En la década de los años treinta, ante el cierre del Hipódromo de la Merced por la baja asistencia, se construye por parte de Ricardo Cubides, José María Gómez Campuzano y Gustavo Uribe Ramírez el Hipódromo de Bogotá, mejor conocido como el Hipódromo de la calle 53.

Los hipódromos en Bogotá, a pesar de ser básicamente lugares de recreación para las elites, donde los hombres asistían con vestidos de marca y las mujeres con sus trajes largos y sombreros traídos de Europa, y quienes consumían champaña durante el espectaculo, las carreras de caballos no tuvieron gran acogida entre el público y sus puertas cerraron por la baja asistencia. El primero en Bogotá fue el  Hipódromo La Gran Sabana en Teusaquillo, cerca de la Avenida Caracas con la Calle 40. Para La Gran Sabana fue traído el primer caballo pura sangre importado al país, Sagitario, traído por Alejandro Urdaneta y en 1910 el General Rafael Reyes trajo a San Bernardino. Después vino el Hipódromo de La Merced o el Hipódromo de la 45 inaugurado en 1914 y por último el Hipódromo La Magdalena. Funcionó entre 1915 y 1930.

A pesar de los malos resultados anteriores, el nuevo Hipódromo de Bogotá contó con un éxito inmediato.

Por encontrarse en cercanías al parque Alfonso López, muchos lo denominaban como el Hipódromo Alfonso López. Será reemplazado en 1954 por el Hipódromo de Techo.

Regresar