El Expansionismo estadounidense ataca México

Tomado de Yanquis y Latinos 200 Años de Mariano Ospina Peña

Una convención de “tejanos” anglos se reunió en enero 1836 y aprobaron la secesión de México. En abril las poderosas tropas del General Antonio López de Santa Ana, el dictador mexicano, fueron estruendosamente derrotadas. México nunca aceptó la independencia de Texas y lo consideraba un territorio en rebeldía manteniendo permanentes choques militares y navales hasta 1840.

Antonio López de Santa Ana

Antonio López de Santa Ana

Durante la guerra, las tropas mexicanas denominaron a los colonos tejanos con el apelativo de gringos. Calificativo que se ha arraigado en toda Latinoamérica. Al parecer los yanquis entonaban un canción titulada Green Grows the Laurel de donde la habrían escuchado las tropas mexicanas. Otra versión indica que los mexicanos lanzaban epítetos de “green go”, contra los estadounidenses quienes vestían atuendos de color verde, lo que se podría denominar la versión en 1836 de “yanqui go home”.

Muchos años después, Teddy Roosevelt diría sobre Texas:

Era ilógico que los tejanos continuaran bajo el gobierno mexicano y de haber sido así, hubiese sido una gran calamidad. Era totalmente fuera de cuestión para ellos, subyugarse al dominio de la raza inferior.”[1]

El Secretario de Estado, John Forsyth envió un emisario especial para verificar la viabilidad de la nueva nación. Su informe afirmaba:

sin ayuda extranjera, su seguridad futura dependerá más de la debilidad e imbecilidad de su enemigo, que sobre su propia fortaleza.”

México infortunadamente se encontraba casi paralizado por agrias disputas internas, las cuales le impidieron recuperar el territorio rebelde. Los tejanos se mantenían al recibir substancial ayuda económica privada de los Estados Unidos, en particular de los estados esclavistas del sur, entregando a cambio tierras que pertenecían a México.

Los sucesores de Andrew Jackson en la presidencia, Van Buren y Harrison[2] se negaron en anexar el rebelde territorio mexicano, no por convicción sino por una mezcla de anteponer la harmonía con sus vecinos y la vieja puja con la esclavitud.

Tras la ruptura de la confederación centroamericana, los británicos buscaron mantener la separación del istmo con el fin de continuar en la Costa de Misquitos y consolidar su posición en Belice. Simultáneamente planeaban reconocer la independencia de Texas de México, con el fin de profundizar su presencia y así tardar la expansión estadounidense hacia el sur.[3]

Tan pronto asumió la presidencia Van Buren, Texas aplicó formalmente su ingreso a la Unión. La oposición encabezada por el ex Presidente Adams Jr. ahora en el Partido Whig, rehusaba la anexión sobre la base de que la esclavitud había sido esparcida en un territorio libre.

Luego vendría el gobierno del Whig, Harrison sucedido al mes por John Tyler, su vicepresidente. Tyler nombró a Duff Green con el fin de obtener unos empréstitos en Europa. Fue recibido por el barón James Rothschild quien ante la mora de algunos estados de la unión estadounidense, en el pago de empréstitos europeos tras el Pánico de 1837, le afirmó:

Puede usted decirle a su gobierno, que usted se ha entrevistado con el hombre que encabeza las finanzas de Europa y que él le ha dicho, que no podrán prestar ni un dólar… ni un dólar.”

En vez de aceptar como un hecho la necesidad de que los Estados Unidos debían asegurar el pago de las deudas adquiridas antes de obtener nuevos empréstitos, Green imaginó una trama iniciada por los británicos, cuya estrategia era hacer no competitivos los productos estadounidenses en los mercados mundiales. Y el éxito de esta estrategia se basaba en la abolición de la esclavitud.

Consideraba Green, si Texas seguía independiente, la empobrecida nación caería bajo la influencia de la Gran Bretaña. A cambio de una gran inyección de capital, la Foreign Office obligaría a Texas proscribir la esclavitud lo que haría que el sur esclavista quedaría cercado por estados abolicionistas. La expansión para ellos sería imposible, mientras el norte se expandiría al oeste adicionando estados libres, todos sobre la línea acordada por el Compromiso de Missouri. Perdiendo fuerza en el Senado al igual como ya había sucedido en la Cámara de Representantes, el sur vería como el Congreso estadounidense proscribía la esclavitud. La abolición a su vez aseguraría la superioridad comercial británica, pues sin mano de obra esclava, los costos de producción serían superiores a los de los británicos y así se arruinaría el sur.

El Presidente Tyler siguió una política de adquisición territorial. Buscaba anexar Texas y así reducir la influencia británica. El Canciller mexicano advirtió claramente a un enviado de Tyler, que la anexión de Texas, significaría una guerra.

A pesar de la clara advertencia mexicana, por el informe de Green, el gobierno de Tyler se convenció de la necesidad de un Tratado de anexión, el cual se firmó el 12 de abril de 1844, pero la ratificación en el senado se convirtió en tema electoral para la campaña presidencial de 1844 y la ratificación fue derrotada por 35 votos contra 16. Ahora la diferencia entre representantes en pro y contra de la esclavitud sumaba 71, a favor de los abolicionistas. Cada día eran más fuertes los abolicionistas y más débiles los esclavistas.

Nuevamente México advertía a los Estados Unidos que la anexión de su territorio llevaría a la guerra. Esta vez fue el ministro mexicano en Washington quien lo comunicaba oficialmente al gobierno estadounidense.

En las elecciones de 1844 el entonces candidato James Polk, utilizó la anexión de Texas a los Estados Unidos como promesa electoral y abogaba por la expansión en los territorios de Oregón, Nuevo México y California. Por su parte el candidato Whig, Henry Clay muy ambivalente a la cuestión, encontró un electorado con deseos expansionistas y una creciente anglofobia, por la actividad británica en las Américas. Con la población en contra, perdió las elecciones.

En 1844 afirmaba el periodista promotor del Destino Manifiesto, Louis O’Sullivan[4]:

“cualquiera que mire un mapa de Norte América puede ver que Texas es un inmenso fragmento arrancado de su asentamiento natural en el continente, un asentamiento simétricamente planeado y adaptado en su gran destino y en efectiva posesión de la raza que fue enviada allí con un propósito providencial.”

Abría así O’Sullivan la puerta a la anexión estadounidense del rebelde territorio mexicano.[5]

La victoria electoral de James Polk hizo que el Presidente Tyler de inmediato solicitara la anexión de Texas por medio de una resolución conjunta del Senado y la Cámara, la cual fue atendida y

James Polk hizo la guerra contra México para arrebatarle sus territorios

James Polk hizo la guerra contra México para arrebatarle sus territorios

aceptada por Texas.

Polk una vez en la presidencia con ese fin, comenzó preparativos de alistar y modernizar el ejército para una próxima intervención contra México e Inglaterra, si estas se negaban a sus exigencias territoriales. Empezó por la promesa electoral de anexar Texas y fue apoyado por el naciente Destino Manifiesto que convenció a la población de la necesidad y obligación de continuar, a cualquier costo, el esfuerzo expansionista.

Tras asumir la presidencia Polk, México cerró su legación en Washington y tres semanas después rompió relaciones con los Estados Unidos.

El 27 de diciembre de 1845, O’Sullivan escribió en su diario el Morning Star:

“el derecho de nuestro destino manifiesto a poseer y cubrir todo el continente que la Providencia nos ha dado para el desarrollo del gran experimento de libertad y gobierno auto federado.”[6]

Dos días después, Texas ingresaba a la Unión estadounidense como el vigésimo octavo estado.

Casi de inmediato Polk trató de recomponer la situación y envió a William Parrott con la misión de lograr que el gobierno mexicano recibiera un negociador con el fin de iniciar un proceso de reconciliación. En octubre, México aceptó y Polk envió a John Slidell como nuevo ministro. Slidell llevaba instrucciones de su gobierno no solo de acabar la oposición mexicana hacia la anexión de Texas, sino que debía obtener más territorio. Lo mínimo aceptable para Polk era sentar la frontera sobre el río Grande, entregando casi tres veces más territorio que el de Texas. Con ese fin Slidell estaba autorizado para hacer ofertas económicas. Ofreció adquirir por veinticinco millones de dólares, California y Nuevo México. En otras palabras, la reconciliación de Polk era, además de anexar Texas, exigía Nuevo México y California. Una vez el gobierno mexicano se enteró de la verdadera misión de Slidell, rehusó recibirle.

Comenzaron las discusiones diplomáticas. Polk aseveraba que Slidell había sido rechazado por frivolidades, lo cual no era cierto y México sostenía que había acordado recibir un emisario y no un ministro, lo cual era cierto. El recibirle implicaría el restablecimiento de relaciones diplomáticas lo cual sería como aceptar, que la motivación para haberlas roto, ya no existía.

Ahora Polk necesitaba reevaluar la situación. Todo lo que conocía el Presidente y el nuevo Secretario de Estado, James Buchanan, acerca de México era lo que informaban los agentes y enviados quienes describían una situación de un país desorganizado, con un  gobierno incompetente y un pueblo corrompido, presa fácil de los militares. El agente William Parrott afirmaba:

la gente no sabe lo que quiere, ni existe un hombre con suficiente coraje moral y prestigio para establecer una forma de gobierno estable del caos que ahora existe allí.

Exigiendo ir a la guerra, Parrott le decía a Buchanan que él deseaba ver:

que estas gentes sean bien azotadas por los muchachos del Tío Sam. El país está dividido por las facciones en conflicto y este está en estado total de anarquía. Por fortuna ningún mal podrá sobrevenir de esta perversa situación porque hay tal ausencia de energía  y decisión entre ellos que no se atreven a tomar ninguna acción que requiera responsabilidad alguna.”

El General Zachary Taylor fue enviado a invadir el territorio mexicano y causar una guerra

El General Zachary Taylor fue enviado a invadir el territorio mexicano y causar una guerra

En resumen afirmaba Parrott:

una guerra con México será breve.”[7]

El 13 de enero de 1846, el Presidente Polk ordenó al General Zachary Taylor invadir y ocupar los territorios mexicanos entre el río Nueces y el río Grande. El 25 de abril tropas mexicanas atacaron y capturaron el destacamento invasor, produciendo once bajas y cinco heridos.

En mayo al conocerse de la acción mexicana, Polk se dirigió al congreso, y mintiendo, exigió declarar la guerra a México sobre la base que había:

“invadido territorio estadounidense, derramado sangre estadounidense, sobre el suelo estadounidense.”

Así se inició la Primera Intervención Estadounidense en México, lo que los yanquis denominaron, la Guerra Mexicana.

Simultáneamente con las acciones bélicas, Polk hizo una solicitud de fondos al Congreso para cancelarle a México los territorios que pensaba usurpar. Esto suscitó una discusión de amplio interés. El tema era ahora si se anexaba parte de México, ¿este sería anti o pro esclavista? John Calhoun, el alma de la esclavocracia sureña, afirmaría en 9 de febrero que no se oponía anexar El Paso del Norte (El Paso) hasta la parte superior del golfo de California porque ese territorio está ocupado por una población salvaje, haciéndolo verdaderamente valioso:

“Pero el resto de México ya está ocupado con mexicanos. Tras lograr someter a México, ¿Qué van hacer con lo logrado? ¿Pueden incorporar a México en la Unión? Pueden ustedes traer a sus siete millones de personas, todos diferentes a ustedes en su religión, sus costumbres, su carácter, ¿pueden ponerlos en contacto con sus ciudadanos? ¿Pueden incorporarlos ustedes en esta Unión y hacerlos parte de las gentes de los Estados Unidos?

¡No señores, ustedes no pueden![8]

El tema en el congreso estadounidense ya no trataba de los estados esclavistas, ni de la repartición de territorios entre los dos partidos en conflicto. Hablaban de la inconveniencia en admitir a los mexicanos como ciudadanos de esa nación tras usurpar los cuantiosos territorios. La cuestión racial, que ya tenía enfrentado y dividido al país entre pro y anti esclavistas, ahora entraba en una lucha de hispanófobos. Eso salvó al resto de México de la conquista yanqui.

A finales de los años 40s, el joven representante Whig, Abraham Lincoln, al igual que los mayores de su Partido habían hecho, condenó la guerra con México y la consideró innecesaria e inconstitucional. El historiador estadounidense Hubert Bancroft escribiría en 1885:

“La guerra de los Estados Unidos con México fue un asunto premeditado y predeterminado. Fue el resultado de un deliberado esquema de robo por parte de un poder superior. Había suficientes hombres sin principios, desde altas posiciones en Washington…… quienes estaban dispuestos a poner de lado todas las nociones del bien y el mal sobre este asunto y sin inmutarse, tomar todo lo que se pudiera asegurar mediante el principio de la fuerza. México pobre, débil y luchando para asegurarse un sitio en el concierto de naciones, es ahora humillada, pateada, maniatada y golpeada por el matón de la frontera norte, cuyo mayor orgullo es la libertad cristiana con antecedentes puritanos, y cuyo mayor principio en este momento, radica en ejercer la caza de pretextos plausibles para robar de su vecino más débil, una buena porción de tierras adecuadas para labores esclavas.”[9]

El General Ulyses Grant[10] entonces un teniente del ejército creía que la guerra era ilícita y los territorios obtenidos solo una maniobra para extender el esclavismo. En 1883 escribió:

me opuse enconadamente a la medida y hasta el día de hoy considero la guerra resultante como una de las más injustas, librada por una nación más fuerte contra una más débil.”[11]

Y efectivamente Texas se unió a los estados esclavistas del sur.

El empuje y las amenazas militares de Polk forzaron a Canadá y México a sentar sus fronteras con los estadounidenses. Hecho que a los canadienses obligó en 1846, ceder los estados de Washington, Oregón, Idaho y el norte de Dakota del Norte. Tras la confrontación, a México le costó además de la rebelde Texas, Nuevo México, Arizona, Utah, Nevada y California. España ya había perdido Louisiana en 1802 la cual hoy se compone de Louisiana, Oklahoma, Missouri, Kansas, Colorado, Wyoming, Nebraska, Iowa, Minnesota, Dakota del Norte, del Sur, Montana, y adicionalmente perdió la Florida. En 1869 los Estados Unidos adquirieron Alaska al Imperio Ruso y anexarían Hawái en 1898. Sumados a las trece colonias iníciales, son los territorios que hoy componen los Estados Unidos de América.

Voluntarios de la Milicia de Nuevo Hampshire desfilan en 1846

Voluntarios de la Milicia de Nuevo Hampshire desfilan en 1846

La mayoría de los ciudadanos estadounidenses poco apreciaron el impacto negativo a largo plazo en sus relaciones con Latinoamérica que tendría la guerra con México. Por el contrario, lo veían como una victoria relativamente fácil, gloriosa y vindicaba su creencia en que se justificaba el rol especial de las instituciones políticas estadounidenses en las Américas. Para México la guerra fue un trauma nacional que amargaría sus relaciones con los Estados Unidos durante generaciones. Para el resto de Latinoamérica era el preámbulo de los sentimientos de superioridad de los yanquis y de la disparidad abrumadora de poder, entre los Estados Unidos y el resto de América.[12]

México había quedado devastado tras la guerra.

Es algo en verdad casi doloroso testimoniar el grado de humillación a la que esta gente ha caído desde su antiguo y desmedido orgullo

Afirmaría en 1848 el encargado de negocios de Washington, Robert Walsh, desde Ciudad de México.

Son confesiones abiertas hechas por doquier, que el destino de la nación está sellado, que no habrá posibilidad de resucitar su existencia eficiente”.

La derrota en la guerra con la consiguiente pérdida de más de la mitad del territorio nacional era un motivo más que justificado para esta actitud de desesperación. Sin embargo Walsh tenía una explicación diferente. Era el producto de la composición racial de la nación y las deficientes habilidades de la elite hispana, las cuales todas podrían

sumarse en pocas palabras, ignorancia en la clases bajas, corrupción en la altas e impotencia y desespero en ambas.”

La situación política era especialmente inquietante, con Welsh anotando:

los rumores de revolución son constantes y los habitantes parecen parados sobre un volcán que podría lanzar flamas en el momento menos esperado.”[13]

Bolivia fue la última nación suramericana reconocida por los Estados Unidos. El Secretario de Estado, James Buchanan afirmaba en su carta de instrucción al primer Encargado de Negocios en La Paz, que la demora no resultaba de mala voluntad o desinterés sino por la falta de puertos (estadounidenses sobre el Pacífico) que mantenían a Bolivia encerrada al interior de Suramérica. Por su aislamiento y distancia de los Estados Unidos, el comercio entre las dos naciones era trivial. Marineros estadounidenses arribaron al diminuto puerto de Cobija en la década de 1830 consideraron:

la exótica tierra que servía, tan remotas de los Estados Unidos como el Tíbet.”

Ahora que los Estados Unidos tenían puertos en el Pacífico, Buchanan esperaba que esta situación cambiase e instruyó al nuevo Encargado de Negocios, John Appleton, buscar un tratado comercial con Bolivia y sin intervenir, fomentar la entrega de Arica por parte del Perú. Sin embargo la importancia de esta asignación radica en la insistencia de Buchanan en que:

las naciones de este continente han sido colocadas en una posición muy peculiar. Sus intereses e independencia requieren que deben establecer y mantener un sistema político Americano (estadounidense) para su protección y seguridad, totalmente distinto de aquel que por tanto tiempo ha prevalecido en Europa.

Esto no era nuevo. Thomas Paine ya lo había dicho y en 1820, el mismo Jefferson afirmó las ventajas para los Estados Unidos si las recién independizadas naciones del hemisferio se unían a un sistema Americano (estadounidense) “distinto del y desconectado de Europa.” La idea de las dos esferas fue muy abogada por Henry Clay. De acuerdo a este punto de vista, Europa era un continente corrupto de monarcas tiranos, encerrados en un inquietante e inmoral balance de poder. América era más grande y mejor que Europa y los nuevos gobiernos republicanos de las Américas podían servir de modelo a Europa en la medida en que Europa no los corrompiera.[14]

Básicamente nunca necesitaría los Estados Unidos de Latinoamérica por lo cual nunca valoraría su relación con ella. En cambio los latinoamericanos siempre necesitarían de las relaciones con los Estados Unidos y tendrían que valorarlas a pesar de todas las circunstancias y humillaciones.

[1] Teodoro Roosevelt, “Life of Thomas Hart Benton”, Houghton Mifflin, Boston, 1886

[2] William Harrison era el mismo que había encabezado la Legación en Bogotá y ofendido al Libertador.  Murió 32 días después de posesionado en la presidencia siendo reemplazado por el Vicepresidente John Tyler.

[3] Michael L. Conniff, “Panama and the United States”, University of Georgia Press, Athens Georgia, 2001

[4] Louis O’Sullivan pese haber acuñado el término “destino manifiesto”, y de extender la idea del expansionismo y la anexión, fue un fracaso. Su innovación política no le dio fama ni gloria. Murió en la mayor oscuridad en 1895 cuando su política nuevamente adquiría actualidad. Su autoría se vino a reconocer apenas en 1927 todo debido por el despliegue dado durante la era jacksoniana, la etapa de mayor expansión estadounidense.

[5] Anders Stephanson, “Manifest Destiny”, Hill and Wang, New York, 1995

[6] Ibíd.

[7] Abril 29 y octubre 11 de 1845, Parrott a Buchanan, Archivos Nacionales, M97/R13

[8] Febrero 9 de 1847, Congressional Globe

[9] Hubert Bancroft, “History of Mexico, 1824-1861”, The History Company Editors, San Francisco, 1885

[10] Ulyses S. Grant fue uno de los máximos héroes unionistas de la Guerra Civil. Alcanzó el comando del ejército derrotando a los confederados para acabar con la guerra de seseción. Fue elegido Presidente de los Estados Unidos entre 1869 y 1877.

[11] William S. McFeely, “Grant: A Biography”, W.W. Norton & Company, 2002

[12][12] Don M. Coerver, Linda B. Hall, “Tangled Destinies Latin America & the United States”, The University of New Mexico Press, Albuquerque, 1999

[13] Lars Schoultz, “Beneath the United States”, Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, 1998

[14] Kenneth D. Lehman, “Bolivia and the United States”, The University of Georgia Press, Athens Georgia, 1999