La imagen del milagro de Alonso de Narváez, temple sobre algodón, 1556

El Entredicho, la coronación y el sueño de Chiquinquirá

Antonio José Rivadeneira

El Entredicho fue un conflicto religioso-político de tipo local y provincial, el cual se suscitó cuando el obispo de Tunja, Eduardo Maldonado Calvo expidió al Decreto No. 115 de 7 de junio de 1918, por medio del cual dispuso llevar a la Capital de la Republica la imagen de Nuestra Señora de Chiquinquirá para ser coronada en la Basílica Metropolitana.

Ante los rumores de que la imagen una vez coronada seria instalada en la iglesia del Voto Nacional en Bogotá surgió tal oleada de incertidumbre e inconformidad, que el Alcalde de Chiquinquirá, Campo Elías Pinzón Tolosa, expidió el Decreto del 13 de junio de 1918, por medio del cual se opuso al despojo y convocó a la ciudadanía a defender sus derechos.

El 21 de junio la ciudadanía efectuó un nuevo motín de protesta contra el Decreto del obispo y en la noche el pueblo asaltó el Convento de los Dominicos, forzó las puertas del santuario y se apoderó del Cuadro, el cual llevaron en custodia hasta el templo de la Renovación, donde se le mantuvo permanentemente vigilado.

Esta actitud disgustó al Obispo quien declaró en Entredicho a la Parroquia y por Decreto 116 de 24 de junio excomulgó al alcalde Pinzón Tolosa, situación de tensión que mantuvo hasta el mes de septiembre del citado año, cuando el alcalde se retractó y autorizó el envío del Cuadro a Bogotá.

Sobre este episodio que alteró el orden público dejó claro testimonio el presidente Marco Fidel Suarez en el escrito El Sueño de Chiquinquirá, en el cual transcribió la carta que dirigió a los notables chiquinquireños Tomas Ballesteros, Alberto Casas, Aurelio Maya Vásquez, Leónidas y Pedro Martin Quiñonez y Julio Salazar, mediante la que propuso una salida cordial al proceso, en la cual se ofreció como garantía para el retorno y restitución de la Imagen a su Santuario, escrito que culmina así:

Esta imagen, de placido aspecto y añoso colorido, sobre la cual han pasado los soles de más de tres siglos es ahora el objeto de cultos extraordinarios en que se combinan el canto de los niños, las lágrimas de los ancianos, los elogios de la oratoria, las estrofas de la poesía y los ecos de los himnos.

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