Tomado de Yanquis y Latinos de Mariano Ospina Peña

Al iniciarse el nuevo siglo (1800) casi un treinta por ciento de las exportaciones estadounidenses eran vendidas a las colonias europeas de Latinoamérica y el Caribe.

Los Estados Unidos se expandían rápidamente. Ahora eran 16 estados y cinco millones de habitantes, quienes con vigor, colonizaban en tierras reclamadas por otros.

Desde antes de su independencia, los estadounidenses ideaban un gran y poderoso país en el norte de América. Esta imaginaria nación abarcaría todo Norte y Centroamérica.

La primera gran oportunidad expansionista se presenta en 1801, apenas 20 años de haber ganado la guerra de independencia. En 1800 Napoleón, mediante el tratado de San Ildefonso, logró revocar la autoridad del Reino Español sobre el gigantesco territorio de la ahora Louisiana española, al oeste de las trece recién independizadas colonias británicas.

El puerto de Nueva Orleans quedaba en el extremo sur de la Louisiana española sobre el Golfo de México convertido en un centro vital para los intereses estadounidenses. Mediante acuerdos y el tratado Pinckney de 1795 con España, los yanquis adquirieron el “derecho de depósito”, con lo cual podían utilizar el puerto para almacenar y exportar sus productos, además de una concesión de acceso al río Mississippi, de enorme valor para el comercio entre sus territorios del oeste. Así la ciudad de Nueva Orleans adquiere primordial importancia para la nueva y joven nación. El Presidente Jefferson envía una delegación a España, encabezada por Robert Livingston, uno de los Padres Fundadores, y luego a Francia para negociar la adquisición de la ciudad pero se presenta la oportunidad de adquirir todo el territorio, dos millones ciento cuarenta y siete mil kilómetros cuadrados, hecho que se cumplió en 1803 por la suma de quince millones de dólares. El tamaño de la joven república se había duplicado.

La adquisición se había cumplido pero con una férrea oposición política. Se cuestionaba la consistencia filosófica de Jefferson considerando una hipocresía el autorizar algo que con seguridad, le habría enfrentado con Hamiliton y los Federalistas. La oposición aducía preferir favorecer las relaciones con Gran Bretaña sobre las relaciones con Napoleón. Argumentaban que el gobierno había cancelado una enorme cantidad de dinero solo para declarar la guerra a España, pues Louisiana le pertenecía. Se trató de parar la negociación en el Congreso siendo derrotados por solo 2 votos, pero por encima de todo les preocupaba el poder político que podrían perder los estados atlánticos, en favor de los nuevos estados interiores. Era muy preocupante para los Federalistas, el número de estados esclavistas que saldría de los nuevos territorios y el creciente acaloramiento de ánimos entre las dos partes confrontadas. Se amenazó con una secesión para crear una nueva confederación de los estados del norte, encabezada por el Vicepresidente Aaron Burr.

Napoleón, con una sonrisa en los labios, afirmaría al suscribir la venta:

el acceso al territorio afirma el poder de los Estados Unidos para siempre, y entrego a Inglaterra un rival marítimo que tarde o temprano humillará su orgullo.”

De inmediato se iniciaron las discusiones y alegatos entre España y Estados Unidos sobre sus fronteras en Louisiana.

Un importantísimo latinoamericano inicia una vista de 4 meses a los Estados Unidos. Se trata de Simón Bolívar quien recién ha perdido a su esposa y regresa de Europa con destino Caracas. En el otoño de 1806 decide retornar a su patria y parte de Hamburgo llegando al puerto estadounidense de Boston donde, a pesar del crudo invierno norteamericano, logra conocer el funcionamiento de un verdadero gobierno democrático. Es en esta visita que nuestro héroe conoce la condición de libertad racional.[1] También permitirá al Libertador ser de los pocos latinoamericanos en conocer de cerca, la verdad sobre los Estados Unidos de América.

Desde 1807 existían grandes deseos de anexar el territorio canadiense. Incluso en los Artículos de la Confederación de 1777, se abre un espacio para la admisión de Canadá en la Confederación de estados que harán la guerra de independencia. En 1809 el ex Presidente Tomás Jefferson en carta a su sucesor y nuevo Presidente, James Madison afirma:

nos quedará sólo por incluir el Norte (Canadá) en nuestra confederación… con lo que tendremos un imperio de la libertad que nunca ha desde la creación, y yo estoy convencido de ninguna constitución, fue nunca tan bien calculada como la nuestra, para un extenso imperio y el autogobierno“.

Ese mismo año, el ingeniero y pintor Robert Fulton construye el primer buque a vapor en los Estados Unidos. En asocio con Robert Livingston, obtiene un monopolio para el tráfico de buques a vapor en Nueva York durante los siguientes treinta años. Con él, Fulton abre nuevas posibilidades en el transporte, el mercadeo y la construcción de ciudades.[2]

Desde 1787 el movimiento abolicionista contra la esclavitud venía creciendo en el mundo. Los Estados Unidos no eran la excepción. Aunque 11 estados del sur continuaba con la práctica de compra y venta de esclavos y la esclavitud era una institución social y económica muy fuerte, integrada a la economía agraria, en 1808 el gobierno federal logró establecer una ley que prohibía la importación de esclavos en todo el territorio estadounidense. Sin embargo esta no impedía el comercio interno de esclavos, cuyos números ya alcanzaban los cuatro millones. Los estados del norte, mucho más industrializados no requerían de la mano de obra del esclavo, lentamente fueron aboliendo la práctica, mientras los del sur, cuyas labores agrícolas requerían de ingentes cantidades de mano de obra, la continuaron. Los grandes hacendados y millonarios del sur propugnaban y financiaba el expansionismo con el fin de incorporar nuevos territorios esclavistas que influenciaran con sus políticas, el congreso y a la vez bloqueaban políticas favorables a la industrialización, tan arraigada en el norte. Los estados abolicionistas veían con suma preocupación la incorporación de esos nuevos territorios y trataban de detener ese expansionismo.

Antes de 1808 el intercambio comercial de las colonias españolas y portuguesas se canalizaba directamente con España y Portugal, con muy contadas excepciones. Cualquier otro tipo de relación con otras naciones, era clandestina.

Para ese año, Inglaterra, Francia, gran parte del norte europeo y los países angloparlantes de América del Norte, había sobrepasado muy de lejos, en productividad a España, Portugal y todas sus colonias. Estas eran las naciones ricas, las demás…. pobres.

Al aproximarse la guerra de 1812 con los británicos, los funcionarios del gobierno en Washington empezaron a mostrar serias preocupaciones de la posible posesión británica del  territorio de la Florida española. Esta sería una base ideal para acosar el comercio yanqui y a la vez, para lanzar ataques militares. Desde 1808 los británicos luchaban al lado de los españoles para sacar a Napoleón de la península ibérica en la cruda guerra de Independencia Española. España cada vez más, dependía de la ayuda británica y con seguridad, éstos habrían podido obtener sin mayor dificultad el territorio de la Florida.

El Presidente Jefferson le escribiría al Secretario de Estado Madison, de existir un conflicto con Inglaterra, el preferiría luchar contra su aliado español también, porque ello le permitiría:

a los Estados Unidos tomarse las Floridas, y México y probablemente Cuba se adicionaría a nuestra confederación”.

Para 1812 los Estados Unidos tenían un ejército de 35 mil hombres para enfrentar unas 9 mil tropas inglesas que defendían el Canadá británico. La posesión del territorio canadiense se convertiría en un punto de negociación en extremo valioso para los estadounidenses. Los pioneros en las fronteras aún salvajes de Louisana se quejaban que los indios eran armados por los británicos para así impedir la colonización de las tierras baldías. Además Inglaterra se encontraba en guerra con Francia por lo cual, obviando todos los tratados internacionales, procuraba, a pesar del estrecho intercambio comercial con sus antiguas colonias, mediante su poder naval, evitar el comercio yanqui con los franceses.

Los británicos posiblemente temían perder su superioridad marítima con los Estados Unidos, quienes habían logrado en forma impresionante, duplicar su marina mercante en los últimos 10 años, generando celos y preocupación de la competencia mercantil, en el gobierno, como el pueblo inglés. Una razón más para forzar el cambio de la política marítima inglesa. Estas diferencias llevaron a la guerra de 1812.

Una rápida victoria yanqui, sacaría a los británicos de América de una vez por todas. Los estadounidenses no contaron con que los canadienses se negaran a participar con ellos en el conflicto y tras algunas acciones militares dentro de sus fronteras, al no obtener los suministros necesarios y ni el apoyo de la población para continuar la contienda en territorio canadiense, debieron retirarse e Inglaterra al encontrarse en guerra contra Napoleón, tenía el grueso de sus tropas en Europa. Tras dos años de agresiones y combates con altísimos costos, los dos decidieron firmar la paz sin perdedores o ganadores en 1814.

Sin embargo la guerra con Inglaterra conllevó a la Era de Buenos Sentimientos. La disolución del Partido Federalista, su alma, el favorecedor de una política amistosa con los británicos, Alexander Hamiliton había muerto en 1804 en un duelo con el vicepresidente Aaron Burr, finalizando así la pugna partidista, lo que dejó como única agrupación política al Partido Demócrata-Republicano de Tomás Jefferson y James Madison, Presidente en ejercicio, dando tranquilidad y sosiego al manejo político de la nación. La guerra también había logrado hacer nacer un nuevo sentimiento nacionalista, columna vertebral de la política expansionista.

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[1] David Bushnell, “Simón Bolívar y Estados Unidos, Un Estudio en Ambivalencia,” Air and Space Power Journal, Summer Edition 2006

[2] Burton W. Folsom Jr., “The Myth of the Robber Barons”, Young America’s Foundation, Herndon Virginia, 1996