En 1911, el ingeniero Alberto Borda Tanco publicó en la revista Anales de Ingeniería un texto titulado “Bogotá”, acompañado de un plano de la ciudad en ese año que da cuenta del desarrollo de la urbe para entonces:

La parte de la ciudad que está construida actualmente ocupa 6 millones de metros cuadrados aproximadamente, y se extiende unos 3 mil metros desde la unión de la carrera 6ª con la 7ª al sur, hasta la plazuela de la fábrica de cerveza alemana La Bavaria, al norte, y 2.500 metros desde la Plaza de Egipto al este, hasta la estación del ferrocarril del Sur, al oeste (Borda, 1911, p. 31-36).

Borda consideraba que la ciudad entonces poseía 600 manzanas con “16 casas cada una, las cuales contienen unos 100.000 habitantes” (1911, p. 31) y menciona varios de sus adelantos, dentro de ellos la luz eléctrica:

se emplea el sistema eléctrico incandescente, aprovechando para ello de la fuerza del río Funza o Bogotá, que pasa a unos doce o catorce kilómetros al occidente de la ciudad y se precipita al sur formando la bellísima cascada de Tequendama, que tiene 135 metros de altura y se halla a treinta kilómetros de Bogotá y a unos cinco del Charquito, en donde está la Estación hidroeléctrica de la compañía de Energía de los señores Hijos de Miguel Samper. Esta sociedad colombiana estableció desde 1900 una instalación de cuatro turbinas, que aprovechan una caída de cincuenta metros y mueven alternadores que desarrollan una potencia de unos 2.500 caballos, los cuales, trasladados aéreamente por transmisión trifásica, que tiene de día 6.700 voltios y 20.000 de noche, suministran la fuerza, luz y calor al centro de la ciudad y a un gran número de habitaciones (1911, p. 32-33).

Es necesario aclarar que aún el servicio eléctrico lo disfrutaban unos pocos y que los suburbios de la ciudad carecían completamente de su suministro. Además de la instalación del servicio de energía eléctrica, Borda menciona la nacionalización del tranvía que adquirió la ciudad en 1910 y la regularización del servicio férreo al puerto fluvial de Girardot que, como se mencionó, permitió la rápida comunicación de Bogotá con el río Magdalena y el mar.

En el informe de Borda se menciona también que “este movimiento de progreso recibió un grande impulso con la Exposición nacional de industrias y bellas artes que hubo para festejar el Centenario de vida autónoma de la República en 1910” (1911, p. 33).

El sitio en donde tuvo lugar este evento fue el mismo que había servido de sede para la exposición de 1907 y que era conocido desde entonces como El Bosque o parque de los hermanos Reyes. Según Borda, en aquel entonces era:

una colina de suave declive y muy pintoresca orientación, de donde se domina un panorama hermosísimo por el vasto horizonte de la sabana y se goza de un ocaso admirable, en que al ocultarse el sol tras el macizo de la cordillera por el lado del nevado del Tolima, presenta un espectáculo análogo al del Righi sobre el lago de los cuatro cantones (1911, p. 34).

Luego de varias discusiones, este fue finalmente el emplazamiento elegido para la realización de la que sería la mayor feria realizada hasta entonces en el país. La Comisión de Centenario escogió este lugar por su ubicación estratégica y fácil acceso, para lo que se procedió a la expropiación de los terrenos a su propietario Antonio Izquierdo y su posterior adecuación para los fines conmemorativos. Como se mencionó anteriormente, aunque por mandato de la Ley 39 de 1907, promulgada durante el gobierno de Reyes, se ordenó la solemne celebración del Centenario de la Independencia Nacional, el nuevo parque y la Exposición fueron inaugurados por el presidente Ramón González Valencia el 23 de julio de 1910, mientras una multitud exaltada aguardaba impaciente desde la noche anterior el minuto para dar inicio a las celebraciones. Parecía entonces que la idea del progreso, que no pasaba de ser un discurso en la Bogotá decimonónica, pudo por fin encontrar viabilidad (Zambrano y Castelblanco, 2002, p. 12).[1]

Regresar

[1] José Roberto Bermúdez Urdaneta, Alberto Escovar Wilson-White; Bogotá o la ciudad de la luz en tiempos del Centenario: las transformaciones urbanas y los augurios del progreso; APUNTES vol. 19, núm. 2: 184-199