El 5 de mayo de 1862 los mexicanos muy debilitados por décadas de peleas y guerras intestinas, lograron enfrentar un ejército francés disciplinado, superior y ordenado, en la Batalla de Puebla.

La historia comienza con la moratoria de dos años en los pagos de la deuda externa, decretada por el Presidente Benito Juárez al asumir la presidencia en 1861. Los poderes europeos, a quienes los mexicanos adeudaban una cifra cercana a los 80 millones de pesos, aprovechando que los estadounidenses se encontraban embarcados en la Guerra de Sucesión o Guerra Civil, se unieron en una Alianza Tripartita, España, Francia e Inglaterra con el fin de invadir México con el fin de obligar al pago de la deuda, reparaciones a sus ciudadanos y cubrir los costos de la invasión.

General Ignacio Zaragoza Seguin

General Ignacio Zaragoza Seguin

En diciembre, 6000 tropas españolas al mando del General Juan Prim desembarcaron en Veracruz y fueron seguidas en enero por 3000 francesas al mando del Contralmirante Edmond Jurien de la Graviere y 700 infantes de marina ingleses al mando del Comodoro Dunlop. Una vez en Veracruz, los europeos avanzaron hacia Orizaba.

Previendo la invasión, Suárez había ordenado la fortificación de la ciudad de Puebla, la creación de un cuerpo militar bajo el mando del General Ignacio Zaragoza Seguin, denominado el Ejército de Oriente. Zaragoza se puso al frente de más de 10 mil hombres, a quienes organizó con el fin de enfrentar el avance de los europeos.

En febrero las cuatro naciones se reunieron en cercanías al puerto de Veracruz y comenzaron conversaciones con el fin de alcanzar algún acuerdo.

El 5 de marzo llegaba un nuevo contingente militar francés de 3000 hombres bajo el mando del General Charles Ferdinand Latrille, Conde de Lorencez, quien asumió el mando y se dirigió a Tehuacán. En su apoyo apareció el mexicano Juan Nepomuceno Almonte con tropas remanentes de la Guerra de la Reforma.

Para abril de 1862 la Alianza Tripartita se había desintegrado por las duras demandas impuestas por el gobierno francés, que definitivamente buscaba provocar una guerra. El fin del gobernante francés, Napoleón III era tomarse Ciudad de México e imponer un gobierno títere expandiendo el colonialismo francés. Al desvelarse las intenciones de Napoleón III, los ingleses y españoles se retiraron dejando solos a los franceses.

“Somos tan superiores a los mexicanos en organización, disciplina, raza, moral y refinamiento de sensibilidades, que le ruego anunciarle a Su Majestad Imperial, Napoleón III, que a partir de este momento y al mando de nuestros 6,000 valientes soldados, ya soy dueño de México”.

El Conde de Lorencez

El 5 de mayo de 1862, Lorencez haciendo caso omiso a toda recomendación, decidió atacar Puebla desde el norte. Comenzó con un ataque de artillería un poco antes del mediodía para ordenar el avance de la infantería al medio día.  En el tercer ataque, los franceses comprometieron la totalidad de todas sus reservas y al quedarse sin municiones la artillería francesa, el tercer ataque de infantería fue sin apoyo. Las fuerzas mexicanas y la guarnición republicana hicieron una sólida defensa e incluso se lanzaron al campo para defender las posiciones entre los diferentes fuertes militares en las cumbres circundantes.

Cuando los franceses retrocedieron de su último asalto, Zaragoza atacó con su caballería por derecha e izquierda, mientras tropas ocultas a lo largo de la carretera giraban para flanquearlas. A las 3 de la tarde, la lluvia habían comenzado, haciendo muy resbaladizo el campo de batalla. Lorencez huyó con 462 bajas contra sólo 83 mexicanos. Esperó un par de días para que Zaragoza volviera a atacar, pero Zaragoza se mantuvo firme. Lorencez se retiró derrotado a Orizaba.