Tomado de Yanquis y Latinos 200 Años de Mariano Ospina Peña

A fines de 1831, el líder colombiano, Francisco de Paula Santander pisaba tierra norteamericana. Desembarcó en Nueva York, donde fue presentado a los personajes más distinguidos de la sociedad local. Durante unas semanas asistió afanosamente al teatro y visitó escuelas e instituciones de bien público, exactamente como antes había hecho en Europa. Viajó después a Filadelfia y a Washington, donde pudo conocer no sólo al presidente Jackson sino al estadista Clay, al senador Daniel Webster (famoso orador, aliado de Clay y también opositor de Jackson) y a muchos otros. De regreso a Nueva York hizo escala en Bordentown, New Jersey, donde residía en destierro el ex rey de España José Bonaparte, hermano de Napoleón. Santander hizo constar en su diario sus opiniones personales sobre esos personajes y sus observaciones sobre el país, cuyas instituciones republicanas y pujanza económica le causaron honda impresión: era, en efecto, “donde se ve más difundida la libertad de la imprenta, la educación pública y el amor al trabajo.” Probablemente el norteamericano raso no se dio cuenta siquiera de la presencia del distinguido suramericano. Pero entre personas de un más alto nivel de educación y de cultura general, no era fácil que pasara desapercibida, sobre todo cuando dos de los principales periódicos neoyorquinos entablaron la polémica que se cita a continuación.[1]

“El general Santander, desterrado por su participación y conocimiento del complot para asesinar a Bolívar en 1828, tiene sin duda la culpa de que se vuelva a mencionar este melancólico tema… Confesamos que nos gustaría mucho más ver al general Santander regresar a Colombia… y componer las divisiones de su país, que dedicarse aquí a reavivar unos conflictos que en aras del patriotismo, por encima de cualquier otro motivo, deben olvidarse”. The Albion, Nueva York, enero 7 de 1832. 

“¿Cómo no esperar, en las actuales circunstancias, que se le haga justicia a una víctima tan grande y a un estadista tan puro como es el general Santander… un hombre que sabe sostenerse por encima de consideraciones personales y de partidos y actuar en pro del bien público? No sólo Colombia, sino América entera, tiene con él grandes obligaciones por su varonil y desinteresado apoyo al gobierno libre y su irreductible oposición a la tiranía tanto interna como externa”. New York Daily Advertiser, diciembre 21 de 1831.[2] 

Punto culminante de la estadía de Santander fue el banquete organizado en honor suyo en Nueva York, en febrero de 1832. Según el reportaje del Daily Advertiser, asistieron “cerca de ciento cincuenta de nuestros más respetables ciudadanos”, entre ellos figuras conocidas de la política norteamericana (en su gran mayoría antijacksonianos), de los negocios, del clero protestante y de la colectividad colombiana.[3]

El tono de la reunión se reflejó en múltiples brindis, tales como: “Por el pueblo, la unión y la obediencia a la ley, única prueba cierta del gran experimento de autogobierno”. “Por nuestro distinguido huésped, el patriota y estadista republicano, defensor leal y sin miedo de las libertades constitucionales de su país”. “Por las constituciones escritas, inventadas por los pueblos del nuevo mundo para gobernar a sus gobernantes”. “Por la educación, base del buen gobierno y ornamento de la libertad”. “A la mujer: nos inclinamos ante su cetro y reconocemos su poder”. “Por las relaciones comerciales con nuestra hermana república del sur, para que los beneficios recíprocos que de ellas resulten nos unan más estrechamente, como el eslabón natural de Panamá lo hace físicamente”. “A la memoria del general Miranda, primero en encender la antorcha de la libertad en Colombia y una de las primeras víctimas de la tiranía y la traición”. “Por la urna electoral, crisol en que los hombres libres prueban la pureza de sus servidores públicos”. La mención de Miranda sirvió para traer a cuento otra víctima del poder arbitrario de Bolívar, y Santander, en su intervención, no dejó de mencionar una vez más “los sufrimientos que he padecido”.[4]

A Santander le quedaba un sufrimiento más, o mejor dicho un desaire, en Estados Unidos. Cuando se recibió la noticia de su elección como Presidente de la Nueva Granada, Jackson le ofreció el transporte de regreso a su patria en un buque de la armada norteamericana. Pero el buque zarparía de Pensacola, en el extremo oeste de Florida, accesible sólo por carreteras incómodas o por un viaje de cabotaje casi tan largo como la distancia entre Nueva York y Santa Marta. Fue, en palabras de Santander, un “mezquino ofrecimiento”, que él declinó. Mas a pesar de eso, y de los ataques del Albion, al salir finalmente para Colombia en junio de 1832 Santander se despidió del país con una carta a sus amigos del Daily Advertiser en que hizo profesión sincera de su “honda gratitud por la amable acogida de que fui objeto”. Reiteró a la vez su confianza en que “el pueblo americano conservase una estrecha simpatía por la causa de la Libertad en Colombia”.[5]

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[1] David Sowell y David Bushnell, “Santander y los Estados Unidos”, Revista Credencial Historia, Edición 28, abril de 1992, Bogotá

[2] Ibid.

[3] Ibíd.

[4] Ibíd.

[5] David Sowell y David Bushnell, “Santander y los Estados Unidos”, Revista Credencial Historia, Edición 28, abril de 1992, Bogotá