En 1876, el asistente de la Estación de Comunicaciones en Pike’s Peak, el soldado John O’Keefe narró algunas experiencias de la vida en la estación al abogado, periodista y amigo de tragos, Eliphat Price. O’Keefe contó sobre la grandes grandes ratas devoradoras de hombres que vivían en cuevas en Pikes Peak.

La historia llegó a incluir cómo estas ratas lo atacaron a él y a su esposa e hija en la misma estación, devorando una parte de la carne en menos de cinco minutos. Mientras que el soldado O’Keefe trató de proteger a su familia utilizando un garrote para defenderse de las ratas, fue en realidad la señora O’Keefe quien salvó el día electrocutando a las ratas con una bobina de alambre conectada a la batería de la estación de señal.

Según la historia, sus esfuerzos fueron tardíos porque antes de que pudiera conectar el cable a los terminales de la batería, cientos de estas enormes ratas, ya habían devorado a Erin, la única hija de O’Keefe.

O’Keefe rápidamente erigió una tumba en la cima para apoyar su historia y atraer a los turistas. Sin embargo, O’Keefe no estaba casado y no tenía una hija. A pesar de esto, la historia llegó a los cables y terminó publicándose en muchos periódicos de todo el mundo.

La lapida lee:

Eregida

en

memoria de

Erin O’Keefe

hija de John-Nora O’Keefe

quien fue devorada por

ratas de monte

en el año de 1876

 

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