El 16 de octubre de 1891, 117 marineros del USS Baltimore desembarcaron francos en Valparaíso. Al caer la noche los yanquis se habían trenzaron en arduas disputas con chilenos en tierra. El resultado fue de un gringo muerto, otro herido mortalmente y 17 más severamente heridos. 36 fueron detenidos en la cárcel de la ciudad. Nunca se pudo establecer quien o quienes iniciaron la pelea. Aparentemente uno de los marineros gringos escupió sobre una foto o imagen de héroe chileno, Arturo Pratt.

El Capitán Schley, Comandante del USS Baltimore, juraba que sus hombres estaban todos sobrios y su actuar era casi de amorosos querubines cuando repentinamente habían sido asaltados en tierra. Ni siquiera el Capitán Evans del buque acompañante, USS Yorktown le creyó.

“Yo no estaba de acuerdo con él porque en primer lugar dudaba de su veracidad y segundo no era un asunto que valiera la pena discutir. Sus hombres en tierra, probablemente estaban borrachos, muy borrachos. Ellos desembarcaron, la mayoría con el propósito de emborracharse, lo que hicieron con ron chileno, pagado con buen dinero estadounidense.”  

Las autoridades chilenas concluyeron que había sido una riña entre marinos en puerto, pero en Washington algunas fuentes sospechaban de un asalto premeditado contra los marineros estadounidenses, entonces los Estados Unidos… aseveraron que había sido una afrenta al honor nacional. Y se arma un grave incidente internacional.

El Presidente de los Estados Unidos, Benjamín Harrison exigía una pronta y completa reparación, proporcional a la gravedad de la injuria cometida. En Canciller chileno Manuel Antonio Matta, enemigo de los yanquis desde la Guerra del Pacífico, respondió que los Estados Unidos formulaban demandas injustificables, mediante amenazas. Harrison tocó el asunto en el discurso del Estado de la Nación ante el Congreso. Afirmaba que los ataques habían sido salvajes y sin provocación alguna, y que tomaría medidas punitivas si Chile no daba una respuesta adecuada y satisfactoria. Acusaciones en el congreso de cada nación, iban y venían. Entonces Matta decidió hacer un discurso inflamatorio, acusando al Presidente Harrison y al Secretario de la Armada, Benjamín Tracy, de tener un informe erróneo o deliberadamente incorrecto. Además ordenó a sus legaciones distribuir el documento en el exterior. El ministro en Washington, Pedro Montt, hermano del nuevo Presidente chileno, Jorge Montt, tuvo el buen sentido de editar el documento y entregó una versión diferente y mucho más diplomática a Blaine. De inmediato dio aviso a su hermano en Santiago y este reemplazó a Matta por Luis Pereira.

Días después, Montt le informaba a Blaine que el funcionario judicial encargado del asunto había producido un informe de 180 páginas, indicando que la pelea se originó entre marineros borrachos. La riña escaló hasta alcanzar los vecinos del barrio, un barrio habitado por personas con hábitos violentos y que el gobierno buscaría, para tres chilenos y un estadounidense, penas carcelarias que oscilaban entre 20 días y 5 años. Montt terminaba diciendo haber recibido instrucciones especiales del gobierno chileno para afirmarle al gobierno de los Estados Unidos, que el Gobierno de Chile lamentaba profundamente los eventos del 16 de octubre en Valparaíso y que el gobierno haría todo lo posible para castigar a los culpables.

Harrison no quedó satisfecho, continuaba, al igual que sus marineros borrachos, buscando pelea. Exigió el retiro del documento de Matta y una disculpa pública por sus afirmaciones. Amenazaba con romper relaciones con Chile si estas demandas no se cumplían de inmediato. Para terminar, envió un mensaje al congreso en el que informaba, sí una disculpa y reparación adecuada, así como el retiro del documento de Matta no eran cumplidas, las demandas hechas por su gobierno serían aceptadas por Chile, a la fuerza. Chile tuvo que ceder y pagar 75 mil dólares para ser distribuidos entre los marineros heridos y muertos del USS Baltimore.

Ahora los gobernantes estadounidenses habían convencido a los ciudadanos que la prosperidad dependía del comercio internacional y utilizando como ejemplo a los británicos, convencían a los electores que la expansión comercial requería y dependía de la dominación extraterritorial que pudieran ejercer.

Así los partidos políticos colocaron el debate sobre América Latina en manos del electorado para las elecciones presidenciales de 1892. Los demócratas condenaban la actuación de Harrison.

“Vemos con alarma, la tendencia hacia una política de la irritación y la bravuconería que puede en cualquier momento enfrentarnos con la alternativa, de la humillación o la guerra.”

Por el otro lado, los republicanos  ofrecían la visión hegemónica.

“Reafirmamos nuestra aprobación de la Doctrina Monroe, y creemos en la realización del destino manifiesto de la República en su sentido más amplio.”

Todo estaba dispuesto para una de las ironías más interesantes de las relaciones interamericanas, pues el triunfador demócrata, ex Presidente Grover Cleveland, procedió a implementar las políticas republicanas.

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