Tomado de “Yanquis y Latinos” de Mariano Ospina Peña

En los primeros días de 1891, Chile llama la atención. Un fuerte enfrentamiento entre el Presidente de la República, José Manuel Balmaceda y el congreso chileno, estalló en una guerra civil. Mientras el Presidente fue apoyado por el Ejército, los congresistas lo fueron por la Armada.

El ministro estadounidense en Santiago, Patrick Egan advirtió a su gobierno que los congresionistas eran respaldados por los británicos residentes en Chile. Otras voces también le afirmaban a las autoridades en Washington, que los opositores a Balmaceda eran exponentes de la plutocracia del capital británico y las aduanas francesas, enemigos del comercio con los Estados Unidos.

Necesitando armar la facción del congreso, estas hicieron una gran adquisición de armas en los Estados Unidos. Pero advertidos por John W. Foster, el abogado del Ministro chileno en Washington, la entrega de armas se trató de impedir. Así el Itata, buque chileno, que llevaría la carga hasta Suramérica fue detenido en San Diego. Sin embargo el Itata logró huir con su carga y arribó a Iquique. De inmediato la Armada estadounidense ordenó su persecución y solo lo pudo alcanzar en el puerto chileno. Los congresionistas en aras de no polemizar con los estadounidenses, hicieron entrega de la nave, que aún no había podido descargar las armas. Pero el hecho causo fuerte resentimiento contra los yanquis.

Un segundo incidente, esta vez con la estadounidense South American Telegraph Company exasperó nuevamente los sentimientos anti yanqui de los congresionistas. La empresa estaba por unir un cable submarino en la estación en Iquique, ciudad controlada por los rebeldes congresionistas. Al no permitirlo, la empresa unió el cable con Valparaíso dando comunicaciones a Santiago y así al gobierno del Presidente Balmaceda.

Un tercer incidente ocurrió con el buque USS San Francisco. El Almirante Brown al tratar de informar a su gobierno que ocho mil tropas rebeldes había desembarcado unas 20 millas al norte de la Bahía de Quinteros, permitió que un dependiente de la oficina del telégrafo obtuviera una copia del telegrama y lo entregó a los congresionistas por lo que estos de inmediato acusaron a los estadounidenses de espiar a favor del gobierno.

Un cuarto incidente ocurrió una vez terminada la guerra, cuando unos ochenta ciudadanos chilenos se refugiaron en la legación estadounidense. Un oficial del USS Baltimore hizo un despacho noticioso a los periódicos en Estados Unidos informando que el Presidente Balmaceda era uno de los refugiados y que éste había sido sacado del país por los estadounidenses. La noticia, fue a Nueva York de donde de inmediato regresó a Chile, causando aún mayor malestar contra los estadounidenses.

 

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