“El ejército ha sido adverso a la política. En la escuela siempre hubo la prohibición de decir este es liberal, este es conservador.[1]

Mariano Ospina Peña

El poco interés que el Presidente López Pumarejo mostraba por las Fuerzas Armadas y su claro favorecimiento de la Policía politizada, la cual López amenazaba con convertir en un arma paralela al Ejército, terminó en crear gran desconfianza entre los dos cuerpos del Estado. El uno liberal, de partido y gobiernista y el otro apolítico pero forzado por las circunstancias, los desaires y ofensas del Presidente, lentamente iba convirtiéndose en antigobiernista.

El tenso clima que vivía el país en este año era altamente propicio para la crisis política: frustración popular ante el carácter regresivo de la segunda administración López; corrupción generalizada; oposición conservadora a la que el gobierno y el Partido Liberal acusaba de tonos subversivos; secuelas negativas para la economía derivadas de la Guerra Mundial. Y a esto se añadía un gran descontento militar aprovechado por Laureano Gómez, el mayor opositor al gobierno de Alfonso López Pumarejo.

El nuevo Ministro de Guerra, General Domingo Espinel quien había sido nombrado el pasado 6 de marzo de 1944, había desde su cargo anterior como Jefe de Estado Mayor del Ejército (hoy Comandante del Ejército) en 1943, con el fin de seguir programas de instrucción y entrenamiento de oficiales y tropas, ordenó a la Tercera Brigada con sede en Cali, planear maniobras militares en

El Coronel Eurípides Márquez a la izquierda y el Coronel Diógenes Gil a la derecga

El Coronel Eurípides Márquez a la izquierda y el Coronel Diógenes Gil a la derecha

su área de jurisdicción. Bajo el supuesto de una hipótesis de guerra, se buscaba verificar las distintas fases de una campaña a fin de comprobar la eficiencia combativa y de apoyo a las tropas y la capacidad de mando de los comandantes. Estas maniobras militares obedecían al tradicional entrenamiento de las Fuerzas Armadas.

También existía el objetivo de medir la capacidad de conducción y mando de los coroneles Eurípides Márquez y Diógenes Gil Mojica quienes aspiraban ascender al grado de general y debían cumplir requisitos al respecto. Las maniobras los pondrían al frente de cinco mil hombres plenamente equipados y preparados para la guerra. Márquez y Gil tendrían a su mando más del 60% del todo el pie de fuerza del Ejército.

Eurípides Márquez era un gran oficial del Arma de Artillería, quien se había especializado en Francia y había sido Comandante de la Escuela de Artillería 1937-1938. Muy bien preparado, tenía gran don de mando, capacidad de organización, la admiración de sus subalternos y el aprecio de sus jefes. Por su parte Diógenes Gil era un militar que se distinguía por sus dotes de organizador, pero sin los atributos de una brillante personalidad intelectual. Era un gran tropero, conocía y practicaba el detalle de la conducción exclusivamente militar, y se hacía al cariño de sus subalternos. Era severo pero justo y de atractiva simpatía personal. La oficialidad lo apreciaba pero no lo admiraba por carecer de dotes que pudieran merecer ese sentimiento.[2]

Los Militares

El Ministro de Guerra, General Domingo Espinel aparentemente enfermo, se encontraba en la Base Aérea de Palanquero; el General Miguel J. Neira B. quien recién había pasado de Secretario General del Ministerio de Guerra a Jefe de Estado Mayor del Ejército (Comandante) en reemplazo del Espinel al ascender este a Ministro; el Coronel Arturo Lema Posada estaba en la Dirección de la Aviación; el Coronel Germán Ocampo estaba de Comandante de la Brigada de Institutos Militares en Bogotá (la guarnición militar de la ciudad) cuyo Jefe de Estado Mayor era el Coronel Rafael Rodríguez Bermúdez; el Comandante de la Primera Brigada en Tunja era el Coronel Gustavo Matamoros León; el Coronel Miguel Sanjuan era el Comandante de la Segunda Brigada en Barranquilla; el General Julio A. Gaitán recién ascendido el 11 de marzo, se encontraba al frente de la Tercera Brigada de Cali y con su Jefe de Estado Mayor, Teniente Coronel Quintín Gustavo Gómez debían organizar todo el operativo con la colaboración del Coronel Julio Londoño y Londoño, Subjefe del Estado Mayor General, el ejercicio debía comenzar el día 10 de julio de 1944; el Coronel Jorge Martínez Pérez era el Comandante de la Cuarta Brigada en Medellín; el Coronel Julio Guarín Estrada era el Comandante de la Quinta Brigada en Bucaramanga; el Director de la Escuela Superior de Guerra era el Coronel Francisco Tamayo; el Coronel José Miguel Plazas Silva era el Subdirector de Servicios; el Director del Servicio de Material de Guerra era el Teniente Coronel Hernando Mora; El teniente Coronel Carlos Perdomo Puyo se encontraba de Comandante del Grupo de Caballería Cabal en Ipiales; los Tenientes Coroneles en la guarnición de Bogotá, Ricardo Bayona Posada, José Ortiz y Carlos Bejarano Muñoz eran los Comandantes de las Escuelas de las Escuelas de Artillería, Caballería y  de Intendencia y Motorización.[3]

Los Coroneles Diógenes Gil Mojica, Eurípides Márquez, Julio Londoño y Londoño y José Ortiz eran compañeros de curso en la Escuela Militar de Cadetes en San Diego. Los tres habían egresado primero, segundo, tercero y quinto en el curso del 26 de noviembre de 1921 y ascendidos a subtenientes por decreto 1327 de ese mismo año. Mientras los ascensos a general de Márquez, Londoño y Ortiz, iban sobre rieles, el de Gil parecía embolatado, al parecer por disposición del mismo Presidente López.

Diógenes Gil Mojica: “Dentro del ejército había un gran malestar. Teníamos la obligación de velar por la seguridad del país, de frontera a frontera, pero nuestra situación era de penuria, había mucho desánimo. Teníamos una organización pobre y débil, estábamos llenos de presillas en los uniformes pero nos trataban como a empleados de quinta categoría. Y eso al ejército no podía gustarle. No reclamábamos aumento de sueldo, ni teníamos ansias de conquistar el poder. Sentíamos si, que había que hacer “algo” para que las cosas cambiaran. No podíamos seguir como estábamos”.[4]

El Complot

A fines de 1943 comenzaron a producirse reuniones secretas entre los oficiales simpatizantes en retirar de las conducción del Estado a los civiles y políticos, La idea era lograr una nueva fisionomía social, política, económica y moral en el país. Según los oficiales implicados, se trataba de un deber patriótico, lograr una transformación a fondo de las estructuras nacionales por medio de un golpe militar. Los rumores colocaban al General Rafael Edmundo Pizarro Aragón (1899-1974) como líder de la conspiración secundado por los generales Neira, Matamoros (Luis) y Gaitán. Pizarro era egresado de la Escuela Militar en noviembre de 1917 y compañero de curso de los Generales Carlos Vanegas Montero, Director de la Policía, Pablo E. López retirado en abril de 1943 y Julio A. Gaitán, Comandante de la Tercera Brigada. El General Pizarro era un Oficial muy inteligente, muy bien preparado, que se destacaba en el Ejército por brillante y muy apreciado por jefes, compañeros y subalternos.

Para completar los efectivos de las dos brigadas, estos se tomarían de las demás unidades militares, debilitándolas y las unidades en el sur armadas en guerra  y con dotaciones completas en efectivos, material de Guerra y servicios en manos de dos oficiales conspiradores, Márquez y Gil, constituirían, una fuerza imposible de detener por parte del Gobierno. Las guarniciones en Tolima y Santander serían tomadas por oficiales conspiradores, la primera con el fin de dejar el paso libre para las dos unidades sublevadas en su marcha sobre Bogotá y la segunda con el fin de impedir un apoyo a la Brigada de Institutos Militares de la Capital en caso de no adherirse al golpe o en caso de requerir apoyo para los sublevados.

El golpe se presentaría el día 19 de julio al terminar las maniobras, mediante una proclama a los colombianos y la marcha de los dos batallones plenamente equipados sobre Bogotá.

El Capitán José Gregorio Quintero oficial de Artillería, había sido reclutado por los conspiradores y trasladado a la Quinta Brigada en Bucaramanga. Se le había encomendado contactar y ganarse para la conspiración, al Coronel Julio Guarín Estrada Comandante de la Brigada cuyas guarniciones ocupaban los dos Santanderes y era la única unidad militar con su pie de fuerza completa, con capacidad de marchar sobre Bogotá y defenderla de las unidades de Márquez y Gil.

Según Quintero entre quienes se encontraban conspirando además de Gil y Márquez, el Teniente Coronel Alberto Gómez Arenas, Comandante del Grupo de Caballería No. 5 Hermógenes Maza en Santander, el Mayor Alberto Lara, Luis Carlos Gaitán; el Capitán Francisco Palacios y el Capitán Luis E. Ordóñez, Oficial de la Tercera Brigada en Cali.

El Teniente Coronel Gómez Arenas era una oficial de gran prestigio y profesionalismo del Arma de Caballería. Se esperaba de él, influir en el Teniente Coronel José Ortiz, Comandante de la Escuela de Caballería. De esta unidad, se esperaba una aplastante superioridad militar sobre la Escuela de Infantería que se unirían a la conspiración siguiendo los oficiales de la Caballería, al igual la Escuela de Artillería.

Sobre las operaciones militares, el Coronel Eurípides Márquez enviaría una agrupación de Popayán, que llegaría a Cali con el fin de apresar al Comandante de la Tercera Brigada, General Julio A. Gaitán y tomarse la guarnición.[5]

El Capitán Quintero llegó a Bucaramanga y fue destinado a prestar sus servicios como Comandante de Batería en el Cuerpo de Artillería Galán No. 5 bajo las órdenes del Teniente Coronel Gonzalo Fajardo. Se dedicó a subvertir la oficialidad y de acuerdo con lo que escribió, había convencido al Coronel Guarín de pasarse a la “revolución” como ingenuamente la denominó.[6]

Los Juegos Militares

Se organizó el Batallón José María Hernández con reservas llamadas al servicio y el Teniente Coronel Luis Agudelo fue nombrado Comandante y asentado en la ciudad de Pasto donde se encontraba acantonado el Batallón Boyacá bajo el mando del Teniente Coronel Juan A. Sarmiento, compañero (Curso del 10 de diciembre de 1924) del Teniente Coronel Luis Agudelo.

Con el fin de desarrollar los juegos de guerra, las tropas se dividieron en dos bandos: el Bando Sur compuesto por los cuerpos en Pasto, los Batallones Boyacá y José María Hernández a órdenes del Coronel Gil con su puesto de mando en Pasto y el Bando Norte compuesto por los cuerpos de Cali y Popayán a órdenes del Coronel Márquez con puesto de mando en Santander de Quilichao. La dirección del ejercicio situó su puesto de mando en Caloto con el General Gaitán, el Coronel Londoño y el Teniente Coronel Gómez.

El Presidente Alfonso López Pumarejo quien se encontraba en Medellín, decidió presentarse en Pasto con el fin de presenciar las maniobras militares. Aparentemente él tenía informaciones de antemano, sobre la posibilidad de una insurrección militar y había decidido enfrentarla. El Embajador de los Estados Unidos, Arthur Bliss Lane había recibido información al respecto de sus organismos de seguridad, OSS (antecesor de la CIA), FBI (Buró Federal de Investigaciones) y ONI (Oficina de Inteligencia Naval) que pululaban por todo el territorio nacional en busca de nazis y conspiraciones en aras de la defensa del Canal de Panamá.

Para nadie era un secreto la impopularidad de López Pumarejo ante los militares y no sería la primera intentona en derrocarlo, ni sería la primera advertencia de los estadounidenses al Presidente. (ver Alfonso López Pumarejo y los Militares y Golpe contra el Presidente López Pumarejo. El caso del General Bónitto).

El Presidente en Pasto

El día 8 de julio el Presidente visitó la ciudad de Tumaco de donde se desplazó para Pasto. El día 9 arribó con su comitiva integrada por su hijo Fernando López Michelson, Adán Arriaga, el recién nombrado Ministro de Trabajo, el Teniente Coronel Alfonso Pinzón, Jefe de la Casa Militar, el piloto presidencial, Mayor Rafael Valdés Tavera, el copiloto Teniente Ernesto Dueñas Cepero y el Subjefe del Estado Mayor General, Coronel Julio Londoño quien asesoraría y explicaría las maniobras al primer mandatario.

Ante la inesperada visita a la ciudad de Pasto del Presidente y estando el Coronel Diógenes Gil con su puesto de mando en esa misma ciudad, López Pumarejo y su comitiva se pone en sus manos.

El Presidente y su comitiva fueron recibidos por el Coronel Gil, quien le presentó parte y en seguida la comitiva Presidencial se desplazó hasta el Hotel Niza donde se alojó. Sin embargo el ambiente en la ciudad de Pasto era de hostilidad al primer mandatario. Grupos de civiles y reservistas (los mismos llamados a filas para el Batallón José María Hernández al mando del Teniente Coronel Luis Agudelo), lo habían recibido con abucheos y vivas al Ejército.

El Gobernador de Nariño, Manuel María Montenegro era un liberal, había sido juez, catedrático, magistrado y rector, incluso ocupó la Jefatura de la Oficina Jurídica de la Presidencia y la Secretaría del Consejo de Ministros del mismo Presidente López, por lo que le manifestó su preocupación por agitación reinante en la ciudad a raíz de la cantidad de reservistas que allí se encontraban, muchos en estado de embriaguez, los cuales no habían podido ser calmados por lo que los oficiales a su mando, quienes habían tratado de encerrarlos, sin ningún resultado, incluso con el fin de impedir enfrentamientos con las autoridades la policía había sido acuartelada. Con esta situación de agresividad contra el primer mandatario, Montenegro le sugirió cancelar la recepción programada para agasajar su visita a la ciudad.

Esa noche el Presidente y su comitiva ya alojados en el hotel, escucharon gritos provenientes de la calle con mueras y abajos al gobierno y al Presidente.

Con el Presidente en la ciudad, el Coronel Gil decidió aprovechar para detenerlo. Llamó a una reunión urgente con toda la oficialidad bajo su mando con el fin de informar y organizar el golpe. Interrogado sobre cuales oficiales superiores participarían, afirmó que los generales Luis Matamoros y Julio Gaitán estaban comprometidos con la rebelión. Presionado por el Teniente Coronel Luis Agudelo y el Mayor José Figueroa dio órdenes para la captura del Presidente en la madrugada y la toma de la ciudad.

Entre los reservistas y en el Batallón José María Hernández se propagó el rumor que el gobierno nacional, encabezado por López Pumarejo se proponía venderlos en un precio que oscilaba entre cinco y diez dólares por cabeza, a los Estados Unidos con el fin de engrosar sus tropas en la II Guerra Mundial. Qué el Presidente había estado en Tumaco revisando los buques en que los estadounidenses se los llevarían para el frente, en el Pacífico. Así, el personal del batallón se formó a las tres de la mañana, fueron armados, municionados y se impartieron las órdenes para un golpe militar.

El Teniente Coronel Juan A. Sarmiento, Comandante del Batallón Boyacá fue tomado prisionero por el Teniente Juan Manuel Mendoza, y una compañía de ese mismo batallón, al mando del Capitán Olegario Camacho se tomó el Hotel Niza, sitio de alojamiento del señor Presidente y su comitiva. Otra compañía de reservistas al mando del Teniente Ernesto Jaramillo se tomó los cuarteles de la Policía poniendo bajo custodia al Capitán Amaranto Flórez, su comandante.

La detención del Presidente

En la madrugada arribó a las habitaciones del señor Presidente, el Teniente Coronel Luis Agudelo, Comandante del Batallón José María Hernández con el Capitán Olegario Camacho.

Fernando López Michelsen: Nos fuimos a acostar y a las 5:30 de la mañana nos despertaron los golpes en la puerta, unos golpes tremendos, casi patadas. Papá se despertó primero que yo, abrió la puerta y se encontró con el capitán Olegario Camacho, que era tartamudo y estaba sumamente asustado. Hasta donde yo recuerdo, él tenía una pistola en la mano; papá dice que no. Arma en mano y tartamudeando le dijo que se diera por preso, que había estallado la insurrección militar en todo el país.[7]

Agudelo y Camacho le informaron a López que el Coronel Diógenes Gil había encabezado exitosamente una revuelta armada por lo que, los militares, le dieron dos horas para presentar su renuncia por escrito. La habitación pronto fue ocupada por soldados quienes se apostaron en todas las ventas y puertas del alojamiento del Presidente. La comitiva se levantó, baño y vistió y en la sala de espera quedó pendiente de los siguientes movimientos. A las ocho de la mañana el Coronel Agudelo le entregó y ordenó firmar un documento en papel sellado en el cual habían plasmado la renuncia presidencial:

“Ante los graves problemas que afronta el país, he decidido renunciar voluntariamente a la Presidencia de la República y encargar del mando al coronel Diógenes Gil”.

López lo leyó y de inmediato se negó en firmarlo.

Superadas ciertas dudas sobre a dónde llevarlo, finalmente lo condujeron a la hacienda de los hermanos Bucheli, en Consacá, quienes lo recibieron con las debidas consideraciones.

“Todo parecía sonreírnos; menos los soldados que se agrupaban en el patio de la casa, mirándonos con ojos de pocos amigos. No me saludaban, ni hacían ademán alguno de reconocerme. Según me contaron en las horas de la noche, les habían asegurado que yo los tenía vendidos a los Estados Unidos”.[8]

En Bucaramanga

La radio anunciaba los hechos de las tropas en la ciudad de Pasto. El Teniente Guillermo Cleves corre a llamar su jefe el Capitán José Gregorio Quintero:

“Mi Capitán, mi Capitán, apresaron al Presidente López en Pasto. Venga a oír la radio”

Fotografía del 10 de julio de 1944 antes de los acontecimientos en Bucaramanga. El Coronel Guarín está a la izquierda y el Capitán Quintero a la derecha

Fotografía del 10 de julio de 1944 antes de los acontecimientos en Bucaramanga. El Coronel Guarín está a la izquierda y el Capitán Quintero a la derecha

Quintero quedó frío. Estaba totalmente desconcertado. El golpe estaba programado para dentro de 9 días. Nadie había avisado sobre el anticipo en la fecha. Ordenó a su Ayudante el Teniente Cleves, de convocar a una reunión de oficiales aprovechando que el Comandante de la Unidad, el Teniente Coronel Fajardo no se encontraba presente en la guarnición. Tras arengar a los oficiales, Quintero formó las tropas, las armó y municionó. Dio órdenes de detener a su comandante, el Coronel Fajardo tan pronto se presentara en la guarnición. Trató de comunicarse con el Comandante de la Brigada, el Coronel Guarín pero le fue imposible. Finalmente recibió órdenes de presentarse en forma inmediata ante el Comando de la Brigada. El Coronel Guarín ya había enviado su adhesión y el de su unidad al gobierno.

Al llegar al Comando de la Quinta Brigada, Quintero subió a la segunda planta con el Capitán Angulo y el Teniente Cleves. Angulo quedó en el primer piso y en las escaleras quedó Cleves con orden de, pistola en mano, no dejar pasar a nadie.

“Ingresé al despacho del Coronel Guarín que estaba sentado en su escritorio. Con la natural nerviosidad, le expresé mi extrañeza por el inesperado cambio de criterio respecto de la Revolución Militar, le rogué reflexionar, le recordé sus solemnes compromisos y la dimensión del ideal que se perseguía. Que si no lograban estas suplicas y reflexiones hacerlo rectificar su última decisión, que yo su amigo, jefe circunstancial y temporal de las tropas, sería el que lo pusiera preso con todas las consideraciones y respeto.

El Coronel Guarín muy nervioso, parecía no oírme. De pronto, mirando hacia la puerta de entrada de la oficina, la cual estaba precisamente a espaldas mías, dijo: siga Coronel Urrego; volví los ojos y el cuerpo en esa dirección y al no ver a nadie, comprendí que se trataba de lo que en esgrima se llama una finta, es decir, un engaño, una maniobra de distracción. Comprendiendo el peligro, con la velocidad del relámpago, volví la vista hacia Guarín, lo encontré sacando su pistola, me adelanté con la mía y le disparé por dos veces consecutivas poniéndolo fuera de combate. Fue cuestión de segundos.

El Capitán Quintero tras asesinar al Coronel Guarín insistió en la Revolución Militar y trato de tomarse la gobernación de Santander. Su objetivo era adherir las tropas de la brigada con la rebelión de Gil y Márquez.

Engañado por el Gobernador y el Teniente Coronel Fajardo, Quintero fue sometido a punta de golpes y patadas en la Gobernación, al intimar la rendición de Galvis Galvis.    

Bogotá

Tan pronto se supo del apresamiento del Presidente en la ciudad de Pasto, el Primer Designado, Darío Echandía y el Ministro de Gobierno Alberto Lleras Camargo comenzaron a buscarle solución a la crisis.

Con el fin de que no existiera un vacío de poder y la jerarquía gubernamental estuviese completa, Echandía asumió como Presidente encargado y buscó de inmediato la adhesión de las Fuerzas Militares. Desde la base Aérea de Palanquero donde se encontraba el General Espinel emitió un comunicado:

“Conocida por ustedes la situación de vergüenza en que ante el pueblo colombiano y ante los países extranjeros nos han colocado un grupo de oficiales  de la guarnición de Pasto, es nuestro deber reaccionar contra tan inicuo acto, repudiando públicamente la conducta extraviada de quienes han deshonrado las insignias y armas que la República les ha entregado para que ejerzan en su nombre mando y autoridad.

El General Miguel J. Neira se encargó del Ministerio. Con el Comandante de la BIM, Echandía visitó cada una de las unidades militares de la Capital y se hizo reconocer por las tropas.

A las 7:30 de la noche Alberto Lleras, con el poder de su talento y la autoridad de su voz, se dirigió al país por la Radio Nacional para informarlo sobre el fracaso del golpe. Dijo que un oficial de segundo nivel, el coronel Diógenes Gil, se había rebelado, desconociendo la constitución y la jerarquía militar, pretendiendo usurpar la dignidad de la Presidencia.[9]

Manifestacion en Bogota, el respaldo al Presidente López Pumarejo se hizo sentir por toda Colombia

Manifestacion en Bogota. El respaldo al Presidente López Pumarejo se hizo sentir por toda Colombia

En Ibagué

En desarrollo de los mismos hechos, el Mayor Julio Millán al frente de las tropas de esa guarnición se dirigió y tomó la gobernación del Tolima, apresó al Gobernador e inmediatamente inició un control militar en la ciudad de Ibagué.

El Fracaso del Golpe

El Coronel Gil tras haber capturado al Presidente y tener todo en sus manos para hacer efectivo el golpe militar, se asustó.

El Coronel Miguel Silva Plazas asumió el mando de las tropas en Ipiales y marchó sobre Pasto a someter la insurrección

El Coronel Miguel Silva Plazas asumió el mando de las tropas en Ipiales y marchó sobre Pasto a someter la insurrección

El Coronel José Miguel Plazas Silva se hizo cargo de la guarnición de Caballería en Ipiales y anunció que marchaba sobre Pasto a liberar al Presidente. Esto obviamente haría que las tropas en Pasto al mando del Gil y Agudelo se tuvieran que enfrentar a las que marchaban sobre Pasto de Plazas Silva. Lo más razonable era que Gil dejara un cuerpo de hombres para enfrentar a Plazas en el río Juanambú, agrupar sus fuerzas y entrar en contacto con el Coronel Eurípides Márquez para marchar sobre Bogotá.

Pero Gil no hizo nada de esto y comenzó a solicitar consejos, no lanzó la proclama revolucionaria, que con seguridad alertaría a los demás cuerpos rebeldes. No dio órdenes a sus oficiales por lo que el desconcierto e incertidumbre se difundió se entre oficialidad. Nadie sabía qué hacer, ni cuál era la misión, ni el plan estratégico, ni el táctico, en fin, nadie sabía nada. En estas condiciones al saber que Plazas Silva marchaba sobre Pasto comenzó la desbandada.

El control militar de los rebeldes en la ciudad de Ibagué se acabó en la medida que llegó de Bogotá para enfrentar la situación con tropas del Batallón Guardia de Honor, el Coronel Francisco Tamayo, Director de la Escuela Superior de Guerra y la marcha sobre Ibagué del Batallón Ayacucho desde Manizales.

Mientras tanto, en Nariño, la conjura adquiría visos de astracanada. No sabiendo qué hacer con el tigre que tenían agarrado por la cola, el vacilante coronel Gil, pretendiendo mantener la iniciativa dispuso el traslado de López a Popayán y encargó de esa tarea al capitán Rafael Navas Pardo.

Adelante de Yacuanquer, López y su comitiva se encontraron con una caravana militar, en la que venía el coronel Gil, quien ofreció solucionar el problema si se absolvía a los oficiales comprometidos, y a él… ¡se le nombraba Ministro de Guerra por un mes! Gil estaba destruido anímicamente.

Para el presidente López el peor momento había pasado. A continuación se trasladaron a Yacuanquer y desde su oficina telegráfica intentaron comunicarse con Pasto o Túquerres. En esas estaban cuando el capitán Navas Pardo informó que el coronel Gil se había entregado prisionero.[10]

Los Conspiradores

Una carta fechada el 19 de julio de 1944 desde el Batallón Guardia Presidencial de Diógenes Gil al Presidente López Pumarejo habla sobre los conspiradores en el golpe así:

“Desde la prisión a donde me ha llevado la fortuna, me dirijo al primer mandatario de mi país… …pienso que si la justicia obrara como debe obrar tendremos más de sesenta oficiales y suboficiales sindicados en el mejor de los casos y tendremos entre ellos oficiales cuya posición actual es de significación. Humanamente considero el problema de los oficiales procuraran para su defensa, comprometer a muchos, pero no lo haré ni lo necesitaría en el caso que flaqueara mi decisión de no apelar a tales armas, cuando tengo un arsenal de argumentos a mi favor para mi liberación.

Se me puede objetar simplemente que la cosa es sencilla: se condenan los sesenta oficiales sin que esto tenga extraordinarias consecuencias ni pueda evitarse. En mi sentir puede evitarse, y si no se evita tiene malas consecuencias. ¿Y cómo evitar que una gran parte de la juventud militar ingrese a las cárceles? Mi contestación es clara y nítida: fijar la responsabilidad penal solo en las cabezas directivas que en este caso serían cinco o seis y ordenar castigos disciplinarios para los restantes en mayor o menor grado. Los responsables serían sometidos a consejos de guerra ordinarios o extraordinarios tal como ordena la ley cuando no se está en campaña (declaratoria de guerra) permitiendo su defensa ampliamente.”[11]

Sin embargo los Generales Miguel J. Neira, Julio A. Gaitán y Luis Matamoros en medio de los interrogativos que resultaron mencionados como conspiradores a raíz de las investigaciones y Consejos de Guerra Verbales que siguieron.

El General José Dolores Solano, retirado del servicio en 1936, fue llamado a filas y nombrado Comandante de la Brigada de Institutos Militares de Bogotá con el fin de encabezar la investigación sobre la participación de los generales mencionados en la rebelión del 10 de julio.

El 11 de octubre de 1944 en las instalaciones de la Brigada de Institutos Militares de Bogotá se procedió a definir la situación jurídica de los Generales Miguel J. Neira, Jefe de Estado Mayor del Ejército; General Julio A. Gaitán de la Tercera Brigada y al General Luis Matamoros Léon (no confundirlo con su hermano Gustavo, Comandante de la Primera Brigada en Tunja)

Al General Luis Matamoros se le hicieron los siguientes cargos:

  1. El Capitán Pedro Añez y el Teniente Coronel Pedro A. Monroy afirmaron en sus declaraciones que en la reunión que hizo el Coronel Gil en Pasto para informarlos del golpe de cuartel, les manifestó que el general Matamoros estaba comprometido en la rebelión.

Sin embargo el mismo Diógenes Gil en indagatoria ante el Consejo de Guerra Verbal expreso:

“Es cierto que en la reunión efectuada el 10 de julio a que hace referencia la pregunta, mencioné hechos que dicen relación a conceptos y quizás hasta compromisos con elementos políticos. Debo declarar que tanto eso, como la referencia a oficiales superiores fueron simples recursos para ganar la voluntad de los oficiales y aunar sus esfuerzos en beneficio del orden y del mantenimiento de un comando, que requería unánime y sin anarquías de ningún género.”

  1. El Mayor José Figueroa Paz, en su indagatoria rendida ante el Consejo de Guerra, dice lo siguiente:

“Del señor General Luis Matamoros sé que tuvo conocimiento de lo mismo a que me estoy refiriendo (del movimiento subversivo) por manifestaciones que me hizo a mí, el señor Teniente Coronel Alberto Gómez Arenas quien fue el que le hizo saber al señor General Matamoros”.

  1. En un recorte de periódico decomisado en Popayán al Coronel Eurípides Márquez, se encontró una lista de oficiales del Ejército indicativa del gabinete militar. La lista la encabezaban los Generales Neira, Matamoros y Pizarro.

El Coronel Márquez en su ampliación de indagatoria dice sobre el particular:

“… figuran en este papel, sin cargo alguno, los nombres de los generales Pizarro, Neira y Matamoros; ni el General Neira, ni el General Matamoros, que yo sepa, tenían conocimiento de nuestras preocupaciones que se originaron en el eventual cambio de ministro de guerra.

Por su parte las acusaciones contra el General Julio A. Gaitán fueron:

  • El Capitán José Philips, el Teniente Coronel Pedro A. Monroy y el Capitán Jaime Polanía afirmaron en sus declaraciones que en la reunión que hizo el Coronel Gil en Pasto para informarlos del golpe de cuartel, les manifestó que el general Gaitán estaba comprometido en la rebelión.
  • Sin embargo el mismo Diógenes Gil en indagatoria ante el Consejo de Guerra Verbal expreso:

“Es cierto que en la reunión efectuada el 10 de julio a que hace referencia la pregunta, mencioné hechos que dicen relación a conceptos y quizás hasta compromisos con elementos políticos. Debo declarar que tanto eso, como la referencia a oficiales superiores fueron simples recursos para ganar la voluntad de los oficiales y aunar sus esfuerzos en beneficio del orden y del mantenimiento de un comando, que requería unánime y sin anarquías de ningún género.”

  • El Teniente Coronel Luis Agudelo en su indagatoria ante el Consejo de Guerra dice:

Igualmente hago la aclaración que si no participaron en forma activa en el movimiento, si por lo menos tuvieron bastante idea de él los Generales Miguel J. Neira y Julio Gaitán.

“Esto no me consta personalmente pero si por la relación que sobre el particular me hacían los señores Coroneles Gil y Márquez y aún el mismo Figueroa.

El Mayor Figueroa afirma en su indagatoria:

“Del señor General Gaitán sé que conocía lo que preparaban los militares por referencia que me hizo el señor Teniente Coronel Ernesto Velosa Peña, quien tuvo una conversación con él y le manifestó el movimiento militar que preparaban según el Coronel Velosa, el señor General Gaitán le manifestó que no era oportuno el tiempo, pero que él había notado la inquietud y que ya que se había sembrado la semilla debía seguirse adelante, en resumen lo notó indeciso.”

El Teniente Coronel Velosa al interrogarlo sobre ese asunto en el Consejo de Guerra dijo:

“Yo hablé con el General Gaitán. Él estaba en Cali y cuando y fue a las maniobras estuvo en el otro partido, por consiguiente no sé cuál fue el oficial que haya hablado lo que se me pregunta.”

El Coronel Diógenes Gil en su declaración del 16 de agosto de 1944, rendida ante el juez Cuarto de Instrucción Criminal, manifestó:

“En cuanto al General Gaitán casi tengo la seguridad de que desconocía el movimiento totalmente.”

En el careo sostenido con el Coronel Márquez, reafirma Gil lo siguiente:

“Afirmo una vez más que el señor General Gaitán, el señor Coronel Gaitán, nada tienen que ver con esto, lo mismo que el Coronel Ocampo, dentro de lo que yo conozco de este proceso.”

  1. El Mayor Emilio Uribe Arango declara que al preguntarle al Teniente Coronel Quintín Gustavo Gómez, a raíz del suceso de Pasto, qué actitud asumiría el General Gaitán, le dijo Gómez:

“Gaitán está indeciso esperando qué sucede, pero nos deja hacer y yo estoy dispuesto a hacer de Comandante de Brigada”.

El Teniente Coronel Quintín Gustavo Gómez en su indagatoria rendida ante el Consejo de Guerra, manifiesta que habló con el Mayor Uribe Arango y le contó que el Coronel Gil le había puesto un radio invitándolo a participar en el movimiento: que habló muy poco con dicho mayor.

Nada dice de lo referente al cargo contra el General Gaitán pero expresa que las tropas no apoyaban a Gil, desde luego estaban cumpliendo el 10 de Julio órdenes del General Gaitán, lo cual dice

El 14 de julio fue enterrado en Bogotá el General Julio Guarín Estrada con la asistencia del Presidente, el gabinete y toda la cupula militar

El 14 de julio fue enterrado en Bogotá el General Julio Guarín Estrada con la asistencia del Presidente, el gabinete y toda la cúpula militar

Gómez:

Es a mi juicio una manifestación de que las tropas no le apoyarían.”

El Teniente Coronel Carlos Jorge Salcedo declara que el Coronel Márquez le manifestó, al saberse del Golpe de Pasto, que el movimiento era general en el Ejército; que al preguntarle el declarante a Márquez que actitud tomaría el General Gaitán, Comandante de la Tercera Brigada, le contestó:

El General Gaitán no se ha definido en este asunto, pero deja hacer.”

Finalmente el General José Dolores Solano no encontró méritos suficientes contra los generales y resuelve no convocar Consejo de Guerra Verbal por los delitos contra el régimen constitucional del Estado y su seguridad interior.[12]

El General Miguel J. Neira continúa en su cargo hasta mayo de 1945 cuando es enviado a tratamiento médico a los Estados Unidos. El 22 de junio el General Julio A. Gaitán fue trasladado de Comandante de la Tercera Brigada en Cali, a Secretario General del Ministerio de Guerra, en julio pasó a la Sección de Oficiales Agregados del Departamento de Personal del Ministerio de Guerra para también en julio ser trasladado a la Caja de Sueldos de Retiro y en octubre es retirado del Ejército.

De los Consejos de Guerra Verbales que se hicieron podemos afirmar que: el Coronel Diógenes Gil fue condenado a un apena de reclusión de 10 años. El Teniente Coronel Luis Manuel Agudelo fue condenado a 8 años. El Capitán José Gregorio Quintero a 23 años de prisión y el Teniente Guillermo Cleves a 2 años.

[1] Coronel Diógenes Gil Mojica entrevista con Lucy Nieto de Samper, diario El Tiempo julio 8 de 1984.

[2] Capitán José Gregorio Quintero; “El Golpe Militar contra López”; sin editorial; Cali; 1977

[3] Mariano Ospina Peña; “Generales y Almirantes de la República de Colombia”; Editorial Así Sucedió; Bogotá; 2016

[4] Lucy Nieto de Samper; Entrevista con el Coronel Diógenes Gil Mojica; diario El Tiempo julio 8 e 1984

[5] AMDN Hoja de Vida de Julio Alberto Gaitán Vargas, Expediente 379663 Caja 30062

[6] Capitán José Gregorio Quintero; “El Golpe Militar contra López”; sin editorial; Cali; 1977

[7] Carlos Ronderos Torres; “Rebelión y amnistía: la historia colombiana del siglo XX contada por sus protagonistas; Espasa Calpe Mexicana S.A.; 2003

[8] Eduardo Zuleta Ángel; El presidente López Pumarejo; Ediciones Gamma, Bogotá; 1986

[9] Ibíd.

[10] Ibíd.

[11] AMDN Hoja de Vida Diógenes Gil Mojica Expediente 34717 Caja 3581

[12] AMDN Hojas de Vida de Julio A. Gaitán Expediente 379663 Caja 30062 y Miguel J. Neira Expediente 38768 Caja 30662