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Bogotazo 60 Años

Parte III

Mariano Ospina Peña

La Conferencia Panamericana

Las conferencias panamericanas fueron una serie de reuniones de delegados de cada uno de los países americanos entre 1889 y 1954 (iniciadas por Simón Bolívar en 1826 con el Congreso de

1945 Conferencia de San Francisco. La delegación colombiana De Pie: Jorge Koppel Holguín; José Joaquín Goori-Osorio; Abel Botero; Luis Eduardo Nieto Arteta. Sentados: Jesús María Yepes; Alberto Gobnzález Fernández; Roberto Urdaneta Arbeláez, Alberto Lleras Camargo, Miguel López Pumarejo, Eduardo Zuleta Ángel Y Silvio Villegas

1945 Conferencia de San Francisco. La delegación colombiana De Pie: Jorge Koppel Holguín; José Joaquín Goori-Osorio; Abel Botero; Luis Eduardo Nieto Arteta. Sentados: Jesús María Yepes; Alberto Gobnzález Fernández; Roberto Urdaneta Arbeláez, Alberto Lleras Camargo, Miguel López Pumarejo, Eduardo Zuleta Ángel Y Silvio Villegas

Panamá), con el fin de ampliar el panamericanismo, un movimiento político, económico y social que busca crear, fomentar y ordenar las relaciones, la asociación y cooperación entre los estados americanos en los diferentes aspectos de interés común.

La VIII Conferencia Panamericana fue celebrada en la ciudad de Lima en 1938. Se habían reunido en otras dos oportunidades, en la Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y de

la Paz en marzo de 1945 en Chapultepec, México. A partir de 1945 y con la Guerra Fría, EE.UU. considera que la amenaza de la posible instalación de regímenes comunistas o demasiado reformistas en América también implica una intervención foránea por lo que sus fuerzas militares y servicios de inteligencia debían intervenir con el fin de evitar el acceso de la izquierda al poder, en América.

En la ciudad de en Río de Janeiro en 1947 se realizó la Conferencia Interamericana para el Mantenimiento de la Paz y la Seguridad del Continente para lo cual se establecieron las bases del TIAR, Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca o Tratado de Río. Así Bogotá fue escogida para la IX Conferencia Panamericana, la primera que se efectuaba desde la II Guerra Mundial, con asistencia de delegaciones de todos los países americanos. Este se llevaría a cabo entre el 30 de marzo y el 30 de abril de 1948. En las deplorables condiciones políticas y de orden público ya descritas se llega a la Conferencia Panamericana, organización precursora a la OEA.

Conferencia de Bogotá y la Guerra Fría

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial Europa estaba en escombros

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial Europa estaba en escombros

1948, principios de la guerra fría. Los estadounidenses y soviéticos tienen su propia agenda la cual los tiene en pugna para imponer sus respectivas doctrinas. El comunismo soviético se había expandido en dimensiones extraordinarias. Tras la culminación de la II Guerra Mundial el oriente europeo quedó bajo su influencia directa. Todas estas naciones habían caído bajo el yugo del comunismo ruso. La crisis económica pos guerra en Europa Occidental amenaza aterradoramente las libertades individuales. El inconformismo es radicalizado por revolucionarios. Los Estados Unidos ante la imperante necesidad, crean el rescate mediante el Plan Marshall para la reconstrucción de las devastadas naciones. El extraordinario éxito soviético logró que su esfera de influencia se multiplicara y tenían sus ojos puestos en América. El hemisferio occidental era de los estadounidenses y ellos utilizaban todo su poder e influencia para imponer su doctrina capitalista. Los estadounidenses no permitían ninguna otra alternativa. Ya tenían problemas de izquierda en Venezuela, Guatemala y Bolivia, tal vez Perú con el Aprismo. El Presidente Truman había anunciado que los Estados Unidos financiaría la resistencia de los países que quisieran luchar por la preservación y la libertad amenazadas.

En respuesta, los estadounidenses utilizarían la IX Conferencia como un escenario adecuado para la condena y compromiso de las naciones americanas en la configuración de un pacto anticomunista hemisférico. Así dándole la mayor importancia, la delegación americana incluía al General George Marshall, Secretario de Estado, héroe de la Segunda Guerra Mundial, Premio Nobel de Paz por el plan de su nombre y apóstol de la democracia (había recorrido medio mundo predicando el capitalismo). Su presencia dio una mayor altura al evento. Los delegados latinoamericanos creían que vendría con la maleta llena de dólares para repartir entre las naciones asistentes.

El ex presidente Alberto Lleras Camargo actuaba como Director General de la Unión Panamericana, cargo al que había accedido poco después de entregar el gobierno al Presidente Mariano Ospina en 1946. El 30 de marzo de 1948, en solemne ceremonia presidida por el Excelentísimo Señor Presidente de la República Mariano Ospina Pérez, se inauguró, en el Capitolio Nacional, la Novena Conferencia Internacional Americana. La delegación colombiana estaba compuesta por cuarenta miembros, encabezada por el Dr. Laureano Gómez Castro, Canciller de la República y Presidente de la Delegación. El Dr. Carlos  Lozano y Lozano actuaba como vicepresidente de la Delegación.

Al Canciller colombiano le correspondió presidir la IX Conferencia y en su instalación, tras las palabras del Presidente de la República se dirigió a los asistentes:

“Creo que tenemos derecho, en esta nuestra primera reunión, para ser optimistas respecto del resultado de nuestras deliberaciones. La posición de toda América en esta hora convulsa del mundo, es privilegiada, porque nunca como ahora puede llamarse Continente de la Paz a nuestro continente. No solamente por haber experimentado en menor proporción las devastaciones de las ultimas guerras que flagelaron el planeta, sino merced a un concepto persistente buscado a lo largo de más de un siglo, que ha venido acendrándose y concretándose, unas veces bajo el influjo saludable de los periodos de tranquilidad en que la humanidad ha podido respirar menos angustiosamente, otras como reacción ante el espectáculo de creciente terror de las contiendas armadas”.

En otro aparte de su discurso, dijo Laureano:

“La resolución novena prevé que aquí se estructure un pacto constitutivo que reorganice, consolide y fortalezca la Unión de las Repúblicas Americanas, en el cual se establezcan las bases fundamentales de una organización jurídica y política que traduzca el anhelo de todos los países del continente, de promulgar una norma constitucional armónica, estable y eficaz, que permita alcanzar definitivamente, como aporte insuperable a la concordia universal, los propósitos comunes de mantener la paz y la seguridad del hemisferio y fomentar el bienestar de

El General Marshall se dirige a los delegados de la Conferencia Panamericana

El General Marshall se dirige a los delegados de la Conferencia Panamericana

pueblo.”

En sesiones iníciales, Marshall incluyó el tema del Pacto Anticomunista que a pesar de algunas leves señales de inconformismo se dio al final de la reunión. Colombia el día tres de abril rompió relaciones con la Unión Soviética.

La izquierda no iba a dejarse condenar sin una pelea. Aquí no hablamos de la izquierda nacional. Hablamos del plano superior, el comunismo internacional. La condena no proviene de la derecha colombiana sino de la derecha internacional en boca del General Marshall y esa su misión, por lo tanto en su defensa, había desde enero con el apoyo de Moscú, preparado toda suerte de disturbios y protestas para sabotear la Conferencia Panamericana. En estas deplorables condiciones políticas y de orden público al interior del país se llega a la Conferencia Panamericana, organización precursora a la OEA. La novena que se celebraba. Era una organización de las naciones americanas y todas enviaron sus delegados.

La izquierda no iba a dejarse condenar sin una pelea. No nos referimos a la izquierda nacional. Hablamos del plano superior, el comunismo internacional. La condena no proviene de la derecha colombiana sino de la derecha internacional en boca del General Marshall y esa su misión, por lo tanto en su defensa, había desde enero con el apoyo de Moscú, preparado toda suerte de disturbios y protestas para sabotear la Conferencia Panamericana. El 3 de marzo es atacado el entonces Canciller, el liberal, Domingo Esguerra. El 11 los estudiantes asaltan el Ministerio de Educación. El 18 de marzo, los disturbios llegaron hasta el punto en que el automóvil del Embajador Viterio Lafonte del Ecuador, fue volcado y luego atacados los almacenes de la carrera séptima. En uno de los balcones de la vía el representante liberal Tiberio Gálvis, trató infructuosamente de arengar a los amotinados. Al no poder hacerlo bajó a la calle gritando insultos contra las fuerzas del orden. También estalla una bomba en el Ministerio de Gobierno. En los primeros días de abril y en plena Conferencia, es capturado un hombre colocando una bomba en el salón de Sesiones de la Conferencia.

Los gaitanistas se unieron a las protestas. Jorge Eliecer no asistió a la Conferencia Panamericana, por oposición de Laureano según dice Arturo Alape, pero según afirma Joaquín Estrada Monsalve la invitación se la había cursado el Dr. Eduardo Zuleta Ángel para que se integrase a la representación nacional. El caso es que Gaitán recibió mucha presión para entrar a colaborar en el sabotaje a la Conferencia.

“Todas (las presiones), dijo, las rechacé rotundamente”.

La Brigada de Institutos Militares

Los Oficiales del Batallón Guardia de Honor

Los Oficiales del Batallón Guardia de Honor

La Brigada de Institutos Militares o BIM es la actual Décimo Tercera Brigada que en 1948 consistía en las siguientes unidades: las Escuelas de Artillería, Caballería, Infantería y la Escuela de Motorización.  El Batallón Caldas (ingenieros militares), el Batallón de Policía Militar, el Batallón Guardia Presidencial y la Escuela Militar de Cadetes. Es importante no confundir las oficinas como el Ministerio de Guerra, el Estado Mayor o las del BIM, con las unidades militares. En estas últimas no hay tropas, solo hay unos pocos estafetas para el servicio de las oficinas y los respectivos centinelas.

El Gral. Ricardo Bayona Posada había recién recibido en marzo, el comando de la Brigada de Institutos Militares (la guarnición de Bogotá, hoy Decimotercera Brigada). El periodo de desacuartelamiento de las tropas que habían cumplido su servicio militar se había efectuado, con lo que el pie de fuerza de Bogotá quedó muy reducido y en manos de reclutas, muchachos, muchos, sin experiencia que apenas habían ingresado y no había hecho aún prácticas de tiro. La única unidad completa y con personal antiguo que tenía el ejército, era el Batallón Guardia de Honor (Presidencial). En todas las demás guarniciones había escasez de tropas. Por lo tanto, en total eran 700 hombres, incluidos los 200 del Batallón Guardia de Honor. Este último era el único batallón con el personal completo de todas las unidades bogotanas.

“El 6 de marzo fui ascendido a general y destinado al comando de la Brigada de Institutos Militares (hoy Decimotercera Brigada), fui relevado del comando de la Tercera Brigada por el señor Coronel Rojas Pinilla y llegue a la capital de la República en los últimos días del marzo, habiendo tomado el mando de la Brigada de Institutos Militares y por lo tanto de la guarnición de Bogotá, en los primeros días del mes de abril. Es decir, en la fecha del asesinato del doctor Gaitán. Si bien tenía el mando de la Brigada, lógicamente aún desconocía la situación en la cual se encontraba dicha unidad operativa, lo único de lo cual tenía absoluta seguridad y me tenía preocupado, era que la mitad del personal de soldados apenas hacia un mes que había llegado a los cuarteles y menos de una semana de recibir los fusiles. Con reclutas de menos de un mes de instrucción militar y que aún no habían hecho la primera puntería, tendría que afrontar cualquier situación difícil o fácil que se me pudiera presentar.[1]

La Policía de Bogotá

En la ciudad, los cuerpos de Policía estaban compuestos por quince divisiones de aproximadamente 300 hombres cada una, además de la Guardia de Cundinamarca con otros 500 agentes. Esta seguía siendo aquella policía politizada desde el año 30. Los liberales desde el congreso habían impedido su cambio o traslado. Las unidades de policía tanto departamentales y municipales sí habían recibido algunos cambios pues la política de Unión Nacional del Gobierno había nombrado gobernadores de ambos partidos. El mismo Secretario de la Presidencia, Rafael Azula Barrero, como ya vimos, afirmó que la policía liberal desobedecía órdenes de los gobernadores conservadores. También vimos como el gobernador de Boyacá, José María Villareal había introducido elementos de la vereda Chulavita en reemplazo de elementos de carácter liberal.

Agente Miguel Ángel Cubillos Castro de la V Estación de Policía: “En la policía se hablaba mucho de Gaitán. La policía de Bogotá, tal vez un setenta por ciento era gaitanista. Después de que se conoció a fondo su ideal político, yo creo que más del ochenta por ciento simpatizaban mucho con el doctor Gaitán. Él se hizo popular, se hizo estimar mucho del cuerpo uniformado, porque una vez defendió a un agente antiguo, que había defendido el pudor de una niña una noche, estando de servicio, cuando trataron de violarla algunos elementos y estos reaccionaron violentamente contra el agente, y a él le tocó disparar contra uno de los tipos y lo mató. El doctor Gaitán defendió al agente y lo puso libre. Lo tenían creo, preso en la Cárcel Modelo, lo hizo traer y esa tarde de la audiencia lo sacó uniformado a prestar sus servicios común y corriente. Ese hecho influyó para que la policía se hiciera gaitanista.[2]

Mientras las radiodifusoras soliviantaban al pueblo, en las oficinas del radio periódico “Ultimas Noticias” se conformaba una “junta revolucionaria” y se designaba un “Comité Ejecutivo de la Junta Central Revolucionaria” que se integró con las siguientes personas: Presidente: Gerardo Molina. Vicepresidente: Adán Arriaga Andrade. Vocales: Jorge Zalamea Borda y Rómulo Guzmán. Acto seguido, el Comité Ejecutivo anunció que provisionalmente se hacía cargo del gobierno de la nación, y procedió a designar, mediante decreto, “el Comando de Oficiales Revolucionarios de la Policía Nacional, bajo cuyas órdenes habrían de ponerse a discreción todas las fuerzas de policía de la Capital. El Comité Revolucionario fijó su centro de operaciones en la V División de policía (carrera 5 calle 30), y de inmediato se puso en contacto con las otras divisiones con el objeto de concentrar en esta División y en la X al personal sublevado y a civiles revoltosos. En la V División desempeñaba el cargo de “Jefe Revolucionario” Adán Arriaga Andrade (ex ministro de trabajo), y con el mantuvieron permanente contacto telefónico las personas que se encontraban en “El Tiempo” y los jefes liberales que fueron a Palacio a conferenciar con el Presidente Ospina. La policía armó a 2000 ciudadanos para tumbar a Ospina.[3]

General Carlos Vanegas

General Carlos Vanegas

Cuenta el General Carlos Vanegas, miembro de la alta cúpula militar de la época:

“En esta división se reunieron algo así como dos mil hombres en armas, y fue en ese lugar en donde se armó a muchos civiles y se entregaron sendos fusiles a Fidel Castro y Rafael del Pino. No obstante el crecido número de revoltosos, parece que los policías sublevados pertenecientes a la V y X divisiones no ascendían a dos mil entre ambas estaciones, personal que estaba al mando de los comandantes desleales Tito Segundo Orozco, y Hernando Albornoz Plata”.

Agente Fidel Hidalgo: En casi todas las divisiones de Policía de Bogotá ocurrió lo que en la VII, donde el comandante Eduardo Fajardo Motta desarmó y encarceló a los 29 agentes no revolucionarios, y con los oficiales capitán Ariosto Silva y tenientes Hugo Acosta Pinzón, Pedro Vicente Reina, Ezequiel Correa y Jesús Arévalo (vestidos de civil) y el personal de tropa se trasladó a la V División. La presencia callejera de los amotinados de la V División se sufrió en Bogotá hasta el domingo 11 cuando fueron abatidos los últimos francotiradores, no obstante que la V División, a nombre de toda la policía sublevada, depuso las armas el sábado a las cinco de la tarde.

A pesar de las serias advertencias de los altos mandos en no desacuartelar las tropas, Laureano, quien actuaba como Canciller y organizador de la Conferencia Panamericana, en conjunto con el Coronel Virgilio Barco Céspedes, oficial del ejército, Director de la Policía, se habían puesto de acuerdo para organizar un cuerpo bien entrenado y bien equipado para salvaguardar y proteger los delegados y la Conferencia. Barco era un militar de vieja data, había sido combatiente en la guerra con el Perú en 1933, egresado de la escuela militar en 1924 o 25. Consideraban que era más que suficiente. Estos agentes del nuevo cuerpo, estrenaban uniformes y llevaban unos cascos de aluminio cuyo parecido a bacinillas había hecho que los bogotanos burlonamente los bautizaran precisamente así, bacinillos.

La Policía

La adhesión de la policía al levantamiento del pueblo gaitanista se produjo el mismo 9 de abril. Los cuarteles de la Quinta División, suficientemente conocida por su participación beligerante en los acontecimientos de aquellos días, hacían parte del vecindario de La Perseverancia; de allí salieron fu­siles, revólveres y hasta bombas molotov para armar a corajudos gaitanistas, dentro de los que se encon­traban, naturalmente, habitantes del barrio. La re­sistencia se mantuvo durante cuatro días, hasta el 12 de abril.

“Cuando llegamos a la Quinta División los policías que estaban ahí nos recibieron bien, nos entregaron fusiles y revólveres, nos informaron que no había necesidad de que nos tomáramos el cuartel porque ellos estaban del lado nuestro; entonces la mayoría de los que íbamos cogieron para el centro y otros permanecimos cerca para lo que se ofreciera. La Quinta División fue la única que ofreció resistencia al gobierno y la única que estuvo dispuesta a marchar sobre el Palacio; ahí estaba el teniente Luis Eduardo Aldana que vivía en el barrio. Ese día llovió fuerte­mente y ya por la noche nos dividimos en grupos para patrullar por los alrededores porque había rumores de que el gobierno pensaba bombardear la División. Las patrullas estaban compuestas por personal civil y por policías que eran los que entendían de esas cosas. Nosotros pensábamos: pues si bombardean el cuartel nada tiene de raro que al barrio también le tiren… Entonces patrullábamos también para proteger el barrio. Por la noche se escuchaban ráfagas cerca al cuartel y francotiradores cerca del barrio. El día diez pasaron tres aviones dando vueltas y siguieron los disparos desde el colegio de San Bartolomé la Mer­ced. El patrullaje también se continuó. Por ahí des­de las cinco de la mañana se trató de organizar una marcha para ir a tomarnos el Palacio Presidencial. En la marcha había mucha gente, éramos como unos 10 mil, la gente del barrio estaba metida ahí, además nos sentíamos seguros porque los de la Quinta nos apo­yaban y nosotros teníamos escopetas, machetes, cu­chillos y cosas así. La marcha cubría como desde la calle 27, frente a la División de policía, hasta por ahí la calle 24. A media mañana, que esperábamos una orden para comenzar a avanzar, aparecieron unos tanques del ejército y todo el mundo comenzó a co­rrer y a buscar escondederos entre los matorrales, porque por ahí había mucho de eso. Los tanques pasaron disparando y mataron a varias personas, eso fue terrible y entonces ya todo se dispersó y la marcha no se hizo.” [4]

La Radio Nacional

A diez minutos del atentado contra el líder liberal, Ultimas Noticias difundió el acontecimiento instando a la toma de las emisoras para emitir proclamas revolucionarias. Con asombrosa rapidez estas fueron cayendo, una a una, en manos de comunistas quienes las utilizaron en levantar al pueblo contra el gobierno y los ciudadanos de filiación conservador. Instaban al asesinato de inocentes ciudadanos con el fin de exterminar todo vestigio del partido de gobierno por lo que iniciaron la más horripilante orgía de sangre y muerte. La más importante fue la radiodifusora nacional que había sido tomada hacia las dos de la tarde, por Gerardo Molina, el rector y estudiantes de la Universidad Nacional. Era la emisora de mayor capacidad, cuya señal alcanzaba buena parte del país. Allá llegó más tarde Jorge Zalamea y su hermano Luis.

Ante la gravedad de la situación, el Presidente Ospina ordenó se les suspendiera el fluido eléctrico, pero el gerente de la electrificadora, Jaime Samper se negó en hacerlo, ya que él consideraba que

La radiodifusora nacional fue recuperada por el Coronel Ospina de la Escuela de Caballería

La radiodifusora nacional fue recuperada por el Teniente Coronel Mariano Ospina de la Escuela de Caballería

el gobierno no estaba en control de la situación. El primer mandatario ordenó al ejército callarlas, pero el personal militar escaseaba y estaba ocupado en la toma de puntos estratégicos de la ciudad. No tenían el personal necesario para cumplir las órdenes del Presidente. Así a las cinco de la tarde continuaban con sus incendiarias transmisiones.

Ricardo Bayona Posada: La radiodifusora nacional, situada en la calle 26 con la carrera 14, tomada por los revoltosos, seguía en su transmisión revolucionaria, entonces con personal del escuadrón que teníamos en el Ministerio se envió una patrulla fuerte para tomarla. Cabalmente en ese sitio había habido un incendio producido por manos criminales; los bomberos llegaron a cumplir con su deber pero la chusma se opuso y los bomberos dejaron conectadas las máquinas y se fueron. Cuando llegó la patrulla, fue recibida por chorros de agua lanzados por las mangueras de apagar incendios y por lo tanto un soldadito o dos, de los de la tropa que había ido a tomarse la radiodifusora, se volvieron al ministerio a informar al respecto. El entonces teniente coronel Mariano Ospina, comandante de la Escuela de Caballería, ante la dificultad de hablar con el comandante de la Brigada, dio órdenes especiales en su Escuela, dejó claras instrucciones al subcomandante de la misma y se presentó en el Ministerio de Guerra para organizar, con base en el escuadrón, lo necesario para el caso. Yo hablaba con el Teniente Coronel Ospina en el patio del Ministerio, cuando fuimos informados de lo ocurrido a la patrulla que había salido a tomarse la radiodifusora. El Coronel Ospina me pidió permiso para ir él mismo personalmente a cumplir esa misión, desmontó al corneta y a pesar de estar con pantalones y con calzado de calle, se montó así en el caballo del corneta y con el entonces capitán Alfredo Ángel Tamayo y 15 jinetes más, marchó al galope hacia la radiodifusora, la callaron y la tomaron.”

Luego comenta el mismo oficial sobre una reunión que se tuvo lugar en el despacho del Ministro de Guerra en la noche del 9 o madrugada del 10:

“Hablaba yo con algún oficial sobre el éxito de alguna de las operaciones militares llevadas a cabo cuando llegó un estafeta del Estado Mayor y me comunicó que me esperaban en el despacho del señor Ministro. La cita era del Canciller Gómez y a ella concurrieron también los generales Germán Ocampo, Rafael Sánchez Amaya, Carlos Vanegas, Hernando Mora, Julio Londoño y el Ministro Andrade. El General Sanjuán, se encontraba desde las primeras horas en Palacio. El Canciller algo exaltado con la magnitud de la tragedia, sentado en la silla del escritorio del Ministro de Guerra, hizo algunas preguntas mientras movía de un lugar a otro los dos teléfonos que estaban sobre el escritorio del Ministro. Uno, el negro, el común, y el otro blanco, el de la comunicación directa con el Presidente de la República. Una pregunta fue: ¿Por qué la tropa no había procedido con mayor rapidez y no procedía con mayor rapidez? Señor Ministro —contestó el comandante de la Brigada— la tropa procedió y ha procedido y está procediendo con gran rapidez, lo que pasa es que es imposible atender a tantos frentes cuando el número con que se cuenta es insuficiente y cuando la Policía, que era la llamada para imponer el orden, no solo no lo hizo, sino que está con los revoltosos en contra de nosotros; y además en los cuarteles, en donde están los depósitos de munición y el armamento, es necesario dejar un personal suficiente para que los defienda, en el caso, bastante probable, de que los cuarteles sean atacados por la chusma o por la Policía. Otro de los generales, tal vez fue Sánchez Amaya, u Ocampo, manifestó enseguida, que estaba para llegar una compañía del Batallón Bolívar de Tunja; que habían dado órdenes para traer una tropa de Puerto Leguízamo que llegaría en los horas de la mañana y que se esperaba reforzar la guarnición trayendo personal de lugares en donde no fuera necesario. Una segunda pregunta fue: ¿qué opinión teníamos los presentes respecto a que se nombrara un Gabinete Militar? La mayoría opinó que tal vez uno o dos ministros militares podían ser nombrados, pero que esa solución, seguramente, no resolvía la situación y que si se nombraba un Gabinete de solo militares, lo lógico sería que los nombrados fueran los más antiguos, es decir, lo generales y coroneles y entonces las Fuerzas Armadas quedarían sin altos jefes responsables.”

“En el despacho del Ministro de Guerra, el doctor Gómez, tal como lo había manifestado al comienzo de la reunión, volvió a insistir en que el comunismo era el responsable de lo que estaba sucediendo y nos informó que antes de llegar nosotros al despacho del Ministro de Guerra, había hablado con Palacio y que esperaba una propuesta de solución, o una solución respecto a la conversación que había tenido. Pasados unos minutos tomó el teléfono blanco, e insistió en comunicarse con Palacio, cuando los generales nos dimos cuenta de que parecía que había obtenido la comunicación, nos salimos del despacho para que pudiera hablar solo y con toda libertad y nos pasamos a la pieza de junto. El doctor Gómez nos dejó salir sin demostrar ningún deseo de que permaneciéramos cerca de él, mientras aparentemente hablaba por teléfono.”[5]

El Cuerpo Especial de Policía “Los Bacinillos”

En el despacho del Ministro de Guerra hasta ese momento solamente se había hablado respecto a nombramiento de militares en el Gabinete, o de un Gabinete Militar, y tan es eso cierto y correcto que mientras que el Canciller conversaba, o estaba conversando, o parecía que conversaba por el teléfono blanco, nosotros, repartidos en pequeños círculos en la pieza de junto, hacíamos ligeros comentarios sobre lo que estaba sucediendo. En uno de esos comentarios, el General Vanegas manifestó: “Yo por haber sido director de la Policía por varios años, conozco a sus oficiales, sé de sus intimidades y si a mi me nombraran su director, aseguro que resolvería el actual problema en que nos encontramos por el proceder de la Policía.” Es decir, que si se hubiera hablado de Junta Militar, el General Vanegas, debido a ser el más antiguo, de hecho haría parte de la junta.

Otro de los comentarios que hicimos mientras el canciller hablaba, o parecía que estaba hablando por el teléfono blanco, se relacionaba con el desacuartelamiento de tropas, antes de la reunión de la Conferencia Panamericana. Respecto a este punto, el General Mora nos comentó lo siguiente: “El General Sánchez Amaya y yo, —nos dijo el General Mora—, fuimos nombrados como representantes del Ejército en la Conferencia Panamericana y como tales asistimos a las reuniones preliminares o preparatorias de dicha conferencia. En una de esas charlas preparatorias, se habló respecto al personal de Policía y Militar que debería prestar servicio y responder por la seguridad, no solo de los delegados a la conferencia, sino de toda la ciudad y, como se comentara que se iba a desacuartelar el personal del Ejército que cumplía en ese entonces el tiempo de servicio en las filas, a algunos de los presentes les pareció un poco arriesgada tal medida y por mayoría resolvieron los señores comisionarnos, al General Sánchez y a mi, para que habláramos con el señor Presidente Ospina Pérez respecto a este punto. En atención a lo anterior, el General Sánchez y mi persona, tuvimos una conversación con el señor Presidente Ospina y lo pusimos al corriente de las inquietudes que tenían algunos de los delegados, respecto al desacuartelamiento de tropa. El doctor Ospina nos dijo muy claramente, que él había hablado sobre ese punto con el Presidente de la Conferencia, doctor Laureano Gómez, y que el doctor Gómez le había informado que cabalmente, para responder por la tranquilidad antes, en y después de la Conferencia, se había organizado un cuerpo especial de policía, el cual completamente adiestrado y entrenado como estaba, era más que suficiente para garantizar la completa tranquilidad, y que por lo tanto no se veía la necesidad de aplazar el desacuartelamiento de las tropas”.

¿Y qué hubo de tal cuerpo? —le preguntó alguno de los presentes y oyentes al General Mora—.

Cabalmente —contestó el General—, con mi compañero Sánchez Amaya nos encontramos esta mañana, o mejor dicho ayer al medio día en el Capitolio, asistiendo a una reunión de la Junta cuando se oyeron los primeros gritos de “mataron al doctor Gaitán”, todos quedamos como hipnotizados, como esperando detalles, cuando la radio repetía y repetía que el asesino de líder Gaitán era un policía y que la Policía era la asesina. No había vuelto a repetir la radio lo anterior, cuando empezamos a ver que los policías, los del cuerpo especial de que nos hablara el señor Presidente y que tenían como distintivo especial de su uniforme un amplio casco de aluminio, empezaron digo, a despojarse de los cascos y a ponerlos en el suelo contra la pared y a dejar los fusiles al lado de los cascos y a salir corriendo; o bien para evitar ser linchados, o bien para agregarse, muchos de ellos, a la chusma.[6]

¿Golpe Militar?

Nuevamente volvimos a reunirnos las mismas personas en el despacho u oficina del Ministro de Guerra. El Canciller Gómez, nos insistió otra vez, en que todo lo que estaba sucediendo, no solo en la capital de la República, sino en todo el país, se debía únicamente al comunismo, el cual era el causante de todo, y que de acuerdo con su última charla con la presidencia, parecía que la única solución era la de que una Junta Militar resolviera la situación, que por lo tanto, los generales allí presentes deberíamos trasladarnos lo más pronto a Palacio, en donde nos estaban esperando.

Ya había aclarado cuando en dos automóviles nos dirigimos al Palacio Presidencial, recorrido que se efectuó a poca velocidad, pues al salir se sintieron disparos de francotiradores y entonces, como medida de seguridad, se le dio la orden a un tanque para que nos acompañara durante el recorrido.

Cuando subimos a las oficinas de la Presidencia, la situación era aparentemente menos grave de cómo la habíamos imaginado y mientras esperábamos que nos informaran sobre el punto clave para el cual habíamos sido llamados, vimos pasar y entrar al lugar en donde estaban reunidos los directores del partido liberal, al doctor Echandía, sobre el tema que en esos momentos teníamos entre manos. Todos estuvimos de acuerdo y con alguno de los oficiales de la casa militar le mandamos preguntar que si no tendría inconveniente de hablar con los generales. En esos momentos fuimos llamados para la reunión con el señor Presidente. [7]

Sigue

 

[1] General Ricardo Bayona Posada, “Recuerdos de un ochentón”, Editorial Kelly, Bogotá, 1984

[2] Arturo Alape, “El Bogotazo”, entrevista con Miguel Ángel Cubillos Castro, Editorial Planeta Colombiana S.A., 1987

[3] Mayor General Luís Alberto Andrade Amaya, “Historia de las Fuerzas Militares de Colombia”, Tomo III Ejercito, Planeta Colombiana Editorial, 1993

[4] Corporación Bogotá Cultural

[5] Ricardo Bayona Posada, “Recuerdos de un Ochentón”, Editorial Kelly, Bogotá, 1984

[6] Ibíd.

[7] Ibíd.