Crónica de un Golpe anunciado

Por Mariano Ospina Peña

El Presidente Laureano Gómez asumió el cargo el 7 de agosto de 1950. Convencido de las bondades de la extrema derecha, buscaba una nueva constitución y un Congreso Corporativo. Su meta era aprobar las reformas en la Asamblea Nacional Constituyente. Laureano era un hombre implacable. Decía si o decía no. Caudillo polémico, conductor controvertido, parlamentario temido y gobernante duramente cuestionado.[1] Había sido y era implacable en sus juicios y acusaciones. Era verdugo de presidentes, ministros, gobernadores y funcionarios. Como católico convencido, no aceptaba ni pactaba con la corrupción.

Laureano Gómez Castro Presidente de la República

Con el cambio de gobierno llegan nuevos nombramientos en las Fuerzas Armadas. Como militar más antiguo del nuevo gobierno, el General Gustavo Rojas Pinilla fue nombrado Jefe de Estado Mayor General y al crearse el 16 de abril de 1951, pasó a ocupar el cargo de Comandante de las Fuerzas Militares. El General Régulo Gaitán Patiño pasó a ocupar la Dirección del Ejército y el Coronel Mariano Ospina Rodríguez lo reemplaza en el Comando de la Brigada de Institutos Militares (BIM la guarnición de Bogotá).

Generales Gustavo Rojas Pinilla y Régulo Gaitán Patiño y Coronel Mariano Ospina Rodríguez

Rojas Pinilla “siempre había hecho política en el ejército, política de partido y política personal de intriga en la oficialidad más adepta a él, política a lo boyacense, política de barrer para adentro con sus amigos y política de barrer hacia afuera con sus opositores.”[2]

En el gobierno anterior, el Presidente Mariano Ospina Pérez lo había nombrado en el gabinete.

Rojas se sintió halagado de estar en el gabinete, entre los políticos, porque él era político.”[3]

General Ricardo Bayona Posada “Rojas se sintió halagado de estar en el gabinete, entre los políticos, porque él era político.”

De él diría un periódico liberal:

“Rojas no era un militar sino un cacique con uniforme, un ciego y fanático político.”[4]

El primer roce entre el Presidente Gómez y el general Rojas sucedió a principios de 1951, cuando nombrado éste en una delegación para asistir a la posesión del Presidente de Guatemala, a Rojas llegaron noticias en el sentido de que se pretendía alejarlo del país. Después de obtener el respaldo del ejército, Rojas reclamó al Gobierno,

“porque su nombre fue colocado en sitio que no correspondía a su categoría de general y ex ministro de Estado”.[5]

Muchos aducen que el desagrado de Laureano por Rojas se debía a que Laureano a punto de asumir la presidencia, estando de gira con el general Rojas, sufrió un malestar en la base aérea de Palanquero. Rojas dejó bien atendido al Presidente y siguió su viaje a Bogotá. Personas cercanas a Gómez interpretaron el hecho como un abandono y un intento de tomar el poder.[6]

Laureano desconfiando de él pues le atribuía ambiciones políticas, además de considerarlo líder del ospinismo dentro de las Fuerzas Militares, lo nombró en abril de 1951 en la Junta Interamericana de Defensa en Washington alejándolo del mando de las Fuerzas Militares. Cuando se informó por la prensa sobre el viaje de Rojas a Washington:

la tropa se acuarteló y los comandantes de las guarniciones adoptaron severas medidas de vigilancia, mientras los comandantes residentes en Bogotá,

Roberto Urdaneta Arbeláez

viajaban a notificar al general Rojas Pinilla, que solo aceptaban órdenes suyas…Que la oficialidad estaba dispuesta a no dejarlo ir”.

No obstante, después de recibir explicaciones de su amigo el Ministro de Guerra Roberto Urdaneta Arbeláez, Rojas Pinilla, viajó:

para evitar que el Gobierno se cayera.”[7]

En su reemplazo quedó el general Gaitán Patiño, un laureanista convencido y en el Comando del Ejército fue nombrado el coronel Ospina Rodríguez, un apolítico.

Laureano permaneció en la presidencia hasta el 5 de noviembre de 1951, fecha a partir de la cual, se retiró por enfermedad, había sufrido un infarto cardíaco[8]. Siendo que el primer designado (especie de vicepresidente de la época) era el ex presidente liberal Eduardo Santos, con carácter urgente se reunió la Asamblea Nacional Constituyente. La elección de Gilberto Álzate era segura.

Enrique Gómez Hurtado: En esa época yo estaba trabajando en El Siglo. En el cincuenta y uno, mi papá sufre un infarto muy serio, muy grande y tuvo que dejar la presidencia. Entonces Roberto Urdaneta asume la primera designatura con el fin de que no fuera (Gilberto) Álzate porque Álzate tenía las mayorías. Prácticamente yo fui el que elegí a Urdaneta. Yo me fui al Congreso a coordinar el reemplazo de Eduardo Santos y se eligió a Urdaneta. Porque Álzate era una especie de amenaza en ese momento, un fascista raro, muy inteligente, pero un mal tipo, torcido, brillante.[9]

Gilberto Alzate Avendaño

Abelardo Forero Benavides: Gilberto Álzate Avendaño contaba con las mayorías parlamentarias. Sonó el teléfono solicitaban con urgencia a Gilberto. Le comunicaron la noticia de que el presidente Gómez, en su viaje por el río Magdalena, había sufrido un serio ataque en su salud. Tenía antecedentes alarmantes. Es necesario proceder urgentemente a elegir designado. Alzate debe plantear cuanto antes su política.

—Antes de que te ausentes, le dije, te quiero insinuar tímidamente que el designado será Roberto Urdaneta Arbeláez.

—Pasará por encima de mi cadáver.

Con la intervención de Luis Navarro Ospina, así aconteció. Cometió un grave error Roberto Urdaneta al aceptar el cargo. No era el ambiente para su

Luis Navarro Ospina

temperamento y su estilo político. Se veía muy remoto el florecimiento de la convivencia. La violencia prosperaba arrasadora. Todo el mapa del país estaba sacudido y ensangrentado. Los partidos políticos enfrentados en una lucha feroz y surgió por segunda vez la candidatura de Mariano Ospina Pérez, contra la cual se oponían los sectores laureanistas.[10]—La historia da sorpresas, pero ésta es previsible.

Alzate no era lo suficientemente dócil y manejable para Gómez Castro por lo que Urdaneta se convirtió en el designado con funciones presidenciales.

El designado Urdaneta Arbeláez tenía problemas auditivos por lo cual era conocido como el Sordo Urdaneta y para mantener la continuidad del gobierno de Laureano y su plan administrativo, decidió mantener en su gobierno a los funcionarios de Presidente enfermo.

El mismo año de su ascenso a la presidencia, El Sordo buscando acabar la violencia que alcanzaba ya niveles dantescos, decidió enviar una comisión de líderes liberales a conversar con el jefe de las guerrillas liberales (creadas por el director del Partido Liberal, Carlos Lleras Restrepo y el expresidente Alfonso López Pumarejo) del Llano comandadas por Eduardo Franco Isaza aunque siendo Laureano Presidente y él, Ministro de Guerra, se había enviado otra similar para explorar perspectivas de paz. Incluso se planteó entre las dos partes un alto al fuego no declarado con el fin de facilitar los acercamientos y el Ejército, para evitar confrontaciones con la guerrilla, comenzó a relevar a la Policía en sitios bastante álgidos del conflicto.[11]

La violencia continuó creciendo y en septiembre fueron asesinados y desmembrados a machete, bajo condiciones aberrantes, una comisión policial en Rovira Tolima, lo que desembocó en los sucesos del 6 de septiembre de 1952 con la quema de los diarios liberales y las residencias de López Pumarejo y Lleras Restrepo, todo ello a raíz del discurso incendiario exigiendo venganza, que pronunció durante el sepelio el entonces Teniente de la Policía Bernardo Echeverri Ossa.

Ni el alcalde de Bogotá, Santiago Trujillo Gómez, ni la dirigencia conservadora tuvieron la menor culpa en los sucesos como airadamente se proclamó en el primer momento por parte de los afectados. Lo que ocurrió fue una reacción de una policía que estaba siendo asesinada en todo el país. Esto lo reconoció posteriormente hasta el propio Carlos Lleras Restrepo en sus memorias en las cuales consignó que los incendios y saqueos fueron la reacción de una, según él, policía perfectamente chulavitizada a la cual le acaban de causar alrededor de 30 bajas.[12]

Ese noviembre de 1952 el designado Urdaneta, contrariando al Presidente Gómez decide traer al país a su amigo, el general Rojas Pinilla.

General Gabriel Puyana García: “El general Gustavo Rojas Pinilla quien por sus demostradas simpatías por el partido Conservador fue traído de la Junta Interamericana de Defensa de Estados Unidos al Comando General de las Fuerzas Militares, no tanto por sus condiciones castrenses sino porque se le consideraba y reconocía como un conservador apasionado. (Yo) No sentía simpatía por el general Rojas. No podía olvidarme de los sucesos de la Casa Liberal en Cali y de la fama que el general tenía como individuo sectario de arraigadas convicciones conservadoras.”[13]

Un informe de Inteligencia estadounidense durante su etapa en la Junta Interamericana de Defensa dice;

su alto rango no se puede atribuir directamente a agudeza o méritos militares sino a su posición social o tal vez a antecedentes políticos o diplomáticos.[14]

Entonces después de 1952, alrededor de su nombre (Rojas Pinilla) fueron congregándose aquellos políticos que en cualquier oportunidad habían recibido algún fustigazo de Laureano: conservadores resentidos o heridos y liberales temerosos, se agruparon a la sombra del Comandante General de las Fuerzas Armadas. Entonces se comenzó a hablar entre la gente de armas de “leales”, para designar a quienes eran sus amigos incondicionales, y “desleales,” para calificar a los oficiales que estimaban que su juramento de fidelidad a las instituciones los obligaba con la Constitución y las leyes de la República, y no con la persona del general, que los comandaba.[15] A la cabeza de estos últimos estaba el Coronel Mariano Ospina Rodríguez, Comandante del Ejército.

Con motivo de su regreso al país, al general Rojas Pinilla fue convidado a una reunión en su honor por el mayor Efraín Villamizar, oficial del Ejército, subdirector de la Policía y el teniente de la Policía Bernardo Echeverri Ossa en la  Escuela de Policía “General Santander“. La reunión contó con la asistencia del designado Urdaneta, el ministro de gobierno Luís Ignacio Andrade y otros ministros del despacho, oficiales militares y de policía y dirigentes políticos. Echeverri Ossa en su discurso afirmó que la única esperanza de la policía como fuerza sería su integración al ministerio de Guerra y de ésta forma dejaría de estar vinculada al ministerio de Gobierno y del apasionamiento político que tanto daño le había hecho y en seguida  arengó que el General Rojas era la única esperanza para la salvación de Colombia.[16]

El designado sorprendido y muy molesto quiso levantarse para retirarse del salón en señal inequívoca de protesta por el atrevimiento del oficial subalterno, pero el ministro Andrade le sugirió que en vez de pasar al Casino de Oficiales aprovecharían para retirase. El lunes siguiente, cuando llegó a la Escuela el teniente Echeverri Ossa, encontró la orden de no poder ingresar porque había sido dado de baja en forma fulminante. Echeverri Ossa fue y puso su baja en conocimiento de Rojas quien llamó al Ministro de Guerra José María Bernal, con quien ya estaba enfrentado por sus continuas interferencias en las decisiones del ministerio a cargo de Bernal, y le exigió que se pusiera en comunicación con el ministro Andrade (la policía estaba a cargo del Ministerio de Gobierno) para revocar la medida. La baja de Echeverri fue revocada.[17]

Desde la Secretaría del ministerio de guerra, el general Garavito vive los continuos enfrentamientos entre Rojas y Bernal, siendo siempre favorecido Rojas por Urdaneta.

Bertha Hernández de Ospina Pérez

Bertha Hernández de Ospina: Al día siguiente de ese banquete llamó el Presidente titular, Doctor Laureano Gómez al designado doctor Roberto Urdaneta y le manifestó que debía destituir al General Rojas Pinilla.

 Pero como el Designado, aún cuando quería congraciarse con él, ya estaba en mejores términos con el Ejército y aspiraba tenerlo benévolo llamó al General Rojas y diciéndole por su nombre, según cuentan, le repitió la orden del Presidente Titular, doctor Gómez, pero agregándole: “Yo no firmo su destitución y cuando yo salga de aquí, usted será teniente general”.[18]

Y efectivamente el Designado Urdaneta lo ascendió a teniente general el 22 de noviembre de 1952.

Según Alfredo Vásquez Carrizosa, quien a la sazón era el secretario general de la presidencia, Laureano había querido ascender al General Régulo Gaitán Patiño, un oficial de su grupo, un laureanista. Rojas se opuso a que se firmara el decreto de ascenso de Régulo al grado de teniente general, pues ello lo colocaría por encima de

Alfredo Vasquez Carrizosa

él en antigüedad,

remitido del Ministerio de Guerra el decreto con la firma del ministro, un buen día desapareció del escritorio del secretario general. Bernal preguntaba nervioso a cada momento si el designado lo había sancionado y como la respuesta era negativa, el ministro llama al secretario general personalmente para indagar cuál era la situación y éste hubo de informarle que no era culpa suya si el decreto se había extraviado.

¿Dónde? ¿Quién había osado ocultarlo? Una rápida encuesta de Vásquez Carrizosa le permitió informar al designado Urdaneta que un oficial de la Casa Militar lo había retirado por órdenes del general Rojas Pinilla.

Para la noche del 11 de abril de 1953 se programó en el restaurante “Temel” de Bogotá un homenaje al Dr. Mariano Ospina con ocasión de cumplirse un aniversario del 9 de abril. Se consideró invitar al presidente Gómez y se designó a Jorge Cavelier, Manuel Barrera y Vicente Dávila para invitarlo. Inopinadamente preguntó:

—¿Cuántas personas calculan ustedes que puedan concurrir a ese acto?
—Unas mil personas, señor presidente.

—Mil personas a treinta pesos, son treinta mil pesos. ¿Dónde piensan ofrecerlo?

—En el restaurante Temel.

—¡Quieren ofrecerle al judío Temel la ocasión de que se gane otros treinta mil pesos!

Y con su vehemencia característica exclamó: ¿Qué le celebran al 9 de abril? Esa es una fecha ominosa e infausta. ¿Celebran acaso los incendios, las matanzas, la toma de las iglesias, los desórdenes, la muerte? Misas, misas, misas por las almas de los conservadores muertos en esa fecha. Eso deberían organizar ustedes. A Mariano no le conviene esa especie de homenajes.[19]

Cortados y sorprendidos salieron los comisionados de la casa del doctor Gómez. El banquete fue ofrecido. Quedó negramente dibujada la desunión conservadora.[20]

Ex presidente Mariano Ospina Pérez

En ese banquete entre otras cosas dijo Ospina Pérez: “He pensado que si las masas conservadoras me han ofrecido su apoyo y me han pedido que acepte una nueva postulación, es ese mismo pueblo el que tiene derecho a decidir, como árbitro supremo, su propio destino. De antemano me someto a su fallo como única sentencia. Pero si esas masas me siguen siendo fieles como hasta ahora lo han sido yo estoy resuelto a acompañarlas, por encima de todas las dificultades y peligros, porque para mí es un deber indeclinable defender el derecho que tiene el pueblo conservador a escoger sus propios mandatarios. Acepto la bandera que se me ofrece”.[21]

Enrique Gómez Hurtado: “Ya para el 20 de abril, la ruptura es dura entre Laureano y Ospina. Es que Ospina hizo unos discursos para su propia candidatura en el Temel y dijo un poco de cosas que a mi padre no le gustaron, entonces lo atacó duro y ahí se produjo la separación entre los ospinistas y los laureanistas y eso ha durado hasta hoy.”[22]

Laureano era la gran autoridad dentro del partido pero Mariano Ospina Pérez, ahora ex presidente, lideraba una facción menos beligerante, más de centro y tolerante. Ospina, interesado en lograr la reelección en 1954 encontró cerrados todos los espacios democráticos. No se le permitió el derecho de réplica al discurso de Laureano a nivel nacional el 18 de abril en el cual agredía a todos los ex presidentes Ospina, inculpó de negocios indebidos a Ospina Pérez y atacó a Gilberto Alzate Avendaño. Se prohibieron las manifestaciones públicas y se presionó a la prensa nacional para impedir publicar artículos del ex presidente. El Ministro Luis Ignacio Andrade lo hostigaba y Gómez estaba seriamente en su contra y de su reelección. La división dentro del conservatismo era irreversible.

Rodrigo Llorente Martínez: “Es que había una gran rivalidad entre Ospina y Laureano. Eran las dos jefaturas. La espontanea grande original, era de Laureano y después con el tiempo llegó la de Ospina, que obviamente reunía la tradición de la familia Ospina, muy fuerte, pero eso era rivalidad total, Laureano y Ospina.”[23]

Mariano Ospina Hernández: “Era una época de censura absoluta. En la cual no se podía mencionar a Ospina ni en la prensa, ni en la radio y aún así él seguía haciendo campaña.”

“Cuando lo invitan (a Ospina Pérez) a una gira por Boyacá, recuerdo que se organiza la caravana azul y se anuncia en el periódico el Diario Colombia (de Álzate Avendaño) el servicio de transporte Bogotá – Tunja que iniciaba sus operaciones a las 8 de la mañana del día señalado, en el parque señalado, para poner sus vehículos a la orden de quienes querían viajar a Tunja.”

“Empieza la caravana y va de pueblo en pueblo. Ospina se baja en cada pueblo y se hace una manifestación. Los alcaldes se dan cuenta y van y avisan inmediatamente al ministro de gobierno Luis Ignacio Andrade, que hay una campaña política de Ospina y entonces desde Bogotá dan la orden para que lo atajen pero no lo logran sino ya llegando a Tunja. Ahí se presentó el alcalde con la policía y la orden expresa de que la caravana y el Dr. Ospina Pérez no podían ingresar a la ciudad. En esas se presenta el Coronel Olivo Torres, comandante de la Primera Brigada, con un destacamento y le dice a la policía, señores me despejan, porque aquí entra Ospina Pérez bajo mi protección.”[24]

Una vez en la Plaza de Bolívar de Tunja, el Dr. Ospina Pérez hizo su discurso ante una nutrida conglomeración. Esta nueva reunión política de Ospina Pérez llegó a oídos del Ministro Luis Ignacio Andrade quien dio instrucciones a la policía de desbandar el mitin político, …de ser necesario a bala.[25]

General Mariano Ospina Rodríguez

En esta situación Ospina Pérez y Álzate Avendaño se acercaron al estamento militar y empezaron a conversar con los mandos. En un almuerzo confidencial en la hacienda “San Pedro” que poseía en Guaymaral el Dr. Ospina Pérez, los líderes conservadores invitaron al ahora General Mariano Ospina Rodríguez. Ospina sospechando alguna infidencia política, se hizo acompañar de otro alto oficial. Durante el almuerzo con la acostumbrada amabilidad del Dr. Ospina Pérez llegó la propuesta. Le pidieron encabezar un golpe que depusiera el gobierno de Laureano y Urdaneta. El nuevo gobierno sería reconocido y apoyado por las facciones conservadoras que ellos lideraban, además de negociar el apoyo del liberalismo y por último sería “reconocido y legalizado” en la Asamblea Nacional Constituyente por medio de sus mayorías. El general Ospina debía pacificar el país, acabar la violencia partidista y llamar a elecciones en 1954.

Ospina Rodríguez consideró impropia la intervención militar en política, se negó a ser partícipe de situación alguna que subvirtiera el orden constitucional y para terminar dijo:

Dr. Ospina yo no hago golpes militares“.[26]

Rafael Azula Barrera

Sin embargo los políticos conservadores opositores no se daban por vencidos y esta negativa fue seguida por una nueva invitación, esta vez en casa del Dr. Rafael Azula Barrero donde los líderes conservadores propusieron el mismo trato al general Rojas quien de inmediato aceptó.[27] Rojas Pinilla estaba obligado con Ospina Pérez a quien debía los altos cargos que le habían permitido una figuración nacional y con éste Ospina Pérez le ponía la Presidencia de la República en bandeja de plata.

Un informe secreto la agencia estadounidense de inteligencia CIA, a la letra dice:

Planes para destituir al Comandante General de las Fuerzas Armadas puede dividir al Ejército

Laureano quería reemplazar a Rojas en el Comando de las Fuerzas Armadas y cuya baja debería darse antes del 15 de junio. Su reemplazo sería el General Mariano Ospina Rodríguez. Los oficiales que apoyan a Rojas están al mando de guarniciones de Bogotá. Rojas lleva un tiempo en una confrontación con el Ministro de Guerra. Quienes le apoyan le han insistido en que se tome el poder, sin embargo la tradicional actitud del Ejército colombiano ha sido la no intervención en política. De existir una división en el ejército, los desordenes públicos que han plagado Colombia en los últimos cuatro años pueden escalar a una guerra civil abierta. Ospina Rodríguez tiene una reputación de ser proestadounidense y es uno de los mejores oficiales de Colombia, pero tiene un menor apoyo.[29]

A partir de entonces razones iban y venían entre el general y el ex presidente. Rojas fue preparando el camino para el golpe militar. Forzó el cambio del General Gabriel Paris en el Comando del Ejército por el General Gustavo Berrío Muñoz, el General Alfredo Ospina Roa en el Comando de la BIM, por el General Alfredo Duarte, con lo cual aseguró personal de su confianza al frente de las unidades en Bogotá.[28] En Bogotá solo le quedaba un escollo y este era el Ministro, José María Bernal.

El general Gabriel París fue reemplazado por Gustavo Berrío y el general Alfredo Ospina Roa fue reemplazado por Alfredo Duarte

En el mes de abril de 1953 el general Rojas, fue escogido por el Gobierno, para presidir una misión a Alemania, y de nuevo circularon los rumores de que se le pretendía sacarlo del país. El 17 de abril, fue al aeropuerto, y una vez en Techo, habló con los oficiales que habían salido a despedirlo y decidió no viajar regresando a la ciudad.

“Cuando el teniente general Rojas Pinilla, anunció que no viajaba a Alemania, un gran sector de la oficialidad consideraba que de Techo viajaría al Palacio de la Carrera para asumir el mando. También en esta oportunidad, el 13 de junio había comenzado. La tropa estaba acuartelada, las diversas guarniciones advertidas y los oficiales informaron que sólo recibirían órdenes directas de su comandante general”.[30]

El 22 de mayo en un evento en la Escuela Militar a favor de Urdaneta organizado por Rojas, en una de las pausas de su discurso, se oyó el grito de un alebrestado oficial subalterno:

 “Que viva el general Rojas Pinilla”

El recinto enmudeció de inmediato.[31] ¿Qué hacían los militares lanzando vivas? Y lo que es peor aún, en presencia del designado.

En su discurso, Rojas ofreció su respaldo a Urdaneta,

“…hasta que la voluntad libre y soberana del pueblo colombiano elija en elecciones puras al ciudadano escogido para sucederos…”,

Insinuó que el designado Urdaneta, estaba sometido a presiones por parte del Presidente y que la suerte del país estaba en manos del comandante militar.[32]

Después se supo que para esta fecha, Rojas ya había notificado a los doctores Urdaneta y Pabón Núñez que él no consentiría el retorno del Dr. Laureano Gómez a la Presidencia.[33] Mientras se celebraba el banquete,

las tropas estaban acuarteladas, listas para una emergencia.”[34]

La semana siguiente en el “Diario Colombia” apareció el editorial escrito por su propietario Gilberto Alzate Avendaño con el título:

“¡General Salve usted la Patria!”

Fue una abierta incitación al golpe de estado.[35] Era el gran desquite del Mariscal Alzate por Laureano haberle negado la designatura en 1951.

General Gustavo Rojas Pinilla

A finales de mayo hubo un almuerzo ofrecido por el designado Urdaneta al que fue invitado el general Rojas y otros miembros de las Fuerzas Militares.

General Rojas: “Es cierto que mandé fusilar a Urdaneta. Lo hice cuando comprendí que algo se preparaba contra mí. Yo llamé al general Duarte Blum, Comandante de la Brigada  de  Institutos Militares y  le dije: toma dos compañías y rodea la casa y si a las ocho de la noche no he salido, toma la casa y fusila a todo el mundo, incluido el presidente. El almuerzo transcurrió normalmente y dentro de la mayor cordialidad. Nos pusimos a jugar billar con Urdaneta y de improviso, cuando estiré el brazo para tacar, observé que el reloj marcaba las ocho menos cinco minutos. Salí corriendo cuando a solo diez metros del patio de la casa, Duarte avanzaba con las tropas para tomar la casa…. Le dije a Duarte: “retírate que todo está en orden.  Este episodio jamás lo supo Urdaneta.

Yo le pedí a Urdaneta el cambio de José María Bernal, Ministro de Guerra, que era un buen hombre pero sin aceptación nacional, por Pabón Núñez. El presidente me explicó que no podía porque Laureano quería mucho a Bernal y que si lo removía, el jefe conservador se disgustaría terriblemente creando una crisis política”.[36]

El designado Urdaneta finalmente accedió y nombró a Lucio Pabón Núñez el día 25 de mayo. José María se fue del Ministerio pero le advirtió:

José María Bernal Ministro de Guerra

“¡usted se está dando la última estocada, antes de 15 días el golpe será una realidad!”[37]

Tras lo anterior, el general Luís Garavito, Secretario del Ministerio de Guerra en pleno consenso con José María Bernal y testigo de las maniobras de Rojas, logró su traslado como agregado militar en Argentina. Su reemplazo fue el coronel Manuel Agudelo.

Ya para principios de junio era evidente que el golpe se produciría. Todo está predispuesto. Todo el mundo lo sabe. El General Mariano Ospina Rodríguez en ese momento Inspector General de las Fuerzas Militares, visitó al Sordo Urdaneta y le advirtió,

“Golpe va haber, si usted no se prepara para sofocarlo. Yo le puedo evitar el golpe, pero necesito mando sobre tropa. Entrégueme la Brigada de Institutos Militares (la guarnición de Bogotá) y le aseguro que mantendré a raya el Ejército y usted podrá terminar su mandato.[38] 

Urdaneta estaba en la presidencia accediendo a todas las imposiciones del Dr. Gómez y a pesar de la cercanía entre los dos, también Rojas. ¿En quien confiar? ¿No será  que Ospina al mando de las tropas en Bogotá lo que hace es preparar el camino para un golpe? Urdaneta también conocía de la inconformidad en los medios castrenses. Decidió jugársela con Rojas.[39]

Felipe Echavarría Olozaga

Mientras tanto en el Ejército algunos oficiales desleales, a sabiendas de que el golpe se produciría, conocidos los antecedes de Rojas y renuentes a que este encabezara la sublevación, solicitaron a sus señoras para que reunidas con la esposa del general Ospina en su residencia, intercedieran con el fin de que Ospina liderara la rebelión.[40]

Era indispensable desprestigiar aún más el régimen, con este fin el 5 de junio fue detenido y torturado por un supuesto complot Felipe Echavarría Olózaga, amigo vinculado a la familia presidencial de los Gómez.

El 6 de junio, los empleados de Echavarría Olózaga recibieron una cuenta de una clínica situada en la calle 22 donde la noche anterior había sido atendido y curado. La nota decía:

No se pague sin consultar a la señora Clemencia Holguín de Urdaneta“.

Así que sus empleados lograron hablar con Enrique Gómez Hurtado en el Diario Gráfico. Gómez habló con Hernando de Velasco, jefe de Orden Público del Ministerio de Gobierno quien al averiguar, supo que Echavarría estaba en poder del G-2 y estaba comprometido en una tremenda conspiración; que había sido bárbaramente torturado y sometido a un refinado proceso de interrogación mediante la aplicación de hielo sobre diversas partes del cuerpo, y que así se había logrado su confesión.[41] Enrique Gómez informó a su padre, el Presidente.[42]

El jueves 11, Laureano llamó a Urdaneta y le comentó del caso Echavarría con lo cual le solicitó la baja del general Rojas. Urdaneta le respondió que él personalmente exigiría una explicación y un

Coronel Alberto Pauwels Rodríguez y Brigadier General Alfredo Duarte Blum

informe sobre lo acontecido. Laureano no insistió pero el hecho llegó a oídos de Rojas quien el viernes 12, día festivo, había decidido irse para su finca en Melgar. Receloso de lo que pudiera suceder durante su ausencia pensó en postergar su viaje pero luego decidió llamar al General Alfredo Duarte Blum, Comandante de la BIM y al teniente coronel Alberto Pauwels Rodríguez de la Fuerza Aérea, para instruirlos sobre la forma de avisarle si algo se planeaba en su contra.

Esa misma noche en una reunión social ofrecida en la Escuela de Caballería con motivo de la despedida a un agregado militar estadounidense, se reunió el general Rojas con la alta oficialidad del ejército y por separado conferenció con cada uno.

Todos ellos le manifestaron su lealtad, y le confirmaron que estaban listos para proceder en el momento en que el doctor Gómez tomara posesión.[43]

Esa noche Rojas ofreció a Ospina Rodríguez el Comando de las Fuerzas Militares en su próximo gobierno, oferta que Ospina rechazó, incluso había enviado al subteniente Leonardo Ospina Rodríguez su hermano menor, a los Estados Unidos para que estudiara ingeniería.[44]

El sábado 13 de junio, el presidente Gómez se despertó con la novedad en los periódicos de que, tal y como iban las cosas, el ex presidente Ospina Pérez estaría a punto de triunfar como presidente de la Constituyente que se efectuaría el siguiente lunes. Cuentan que el disgusto de Laureano al sentirse derrotado fue tremendo.[45]

Urdaneta tenía un fuerte resfriado y no pensaba salir. Sin embargo, a eso de las diez recibió una llamada del Ministro de Gobierno, Luís Ignacio Andrade, quien le dijo, desde la casa de Gómez, que éste necesitaba urgentemente hablar con él, preferiblemente en Palacio. Urdaneta repuso que tenía el mayor gusto y que no era necesario que se molestara en venir, ya que él mismo podía ir a su casa. Su interlocutor le informó que Gómez insistía en ir y que salía en el acto. Poco después llegó Gómez a Palacio y pasó a la alcoba donde se encontraba Urdaneta.[46]

El Presidente Laureano Gómez y el Primer Designado Roberto Urdaneta

“Fui entonces al Palacio para hablar con el designado -refiere el doctor Laureano Gómez-. Le manifesté mi opinión nítida sobre el dilema que se confrontaba con el caso Echavarría. Ante el incumplimiento del plazo de diez horas mi posición fue muy concreta. El Ministro de Gobierno tenía conocimiento de que el delito había sido cometido por un organismo del Ejército. La responsabilidad administrativa recaía sobre su jefe porque lo supo y lo consintió, o lo ignoraba, debiendo haberlo sabido. Le dije que la honra del país y el prestigio de nuestra causa imponían que se le llamase a calificar servicios. No insinuaba que él lo hiciera porque veía que después de los últimos sucesos,  sobre  todo  el  banquete  de  los  militares  y la solución del conflicto entre el Ministro Bernal y el jefe del Ejército, desfavorable al primero, se descubría en el designado una imposibilidad para tomar ese camino. ‘El hombre para hacerlo soy yo’, añadí. ‘Mis escasos servicios no han compensado los honores recibidos por la Patria y en guarda de su honor y del prestigio de mi causa no puedo doblegarme ante las amenazas”.  El designado observó que el golpe de estado no dejaría de producirse. Repliqué que era peor aceptar la iniquidad para que no ocurriera. “Lo peor no es lo que nos pase a nosotros, sino al país”, contestó Urdaneta. Sin vacilación, Laureano preguntó: “¿Cuál es el procedimiento para reasumir?”

“Muy sencillo”, dijo Urdaneta: “llamamos al jefe de la oficina de prensa, Jaime Uribe Holguín, con el fin de que comunique la noticia y que convoque al Consejo de Ministros para la misma notificación”.[47]

Gómez empezó a actuar inmediatamente, mientras Urdaneta regresó a la residencia privada en Palacio. A continuación, se reunieron con Gómez varios de los ministros.

Bertha de Ospina: “El sábado 13 de junio de 1953, a las once de la mañana me llamó desde Palacio un señor y me dijo: El doctor Gómez está aquí. Calcule usted mi impresión. Pero no era ni el sitio ni el momento para manifestarme. Muy bien le dije, adiós. Llamé de inmediato al general Berrío y dije, el doctor Gómez está en Palacio, avísele al general Rojas. Avíspense y muévanse. Llamé al general Régulo Gaitán y a su hermano hasta cuatro veces, pero no pude conseguirlos. Llamé al general Mariano Ospina y tampoco lo encontré. Llamé al coronel Rafael Navas Pardo y le dije lo mismo que le había dicho al general Gustavo Berrío Muñoz. Le avisé a Mariano que estaba en la biblioteca de la casa trabajando y lo mismo hice con algunos políticos.[48]

A eso de las doce, desde el Palacio se empezó a citar a los ministros para una reunión urgente del Consejo de Ministros. En el Salón de los Virreyes se fueron congregando a medida que llegaban y, entre tanto, conversaban con el doctor Laureano Gómez.[49]

Separadamente fueron entrando los ministros Rafael Azuero, de Gobierno; Antonio Álvarez Restrepo, de Hacienda; Alfonso Tarazona de Salud; Pedro Nel Rueda Uribe, de Minas; Lucio Pabón Núñez, de Guerra, y Jorge Leyva, de Obras Publicas. Con los nombrados se inició el Consejo, y mientras avanzaba fueron llegando los demás. El presidente Gómez comunicó que había reasumido el mando de la Nación, comentó los maltratos de que había sido objeto don Felipe Echavarría y el impasse surgido con la investigación de las torturas, así como su decisión de decretar el retiro del Comandante de las Fuerzas Armadas. Invitó al Ministro de Guerra para que con él firmara el decreto respectivo, a lo que el doctor Pabón Núñez se negó leyendo una larga carta que traía en borrador, en la cual hacía un relato de la investigación sobre Echavarría para concluir que su situación jurídica era rigurosamente igual a la del doctor Urdaneta y a la del general Rojas Pinilla, y que si estos eran culpables de la violencia consumada, o de la lenidad en la aplicación de sanciones a los responsables, también él debía sufrir la imputación como Ministro de Guerra.[50]

Los ministros Rafael Azula Barrera de Gobierno; Antonio Álvarez Restrepo de Hacienda; Pedro Nel Rueda Uribe de Minas; Lucio Pabón Núñez de Guerra y Jorge Leyva de Obras Públicas ingresaron al Salón de los Virreyes para el Consejo de Ministros

La escena mantenía los nervios en tensión. Algunos ministros se mostraron vacilantes, otros hicieron reflexiones sobre los notorios preparativos para el golpe de cuartel contra el gobierno.[51]

La mayor parte de los ministros manifestó su desacuerdo, advirtiendo que el retiro de Rojas precipitaba los acontecimientos. El golpe de Estado se hallaba a la vista. Al verse abandonado por Lucio Pabón Núñez, Uribe Holguín y Azuero, el presidente Gómez exclamó:

“¡Ustedes son partidarios de la tortura!”.[52]

Con voz enérgica grita el Presidente Gómez: “¿Es, si o no, potestad discrecional del presidente de la República llamar a calificar servicios a cualquier oficial del Ejército?”[53]

Ante la negativa insistente de Pabón, el doctor Gómez paseó la vista por todos los ministros en ademán de escogencia, y de golpe, al llegar donde el doctor Leyva, lo mostró y dijo: “Nombro al doctor Leyva ministro de Guerra.” Este aceptó el cargo con una inclinación de la cabeza, creo que sin palabras. Al hacerse la designación de Ministro de Guerra, el doctor Pabón se retiró del salón…. De forma inmediata Gómez y Leyva procedieron a expedir el decreto llamando a la reserva a Rojas Pinilla y designaban para sucederlo en el cargo de Comandante de las Fuerzas Armadas al General Régulo Gaitán Patiño, el oficial de más alta jerarquía después de Rojas.[54]

Pabón Núñez de inmediato presentó su renuncia y se retiró del salón. En los corredores de palacio, Pabón se encontró con Álvaro Gómez quien le interrogó sobre los sucesos.

“Yo ya no soy ministro, no puedo seguir de ministro. Voy a buscar al doctor Urdaneta que me dicen está aquí en una alcoba, que todavía no se ha ido, que está con gripa.”

El ahora ex designado Urdaneta en la casa privada de Palacio se volvió a acostar,[55] pero se levantó para almorzar con los ministros y su hija María Consuelo Urdaneta invitó al Presidente Gómez para que los acompañara. Laureano le respondió agradeciendo el gesto de la hija del designado, pero se negó ya que solo tomaba drogas y se dirigió a su residencia acompañado por el jefe de la Casa Militar y Comandante del batallón Guardia Presidencial, Teniente Coronel Jaime Lozano Bahamón.[56]

El almuerzo estuvo tranquilo y cordial y el Sordo insistió a los ministros en rodear al Presidente, pero el Ministro de Gobierno Rafael Azuero y el de Minas Pedro Nel Rueda insistían en retirarse del gabinete. El único que no se encontraba en el almuerzo era el nuevo Ministro de Guerra Jorge Leyva quien había salido de palacio a hacerse reconocer por las tropas. El almuerzo duró hasta las tres y media de la tarde, Pabón estaba exacerbado y salió vociferando contra los Gómez.[57]

El nuevo Ministro de Guerra se comunicó con el Teniente General Régulo Gaitán para informarlo su nombramiento y sobre los cambios en la cúpula. Estos incluían al General Mariano Ospina Rodríguez para que tomara nuevamente el Comando del Ejército y al coronel Willy Hollmann Restrepo, uno de los más antiguos coroneles, como Comandante de la BIM.[58] Leyva, Gaitán, Hollman y Ospina proceden a hablar con el Presidente de la República. Pasado el almuerzo, Laureano los recibió en su residencia.

Después de las tres de la tarde el doctor Gómez se dirigió a casa de su pariente político, el doctor Julio Escobar Sáenz, en donde permaneció por cerca de tres horas.

Bertha Hernández de Ospina: “Antes de las doce me llamó el general Gustavo Berrío. Algo me iba a comunicar pero no se lo permití porque sabía que los teléfonos estaban controlados, pues su gerente era uno de los hombres de la camarilla que nos mandaban y, esa era la situación a la que nos tenían sometidos. Le dije pues a Berrío: no me diga nada y vengase a almorzar. Yo creí que podía venir pero no fue así. A las doce y media me volvieron a llamar de Palacio para decirme: El señor se acaba de posesionar. Nombró Ministro de Guerra a Leyva y destituyó al general Rojas. Las cosas andaban más de prisa de lo que podía suponerme.”[59]

General Berrío: “En las horas de la mañana, en mi residencia había recibido la llamada de doña Bertha Hernández de Ospina Pérez advirtiéndome de que Laureano Gómez había reasumido el poder y de los nuevos cambios en la cúpula militar. El gordito está en Palacio y avíspese general porque se los va a comer el tigre”.[60]

Mayor General Gustavo Berrío Muñoz

De inmediato el general Berrío Muñoz se comunicó con los diferentes cuerpos de tropa y ordenó el acuartelamiento de primer grado. Berrío llamó al teniente coronel Pauwels para que enviara un avión por Rojas a Girardot y después se reunió con el general Alfredo Duarte Blum y ambos desde la Brigada, lograron contacto telefónico con el general Rojas en Melgar. Eran las dos de la tarde. Pauwels de inmediato salió para la Base Aérea de Madrid y estuvo en contacto permanente con Rojas.

General Rojas: “Me llamaron al teléfono, eran Berrío y Duarte, me dijeron: Es urgente que regrese. Cuando salí de Melgar puse el radio y ahí decían que había tomado posesión Laureano, que me había dado de baja; solté la risa y dije: ¡viejo pendejo!”[61]

Rafael Álvarez, técnico de vuelo: “Una vez despegó el avión nos avisaron que teníamos que ir a recoger a un general en Melgar, pero no sabíamos bien a qué íbamos. Una vez aterrizamos en la base de Tolemaida se subieron como 30 soldados con un teniente, María Eugenia, la hija del general, y el mismísimo Roja Pinilla. Cuando iba a cerrar la puerta para emprender el decolaje, oí que el General le dijo a un capitán: fulano de tal, dígale al Mayor, que las Fuerzas Militares se tomaron el poder. Ahí pensé: estamos metidos en la grande. Cerré la puerta y el general se sentó en el puesto que era para el técnico de vuelo. Él se sentó junto a un señor que era quien planeaba las cosas, pienso yo, porque hablaban mucho.” Él iba hablando con sus secretarios y entre las cosas que decían oí al general decir: “Ahora sí vamos a ver si es que Laureano nos domina a mendrugo o a látigo”. También dijo que había que quitarle la censura a la prensa y así la mayoría de periódicos los iban a apoyar. [62]

Mientras Rojas Pinilla salía del Tolima para Bogotá, en Ibagué cuenta el entonces Comandante del Batallón Jaime Rooke, Coronel Cesar Augusto Cuellar Velandia:

“A las 2:40 pm me encontraba almorzando en el casino de oficiales del batallón Jaime Rooke con la presencia del General Alfredo Ospina Roa, Comandante de la Primera Brigada, con motivo de mi nombramiento como Comandante del Batallón. A esa hora recibí una llamada urgente del Coronel Manuel Mutis Harker para informarme lo siguiente: en este momento sale para Bogotá el General Rojas Pinilla y tú te imaginas a que: te encarezco el control de las comunicaciones y te deseo buena suerte y colgó el teléfono.”

El Coronel Cuellar Velandia se hizo reconocer por la tropa y encaminándose a la emisora Ecos del Combeima, siguiendo los mismos métodos de los revoltosos del nueve de abril, proclamó que desde ese momento era gobernador del Tolima, destituyendo al gobernador titular Gilberto Polanco quien acababa de regresar de Bogotá luego de ser confirmado en el cargo por el Presidente Gómez. Esto fue 7 horas antes de que Rojas Pinilla hubiera violado su juramento de militar, consumando la usurpación.[63]

Bertha Hernández de Ospina: “Esa misma tarde debía llegar a Bogotá, José Gutiérrez Gómez. Arreglé a María Clara y salí con ella para ir a encontrarlo; pero le dije al chofer que nos llevara primero al Batallón Caldas. Como a mí me conocen en los cuarteles me dejaron entrar, aún cuando había prohibición para los demás civiles. Entré, vi a todos los oficiales y soldados en pie de guerra. Cada uno estaba con su fusil listo a cumplir las órdenes que se les impartieran. Pregunté por el Coronel Navas Pardo, y con él me dirigí a una salita de recibo que allí tienen. Le dije al chofer: Váyase a Techo a recibir al doctor Gutiérrez. Yo me quedo aquí. Si pasa algo, los oficiales me llevan a casa y, si no, aquí me encuentran.”[64]

“Estamos listos me dijo el coronel Navas Pardo, pero no puedo hacer nada sin la orden de mi general. Entonces fue cuando vine a saber que el teniente general no estaba en Bogotá y que ya habían mandado por él y debía estar en camino. Me confirmé en mi opinión de la unidad y cohesión de las Fuerzas Armadas. Vamos a llamar a todos los comandos le dije. Si -me contestó- pero no desde aquí, pues este teléfono está controlado. Salí con él y fuimos al frente y comenzamos a llamar por teléfono al general Gustavo Berrío Muñoz, quien me dijo que ya había hablado con el general Rojas y que ya venía. Llamamos a otros oficiales con quienes no nos fue fácil comunicarnos. Llamamos al coronel Iván Berrío, jefe de la Escuela Militar y me dijo: Estamos listos. Como estas llamadas eran tan lentas, resolvimos volvernos al cuartel.[65]

Coronel Manuel “el Mico” Agudelo Sectretario General del Ministerio de Guerra

Coronel Manuel Agudelo: Estando en mi despacho, golpean a la puerta. Salgo a abrir y  encuentro al doctor Jorge Leyva y a los generales Régulo Gaitán, Mariano Ospina, al coronel Willy Hollman y a varios oficiales más. Jorge Leyva me dice:

“Mira Manuel, resulta que aquí han sucedido muchas cosas. El doctor Gómez reasumió el poder esta mañana, destituyó a Lucio Pabón y a Rojas Pinilla. Hágame el favor de enterarse de estos dos decretos firmados por el Presidente de la República para que los protocolice y les dé trámite”. Al leer los decretos le dije: “Señor ministro, siga, aquí está su despacho. Los hice entrar a todos y cerré la puerta. Luego tomé los teléfonos y procedí a llamar a los comandantes de las unidades militares que me interesaban. Les lambonié toda la cuestión, además los indagué sobre su actitud. Willy Hollman salía cada ratico a controlarme. De manera que yo tenía que interrumpir las llamadas. Esto duró cerca de dos horas y media, pero logré comunicarme con todos los mandos de la brigada y con los políticos, entre ellos hablé con el doctor Ospina Pérez, a quien entere de los hechos.[66]

La nueva cúpula informa al Batallón Guardia Presidencial del retiro de Urdaneta e informan del ascenso del Doctor Gómez.[67] El paso a seguir era hacer reconocer al nuevo Ministro por las Fuerzas Militares. Hicieron llamar al general Berrío Muñoz. Una vez de vuelta al Comando del Ejército, Berrío recibió la llamada del coronel Agudelo:

“Mi general, de parte del señor ministro, que se sirva presentarse en el término de la distancia aquí en el despacho.”

Convencido Berrío que lo llamaban para darlo de baja así como habían hecho con el general Rojas respondió:

“Muy bien mi coronel, ya voy para allá a entregarles ésta chichería pero yo sé cómo se las entrego.”[68]

Berrío llegó al Ministerio, ingresó en el despacho del doctor Leyva, saludo a los superiores presentes y no balbuceo ni una sola palabra.[69] Siendo el general Régulo Gaitán el nuevo Comandante de las Fuerzas Militares, le correspondía ordenar el reconocimiento de estas al nuevo Ministro. Con ese fin le habían llamado para la ceremonia que se llevaría a cabo en el Batallón Guardia Presidencial.

Mientras tanto el coronel Pawels con el coronel Gerardo Varela recibieron al general Rojas en el aeropuerto de Techo hacia las 3:40pm y recibió instrucciones de Rojas para ordenar el despliegue

Teniente Coronel Alberto Pauwels

de tres aeronaves F-47 y tres T-6 plenamente armados de la FAC que salieran de la Base Aérea de Palanquero y estuvieran disponibles en el aeropuerto de Techo por si las cosas no les resultaban. Los aviones atacarían Palacio y los ministerios. Tras lo cual Rojas se dirige al Batallón Caldas. Las aeronaves de la FAC llegaron al aeropuerto de Techo hacia las cinco de la tarde.[70]

De salida para el Batallón Guardia, a Berrío Muñoz se le acercó el entonces capitán Luís Carlos Camacho Leiva, quien era el ayudante personal del General Gaitán, y en secreto le murmuró que Rojas se encontraba en el Batallón Caldas y quería hablarle por teléfono. Berrío le respondió:

“dígale que no puedo hablar con él porque voy con estos señores para el Batallón Guardia. Que me espere allá. Yo voy después.”[71]

General Rojas: “Me reuní con el comandante, coronel Rafael Navas Pardo y le ordené, Navas llama a Jorge Leyva que se encuentra en el Batallón Guardia Presidencial y dile que venga a tomar un tinto, de ataque, para el frió…  pero no le digas que yo estoy aquí, así lo hizo Navas pero en

Jorge Leyva nuevo Ministro de Guerra

forma sospechosa por lo que yo aliste mi pistola por si este sinvergüenza me traicionaba.”[72]

Leyva mordió el anzuelo y prevalido por la amistad en los muchos apoyos que le había dado a Navas para sus obras en los cuarteles cuando era Ministro de Obras, le respondió que una vez saliera del Guardia Presidencial se dirigiría al Caldas.

Una vez terminada la ceremonia en el Batallón Guardia Presidencial, el general Ospina se despide y se dirige a la Escuela de Caballería con el fin de ordenar el aseguramiento de la ciudad, sin embargo es detenido por Willy Hollmann y Régulo Gaitán quienes le piden que los acompañe al Batallón Caldas ya que el malestar causado por la destitución de Rojas puede implicar alguna insubordinación en la oficialidad.[73]

El General Ospina le ordenó al coronel Agudelo llamar al Batallón Caldas y comunicar a Jorge Leyva con el comandante. Agudelo en vez de comunicarlos, llamó y en voz alta para que pudiesen escuchar dijo:

dígale al coronel Navas que tenga listo el batallón, que el Ministro Leyva y los generales Gaitán, Ospina y Berrío van para allá.

El general Gaitán ordenó a su ayudante, el capitán Camacho Leyva, alertar al conductor de su vehículo. Camacho Leyva bajó las escaleras y a los pocos minutos lo alcanzó su jefe quien le ordenó que lo acompañara, pero Camacho Leyva en un acto de extrema viveza y conocedor de la presencia de Rojas en el Caldas, hábilmente pidió permiso para ir por su gorra y no regresó. Gaitán partió sin él.

Leyva, Gaitán, Ospina, Berrío, Hollmann y Abondano se dirigen al Caldas. Al llegar, la tropa se encontraba armada y municionada. Ospina sospecha, es una celada.[74]

Al llegar a la guardia externa del Batallón Caldas se detuvo el carro y el teniente Garavito ordenó una requisa. El doctor Leyva exclamó “¿qué es esto?” Al primero que desarmaron fue al general Gaitán y luego al Ministro Leyva y al llegar al general Ospina Rodríguez éste exclamó: “¿cómo es esto… un soldado desarmando a un general…..? y el teniente Garavito se adelantó y respondió: “Mi general, ustedes están presos!…..[75]

 Enseguida apareció de la nada, el hijo del general Carlos Vanegas, que era teniente y se encontraba preso por cualquier pendejada del servicio, le puso una carabina al general Gaitán y le dijo: “So gran hijueputa…. usted está preso por desleal a mi general Rojas”.[76]

El Teniente Ricardo Vanegas Castillo se encontraba preso en el Batallón Caldas gracias al Brigadier General Alfredo Ospina Roa por consideraciones especiales con su padre. Vanegas se había sublevado con el rebelde Capitán Alfredo Silva Romero de la base de Apiay. Se habían tomado la ciudad de Villavicencio y en el transcurso de los operativos, habían asesinado a varios policías. Vanegas había sido condenado con el también teniente Hernando Ardila García a penas de 17 años y 17 meses respectivamente.

Teniente Ricardo Vanegas: “El General Gaitán intenta hacer uso de su arma y me pide que lo respete y acate sus órdenes, puesto que es un general de la República y nuevo Comandante de las Fuerzas Militares. Sin embargo le apunto con mi carabina y ordenó que la guardia lo desarme y lo insto a deponer su actitud para evitar mayores males. A su vez que ésta comitiva de Oficiales y civiles, se dirija al Casino de Oficiales. donde quedan incomunicados. Como algo anecdótico, observo aquí la presencia del Coronel Willy Hollman, Comandante de la Policía Militar de la Guarnición y que hacia parte de tal comitiva, a quien le manifiesto: Mi Coronel, ustedes van a ser fusilados. Si lo desea escápese, lo ayudaré gustoso, porque usted se portó a la altura cuando defendió  en el Consejo de Guerra a los Suboficiales que se sublevaron con nosotros en la Base Aérea de Apiay. El Coronel no acepta mi insinuación.[77]

Coronel Rafael Navas Pardo

Así los fueron escoltando hacia las barracas donde había un pequeño casino, sitio en donde los iban a recluir. Por el camino apareció el coronel Rafael Navas quien se puso firmes y saludando con la mano a la gorra les informó:

“Señores oficiales, ustedes están presos por órdenes de mi general Rojas”.[78] A renglón seguido el general Ospina le increpó diciéndole: “¡qué vergüenza coronel!”, a lo que de inmediato Navas replicó, “vergüenza debería darle a usted, mi general, de haber traicionado a nuestro ejército y al general Rojas”.[79]

Coronel Willy Hollman:“Cuando el general Rojas apareció ante nosotros parecía arder en cólera. Nos llamó traidores y anunció que procedería a fusilarnos.[80] El general Ospina increpó de inmediato a Rojas y entre los dos se desarrolló un alegato interminable. “Mariano cállate que éste guache nos va a matar a todos”, le suplique narraba Willy, pero Mariano continuaba “enséñele a sus soldados a matar generales y verá que mañana lo van a matar a usted……”[81]Hasta que el Ministro Leyva con gran entereza de carácter, recriminó a Rojas diciéndole: un momento Gustavo, si a alguien tendrías que fusilar aquí es a mí. Estos señores no han hecho sino cumplir con su deber de respaldar al gobierno legítimo. Fue entonces cuando Rojas advirtió la presencia de Berrío. Le dijo “¿Qué hace usted allí Berrío, si usted es de los nuestros?” Con lo cual Rojas lo sacó del grupo y no lo volvimos a ver.[82]

Estando en el salón del casino, Gaitán, Ospina, Hollmann y Abondano con el ministro Leyva, Rojas Pinilla dio la orden de alistar el pelotón de fusilamiento.

En seguida se retiró del casino, dirigiéndose al coronel Navas Pardo le dijo, “llámate a los comandantes de arma y diles que formen las tropas y pidan al personal que quien no esté de acuerdo conmigo de un paso al frente y procedan a fusilarlo de inmediato.”[83]

En el Caldas, María Eugenia Rojas, la hija del general increpó a Rojas e intercedió por los detenidos para que estos no fueran asesinados. Rojas hizo retirar el pelotón de fusilamiento.[84]

Regresó de nuevo Rojas al casino en donde se encontraban los prisioneros y los tildó de traidores con lo cual entre Rojas y Gaitán se produjo un fuerte intercambio de palabras y el general Gaitán repuso: “¡Traidores! No mi general, yo jamás traiciono mi conciencia.”

 Rojas llamó aparte al Ministro Leyva a quien le dijo:

“Lo felicito porque usted es un hombre leal y ha sabido serlo con Laureano,”

y en seguida le ofreció el ministerio de Obras Publicas de su gobierno -el cual Leyva rehusó de inmediato-, en esas irrumpieron en el casino algunos oficiales del Caldas bastante exaltados y borrachos que iban a ejecutar a los prisioneros por su propia cuenta a lo cual se interpusieron el mismo Rojas y su hija María Eugenia.[85]

Lucio Pabón Núñez:”Estaba en mi casa listo para salir hacia la Embajada de España, cuando llegó una especie de camioneta del Ejército con tropa, se bajó un capitán. Llamé a mi mujer. Yo conocía al militar, era paisano mío. Le dije a mi mujer: “Me lleva el capitán Lemus Gaviria al Batallón Caldas, no sé qué va a pasar”. Porque Lemus me dijo: “Están reunidos los altos mandos militares en el Batallón Caldas, al general Rojas lo han traído y está presidiendo”.[86]

Duarte y Navas Pardo dispusieron medidas de toma de la ciudad,[87] ocupando la Radiodifusora Nacional, el periódico “El Siglo” y demás sitios estratégicos de la ciudad.

El entonces Teniente Coronel Luis Carlos Turriago

Brigadier General Luis Carlos Turriago: Llegué con la artillería a San Agustín. Casi al tiempo llegó por el norte el teniente coronel Manuel Medina González con los tanques de guerra de la Blindada. Sacamos en esa ocasión dos baterías de artillería que son como ocho piezas o cañones y se emplazaron contra el Batallón Guardia. Estando todo listo para el ataque, salió de los cuarteles del Guardia el segundo comandante, el mayor Ruano, oficial pastuso. El comandante del batallón era Jaime Lozano y en esos momentos no se encontraba en su unidad. Entonces el mayor Ruano me dijo en tono cordial y amistoso: “Como es posible, mi coronel, que nos vayamos a enfrentar. Nosotros tenemos la misión de defender el Palacio”. Yo le respondí: “Mire mayor, la Escuela de Artillería obedece al general Rojas y tengo una orden precisa de tomarme al Batallón Guardia. Y si usted no lo permite y no acepta al general Rojas, por encima de todo yo la cumplo”. En ese mismo instante se asomó un tanque por la séptima y le dije: “Como ve mayor, no puede hacer nada”. El me respondió: “Mi coronel, yo también tengo que ser leal y mi obligación es defender mi unidad y el Palacio. Yo admiro al general Rojas, pero mis órdenes, son otras”. Yo le insistí que “no tiene ningún sentido sacrificar a la gente, porque a las buenas o a las malas vamos a entrar al cuartel y vamos a acabar con todo. Usted verá”. Por último, le expresé: “Bueno Ruano, métase a su batallón y quédese tranquilo, no intente nada y así no habrá ningún problema”. Acto seguido, el mayor Ruano ingresó al Guardia y neutralizó a su tropa. El, después, quedó en el gobierno de Rojas. Eran como las cinco o cinco y media de la tarde cuando procedí a comunicar al Caldas que el Guardia estaba sometido.[88]

Una vez iniciado el levantamiento militar, el general Rojas ordenó al general Berrío se comunicara con el doctor Mariano Ospina Pérez.

“Me contestó doña Bertha, -afirmó Berrío- le pregunté por él y me respondió, -no, no está, luego colgó- ella, siempre tan astuta, se vino de su casa a confirmar si era cierto y cuando habló con mi general, llamó a su esposo. No supe que trataron. Al terminar la llamada, mi general me dijo, vámonos para Palacio a hablar con el doctor Urdaneta, nos fuimos. Eran como las 5:30pm.”[89]

Lucio Pabón: Llegué al Caldas y encontré a Leyva rodeado de militares, pálido: “¿Qué pasa? ¿Qué…? ¿Está detenido….?” Llegué donde estaba Rojas y dije: “Hay que ponerle cuidado a lo que puede pasar, porque acabo de oír que quieren fusilar a Jorge”. Rojas salió inmediatamente, dio órdenes para su protección especial. “Bueno, me dice Rojas, te informamos que las Fuerzas Armadas en todo el país se han levantado, desconocen a Gómez como Presidente, piden que vuelva Urdaneta a la Presidencia y tú al Ministerio de Guerra. Te hemos mandado a buscar porque queremos que tú nos acompañes a ir a Palacio”.[90]

 Antes de salir para Palacio, Rojas Pinilla llamó al doctor Urdaneta Arbeláez y le pidió que lo esperase, puesto que para allá se dirigía.

Roberto Urdaneta: A las seis y cuarto llegó a Palacio. Entró con escolta de altos oficiales. Algunos armados. Hice entrar al despacho presidencial a los más salientes. Nos sentamos en la mesa del Consejo de Estado y Rojas pidió la palabra. Dijo Rojas: “Hemos sido objeto de un atropello, por parte del doctor Gómez, que no podemos tolerar yo ni las Fuerzas Armadas. He venido aquí con los representantes del Ejército, a exigirle a usted que continué ejerciendo el poder”.[91]

Rojas Pinilla trata por todos los medios de convencer a Urdaneta para que continúe en su cargo como Presidente encargado, con lo cual él aseguraría la permanencia en el suyo de Comandante General.[92]

Ante la negativa del doctor Urdaneta en asumir el poder mientras el doctor Laureano Gómez estuviera en funciones, insisten los generales Duarte y Berrío, así como el coronel Agudelo, proponiendo éste último que de Palacio se llamara a la Corte Suprema de Justicia para que declarase la vacancia del cargo de la presidencia y así Urdaneta procediera a asumirlo. Estando en estas conversaciones el Secretario General de la Presidencia, Alfredo Vásquez Carrizosa, comunicó la llegada a Palacio de los doctores Mariano Ospina Pérez, Gilberto Alzate Avendaño, Francisco de Paula Pérez, José Gabriel de la Vega y Luís Navarro Ospina, quienes de inmediato terciaron en la discusión apoyando la solicitud a Urdaneta de que aceptara el poder.

Los conservadores de la oposición llegan a Palacio para dialogar con Rojas Pinilla y el Designado: Mariano Ospina Pérez, Francisco de Paula Pérez, Gilberto Álzate Avendaño y Luís Navarro Ospina

 

Roberto Urdaneta: El Dr. Ospina me dijo: “este es un hecho cumplido, no hay que engañarse; la única solución es que tu reasumas la Presidencia. Todos los constituyentes te respaldamos”. El doctor Alzate Avendaño apoyó la tesis del coronel Agudelo, pero mejorándola en su aspecto legal, y para el efecto sentenció: “Es necesario convocar al Senado para que declare la vacancia”. Urdaneta continuaba negándose. Incluso se consideró que se formase una junta de gobierno, un triunvirato mixto de militares y civiles. Cuando estábamos en esa discusión se presentó Rojas y me preguntó, ¿cuál es tu última resolución? Le contesté: “Mi última es la primera, no vuelvo a la Presidencia”.[93]

Lucio Pabón Núñez

Lucio Pabón: Bueno, cuando me doy cuenta que Ospina y Urdaneta habían desaparecido. Entonces pregunto y me dijeron están allá encerrados en la oficina del secretario privado. Yo me fui a ese despacho que era de puerta corrediza, la abrí -primero le había dicho a Rojas: “aquí no hay más remedio sino que tú asumas el poder, si no va a haber el reinado de la anarquía”. Abrí la puerta del despacho donde estaban reunidos Ospina y Urdaneta conversando, les dije: Vengo a comunicarles que el general Rojas acaba de asumir la Presidencia de la República”. El doctor Ospina se levantó y con un acento muy marcadamente antioqueño me dijo: “Pues ante los hechos cumplidos, no hay más remedio en casos como éste, que aceptarlo”. Les dije: “me parece que ustedes deben ser los primeros en hacerse presentes y ofrecerle respaldo”. Me los llevé a los dos, llegué al sitio donde estaba Rojas y lo sorprendí diciéndole: “El doctor Ospina y el doctor Urdaneta vienen a ofrecerte el respaldo al saber que has asumido la Presidencia”. El General Berrío Muñoz comenzó a aplaudir y aplaudió toda la gente. Me dice a mí que le prepare una alocución. Y comienza el diálogo en torno de cómo quedaría constituido el gabinete. Yo a ratos participaba y escribía la primera alocución de Rojas que tiene el título de “Paz, Justicia y Libertad”. La cogió ya redactada Alzate y no le gustó. El dijo: “No me parece”. Yo le dije: “Agregue, quite, ponga”. Pero en fin ni quito, ni pongo”. La tomó Francisco de Paula Pérez, un profesor de Derecho Constitucional, y dijo: “Está muy buena, lo que hace falta es una referencia a que Colombia cumplirá su política internacional”.[94]

General Berrío: “Mi general preguntó a quiénes nombraba ministro, entonces el doctor Ospina aconsejó que siendo un golpe, el gabinete debía ser de militares la mitad más uno… Ante esto mi general replicó: militares más dos, el de Gobierno o Guerra y el de Comunicaciones… Mi general dijo al doctor Ospina: doctor, ¿usted me aceptaría el Ministerio de Gobierno? No excelencia, respondió. Lo tomó de un brazo y quién sabe de qué hablaron allá. En todo caso mi general volvió y le dijo a Pabón: Lucio, ¿me acompañarías en el Ministerio de Gobierno? y Pabón contestó con estas palabras que no se me olvidarán nunca: “Gustavo, en tu gobierno te sirvo hasta de mecanógrafa“.[95]

Lucio Pabón: …Ministro de Relaciones -hace un movimiento el doctor Ospina y se saca un papelito. Bueno miró el papelito,el doctor Evaristo Sourdís“. Lo cierto era que él llevaba una listica y la aprovechaba cuando se decía ministro de tal,Ministro de Obras Públicas”: se formó un lío, que “…Santiago Gómez Trujillo”. En ese momento me llamó Rojas y dijo “suspendamos esto“. Se molestó el doctor Ospina. Rojas me llamó aparte y me dijo:Resulta que a Gilberto Alzate se le ha metido que él debe ser el ministro de Obras pero yo no puedo nombrarlo ministro de Obras porque me contradigo. Y siempre he sostenido que es un error nombrar políticos para el Ministerio de Obras; se deben nombrar es técnicos“. Rojas sí quería que quedara en el gabinete Alzate y me pidió que fuera a decirle a Alzate, que aceptara el Ministerio de Justicia. Alzate me dijo que no, que lo que él quería era ser ministro de Obras. Se quedó por fuera Alzate. Esa misma noche, después de promulgado el gabinete, Alzate me dijo:Hombre he llegado a la conclusión de que he metido la pata y he cometido un grave error. Yo he debido aceptar el ministerio, me quedo sin poder. Ahora no tengo más amigos en el gabinete que tú. Entonces tú me vas a tener que ayudar para conseguir vainitas y cosas“.[96]

Refiere el doctor Pedro Nel Rueda Uribe que estando reticente a aceptar el ministerio para el que fue nombrado, en el propio Palacio, esa misma noche, consultó con el ex presidente Ospina Pérez si debía aceptar la cartera de Minas y Petróleos, a lo que le dijo el doctor Ospina que:

ningún conservador podía vacilar en la aceptación del cargo porque de otra manera nos exponíamos a que el Presidente cayera en brazos del liberalismo o lo que es peor, del alzatismo”.[97]

Para los conservadores en general les fue muy difícil entender y aceptar que un hombre como Gustavo Rojas Pinilla señalado de fuertes convicciones conservadoras y quien era reconocido como un godo runtano (de Runta, un barrio de Tunja muy famoso por su gastronomía criolla) se había atrevido a derrocar a Laureano Gómez, el máximo jefe del conservatismo desde la hegemonía conservadora.[98] Solo el tiempo les haría comprender que Rojas Pinilla había sido la ficha utilizada por el expresidente Mariano Ospina Pérez para sacar a Laureano del poder.

Para los liberales tampoco fue fácil aceptar a Rojas Pinilla puesto que odiaban al Comandante, de lo ellos consideraban la facción represiva de las Fuerzas Armadas y no olvidaban cuando Rojas era el Comandante de la Tercera Brigada en el Valle, como se apoyó la creación de los Pájaros, así como la Masacre de la Casa Liberal de Cali. En últimas fue Ospina Pérez quien consolidó el apoyo inicial del liberalismo hacia el golpe militar.

Primera alucación de Rojas Pinilla como mandatario de facto

Así termina el Trece de Junio. Pero el jolgorio general, bailes y lluvias de flores vinieron después; con especiales aplausos de todos los dirigentes liberales; empezando por Echandía, López de Mesa, Turbay y demás miembros de la dirección liberal, aparte del campeonato de la adulación organizada por El Tiempo, cuyo columnista principal llamó a Rojas “Segundo Libertador de Colombia”….[99]

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[1] Horacio Gómez Aristizábal, “El Tormentoso Laureano Gómez”, Editorial Kimpres Ltda, Bogotá, 2001

[2] Gonzalo Canal Ramírez, “Del 13 de junio al 10 de mayo en las Fuerzas Armadas”, Ediciones Documentos Colombianos, Bogotá

[3] General Ricardo Bayona Posada, “Recuerdos de un Ochentón”, Editorial Kelly, Bogotá, 1984

[4] El Liberal, septiembre 5 de 1948 citado por Silvia Galvis, Alberto Donadio, “El Jefe Supremo”, Planeta Colombiana Editorial S.A., Bogotá, 1988

[5] Carlos J. Villar Borda, El Espectador, 16 de octubre de 1953

[6] General Ricardo Bayona Posada citado por Silvia Galvis, Alberto Donadio, “El Jefe Supremo”, Planeta Colombiana Editorial S.A., Bogotá, 1988

[7] Ibíd.

[8] Enrique Gómez Hurtado en conversaciones con el autor.

[9] Entrevista del autor con Enrique Gómez Hurtado agosto 13 de 2014

[10] Abelardo Forero Benavides, “El 13 de junio de 1953: un día con 3 presidentes ; Urdaneta, Gómez y Rojas Pinilla”, Revista Credencial Historia No. 6, junio 1 de 1990

[11] Hernando Correa Peraza: Los Rostro de la Violencia; Editorial Universidad Sergio Arboleda; Bogotá, 2009

[12] Ibíd.

[13] Brigadier General Gabriel Puyana García, “Vivencias de un Ideal”, Editorial Guadalupe Ltda., Bogotá, 2001

[14] Army Intelligence Project, Decimal File, Colombia 1951-1952, Box 105, RG 319, WNRC, citado por Alberto Donadio, El Uñilargo, Medellín, Hombre Nuevo Editores, 2003, pp. 113.

[15] Alberto Bermúdez, “Rojas Pinilla como hecho histórico”, La Historia del Partido Conservador, periódico El Siglo, Bogotá

[16] Mayor Bernardo Echeverri Ossa “Tres décadas turbulentas”, Historia de las Fuerzas Militares de Colombia, tomo VI, Historia de la Policía Nacional de Colombia, Planeta Colombiana Editorial S.A., Bogotá, 1993

[17] Ibíd.

[18] Berta Hernández de Ospina, entrevista a El Tiempo, El 13 de junio visto por doña Berta.

[19] Abelardo Forero Benavides, “El 13 de junio de 1953: un día con 3 presidentes ; Urdaneta, Gómez y Rojas Pinilla”, Revista Credencial Historia No. 6, junio 1 de 1990

[20] Ibíd.

[21] Alberto Bermúdez, “Antecedentes del 13 de Junio de 1953”, La Historia del Partido Conservador, periódico El Siglo, Bogotá

[22] Entrevista del autor con Enrique Gómez Hurtado agosto 13 de 2014

[23] Entrevista del autor con Rodrigo Llorente Martínez, agosto 25 de 2014

[24] Entrevista del autor con Mariano Ospina Hernández, julio 30 de 2014

[25] Entrevista del autor con el historiador Dr. Antonio José Rivadeneira, noviembre de 2017

[26] General Mariano Ospina Rodríguez en conversaciones con el autor.

[27] Dr. Abelardo Forero Benavides en conversaciones con el autor.

[28] Ministerio de Guerra, Secretaria General, Decreto 1459 del 8 junio de 1953.

[29] Documento número 65 de julio 13 de 1953 de la CIA, desclasificado el 16 de enero de 2004.

[30] Carlos J. Villar Borda, El Espectador, 16 de octubre de 1953

[31] Brigadier General Gabriel Puyana García, “Vivencias de un Ideal”, Editorial Guadalupe Ltda., Bogotá, 2001

[32] Carlos J. Villar Borda, El Espectador, 16 de octubre de 1953,

[33] Laureano Gómez, Segundo Mensaje a los colombianos, Barcelona, abril de 1954, citado por Alberto Bermúdez, “Rojas Pinilla como hecho histórico”, Historia del Partido Conservador Colombiano, periódico El Siglo, Bogotá

[34] Carlos J. Villar Borda, “El Espectador”, 16 de octubre de 1953,

[35] Brigadier General Gabriel Puyana García, “Vivencias de un Ideal”, Editorial Guadalupe Ltda., Bogotá, 2001

[36] Teniente General Gustavo Rojas Pinilla, “Rojas ordenó fusilar a Urdaneta Arbeláez”, entrevista a la Revista Cromos, El Tiempo mayo 4, 1973

[37] Alirio Picón Gómez, El Tiempo, septiembre 1, 1957

[38] Generales Mariano Ospina Rodríguez y Víctor Delgado Mallarino en diferentes conversaciones con el autor.

[39] General Mariano Ospina Rodríguez en conversaciones con el autor.

[40] Blanca Peña Zalamea viuda de Ospina Rodríguez en conversaciones con el autor.

[41] Felipe Echavarría Olózaga, “El Proceso del Gobierno del 13 de Junio contra Felipe Echavarría”, Segunda Edición, Roma 1961

[42] Enrique Gómez Hurtado en conversaciones con el autor.

[43] Carlos J. Villar Borda, El Espectador, 16 de octubre de 1953,

[44] Teniente Coronel Miguel Ospina Rodríguez en conversaciones con el autor.

[45] Roberto Urdaneta Gómez, El Tiempo, 14 de junio 2003

[46] Ibíd.

[47] Laureano Gómez Castro, Primer Mensaje a los Colombianos, Nueva York, 1953

[48] Berta Hernández de Ospina, “El 13 de junio visto por doña Berta”, entrevista a El Tiempo.

[49] Pedro Nel Rueda Uribe. “Astillas de Política y Abogacía”, Editorial y Tipografía Hispana, Bogotá, 1966

[50] Ibíd.

[51] Ibíd.

[52] Abelardo Forero Benavides, “El 13 de junio de 1953: un día con 3 presidentes ; Urdaneta, Gómez y Rojas Pinilla”, Revista Credencial Historia No. 6, junio 1 de 1990

[53] Antonio Escobar Camargo, “En el Salón de los Virreyes”, Editorial Kelly, Bogotá, 1957

[54] Pedro Nel Rueda Uribe. “Astillas de Política y Abogacía” Editorial y Tipografía Hispana, Bogotá, 1966

[55] Enrique Gómez Hurtado en conversaciones con el autor.

[56] Alberto Bermúdez, “Golpe Militar: Reacción para defender el delito”, El Siglo 13 de junio de 1978

[57] Hernando Correa Peraza: Los Rostro de la Violencia; Editorial Universidad Sergio Arboleda; Bogotá, 2009

[58] Foreign Service Dispatch 721.00/6-1753 Informe al Departamento de Estado de la Embajada estadounidense en Bogotá preparado por los Teniente Coroneles Dewitt N. Hall agregado militar y Rex T. Barber agregado aéreo.

[59] Berta Hernández de Ospina, “El 13 de junio visto por doña Berta”, entrevista a El Tiempo.

[60] Mayor General Gustavo Berrío Muñoz, “Mi general coja esa silla”, Berrío relata el Trece de Junio, entrevista  a Germán Castro Caicedo, El Tiempo 13 de junio de 1975

[61] Revista Historia, agosto 15 de 1975, citado por Silvia Galvis, Alberto Donadio, “El Jefe Supremo”, Planeta Colombiana Editorial S.A., Bogotá, 1988

[62] Rafael Álvarez, entrevista a Alfredo Molano Jimeno, El Espectador 4 de julio de 2010

[63] Hernando Correa Peraza: Los Rostro de la Violencia; Editorial Universidad Sergio Arboleda; Bogotá, 2009

[64] Berta Hernández de Ospina, “El 13 de junio visto por doña Berta”, entrevista a El Tiempo.

[65] Ibíd.

[66] Coronel Manuel Agudelo, “Itinerario de un golpe de estado”, Revista Semana, Bogotá, 5 de julio de 1993.

[67] Foreign Service Dispatch 721.00/6-1753 Informe al Departamento de Estado de la Embajada estadounidense en Bogotá preparado por los Teniente Coroneles Dewitt N. Hall agregado militar y Rex T. Barber agregado aéreo.

[68] Mayor General Gustavo Berrío Muñoz, “Mi general coja esa silla”, Berrío relata el Trece de Junio, entrevista  a Germán Castro Caicedo, El Tiempo 13 de junio de 1975

[69] Teniente General Régulo Gaitán y Coronel Willy Hollmann, “Gaitán y Hollmann rectifican a Berrío”, El Tiempo, junio 18 de 1975.

[70]Foreign Service Dispatch 721.00/6-1753 Informe al Departamento de Estado de la Embajada estadounidense en Bogotá preparado por los Teniente Coroneles Dewitt N. Hall agregado militar y Rex T. Barber agregado aéreo.

[71] Mayor General Gustavo Berrío Muñoz, “Mi general coja esa silla”, Berrío relata el Trece de Junio, entrevista  a Germán Castro Caicedo, El Tiempo 13 de junio de 1975

[72] Teniente General Gustavo Rojas Pinilla, “Rojas ordenó fusilar a Urdaneta Arbeláez”, entrevista a la Revista Cromos, El Tiempo mayo 4, 1973

[73] General Mariano Ospina Rodríguez en conversaciones con el autor.

[74] Blanca Peña Zalamea viuda de Ospina Rodríguez en conversaciones con el autor.

[75] Mayor General Gustavo Berrío Muñoz, “Mi general coja esa silla”, Berrío relata el Trece de Junio, entrevista  a Germán Castro Caicedo, El Tiempo 13 de junio de 1975

[76] Teniente General Gustavo Rojas Pinilla, “Rojas ordenó fusilar a Urdaneta Arbeláez”, entrevista a la Revista Cromos, El Tiempo mayo 4, 1973

[77] Mayor Gonzalo Bermúdez Rossi; “Pronunciamiento, conspiraciones y golpes militares en Colombia“; Ediciones Expresión, Bogotá, 1997

[78] Teniente General Régulo Gaitán y Coronel Willy Hollmann, “Gaitán y Hollmann rectifican a Berrío”, El Tiempo, junio 18 de 1975.

[79] Héctor A. Luque Ospina, Bodas de Oro Curpamor, “Remembranzas, 13 de Junio de 1953”, Imprenta y publicaciones de las Fuerzas Militares. 2002

[80]Teniente General Régulo Gaitán y Coronel Willy Hollmann, “Gaitán y Hollmann rectifican a Berrío”, El Tiempo, junio 18 de 1975.

[81] Blanca Peña Zalamea viuda de Ospina Rodríguez en conversaciones con el autor.

[82] Teniente General Régulo Gaitán y Coronel Willy Hollmann, “Gaitán y Hollmann rectifican a Berrío”, El Tiempo, junio 18 de 1975.

[83] Teniente General Gustavo Rojas Pinilla, “Rojas ordenó fusilar a Urdaneta Arbeláez”, entrevista a la Revista Cromos, El Tiempo mayo 4, 1973

[84] General Mariano Ospina Rodríguez en conversaciones con el autor.

[85] Teniente General Régulo Gaitán y Coronel Willy Hollmann, “Gaitán y Hollmann rectifican a Berrío”, El Tiempo, junio 18 de 1975.

[86] Lucio Pabón Núñez entrevista con Arturo Alape, “La Paz, La Violencia: Testigos de Excepción”, Planeta Colombiana Editorial, Bogotá, 1985

[87] Mayor General Gustavo Berrío Muñoz, “Mi general coja esa silla”, Berrío relata el Trece de Junio, entrevista  a Germán Castro Caicedo, El Tiempo 13 de junio de 1975

[88] Brigadier General Luis Carlos Turriago, “Itinerario de un Golpe de Estado”, Revista Semana, julio 5 de 1993

[89] Mayor General Gustavo Berrío Muñoz, “Mi general coja esa silla”, Berrío relata el Trece de Junio, entrevista  a Germán Castro Caicedo, El Tiempo 13 de junio de 1975

[90] Lucio Pabón Núñez entrevista con Arturo Alape, “La Paz, La Violencia: Testigos de Excepción”, Planeta Colombiana Editorial, Bogotá, 1985

[91] Roberto Urdaneta Arbeláez, reportaje a Arturo Abella, El Tiempo 1972.

[92] Brigadier General Gabriel Puyana García, “Vivencias de un Ideal”, Editorial Guadalupe Ltda., Bogotá, 2001

[93] Roberto Urdaneta Arbeláez, reportaje a Arturo Abella, El Tiempo 1972.

[94] Lucio Pabón Núñez entrevista con Arturo Alape, “La Paz, La Violencia: Testigos de Excepción”, Planeta Colombiana Editorial, Bogotá, 1985

[95] Mayor General Gustavo Berrío Muñoz, “Mi general coja esa silla”, Berrío relata el Trece de Junio, entrevista  a Germán Castro Caicedo, El Tiempo 13 de junio de 1975

[96] Lucio Pabón Núñez entrevista con Arturo Alape, “La Paz, La Violencia: Testigos de Excepción”, Planeta Colombiana Editorial, Bogotá, 1985

[97] Pedro Nel Rueda Uribe. “Astillas de Política y Abogacía” Editorial y Tipografía Hispana, Bogotá, 1966

[98] Hernando Correa Peraza: Los Rostro de la Violencia; Editorial Universidad Sergio Arboleda; Bogotá, 2009

[99] Arturo Abella, “Laureano Gómez”, Espasa, 2000