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Mariano Ospina Peña

Agente de Panamá llega representante de la Nueva República Evening Star de nov 7

A las 12:51 pm del 7 de noviembre de 1903, el Secretario de Estado John Hay envió por cable instrucciones al Vicecónsul General en Panamá, Félix Ehrman de iniciar relaciones diplomáticas con el gobierno de facto. Hay había recibido a la 1:40 pm un telegrama del francés Philippe Bunau-Varilla desde Nueva York:

“La República de Panamá se complace en anunciar haberme nombrado Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario ante el gobierno de los Estados Unidos. Al abrir sus protectoras alas sobre el territorio de nuestra República, el águila estadounidense, la ha santificado.”

Roosevelt reconoció la “nueva república”, hija suya y de sus “amoríos” con Cromwell, el 6 de Noviembre, cuando más de la mitad de la población del Istmo ni siquiera sabía que se habían independizado, y cuando en Bogotá no se sabía nada, gracias a que las tropas del Norte habían cortado el cable del telégrafo.[1]

El primer paso para Bunau-Varilla fue visitar la Casa Blanca, donde en ceremonia solemne se reconocería el país. Con ese fin se presentó el viernes 13 de noviembre. Él y el Presidente leyeron sus declaraciones y se dieron la mano. Con ello Panamá quedó reconocida por los Estados Unidos. No hubo presente un solo panameño, no se habló una sola palabra de español y ninguno pensaba en el bienestar de la nueva república.[2]

El pusilánime de Amador Guerrero creyó que podía alterar lo que ya se había acordado de antemano e informó a Bunau-Varilla por cable que sus poderes quedaban

El Washington Times de nov 9 destaca en primera página la presentación de credenciales de Philippe Bunau-Varilla como nuevo Enviado Especial y Ministro Plenipotenciario de la República de Panamá.

reducidos a los de “agente confidencial” y Arango, Boyd y Arias le instruían de contratar un crédito por la suma de $200 mil dólares. Obviamente el francés ignoró estas instrucciones. Los “próceres” de Panamá todavía no entendían lo que habían hecho y creyeron que verdaderamente habían logrado la independencia. Una noticia periodística comentaba que una comisión especial pronto saldría de Panamá con el fin de hacer las negociaciones del tratado. Armado con esta información, el francés acosó al Secretario Hay para iniciar y apurar las negociaciones sobre el canal.

“¡Todo el pueblo panameño se levantó como un solo hombre!”

Así fue como Madman Teddy denominó ante el mundo la farsa de la revolución panameña pero ya sabemos que ese solo hombre fue Madman Teddy.

Pablo Arosemena, uno de los “próceres” de la revolución dice claramente:

“Tuve conocimiento de la labor política que tenía por objeto alcanzar la independencia del Istmo de Panamá en la mañana del 3 de noviembre…”

Tomás Arias fue uno de los “próceres” panameños del 3 de noviembre en Ciudad de Panamá. Era abogado de sólida fortuna y de profundas convicciones conservadoras. Había sido diputado por el Departamento de en 1882, subsecretario de gobierno hasta 1900. Una vez consumado el Raponazo estadounidense formó parte de la junta provisional de gobierno en 1903 y 1904. Durante la república, fue Secretario de Gobierno, de Guerra y Marina y Canciller. En 1906 fue diputado a la Asamblea. Embajador en Alemania, Costa Rica y Nicaragua.

Arias fue el autor del artículo 136 de la Constitución de 1904, que oficializaba el intervencionismo estadounidense en Panamá, no sólo por la alteración de la paz pública, sino también del orden constitucional. Justificó su inserción en la Carta Constitucional, señalando que grac

ias a él se ponían fin a las guerras civiles entre liberales y conservadores. Veamos que contó ante los jueces estadounidenses sobre la famosa revolución:

 

Preguntado: “¿Fue conocido de la población en general el movimiento revolucionario antes del 3 de Noviembre?”

Arias: ¿Quiere Ud. decir, en todo el Istmo o en la ciudad de Panamá?

Preguntado: En todo el Istmo.

Arias: No.

Preguntado: ¿Pero sí lo sería en la ciudad de Panamá antes del 3 de Noviembre?

Arias: Tampoco; de toda la ciudad, tampoco. No podíamos hacerlo conocer de todos. Sólo unos pocos tuvieron ese conocimiento.

Preguntado: ¿Sólo unos pocos?

Arias: 

Tomás Arias Ávila

Preguntado: ¿Y esos pocos el día 3 de Noviembre?

Arias: No, unos días antes enteramos a algunos más. Al principio sólo éramos siete u ocho y después entraron algunos más, pues nos interesaba hacer ver que el movimiento era popular.

Preguntado: “¿Y encontró Ud. entre los panameños a quienes habló sobre el caso, alguno que no entrara voluntariamente en él?”

Arias: “Nunca hablamos a ninguno que sospecháramos fuera leal a Colombia. Por supuesto, nosotros conocíamos las opiniones de las gentes y nunca nos acercamos a los que podían constituir un obstáculo contra el plan.”

Preguntado: “Así, pues, ¿el movimiento, por parte de la población de la ciudad de Panamá, fue espontáneo?”

Arias: “¿Espontáneo? No.”

Como bien confiesa Tomás Arias, la conspiración separatista se redujo en Panamá a un puñado de personas allegadas a la Compañía del Ferrocarril, sus familiares cercanos, a algunos potentados como los hermanos Ricardo y Tomás Arias, y Federico Boyd, y el dueño de La Estrella de Panamá (Star and Herald) el millonario José Gabriel Duque. Los demás eran funcionarios de la compañía o miembros de ejército norteamericano.[3]

Por su parte el “prócer” José Agustín Arango, otro de los de la Junta Provisional de Gobierno cuenta sobre la revolución:

José Agustín Arango

“A don Carlos A. Mendoza y don Juan Antonio Henríquez con quienes conferencié en nombre de la Junta Patriótica, les di el encargo de preparar el acta de independencia y todo otro documento necesario para regularizar el procedimiento que en breve (ese mismo día) pondríamos en ejecución, lo cual debían hacer en asocio del doctor Eusebio A. Morales, a quien ligeramente había tratado yo sobre el particular, dejando a su muy amigo don Federico Boyd que le explicara en sus detalles nuestro propósito… Don Eduardo Icaza, también conjurado, quedó encargado de entenderse con el General Domingo Díaz, vecino suyo…”.

Comisiones colombianas a Panamá y Estados Unidos

Pareciera que los colombianos no hubieran entendido lo sucedido. Enviaron dos comisiones a Panamá, la primera el 15 de noviembre con delegados de Barranquilla y Cartagena y la segunda el 19 compuesta por los generales Reyes, Caballero, Holguín, Ospina y Ortiz. Creyeron poder convencer a los panameños de regresar el redil. No habían entendido que estos, habían sido comprados por el poderosísimo American Syndicate con el respaldo del gobierno estadounidense. Ellos, por si solos no podían echar reverso ante lo sucedido. Eran simples marionetas manejadas por el gobierno de Madman Teddy. Ante el fracaso en Panamá, ingenuamente los generales siguieron para los Estados Unidos a hablar con el titiritero. Con la secesión de Panamá éste ya había obtenido lo que quería, ¿Para qué se iba echar atrás? Era más fácil manejar un país creado por los Estados Unidos, obligado en hacer la voluntad estadounidense, que una república como Colombia, que ya había demostrado, con mucha ingenuidad, independencia.

El Tratado Hay-Bunau-Varilla

Una vez asegurada la independencia de Panamá, Philippe Bunau Varilla actuando como Ministro Plenipotenciario de la nueva nación ante el gobierno estadounidense, logra en tiempo record, la

Brunau-Varilla llega revestido con la autoridad para negociar el tratado” Washington Times de noviembre 8 de 1903

firma del tratado Hay-Bunau Varilla para la construcción del tan anhelado canal interoceánico. Bunau Varilla y Hay se encontraron el día 9 de noviembre.

El 15 de noviembre, el Secretario de Estado John Hay envió al francés Bunau-Varilla una copia del tratado Herrán-Hay, rechazado por Colombia, modificado para aplicarse para Panamá. Según afirma el francés en su libro, trabajó toda la noche reescribiendo, corrigiendo y fortaleciendo el borrador del Secretario Hay. El manejo que se dio a la soberanía panameña fue un asunto incendiario durante décadas en ese país.

El 17 de noviembre a las 10pm el francés envió una nota a la residencia de John Hay. Al recibir respuesta, se reunieron y conferenciaron como antesala para escribir el tratado final en el Departamento de Estado el día 18. Bunau-Varilla expresó a Hay:

Mientras la delegación no haya arribado a Washington, estaré en libertad para tratar con usted a solas, provisto de total y absoluto poder. Cuando ellos lleguen, ya no estaré solo. Es más, es posible que pronto yo ya no esté aquí.

De acuerdo con Bunau-Varilla, él con la colaboración de Frank D. Pavey, un abogado estadounidense, escribieron la totalidad del tratado.

Amador Guerrero y Boyd llegaron a Nueva York ese mismo 17 de noviembre. Fueron recibidos por el hombre de Cromwell, Farnham, quien los recogió en el muelle y acompañó hasta el Fifth Avenue Hotel. Amador pasó la noche en casa de su hijo Raoul.

“Tratado con Panamá ya fue redactado por Hay y Varilla” “Ministro no esperó la llegada de los enviados (panameños) para iniciar negociaciones”, “Conversaciones fueron iniciadas al recibo del representante (de Panamá)”, El contrato propuesto se basa en el instrumento colombiano con términos más favorables”
Primera página del Washington Times del 18 de nov. 1903

El día 18, Amador y Boyd se reúnen con  Cromwell quien está también, recién llegado, y logran la seguridad que las concesiones y propiedades de la compañía del canal en el istmo serían plenamente reconocidas y protegidas.

Organizamos entrevistas entre los delegados especiales (Amador y Boyd) y los senadores Hanna, Fairbanks, Kittredge, Platt y otros miembros del Congreso.

Nos dedicamos con devoción a la ratificación del tratado durante las siguientes seis semanas con todo recurso a nuestro alcance. Preparamos una declaración exhaustiva de las injusticas sufridas por Panamá en un periodo de cincuenta años, declaración que comunicamos a los funcionarios del gobierno (estadounidense) y miembros del Congreso para justificar la independencia…

Ese exhaustivo documento sobre las injusticias sufridas por Panamá a manos de Colombia, resultó ser totalmente inexacto y posteriormente desacreditado por historiadores.

Al saber el francés que los “próceres” de la comisión especial estaban en Nueva York, les envió un telegrama de bienvenida excusando la imposibilidad de recibirlos. Inmediatamente obtuvo una cita en la casa de John Hay para firmar el tratado Hay-Bunau-Varilla a las 6:40 pm de ese 18 de noviembre de 1903. Una vez firmado con el Secretario de Estado, el francés envió un cable al “gobierno panameño” anunciado la firma del tratado y el arribo de los comisionados dos horas después. Al recibirlos en la estación les dio la bienvenida y contó la gran noticia. Amador Guerrero estaba tan indignado que casi se desmaya en la misma plataforma de la estación y de inmediato Boyd afirmó, que se tendría que abrir negociaciones frescas con el Departamento de Estado, sobre algunos puntos.[4]

Que ingenuidad. Los tales “próceres” panameños, quienes habían vendido su país y que no eran más que empleados sobornados por Cromwell y el Sindicato Estadounidense, ahora querían ponerles condiciones a sus jefes, Cromwell, el Sindicato Estadounidense, Bunau-Varilla y el gobierno de los Estados Unidos. Convencido el francés, que Amador y Boyd “conspiraban” para que Panamá demorara, enmendara o hasta rechazara su tratado, en un largo cable, dio un ultimátum diciendo al efecto: ustedes firman o yo renuncio.

Como por obra de arte, se acabó la oposición. El tratado fue ratificado por decreto No. 24 a las 11:30 am el 2 de diciembre de 1903 y fue firmado por cada miembro del gabinete del gobierno provisional. A las 11 am del 25 de febrero de 1904 el Secretario Hay y el Ministro Bunau-Varilla intercambiaron las ratificaciones. Entonces el francés cableó a Panamá su renuncia.[5]

Y claro, a los panameños razón no les faltaba de querer reformar ese engendro. Entregaba el francés, embajador representante de Panamá, a los Estados Unidos:

“soberanía de una franja de 10 millas que atraviesan la nueva nación, a perpetuidad, concediendo a los estadounidenses todos los derechos, poder y autoridad dentro de la zona y donde se excluía la soberanía de la República de Panamá.

Clausulas adicionales daban a los Estados Unidos amplios derechos para interferir en todo aspecto de la vida nacional panameña:

“en cualquier momento, a su criterio, y tenía la autoridad para expropiar, también a perpetuidad, cualquier otras tierras y aguas fuera de la zona.

A  cambio los Estados Unidos aseguraban la soberanía e independencia de Panamá. Una clausula bígama, pues era igual a la firmada con Colombia y aún vigente, en el Tratado Mallarino Bidlack.

La realidad es que la independencia de Panamá se alcanzaba pero entre comillas y se entregaba en contraprestación la Zona del Canal de Panamá, y ésta se entregaba sin la presencia de ningún panameño. Simplemente se negoció entre un francés cuyos intereses económicos no coincidían con los de Panamá y los gringos cuyos intereses pisoteaban todos los derechos de los panameños. Y lo más grave es que no solo se entregaba la Zona del Canal, también por medio de la Constitución, se entregaba el país, pues Bunau-Varilla aseguró al colombiano Amador, que tropas estadounidenses les protegerían horas después de proclamada la independencia y entonces la Constitución panameña, la que supuestamente escribió el francés, se asemeja al absurda constitución cubana de la época, pues en su artículo 136 se copió de la Enmienda Platt, como lo admitió el propio Tomás Arias, legalizando el derecho de intervención estadounidense con el objeto de imponer el orden público.

 Cómo sería de absurdo lo entregado por el francés Bunau-Varilla que, el Senador estadounidense del Estado de Misisipi, Hernando de Soto Money anotaba ante el Congreso, que aún él, un firme

Hernando de Soto Money

creyente de la ruta nicaragüense, no podía votar contra el Tratado Hay Bunau-Varilla que le entrega a los Estados Unidos:

“más que cualquier persona en este recinto (del congreso) jamás soñó.”

Se preguntaba cómo había logrado ser tan parcializada y desigual y decía:

“Nunca hemos tenido una concesión tan extraordinaria en su carácter como ésta. Es más, pareciera que la hubiéramos redactado nosotros mismos.”[6]

La respuesta ya la había dado el Secretario John Hay, quien escribió al Presidente del Massachusetts Institute of Technology MIT, que el Senador John Morgan:

es tan autor del presente tratado, como yo.”[7]

La verdad es que a los panameños nunca les gustó el tratado. Pero como ellos eran simples peones en este juego de ajedrez canalero, nadie les hizo caso.

El diario The San Francisco Call en su edición del 27 de noviembre destaca en primera página en el artículo titulado “Canal Pact is Ratified In Advance” y hablan como la Junta gobernante de Panamá, compuesta por José Agustín Arango, Tomás Arias y Manuel Espinosa  aprobaba de antemano el Tratado firmado por Bunau-Varilla, sin aún conocerlo puesto que ya habían notificado formalmente a Washington que el Acuerdo era satisfactorio.

Entonces claro está, los yanquis firmaron casi de inmediato y los panameños, conscientes que de la firma del tratado del canal, dependía el que los estadounidenses mantuvieran a raya a los colombianos, también.

El Tratado Hay-Bunau Varilla en realidad y con premura se dedicó a favorecer a los Estados Unidos para la construcción del canal. Obviamente con el interés que tenía Bunau-Varilla de vender la Compañía del Canal, nunca pensó en los panameños, por lo que miles de diferentes detalles, grandes y chicos quedaron pendientes en referencia a las relaciones estadounidenses y panameñas. Así fue necesario negociar desde impuestos, hasta las tasas postales. Pronto los yanquis se cansaron de tanta negociadera y consideraron que era mejor tratar con los panameños manteniéndoles en completa indefensión. Presionaron al colombiano Amador, Presidente de Panamá, para liquidar las fuerzas de defensa de tan solo 250 hombres, aduciendo que se ahorraría dinero y podían crear cuatro bandas militares cuya música interesaría, entretendría a la gente. Una vez logrado lo anterior, el ministro estadounidense en Panamá, John Barrett, informaría al Secretario Hay, que ya no habría futuros problemas en Panamá o ninguna clase de insurrección. Claro que también solicitó una compañía de marines para el mantenimiento del orden.

El mismo Madman Teddy parecía ambivalente con respecto a su intervención. En principio lo negó y mintiendo afirmó:

“Yo no fomenté una revolución en el istmo.”

Después afirmó:

“Los totalmente incompetentes líderes de Colombia perdieron tontamente a Panamá al negarse en aprobar el tratado a pesar de muy claras advertencias.”

En lo único en que coincidimos con Teddy es en aquello de incompetentes.

En su siguiente reunión de gabinete le solicitó al Fiscal General (Ministro de Justicia) Philander Knox un argumento legal con el cual justificar su rapiña. Knox le respondió:

“Señor Presidente, no deje que tan gran logro se manche por cualquier viso de ilegalidad”

Pregunta cínicamente Teddy:

“¿He respondido las acusaciones? “¿Lo he hecho?”.

Le responde Elihu Root, el Secretario de Guerra:

“Con toda certeza señor Presidente, usted ha demostrado que fue acusado de seducción y en forma concluyente usted ha demostrado que es culpable de violación”.[8]

Teddy no podía convencer a sus propios copartidarios de haber actuado honorablemente. El senador republicano George Hoar enfurecido afirmó:

“espero no vivir para ver el día en que los intereses de mi país sean superiores a su honorabilidad.”[9]

Arriba Philander Knox y Elihu Root del gabinete. Abajo los senadores Edward Carmak y George Frisbie Hoar
“Nadie le cree a Teddy”

El senador demócrata Edward Carmack diría:

Nunca hubo una verdadera insurrección en Panamá, por todos los propósitos, solo hubo un hombre en esa insurrección y ese hombre fue el Presidente de los Estados Unidos.[10]

Madman Teddy buscando convencer de su inocencia en los hechos de Panamá, se envolvió en la bandera estadounidense y mintiendo, afirmó al Congreso, que los Estados Unidos solo comenzó a involucrarse tras la amenaza de un oficial de ejército colombiano a los ciudadanos estadounidenses. Negó que los Estados Unidos hubiese participado en la independencia de Panamá y mintiendo afirmó:

ninguno vinculado a este gobierno tuvo parte alguna en preparar, incitar, alentar la reciente revolución en el istmo de Panamá y con excepción a los informes de los oficiales militares y navales ya entregados, nadie vinculado con este gobierno, tuvo conocimiento previo de la revolución, con excepción a aquella información accesible a persona de inteligencia mediana, quien leyera los periódicos y estuviera al tanto de los asuntos públicos.[11]

Convencidos que los colombianos y los panameños no eran fiables para actuar en forma responsable, Madman Teddy se había apropiado de la parte más valiosa del territorio latinoamericano. Al hacerlo, el gobierno de Roosevelt había excedido los límites de la opinión americana, pero no hubo una fuerza política que se levantara para desafiar a los jingoes, en gran medida porque la grandeza del Canal de Panamá y su importancia estratégica en lo militar y comercial hacía que todos quisieran un canal y casi todo el mundo (en los Estados Unidos) estaba de acuerdo, que los Estados Unidos debían controlarlo. Con este deseado fin, se justificaba el zarpazo por medio del cual los Estados Unidos tomaron un paso más allá de la enmienda Platt, al crear una colonia formal en Latinoamérica, sin jamás tener la intención de incorporarla a la Unión.

Los muy bien publicitados avances en la excavación y de las obras que hacía Madman Teddy, ayudaron a crear una atmosfera muy celosa a las investigaciones serias y gran impaciencia a la crítica. Los ciudadanos de los Estados Unidos totalmente ajenos a los verdaderos  hechos, poco apreciaron el impacto negativo a largo plazo en sus relaciones con Latinoamérica que tendría la rapiña de Panamá. Muchos, al enterarse de la verdad, no estuvieron de acuerdo con el proceder de su gobierno, pero también veían como una necesidad estratégica, la construcción del canal interoceánico. Y este tenía que ser estadounidense, gobernado y manejado por ellos.

Antes de completarse el primer año de independencia, el gobierno constitucional panameño era amenazado por el líder militar separatista, el sobornado traidor colombiano, Esteban Huertas. Sin ejército, las amenazas de Huertas no tenían dientes. Se creó la Policía Nacional para llevar a cabo todas las labores policivas. Desprotegida totalmente, los Estados Unidos intervinieron militarmente por lo menos cuatro veces en los primeros años de la República. Durante los siguientes setenta años, la Zona del Canal de Panamá se erguiría como el más obvio legado del imperialismo estadounidense. Panamá se convirtió en especie de protectorado sin muchos derechos, pero con canal estadounidense, bases militares estadounidenses y autoridades estadounidenses y cuyo primer embajador fue un extranjero que entregó más de lo que rechazó Colombia. En otras palabras, un satélite más.

La Revolución

El 27 de noviembre de 1903 el diario St. Paul Globe de la ciudad Saint Paul en Minnesota, publicó en la página 4 el artículo titulado “Inside Facts Of A Revolution”. Para que los lectores se sorprendan enseguida encontramos lo que dice:

Hechos al interior de una revolución

The St. Paul Globe de Saint Paul, Minnesota, noviembre 27 de 1903 página 4

En cuanto a Panamá, los conspiradores confiaron en Mr. Hay

Nueva York, nov. 26 – Especial de Washington del World: El World obtuvo de una fuente de alta fidelidad información de la verdadera historia con la revolución panameña que bate  records, una república que se establece en la tarde y es reconocida al día siguiente por el presidente de los Estados Unidos.

Desde un principio el asunto fue dirigido por intereses financieros de Nueva York (American Syndicate) y Paris (accionistas penalizados). A unos pocos ciudadanos influyentes de Panamá, se les informó y les fue hecho ver, que la derrota del tratado enfurecería la administración en Washington y demoraría la prosperidad del istmo. Entonces se les sugirió a los istmeños levantarse en rebelión y se les ofreció que tendrían el apoyo moral del Presidente Roosevelt. Si ellos rápidamente podían organizar un gobierno, asegurar el reconocimiento de los Estados Unidos y negociar un tratado del canal, los Estados Unidos se vería obligado en apoyarlos y ellos podrían repartirse el premio de los $10 millones de dólares (los mismos que le correspondían a Colombia como anticipo).

Está claro, que son los accionistas penalizados franceses y el American Syndicate quienes idean el complot, llaman a unos panameños, los sobornan y logran la independencia para poder cobrar los $40 millones.

Al correr las semanas sin que Bogotá respondiera, ésta promesa dorada, indujo a seguir trabajando por la segregación. Los conspiradores principales hicieron viajes ocasionales a Nueva York, donde se discutieron e hicieron planes tentativos para la rebelión.

El Senado colombiano iba a clausurar sesiones el 22 de septiembre y un mes antes era casi seguro que no tomaría acción más allá de rechazar el tratado del canal.

Los Conspiradores

Durante los últimos días de agosto, se llevó acabo en Nueva York, lo que se consideraba sería la última reunión de los conspiradores para la libertad del istmo. En esa reunión estaba J. Gabriel Duque, cubano por nacimiento y estadounidense naturalizado, editor del Panama Star and Herald; Robinson Tracy, un veterano empleado del Ferrocarril de Panamá en Colón; G. Lewis, un istmeño con ascendencia inglesa; Manuel Amador y Asmodeo Arosemana (sic… debe ser Amadeo), un nativo de Panamá.

Y el artículo continua narrando como los conspiradores analizan las fuerzas colombianas en el istmo y los requerimientos militares para derrotarlas. Se decidió que la rebelión debía hacerse el 22 de septiembre, día en la clausura de sesiones del Congreso.

…Se le informó al comité que los Estados Unidos verían la rebelión favorablemente e indirectamente la apoyarían al desembarcar marines con el fin de mantener el tráfico abierto en el istmo y no permitiría combates sobre la línea del ferrocarril y en sus terminales (Colón y Panamá).

Con esas garantías los conspiradores concentrarían sus esfuerzos en la toma de las dos ciudades. Y sigue el artículo con datos aún más reveladores:

El Plan es revelado a Hay

J. Gabriel Duque fue seleccionado para visitar Washington y dar a conocer, en forma confidencial al gobierno, los planes de los revolucionarios. Llegó de inmediato el 3 de septiembre y tuvo una larga conversación con el Secretario Hay, a quien narró todo el plan panameño.

Míster Hay ya conocía del plan pero su interés radicaba en la fecha escogida para la revolución y la naturaleza exacta de los planes. Míster Hay no apoyó oficialmente la rebelión. Sus comentarios fueron apropiados.

Entonces Hay les hace cambiar la fecha al decirles… ustedes tienen demasiada prisa. A mí me parece que se vería mejor, si esperan unas seis semanas (hasta principios de noviembre). Claro que deben entender, sí hay una revolución, los Estados Unidos mantendrán abierto el istmo y no permitirá combates cerca del ferrocarril. Si hay necesidad de combates, estos tendrán que ser antes de que nuestros marines lleguen, porque nosotros no permitiremos el derramamiento de sangre en ninguna parte del istmo tras nuestra llegada. ¿Entiende usted? Evitaremos interferir el tráfico y también el derramamiento de sangre en cualquier lugar del istmo.[12]  

Más claro no canta un gallo… todo esto fue revelado 24 días después de la “revolución”. Todos los actores principales estaban vivos y a la mano. Nadie corrigió o negó nada.

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[1] Ibíd.

[2] David McCullough, “The Path Between the Seas”, Simon and Schuster, Nueva York, 1977

[3] Oscar Terán, “Del Tratado Herrán-Hay al Tratado Hay-Bunau Varilla. Historia crítica del atraco yanqui, mal llamado en Colombia la pérdida de Panamá y en Panamá nuestra independencia de Colombia”, Valencia Editores, Bogotá, 1976.

[4] Earl Harding, “The Untold Story of Panama”, Athene Press Inc. Nueva York, 1959

[5] Ibíd.

[6] Febrero 20 de 1904, Congressional Record

[7] Diciembre 28 de 1903, Hay a H.S. Pritchet, Hay Papers, Library of Congress

[8] Stephen Kinzer, “Overthrow, America’s Century of Regime Change from Hawaii to Iraq”, Times Books, Henry Holt and Company, Nueva York, 2006

[9] Lars Schoultz, “Beneath the United States”, Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, 1998

[10] Ibíd.

[11] Ibíd.

[12] Noviembre 27 de 1903, “Inside Facts Of A Revolution”, diario The St. Paul Globe, Saint Paul, Minnesota