“Reynando la magestad de el señor D. Carlos IV, y siendo virrey de este nuevo reyno de granada el exmo. S. D. Josef Ezpeleta y Galdeano se contruyo esta obra de el puente, y sus camellones en 31 de diciembre de 1792”

“Ha dirigido esta obra el señor D. Domingo Esquiaqui THN.TE COR.L de el R.L cuerpo de ARTILL.A y COMAN.TE en la plaza y PROV.A de CARTAG.A de indias siendo diputado por este ilustre cabildo el regidor D. D. (don) Josef Cayzedo.

En la entrada al municipio de Chía, al norte de Bogotá, se encuentra el Puente del Común declarado Monumento Nacional desde 1967 y cuya construcción fue lograda en 1792 por órdenes del Virrey José de Ezpeleta con el fin de facilitar la comunicación y el importante comercio sobre el río Bogotá para la gente del común, de allí su nombre, al norte de la capital. Entre los siglos XVI y XVII la capital permanecía incomunicada de los territorios vecinos por los inviernos donde había inundaciones del entonces río Funza, hoy Bogotá, y los habitantes quedaban aislados de la capital.

Los planos fueron diseñados por Francisco Dávila, un pintor que participó en la Expedición Botánica y la obra encomendada al ingeniero, teniente coronel Domingo Esquiaqui del Cuerpo Real de Artillería, por ser, según el virrey:

“el único sujeto inteligente y capaz de hacerlo según las reglas del arte”.

Construido para el paso de carruajes tirados con caballos y bueyes se convirtió en una importante vía para descongestionar la despensa agrícola del norte de la sabana en los tiempos de la Colonia.

“Con el producto de un impuesto que duró muchos años, y que era cuantioso en tiempo de Ezpeleta, pagado por las recuas que venían con géneros y frutos de los pueblos del norte, y las que para allá salían de la capital, se construyó el magnífico puente que se llamó del Común”

El puente logró impedir que las crecientes del río incomunicaran las poblaciones del norte con la capital

El costo total de la obra fue de 100.000 pesos cuya financiación fue logrado mediante el pontazgo, un impuesto a los transportadores que venían con productos agrícolas de los pueblos del norte y por viajeros hacia Zipaquirá, Tunja, Vélez, Socorro, San Gil, Girón, Sogamoso y Los Llanos. En el siglo XIX la obra adquiere una importancia relevante siendo parte de la red de caminos al norte de Bogotá.

Regresar