís Folch de Cardona, a quien se recuerda por haber abandonado su altísima posición para enclaustrarse en el convento de San Francisco como Fray José Jesús María. Posee obras de bulto de gran valor histórico  que se emplazan en el altar mayor.

Desde su fundación se constituye en la entrada norte de la ciudad por donde se llegaba por el Camino Bajo (hoy Carrera 13) o el Camino Alto (hoy Carrera Séptima). Con el tiempo San Diego se convirtió en el punto de atención a peregrinaciones religiosas y cabalgatas.

La construcción del Parque de la Independencia en 1910 y la pavimentación de las vías, Caminos Alto y Bajo además de el Camino de Engativá, la integra por completo a la ciudad. A su alrededor se constituyó el barrio de San Diego. (Ver también 1952. El Centro Internacional de Bogotá)

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