El Coronel estadounidense HR Lemly al frente de cadetes de la Escuela Militar en 1893

En 1888, por medio del Decreto No. 1003 se dispuso el establecimiento de una Escuela Militar de Cadetes en Bogotá, destinada a la formación de oficiales subalternos que  llenarían las vacantes ocasionadas en el Ejército. Se organizó para comenzar con un promedio de 20 a 30 cadetes, con edades no menores de 17 años ni mayores de 20. La iniciación de clases tuvo lugar el 14 de marzo de 1889 con 22 alumnos.

El Director de la Escuela Militar presentó en junio de 1889 un cuadro trimestral que  mostró el aprovechamiento y la conducta de los cadetes cuyos resultados eran desfavorables y mostraban un bajo nivel académico de los cadetes. Los pésimos promedios fueron un indicativo que los condicionamientos para ingresar a la Escuela no se había cumplido, superar el examen de ingreso.

Aún con estos bajos resultados, la Escuela siguió funcionando hasta el 30 de diciembre de 1890. Tomas Rueda Vargas  mencionaba:

En la memoria de guerra de 1890, habla largamente el general Leonardo Canal sobre la necesidad de formar oficiales científicos, y relata el estado precario en que se halla la Escuela militar”.

Se renovó la Escuela buscando mejorar su estado. El 29 de noviembre se decretó que la Escuela Militar quedaba subordinada al Ministerio de Guerra y se hicieron unos requisitos mínimos para el ingreso:

– Partida de Bautismo probatoria de la edad. (Mínimo 16, máximo a 21 años).

– Examen médico de la Escuela que verificara no padecer enfermedad contagiosa, ni tener defecto físico que lo inhabilitará para la carrera de las armas.

– Buena conducta.

– Aprobar examen sobre castellano, aritmética, geografía e historia patria.

– Permanecer un mínimo de 5 años una vez egresado como oficial.

La Escuela iniciaría el 15 de enero y el año escolar duraría hasta el 30 de noviembre. Además, durante las vacaciones los cadetes seguirían recibiendo instrucción práctica fuera de la ciudad, campamentos o marchas. La educación que recibirían los cadetes estaba repartida en cuatro años, y constaba de materias tales como táctica de  infantería y artillería; geometría y trigonometría planas; francés; esgrima y tiro; señales militares; balística y geografía militar y estadística; derecho internacional; derecho militar; ciencia y arte de la guerra. En cuanto a la clase de religión y moral, sólo estaba incluida en el primer año del plan de estudios, pero era obligatoria durante todos los años, y el Director tenía como función constreñir a todos los alumnos a cumplir con sus deberes religiosos.

Sin aún haber iniciado funciones la Escuela, el 9 de marzo de 1891 se reformó el Decreto del 29 de noviembre de 1890, con el cual se reorganizó la Escuela Militar, cuya dirección quedó a cargo del coronel norteamericano Henry Lemly. Durante el primer año, 50 alumnos serían becados, y la Nación costearía directamente los gastos de 32 de los alumnos. La permanencia de los 18 alumnos restantes en la Escuela sería costeada por los cuatro batallones acantonados en Bogotá, a razón de un alumno por cada compañía; estas compañías debían constar de 60 soldados, incluido el alumno becado. La foto corresponde a esta etapa.

Después de haberse comprometido con la Escuela Militar, los alumnos becados iniciaron sus estudios. Contrario a lo prescrito como Plan de Estudios, los alumnos no iniciaron su primer año en la Escuela Militar con materias tales como táctica de infantería; policía y disciplina militares; esgrima; francés; álgebra y contabilidad; geometría y trigonometría planas. De hecho, el primer año en la Escuela se convirtió en un año preparatorio constituido por las asignaturas de castellano, aritmética, geografía e historia patria, con la finalidad de reforzar los conocimientos académicos.

Al año siguiente, en 1892, los alumnos de primer año asistieron a clases de álgebra, geometría y trigonometría, francés y esgrima, y los de segundo año tomaron clases de geometría analítica, geometría práctica, francés e inglés. Tales materias distaban bastante de las originalmente planteadas por el Plan de Estudios de la Escuela Militar, clara consecuencia de las pocas aptitudes académicas con las que contaban los  alumnos al ingresar a esta Escuela de formación militar. Al final, los bajos resultados en el aprovechamiento de los cadetes y las dificultades económicas del Gobierno, llevaron al cierre de la Escuela Militar al culminar el año de 1892.

Cuatro años después, y teniendo como experiencia los intentos fallidos de 1889 y 1891, el Gobierno no desistió en su deseo de poseer un cuerpo de oficiales instruido. Por ello, mediante la Ley 127 del 18 de noviembre de 1896 se abrió nuevamente la Escuela Militar, reestructurándola y dejando la organización a cargo de una misión militar francesa compuesta por:

Los capitanes Emile Drouhard del Octavo Batallón de Artillería a pie, experto en fortificaciones de costa; Paul Víctor Sabarthez del 5 Regimiento de Ingenieros, quien había cooperado valiosamente a la construcción del ferrocarril de Sudán; y Charles Edour Leveque de Infantería, y quien había sido inspector de estudios de la Escuela Politécnica.

Esta Escuela Militar dependió directamente del Ministerio de Guerra e inició labores el 1 de febrero de 1898.

Con el objetivo de fortalecer la planta de profesores, los nombramientos para estos cargos debían recaer en aquéllos que hubiesen hechos sus estudios en las escuelas de guerra de alguno de los Estados europeos. Igualmente, por lo menos doce oficiales del Ejército permanente serían enviados a las escuelas de guerra europeas para que hicieran sus estudios teóricos y prácticos, con la condición de volver e impartir la instrucción práctica en el Ejército colombiano.

La misión de la Escuela era formar oficiales instruidos en la ciencia y en el arte de la guerra, que luego de la finalización de sus estudios llenarían las vacantes que existieran en el Ejército Nacional. El Ejército permanente proveería de dos alumnos, en razón por cada compañía de batallón. Los individuos que desearan ingresar debían pasar un “proceso de selección” y cumplir ciertos “requisitos”, clara referencia a que debían ser de buena conducta y aptos académicamente. Al incorporarse los alumnos eran considerados cadetes o soldados, logrando ascender según sus méritos y de acuerdo con el reglamento. En el caso de que el alumno terminara sus estudios en la Escuela y no tuviese el grado de oficial, adquiría instantáneamente el grado de subteniente.

El plan de estudios adoptado para la Escuela Militar fue mucho más ambicioso en el plano académico y práctico, y tuvo algunos cambios con respecto al Plan de Estudios de la Escuela Militar de 1891, entre ellos, la suma de un quinto año. El año escolar constó de diez meses, que iban desde el inicio de febrero hasta el final de noviembre. Al terminar cada año escolar, durante las vacaciones los alumnos eran trasladados a un campo cercano a la ciudad, “donde llevaban una vida de campamento bajo toldas de campaña, dedicándose exclusivamente a la práctica de castramentación, de tiro de infantería y artillería, de la organización de las guardias, del levantamiento de planos, reconocimientos militares y de todas las demás enseñanzas teóricas, durante un mes”.

Al término de los respectivos estudios, el alumno quedaba obligado a prestar sus servicios en el Ejército de la República durante cinco años, en el grado que le correspondiese. Pero esto, evidentemente no sucedió ya que la Escuela no alcanzó a culminar el primer año de estudios. Los cinco años de estudios en la Escuela Militar necesarios para formar un oficial con el grado de subteniente no fueron culminados por ninguno de los cadetes que habían ingresado. Fue éste otro intento fallido por establecer una Escuela Militar. El 30 de septiembre de 1898, tan solo siete meses después de haber iniciado las clases, se dispuso cerrar temporalmente la Escuela, clausurándola por el resto del año. Esta decisión se tomó considerando lo siguiente:

“En el informe pedido al director de la Escuela Militar consta que diez y nueve de los alumnos no pueden hacer los cursos prescritos para el presente año, porque carecen de los conocimientos preliminares indispensables […] y que de los veintiséis alumnos restantes, aunque son más idóneos que los otros para los estudios reglamentarios, hay varios que no tienen la instrucción necesaria para hacerlos satisfactoriamente”

Quizás, en comparación con las anteriores escuelas, la última tentativa frustrada del siglo XIX para establecer y poner en pleno funcionamiento una escuela militar fue más corta y menos productiva. Al parecer los ejemplos reiterativos de las pasadas experiencias, en las que era claro que el potencial con el que contaban los alumnos no era el adecuado, no fueron tomados en cuenta en la selección del nuevo contingente  de cadetes. En consecuencia, el impacto en los cuadros de oficiales del Ejército no puede ser calculado, pues no hubo ascensos a subteniente otorgados al término de los cinco años de estudios en una escuela militar. Cabe anotar también que el cierre de la Escuela Militar al poco tiempo de su organización no se debió a las confrontaciones armadas que se iniciaron en 1895 y en 1899, ya que el cierre había sucedido tiempo antes por los mínimos resultados obtenidos por los cadetes.

En síntesis, todas estas escuelas que se sucedieron no son diferentes la una de la otra. Aunque por las leyes emitidas parecerían ser instituciones nuevas, lo que se puede apreciar es que eran sólo la continuidad de la Institución, con sus mismas falencias ya mencionadas. Incluso, hay también una continuidad en la composición de las listas de seleccionados, en ocasiones cadetes repetían su participación en ellas. Con la clausura de funciones de la Escuela Militar, los cadetes alumnos se reincorporaban al batallón al que pertenecían antes de su selección, o en algunos casos fueron ascendidos al grado de Subteniente sin haber cumplido con una formación completa, pues ninguno cursó más de dos años de estudios. Sólo hasta 1907 se hicieron nuevos intentos por establecer una institución para la formación de los oficiales del Ejército.[1]

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[1] Mayra Fernanda Rey Esteban; La Educación Militar en Colombia entre 1886 y 1907; Revista Historia Critica No. 35, Bogotá; Enero-Junio 2008