Maravillosa historia de superación

Luis Eduardo Yepes nació en Copacabana y fundó el Almacén Ley, en 1922; entendió desde un comienzo que los consumidores eran la razón de ser de su oficio y que, por tanto, debían estar siempre sintonizado con sus necesidades.

Con esa mentalidad, el hijo de don Avelino Yepes convenció a su padre de terminar sus correrías de pueblo en pueblo para hacer labores agrícolas, y llevar más bien la familia a una ciudad promisoria como Manizales, para abrir una tienda de miscelánea. A la entrada, fijó un llamativo letrero para su nuevo negocio La Fontana:

En La Fontana se vende desde ají hasta elementos de guerra”.

La variedad y el servicio sedujeron a los compradores, pero un incendio en 1921 les dejó a los Yepes solo cenizas, deudas e incertidumbre.

Esta primera experiencia, aunque infortunada, ratificó en Luis Eduardo Yepes su talento como comerciante y lo motivó a seguir por esa línea. Así que, en medio de la crisis económica de su familia, decidió probar suerte en el comercio barranquillero pues le habían dicho que esa ciudad tenía mucho porvenir. Llegó a explorar mercado en enero de 1922, con 28 años y $200 que le prestó un amigo manizaleño, y se encontró una población eufórica que celebraba disfrazada su carnaval. ¿Qué hizo? Vender antifaces y fantasías.

Convenció al dueño de una zapatería para que le arrendara la mitad del local, él mismo hizo la división, los estantes y llenó cada espacio vacío con máscaras, capuchas, antifaces y otras curiosidades. Solo faltaba el nombre y como no había tiempo que perder, decidió unir las iniciales del suyo, con tan buena suerte que obtuvo un resultado corto, sonoro y fácil de recordar:

Ley, Almacén Ley.

Desde un comienzo, Luis Eduardo Yepes supo darle una personalidad definida a su negocio, pues demostró a los curiosos compradores que allí siempre iban a encontrar lo que necesitaban y al mejor precio. Por eso, aunque las fiestas pasaron, su promesa de venta nunca fue inferior a la expectativa; por el contrario, los barranquilleros iban a visitar su almacén seguros de encontrar mucho más de lo que requerían.

Incluso, a su estrategia de estar sintonizado con los acontecimientos de la ciudad y dar variedad con buenos precios, le sumó un atractivo ingrediente de mercadeo que no tenía precedentes: dar precios fijos -y bajos-, sin someterlos al tradicional ‘regateo’. El aviso causó sensación por ese entonces.

“Almacén Ley, de 5 centavos a 1 peso”

La cadena estadounidense Woolworth era la fuente de inspiración de Yepes. Había leído sobre ella y sabía que utilizaba esa estrategia de precios fijos y crecimientos rápidos en puntos de venta (llegó a tener más de 1.000 almacenes en los años 20). Por eso, después de pagar las deudas de su familia (1922), casarse con su novia Isabel López (1923), vincular como socio a su cuñado Alfredo López (1923) y formalizar la sociedad Luis Eduardo Yepes y Cía. ante un juzgado del Circuito de Barranquilla (1924), sus metas se tornaron mucho más ambiciosas.

Con apenas 3 años de escuela, Luis Eduardo Yepes tomó la decisión de viajar a Estados Unidos -en 1928- para conocer de primera mano la forma como funcionaban aquellas grandes cadenas del comercio en ese país, de las cuales había leído tanto en libros. Al regresar, tenía mucho más claro su modelo. Innovó entonces con vitrinas de cristal e inició la expansión de la cadena fuera de Barranquilla. Primero Ciénaga (Magdalena); luego Cartagena, e impulsado por el capital fresco inyectado en 1929 por sus hermanos Antonio y Emilio Yepes para entrar a la sociedad, el Ley abrió en los siguientes 4 años almacenes en Bucaramanga, Bogotá, Cali y, por último, Medellín.

En la capital de Antioquia también llamaron la atención el surtido y los precios, diluyendo así los temores de su fundador, quien había retrasado la entrada de sus almacenes a esa ciudad porque -en sus palabras-

“en mi tierra, el que menos corre vuela”.

Por esa misma razón, tuvo más cuidado con esta filial, la cual innovó con 10 secciones (regalos, uso personal, rancho, artículos para dama y para hombre, juguetería, lana y costura, utensilios domésticos, tocador y joyería), atendidas por “señoritas elegantes y bien parecidas”; además, cada producto -perfectamente visible en las vitrinas- tenía un precio fijo. Su objetivo era crear en Colombia el hábito de la compra por impulso.

Muy pronto, Medellín se convirtió en el eje de la compañía; pero con la misma e inesperada rapidez, una enfermedad acabó con la vida de su gestor. En 1936, la muerte de Luis Eduardo Yepes cambió el rumbo de los almacenes Ley.

Revista Dinero edición del 9/17/2004 

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