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Mariano Ospina Peña

Ese mismo día 27 de octubre, Manuel Amador fue recibido en Colón por Herbert G. Prescott, el superintendente asistente del Ferrocarril. Le dijo a Prescott que Bunau-Varilla le había prometido tener buques de guerra a mano para proteger a los revolucionarios panameños de Colombia. Los documentos que el ingeniero francés había entregado a Amador le habían sido entregados al hijo del Capitán Beers.

El valiente grupo de “revolucionarios” ahora tenía un problema económico. Habían recibido la bandera, la proclama y la constitución, pero aún no tenían el financiamiento. Los “patriotas” inmersos en el plan de independencia no aportaban siquiera un óbolo con que pagar los gastos y los sobornos que requería la tal revolución. Solo $25 mil de los $100 mil dólares recibidos por el francés llegarían antes de la tal revolución y con gran dificultad se logró hacer que Bunau-Varilla entregara otros $25 mil después.

En la reunión de 27 de octubre en casa de Federico Boyd, Amador narró lo acordado con Bunau-Varilla. Tan solo la zona del canal y las ciudades de Colón y Panamá se declararían independientes. El gobierno estadounidense reconocería la nueva “República del Istmo” y es cuando Amador saca con orgullo la bandera confeccionada por la mujer del francés, lo que genera gran conmoción entre los demás “patriotas”. Pero Ricardo Arias acalla la conmoción y se queja que al igual que otros terratenientes, él quedaría arruinado si sus propiedades no son protegidas de la ira colombiana. Ante lo cual Amador le afirma que él solo repetía lo instruido desde Nueva York, pero que él está seguro que los estadounidenses no permitirán a las tropas colombianas atacar en ninguna parte de Panamá. Prescott, único gringo en la reunión, mantuvo silencio. Hacia las 11 pm se terminó la reunión y Amador fue a su hogar para informar a su mujer, María de la Ossa de Amador, de los acontecimientos.

La US Navy

En la tarde del 2 de noviembre el contralmirante Glass comandando el Escuadrón del Pacifico recibió un cable que, le ordenaba proceder a Panamá y ocupar el Cerro Ancón, de ser necesario con artillería, con el fin de impedir el desembarco de tropas colombianas.[1] En el Caribe el USS Nashville, al mando del comandante John Hubbard,  arriba a las 5:30 pm y suelta anclas frente a Colón, mientras la cañonera Cartagena, con Tobar y sus hombres, arriba en la madrugada del 3 de noviembre. En Panamá los agentes de la junta se preparaban para problemas. Manuel Amador Guerrero se cogía el estómago en pánico y hacía esfuerzo supremo en no defecarse del susto cuando Herbert Prescott le comunicaba la noticia del arribo del Cartagena. Entonces un aterrorizado Amador corría para su casa a buscar refugio en su mujer.

Cuando los valientes conspiradores de la ciudad de Panamá se enteraron de las tropas colombianas en Colón, entraron en pánico. Tomás Arias, un acaudalado terrateniente, y varios otros recorrieron afanosamente las estrechas calles adoquinadas buscando a Amador. Lo encontraron deambulando por los callejones. Furiosos, le dijeron que no querían tener nada que ver con la revolución y regresaron a sus hogares. Amador volvió a su casa y se acostó en la hamaca del patio interior. También él estaba dispuesto a abandonar la causa; la revolución había llegado a su fin. Cuando su esposa, María, lo vio, le ordenó que se levantara y prácticamente lo sacó de la hamaca de un empellón y le grita: “Hemos llegado demasiado lejos como para darnos por vencidos ahora. Con soldados o sin soldados, ¡la lucha tiene que continuar!”.

María de la Ossa de Amador

Amador se levantó a regañadientes. Con María a la vanguardia, los dos salieron a las calles para convocar a los demás conspiradores a una reunión de emergencia en la casa del superintendente Herbert Prescott. Allí, María de Amador ideó un plan para afrontar la angustiosa situación. (Años después los conspiradores varones negarían el papel que desempeñó, en un intento por reafirmar su propio prestigio). Primero, sugirió que se separara a los generales colombianos de sus tropas. El coronel James Shaler, que estaba encargado de la estación del ferrocarril en Colón, enviaría a los generales por tren a la ciudad de Panamá, dejando en Colón a la tropa. Ya en Panamá se vería qué hacer con los generales (uno de los planes era echar píldoras para dormir en su vino durante el almuerzo). Sin sus generales, los soldados podrían ser sobornados para que regresaran a Barranquilla.[2]

Estaban sorprendidos todos los 7 u 8 conspiradores de la revolución panameña porque Hubbard no hacía nada. El problema del comandante gringo era que aún no

Comandante John Hubbard del USS Nashville

había recibido sus órdenes secretas de Washington. No tenía idea para qué había sido enviado a Colón. Envió entonces un inspector a bordo del Cartagena y este halló un numeroso grupo de selectos francotiradores, sin clara idea del porque habían sido despachados al istmo. Solo sabían que habían recibido órdenes del general Tobar para desembarcar cuanto antes. Una vez alcanzada la independencia, éste grupúsculo de pusilánimes conspiradores en forma cobarde comenzaron un encendido matoneo contra María, la única verdadera heroína de la tal “revolución” panameña, con el fin de que no hablara con los reporteros de The World, puesto que temían si ella contaba todo lo que sabía, los haría ver como mentirosos temerosos. Ellos afirmaban que ella era solo una mujer y nada sabía sobre la revolución.

El Chafarote

Entonces a las 8:20 AM desembarcaron del crucero Cartagena, los 500 hombres del Batallón 3º Tiradores, armados y municionados.

“El general Tobar fue el primero en desembarcar, seguido por el general Ramón Amaya, el general Francisco Castro y el coronel Eliseo Torres. Varios oficiales de Colón aguardaban en el muelle para rendir honores militares, incluido el general Pedro Cuadras, el prefecto de Colón. (Porfirio) Meléndez se acercó a los generales colombianos mientras pasaban revista al regimiento. Les dijo que el informe sobre la invasión nicaragüense era falso y que en la ciudad de Panamá reinaba la tranquilidad; los instó a embarcarse de nuevo y regresar a casa. Mientras conversaban, los interrumpió el Coronel José Segundo Ruiz, capitán de puerto de la provincia de Bocas del Toro, en los límites caribeños con Costa Rica.

Soy Ruiz. Estoy de jefe del resguardo en Bocas del Toro y he abandonado mi puesto por venir a poner en su conocimiento asuntos de importancia para la nación. El agitado Ruiz le dijo al general Tobar, que el 10 de octubre el capitán de un barco noruego anclado en la bahía de Almirante de Bocas le había dicho que “sabía a ciencia cierta que se estaba planeando un movimiento separatista en Panamá y que los Estados Unidos lo favorecían abiertamente”. El general Tobar llevó a un lado al prefecto, el general Cuadras, y le preguntó sobre el rumor. Cuadras le dijo que no sabía nada sobre ningún movimiento revolucionario en Panamá o en Colón, pero Tobar no quedó muy convencido.”[3]

Estación del Ferrocarril en Colón. 1903

A pesar de las advertencias de los diplomáticos en Washington y Nueva York sobre el Ferrocarril y haber escuchado al coronel Ruiz, el chafarote de Tobar se dejó engañar por el Coronel James Shaler, conspirador a órdenes de Cromwell. El gringo consideraba que había que impedir el traslado del “Tiradores” hasta Ciudad de Panamá a toda costa.

Juan B. Pérez: el Jefe del Ferrocarril en Colón, un agrio Coronel americano, hace frente la contrariedad y, reprimiendo sorpresa y enojo, se torna muy dulce, y se le bota al General Tobar al desembarcar en el muelle, con los brazos abiertos, como viejos amigos, sin haberlo tratado jamas y no conocerlo ni de vista, y le dice que lo está esperando, que tiene orden del Gobernador Obaldía de facilitarle su inmediata traslación a la capital, y que, al efecto, ha demorado el tren ordinario de pasajeros para que pueda llevarlo a Panamá a él y su Estado Mayor; que por la tropa no se preocupe, porque ella irá detrás de él en el resto del día. Tanta amabilidad, cordialidad y agazajos tan inesperados de un yanqui de terrible fama por su ordinariez (díganlo los Jefes colombianos que antes habían tenido que pasar por allí, lo que era muy sabido del asesor Amaya), debieron de parecer a nuestro Generalísimo obra de hechicería, cuando solo era, en verdad, recurso escénico del drama que se estaba desarrollando; y el General Tobar se dejó llevar al tren, acompañado de su segundo Amaya y de su Estado Mayor, y en ese convoy, fúnebre para su reputación, se dejó acomodar… [4]

El general Ramón C. Amaya “el León de Carazúa” le dijo que él se quedaría en Colón con el resto de la tropa y se movilizaría con el batallón hasta Ciudad de Panamá. Sin embargo Tobar no le autorizó. Entonces Amaya le pide:

“Déjeme aquí con mis soldaditos”.

Tobar le responde:

“No, usted no debe dejarme completamente solo…”

Amaya a regañadientes ocupó su lugar en el tren.[5]

Un “pobre diablo [6]

Así en forma irresponsable, el general Tobar se llevó a su Estado Mayor para ciudad de Panamá, dejando a sus hombres bajo el mando del Coronel Eliseo Torres en Colón, un oscuro oficial vallecaucano de la guerra civil, sin sentido alguno de responsabilidad.

El coronel Eliseo Torres Gutiérrez era oriundo del Valle del Cauca, y como tantos otros oficiales de la guerra civil que no buscaron en el ejercicio de las armas otra cosa que un modo de sobrevivir en medio de la tormenta, era lo que se llama un pobre diablo. Quizá en el curso de su carrera demostrase algún mérito en obediencia de órdenes superiores; pero carecía de iniciativa y sobre todo, le faltaba esa chispa genial que, en un momento dado, es capaz de convertir en héroes a los simples mortales. Además era también cultor apasionado del dios de las viñas.[7]

Entonces como vemos el mando del Batallón Tiradores quedó en pésimas manos, y sería desde allí, en Colón, que se tendría que hacer la defensa de la patria. Mientras tanto, Madman Teddy aprobó el cable “secret and Confidential” que ordenaba al Comandante John Hubbard del Nashville con gran énfasis:

Mantenga el tránsito libre e ininterrumpido. Si la fuerza armada amenaza, ocupe la línea del ferrocarril. Evite el desembarco de cualquier fuerza armada con intentos hostiles, sea del gobierno o insurgente, sea en Colón, Porto Bello, u otro punto. Envíe copia de instrucciones al oficial mayor presente en Panamá al arribo del Boston. He enviado copia de instrucciones y telegrafiado al Dixie seguir adelante con todos los despachos posibles desde Kingston a Colón. Se anuncian fuerzas del Gobierno que se acercan al Istmo por mar. Eviten su desembarco si a su juicio esto pueda precipitar un conflicto”[8]

Todos los demás buques en camino a Panamá recibieron órdenes similares. Por su parte, el comandante Hubbard estaba algo confundido con sus órdenes. No conocía de algún evento revolucionario en el istmo y los colombianos del Batallón Tiradores no parecía una fuerza con intento hostil. Ahora que estaban sin sus comandantes, descansaban pacíficamente coqueteando con mujeres. Tampoco veía el comandante Hubbard la amenaza insurgente que al parecer anticipaban en Washington. Entonces fue a tierra a consultar con el sobornado coronel Shaler, quien le hizo comprender la verdadera situación. Hubbard regresó al Nashville y envió el siguiente cable a Washington:

“Es posible que el movimiento se haga esta noche en Panamá para declarar la independencia. En ese caso, protestaré el tránsito de tropas aquí ahora.”

Shaler entonces informa al coronel Torres que no puede transportar hasta Ciudad de Panamá el Batallón 3º de Tiradores, hasta que Colombia pague una deuda que tiene con el ferrocarril, más otros $2 mil dólares para el transporte de las tropas.[9] Sin superiores, Torres quedó totalmente confundido.

Hacia las 2:30pm llegaba al Departamento de Estado un cable del cónsul estadounidense en Colón, Oscar Malmros:

“Revolución inminente… Buque Cartagena gubernamental con unos 400 hombres arribó temprano hoy con nuevo Comandante General Tovar…. No es probable que detengan revolución.”

Siendo día electoral, el gobierno estadounidense estaba mal preparado para manejar este tipo de noticias. La mayoría de sus máximos jefes incluyendo a Root, Moody y el Presidente estaban en viajes electorales. Entonces el Secretario de Estado Asistente, Loomis envió un cable al Vicecónsul estadounidense en Ciudad de Panamá, Félix Ehrman, dándole instrucciones para que mantuviera al tanto de los acontecimientos al Departamento del Estado. Ehrman solo pudo responder:

“la situación es crítica pero aún no violenta. Algún tipo de levantamiento se espera en la noche.”

El traidor Juan Esteban Huertas López

El general Esteban Huertas era el Comandante militar del Batallón Colombia. Un soldado valiente pero un hombre sin educación moral, ni intelectual.[10] Era un personaje oriundo de la población boyacense de Úmbita cerca de Tunja. En la iglesia del pueblo se encuentra el folio de nacimiento de Juan Esteban Huertas López, hecho ocurrido el 30 de mayo de 1869. Debajo del nombre del registrado, dice en el margen izquierdo, escrito con tinta:

“Traidor a la patria. Vendió el istmo de Panamá en 1903. Con el producido de su traición vive olgadamente (sic) en Nueva York”.[11]

Huertas, quien era un personaje de sólo metro y medio de estatura se sentía la reencarnación de Simón Bolívar. Comenzó su carrera militar a los 12 años y su primer ascenso lo ganó a los 16,

Esteban “el mocho” Huertas

cuando pasó de soldado raso a tambor; en 1888 subió a cabo primero, en Barranquilla; dos años después, a sargento segundo; en 1894 a sargento primero y pasó desde entonces a servir al batallón Colombia en Panamá, donde participó activamente en la guerra de los Mil Días. En 1895 fue teniente; en 1897, capitán; en 1900 fue ascendido a sargento mayor por su distinguido comportamiento el 28 de marzo en Guapi, Cauca; en el mismo año fue teniente coronel:

“haciendo justicia a los servicios que ha prestado Ud. A la santa causa del orden y de la religión.”

En 1901 es ascendido a coronel y en febrero de 1902 llegó a general. Su carrera fue la de muchos, la de tantos colombianos que en el siglo XX no encontraron otra ocupación para subsistir, desde muy niños, que la del fúsil y la de guerrear en aquellas luchas intestinas que provocaban los ideólogos desde la capital. Había casado con panameña: “Tengo una cadena, el lazo conyugal, que me ata al istmo. Soy panameño de corazón y prefiero separarme del servicio militar antes que dejarlos solos.” [12]

En 1900 perdió la mano derecha en un combate en Anchicayá, Cauca, cuando luego de disparar varias veces desde un cañón éste se recalentó y quedó al rojo vivo, debido a lo cual la bala salió por detrás y le destrozó el brazo derecho. Desde entonces lo comenzaron a llamar el “mocho” Huertas.[13]

“Como a las nueve de la mañana del 1 de Noviembre (nos dice hablando siempre en tercera persona) encontrándose el general Huertas en su Cuartel, se presentó allí el señor Pastor Jiménez, manifestándole que iba de parte del Dr. Manuel Amador Guerrero para decirle que deseaba tener una conferencia con él en el Gran Hotel Central, donde en efecto lo esperaba. Huertas acudió y al entrar, encontró al Dr. Amador sentado en el zaguán del hotel, y éste, al verlo, púsose de pie, tembloroso, y poniéndole la mano sobre el hombro, le insinuó que subiera las escaleras. Llegados al primer piso, penetraron a una pieza, e instalados en ella, el Dr. Amador le dijo que tenía que comunicarle una cosa interesante; pero parecía indeciso, pues temblaba y palidecía, produciendo varios sonidos guturales incomprensibles, por cuanto la voz se ahogaba. Por fin, haciendo un esfuerzo, pudo expresarse con claridad y le dijo: “Dígame General, sin vacilación de ninguna especie, si se tratara de proponerle un crimen, ¿me guardaría usted el secreto?” Huertas hizo un ademán de asentimiento y Amador continuó: se trata de la Independencia del Istmo, todos están de acuerdo, los Arosemena, los Boyd, los Arias, y hasta los extranjeros están dispuestos a ayudarme. Sólo, pues, esperamos su decisión, sin la cual la independencia es imposible. A la vez, el Dr. Amador se deshizo en ofertas que se traducían en tesoros…”[14]

En Ciudad de Panamá

De acuerdo al testimonio de Federico Boyd, el 14 de junio de 1909 solo existían “4 patriotas” principales de la junta original de ocho:

“Éramos Amador, Arango, (Ricardo) Arias y yo. Esos fueron los que lograron todo el trabajo.”

Boyd juró que no había más de 50 personas en Panamá que sabían de la revolución hasta el día de la independencia. El alcalde de la ciudad para ese entonces era Francisco de la Ossa, hermano de María de la Ossa, esposa del pusilánime y traidor colombiano. El 28 de junio de 1909 confesó a Earl Harding en el Hotel Tivoli en la Zona del Canal:

Los panameños tienen miedo de contar que, la verdad es que la revolución nació en Nueva York. Unos ocho días antes de la revolución, mi hermana me hizo jurar sobre una foto de nuestra madre fallecida, que yo no contaría a persona alguna lo que había escuchado y como alcalde de lo que entonces era una ciudad colombiana, no tomaría acción alguna contra mis amigos.”[15]

A las 11:30AM llegaba a Panamá Tobar con el Estado Mayor del Batallón Tiradores:

“Una banda tocaba himnos patrióticos y docenas de niños y curiosos agitaban la bandera colombiana. Fueron recibidos por una nutrida delegación de ciudadanos, entre ellos el gobernador Obaldía, el vicecónsul Félix Ehrman, propietario del Hotel Central y del Banco Ehrman, el hijo de doctor Amador, el secretario de Obaldía, Julio Fábrega; Demetrio Brid, presidente del Concejo Municipal de Ciudad de Panamá, y Eduardo de la Guardia, tesorero del Departamento de Panamá.”

Los generales Ramón C. Amaya, Esteban Huertas y Juan Bautista Tobar momentos antes de la traición de Huertas

El gobernador Obaldía envío un mensajero al general Tobar diciéndole lo mismo que había dicho Shaler a Torres en Colón. Tobar se enfureció. Envió al general Amaya quien amenazó a Obaldía ante lo cual, éste se declaró sorprendido por la actitud de Shaler. Cuando Amaya ofreció el dinero para cancelar el transporte de las tropas colombianas, Obaldía le respondió que no era necesario.[16]

“Mientras tanto, Amador les estaba diciendo a los conspiradores que la revolución tenía que hacerse esa misma tarde, en vez del 4 de noviembre, como se había planeado originalmente. La noticia de que se había programado una reunión masiva en la Plaza Catedral a las 6:00 p.m. se propagó rápidamente por toda la ciudad, aunque pocos estaban al tanto de lo que iba a suceder. Un oficial colombiano, el general José Núñez Roca, escuchó los rumores y a la 1:30 p.m. despertó a los generales de su siesta. Le dijo a Tobar que su llegada había generado gran excitación y alarma en la ciudad y que iba a haber una manifestación pública.” [17]

También les informó que Obaldía les había mentido y que el general Huertas también era conspirador. Tobar finalmente decide actuar y amenaza con fusilar a cualquiera que quiera insubordinarse.

“Los generales se dirigieron entonces al cuartel de Chiriquí para inspeccionar el arsenal. Huertas los estaba esperando en la entrada. Tobar inspeccionó minuciosamente el lugar y las municiones y les preguntó a los soldados sobre la situación de Panamá. Todos dijeron que reinaba la calma, pero Huertas le recordó que las tropas no habían recibido ni un solo centavo desde hacía meses.”

Tobar le contestó de manera cortante:

“Que no se preocupen por eso; viene un gran convoy en camino”.

 “Al escuchar esta respuesta, Huertas no pudo ocultar su furia. La afirmación de Tobar confirmaba sus temores: las tropas colombianas habían llegado para relevarlo a él del mando y llevárselo de Panamá.”

El Batallón Colombia en Panamá tenía 400 hombres, con 31 oficiales, 367 soldados y 2 civiles. La Plana Mayor estaba compuesta por: el Comandante, general Esteban Huertas; Segundo Comandante, teniente coronel Leoncio Tascón; el Instructor de Artillería, coronel Luis Carlos Morales; el Ayudante Mayor, mayor Eduardo Pérez; Agregado, capitán Rafael Aranza; Segundo Ayudante, teniente Ramón R. Rojas; y el Abanderado subteniente Sotero Cardozo. Ese día en Panamá solo quedaban 150 hombres.

Los generales Tobar y Amaya con el traidor Huertas en el cuartel de Ciudad de Panamá

En julio de 1909 Earl Harding de The World obtuvo en Bogotá copias certificadas de la cuentas de tesorería en las cuales se enviaba la nómina cumplidamente cada mes y había sido recibida por el comandante en Panamá. Harding trató de hacer que Huertas testificara ante la Comisión de Senado estadounidense, pero había sido comisionado fuera de la ciudad.[18]

“Cuando los generales colombianos llegaron al cuartel de Chiriquí encontraron a Huertas y sus oficiales sentados en bancas sobre la muralla. El general Tobar llevó aparte a Huertas y le dijo que una muchedumbre se estaba abriendo paso hacia el cuartel. Le ordenó que preparara una guarnición para restaurar el orden y que ubicara francotiradores a lo largo de la muralla. Huertas miró por la ventana y vio acercarse la muchedumbre. Fue a su habitación, tomó su espada y su revólver y llamó al capitán antioqueño Marcos Salazar. Cuando llegó Salazar lo miró, pero se marchó sin pronunciar palabra. Salazar les ordenó a los guardias que colocaran las bayonetas en los rifles. Marcharon hacia donde estaban los generales, actuando como si fueran a salir en patrullaje para restaurar el orden como les habían ordenado. Cuando estaban ya cerca de los generales, el grupo de catorce se dividió en dos filas, una de las cuales pasó enfrente de los generales y la otra por detrás.

De repente, Capitán Marco A. Salazar gritó. Los soldados bajaron sus bayonetas y rodearon a los generales. “¡Caballeros, están ustedes presos!”

Capitán Marco A. Salazar

 Saltó el General Tovar: “¡Cómo presos! ¿Desconoce usted al General en Jefe del Ejército?”

 “A mí no me lo han hecho reconocer…,…contestó Salazar y Tobar se le abalanzó.  “Yo le empuñe con la izquierda su brazo derecho que pretendía sacar su pistola, y le puse la punta de la espada en el costado derecho dando la orden: ¡Escolta, Calen!”

 El General Tovar exclamó: “¡Huertas! ¡Dónde está Huertas!”

 Este se asoma y ordena:

Proceda capitán, sin contemplaciones. Aquí se cumple lo que yo ordeno.

El General Amaya, dijo: “General somos presos, no hay remedio…acto seguido son trasladados los generales colombianos al Cuartel de Policía con fuerte custodia militar, la conspiración detenía la mano contrarrevolucionaria.”

El Comandante del vapor Bogotá, general Luis Alberto Tobar y el general Ángel María Tobar, ayudante del general Juan B. Tobar fueron también apresados.

A las 5:30pm del 3 de noviembre de 1903, mientras los comandantes militares de Colombia fueron detenidos por órdenes del traidor Esteban Huertas, el otro traidor, Amador Guerrero caminó hasta la casa de vicecónsul estadounidense Félix Ehrman, con el fin de informarle:

Panamá ha cortado sus vínculos con Colombia y un gobierno provisional de tres cónsules sería formado con José Agustín Arango, Federico Boyd y Tomás Arias.[19]

La Flotilla del Pacifíco

Coronel Jorge Martínez Landínez

En la bahía de ciudad de Panamá se encontraban los vapores Veintiuno de Noviembre y el Bogotá. El primero bien aprovisionado y en manos del traidor general, Rubén Varón quien a cambio de $35 mil dólares entregó la soberanía. El Bogotá, por la detención de su comandante en tierra, quedó en manos del Segundo Comandante y Comisario Pagador, coronel Jorge Martínez Landínez. Al enterarse de las detenciones de sus superiores, Martínez envió el siguiente mensaje a las siete de la noche:

República de Colombia. División Naval del Pacifíco, Crucero Nacional “Bogotá”.

Señor Jefe de Policía

Panamá

Acabo de tener conociemiento de que se ha desconocido la autoridad del gobierno nacional, y aviso a usted para que lo ponga en conocimiento de todos los habitantes de esa ciudad, que hayan tomado participación en tal desconocimiento, que si después de tres horas no están a bordo de esta nave los generales Juan B. Tovar, Luis Alberto Tovar y Leonidas Pretelt, bombardearé la ciudad.

Dios guarde a usted.

Jorge Martínez Landínez[20]

 Claro que la advertencia de Martínez Landínez era una amenaza sin dientes. El Ferrocarril le había negado el suministro de carbón para las calderas del vapor Bogotá por no ser sus comandantes conspiradores y además, dos semanas atrás, la munición del buque había sido desembarcada.

El Vicecónsul en Ciudad de Panamá, Ehrman se dirige al Departamento de Estado:

“Levantamiento sucedió esta noche a las seis. No hubo derramamiento de sangre. Oficiales del ejército y armada prisioneros. El gobierno será organizado esta noche. Consiste de tres cónsules, también el gabinete. Supuestamente el mismo movimiento será en Colón. Hasta ahora prevalecer el orden. Situación es seria. Cuatrocientos soldados desembarcaron hoy de Barranquilla.”

 A las 10 pm Martínez ordenó disparar tres cañonazos sobre la ciudad. Uno causó la muerte de Wo Ken Yiu en la Bajada de Salsipuedes y otro hirió un caballo o burro en la calle 12 Oeste. Con 35 toneladas de carbón y provisiones para 48 horas y sin más rondas de munición, el Bogotá se dirigió a a Buenaventura.

 

Panamá, Nov. 3 de 1903
Su Excelencia el Presidente de los Estados Unidos,
La municipalidad de Panamá está ahora (10pm) en solemne sesión y se une al movimiento de separación del Istmo de Panamá del resto de Colombia. Espera el reconocimiento de nuestra causa por su gobierno. Demetrio S. Brida

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[1] Gobierno de los Estados Unidos, “The Story of Panama. Hearings on the Rainey Resolution Before the House of Representatives”, Government Printing Office, Washington DC, 1913

[2] Ovidio Díaz Espino, “3 DE NOVIEMBRE DE 1903 EL DÍA EN QUE PANAMÁ PROCLAMÓ SU INDEPENDENCIA”, Revista Credencial Historia, Bogotá, Edición 164, Agosto de 2003

[3] Ovidio Díaz Espino, “3 DE NOVIEMBRE DE 1903 EL DÍA EN QUE PANAMÁ PROCLAMÓ SU INDEPENDENCIA”, Revista Credencial Historia, Bogotá, Edición 164, Agosto de 2003

[4] Juan B. Pérez y Soto, “Panamá Derrotero”, Imprenta Eléctrica, Bogotá, 1912

[5] Ismael Ortega Brandao, “La jornada del 3 de Noviembre de 1903 y sus antecedentes”, Imprenta Nacional, Panamá, 1931.

[6] Es el muy acertado término que usa Eduardo Lemaitre en su obra para describir al coronel Eliseo Torres.

[7] Eduardo Lemaitre, “Panamá y su separación de Colombia”, Intermedio Editores, Bogotá, 2003

[8] Miles P Duval Jr, “De Cádiz a Catay: la historia de la larga lucha diplomática por el Canal de Panamá́”, Editorial Universitaria, Ciudad de Panamá, 1973

[9] Thomas E. Morrissey, “Donegan and the Panama Canal”, Xlibris, Bloomington, Indiana, 2009

[10] Eduardo Lemaitre, “Panamá y su separación de Colombia”, Intermedio Editores, Bogotá, 2003

[11] Oscar Alarcón, “El general Esteban Huertas”, diario El Espectador, diciembre 15 de 2014

[12] Eduardo Lemaitre, “Panamá y su separación de Colombia”, Intermedio Editores, Bogotá, 2003

[13] Oscar Alarcón, “El general Esteban Huertas”, diario El Espectador, diciembre 15 de 2014

[14] Eduardo Lemaitre, “Panamá y su separación de Colombia”, Intermedio Editores, Bogotá, 2003

[15] Earl Harding, “The Untold Story of Panama”, Athene Press Inc. Nueva York, 1959

[16] Thomas E. Morrissey, “Donegan and the Panama Canal”, Xlibris, Bloomington, Indiana, 2009

[17] Ovidio Díaz Espino, “3 de Noviembre de 1903 el día en que Panamá proclamó su Independencia”, Revista Credencial Historia, Bogotá, Edición 164, Agosto de 2003

[18] Earl Harding, “The Untold Story of Panama”, Athene Press Inc. Nueva York, 1959

[19] Thomas E. Morrissey, “Donegan and the Panama Canal”, Xlibris, Bloomington, Indiana, 2009

[20] Estebán Huertas, “Recuerdos historicos del general Esteban Huertas”, University of Michigan Library, Ann Arbor, 1921