En septiembre de 1908, los jesuitas adquirieron un terreno en Bogotá al oriente de la carrera Séptima y al norte de San Diego. Siendo ese día el festivo de Nuestra Señora de las Mercedes, el terreno se bautizó como La Merced.

Así La Merced se convirtió en el sitio de descanso para los estudiantes del Colegio Nacional (Mayor) de San Bartolomé localizado en la Plaza de Bolívar y el lugar para sus justas deportivas. El Colegio Nacional de San Bartolomé había sido fundado por el Arzobispo de Bogotá, Bartolomé Lobo Guerrero el 27 de septiembre de 1604 por lo que tenía 330 años de tradición.

El Ministro de Hacienda del gobierno de Enrique Olaya Herrera, Esteban Jaramillo había escogido en 1932 los terrenos de la finca El Tejar de Alcalá, parte de la Hacienda de La Merced de Rafael Urdaneta, y los de la familia de Francisco Montaña para construir el Parque Nacional el cual quedó colindante con la Quinta La Merced.

En 1934 lo noticia de una probable expropiación del Colegio por parte del gobierno de Alfonso López Pumarejo alertó a los jesuitas quienes asesorados por Laureano Gómez Castro y Mariano Ospina Pérez, cuyos hijos estudiaban en el plantel, sugirieron que se vendiera parte de La Merced para obtener los recursos necesarios con el fin de  construir, en esos mismos predios, otro colegio que continuara la magnífica obra del San Bartolomé.

Finalmente la ley 110 de 1937 expropió el Colegio y le dio un plazo perentorio de dos años para desalojar el plantel.

Los Jesuitas habían comenzado a construir otro colegio con altos estándares educativos y para llegar a solventar un posible traslado del claustro de la Plaza de Bolívar, la nueva sede de La Merced comenzó a funcionar desde febrero de 1941. Como necesitaban dinero para la construcción del nuevo colegio, los jesuitas urbanizaron el terreno en seis manzanas, las cuales fueron vendidas a algunos de los nombres más importantes de la sociedad colombiana. Entre otros, se destacaban el banquero Luis Soto del Corral, el ex alcalde de Bogotá, José María Piedrahita, el empresario del tabaco Benjamín Moreno, el cafetero Manuel Casabianca, el médico José Vicente Huertas, el comerciante Ernesto Puyana, el médico Luis Bermúdez Ortega, el abogado Ricardo Hinestrosa y el ingeniero Hernando Gómez Tanco, quienes construyeron sus casas entre 1937 y 1945.

Rápidamente La Merced se convirtió en uno de los barrios más exclusivos de la capital, enmarcado por la carrera Séptima, el Colegio San Bartolomé La Merced y el Parque Nacional. Fue tal su reputación que el gobierno, ante la falta de hoteles para albergar a las delegaciones que venían a la Conferencia Panamericana en 1948, alquiló las casas de La Merced para hospedar a los visitantes más ilustres. La casa más grande, la de Puyana (actual casa CESA), había sido destinada para George Marshall, héroe de la II Guerra Mundial, Premio Nobel de la Paz y Secretario de Estado de los Estados Unidos. Durante los disturbios del 9 de Abril Marshall no fue el único en refugiarse en una casa de La Merced. Laureano Gómez también se escondió de los rebeldes en el barrio, en la casa de don Andrés Pombo (carrera 6ª con calle 36, actual Fundación Fe). Allí recibió la ayuda del estudiante Gilberto Arango Londoño, quien lo comunicó con el Palacio de San Carlos y lo llevó de La Merced al Ministerio de Guerra en un tanque.

Extraído parcialmente de Historias de La Merced de Andrés Sánchez

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