A comienzos del siglo XIX, España afrontaba una situación extrema de debilidad luego aumentada por el destronamiento de Carlos IV por parte de Napoleón en favor de su hermano, José Bonaparte. Los estadounidenses temían esta debilidad crónica pudiera ser causa para la perdida de parte del Nuevo Mundo Español por otra potencia europea, en particular Inglaterra y existía un temor de la toma británica de la isla de Cuba.

En su mensaje al Congreso sobre el Estado de la Unión, Monroe estipulaba que el continente americano no sería tierra abonada para nuevas colonias europeas. Aunque aún no tenía el musculo para efectivamente hacerlo, Estados Unidos amenazaba con intervenir directamente contra cualquier potencia que intentara establecerse en punto alguno del continente americano. En esta, aceptaban la presencia europea en las colonias presentes y aseguraba no intervenir, ni en ellas o sus colonizadores. Sentó la base de las más importantes políticas estadounidenses en sus relaciones internacionales, que definitivamente afectaría todo el continente.

Se pronunciaban en un momento histórico en el cual la mayoría de las naciones latinoamericanas han recién alcanzado la independencia. España y Francia hablan de aliarse para la reconquista y la Santa Alianza rusa, la unión inicial de la Rusia Imperial, Prusia y Austria, creada en 1815 para enfrentar la exportación de la “revolución francesa”, requiere de nuevas colonias con el fin de lograr aumentar el intercambio comercial y así mismo, la obtención de materias primas.

En la Convención de Viena de 1821 la Santa Alianza aprobó, el conservadurismo antirrevolucionario, cuyo fin era eliminar todos los movimientos de tendencias liberales y parar o acabar el republicanismo. Pronto después, el ejército austriaco fue utilizado para sofocar revoluciones republicanas en Nápoles y el Piamonte italiano. En Verona en 1822, la Santa Alianza autorizó a Francia para que destruyera el constitucionalismo español y restaurar la monarquía absolutista de los Borbones en el trono. Estos hechos hacía, que algunos estadounidenses temieran que esta alianza pudiera incluso llegar al intento de tratar de eliminar el republicanismo de las antiguas colonias españolas en América, ya independientes.

Además el Presidente Monroe y el Secretario Adams estaban muy preocupados por las verdaderas intenciones de Inglaterra, quien rondaba amenazadoramente las costas americanas. Todos esperaban de Gran Bretaña la protección y de ser posible, la expansión de sus posesiones coloniales, que rodeaban los Estados Unidos. Veían además como un peligro que se aproximaba, la Rusia Imperial expandiendo sus posesiones americanas en el Pacifico, desde Alaska hasta la frontera norte del Imperio Español.

Monroe nunca proclamó doctrina alguna. Simplemente durante su discurso del Estado de la Nación ante el congreso estadounidense en 1823, afirmó dos principios, el de no colonización y el de dos esferas de influencia. Afirmaba que los países latinoamericanos habían alcanzado la independencia y no se podrían considerar súbditos para futuras colonizaciones por las potencias europeas. Desde 1810 los Estados Unidos mediante resolución de Congreso había afirmado que no aceptaría transferencias coloniales entre las potencias. En referencia a las dos esferas de influencia, afirmaba que el sistema político europeo era esencialmente diferente al de las Américas y que cualquier intento de las potencias europeas en extender ese sistema político en las Américas sería visto como “un peligro para nuestra paz y seguridad”.

El presidente James Monroe pronunció sus famosas palabras en que les previno a las potencias europeas, y en especial a las de la llamada Santa Alianza, que su gobierno vería con muy malos ojos cualquier intento de subvertir la independencia de las nuevas naciones latinoamericanas. Fue una declaración estrictamente unilateral y hecha a sabiendas de que la flota británica impediría en caso necesario semejantes aventuras. Así y todo Santander alabó el mensaje de Monroe como un “acto eminentemente justo y digno de la tierra clásica de la libertad“, y le escribió a Bolívar que ésta había, “hecho fuerte impresión en Europa“. Santander se daba perfecta cuenta de que la declaración norteamericana debía buena parte de su valor a una identidad de miras con la política británica; no le escatimó elogios, sin embargo, Bolívar, no la tomó tan en serio.[1]

En 1848 el Presidente James Polk desempolvó las viejas palabras de Monroe y las elevó a la categoría de Doctrina con el fin de parar a los británicos, quienes se encontraban tratando de hacerse a la península de Yucatán. Ahora si nacía la Doctrina Monroe en la forma en que la conocemos hoy.

Tras la guerra Hispanoamericana la armada estadounidense desarrollo mayores intereses en los asuntos caribeños. A mediados de 1901 fue creada la Junta General de la Armada para recomendar al Secretario de la Armada, sobre estrategias navales a largo plazo. El héroe de la guerra hispanoamericana, Almirante John Dewey ocupaba la posición de director de la Junta, y comentaba sobre la política hemisférica estadounidense:

Si el principio de la Doctrina Monroe, la cual es política de este gobierno, cubre toda la América del Sur, incluyendo la Patagonia y Argentina, lo que no es de la consideración de la Junta General, pero sí de principios de estrategia, el mantener un control naval por medio de la fuerza más allá de la Amazonia, se hace impracticable con éxito, por los defectos en nuestra posición geográfica, a menos que las condiciones actuales sean radicalmente ajustadas.[2]

En otras palabras el Director de la Junta General de la Armada pide al gobierno de, ni más ni menos, el Presidente Teodoro Roosevelt denominado por los mismos gringos como Madman Teddy, más buques y más bases en el Caribe con el fin de cumplir cabalmente con la Doctrina Monroe en toda Latinoamérica. Claro que la Armada lo que hacía era utilizar la Doctrina Monroe, para tratar de resolver sus temores de una intervención alemana. Los planificadores navales estaban obsesionados con los supuestos designios alemanes en el hemisferio y afanosamente hacían esfuerzos con el fin de asegurar bases navales en el Caribe. Creían que Alemania retaría la Doctrina Monroe y atacaría la isla de Culebra y otros puntos estratégicos en las Indias Occidentales.

Ya definitivamente la Doctrina Monroe había dejado de ser un chiste internacional. Afirmaría Teddy:

la Doctrina Monroe es ni más ni menos, tan fuerte como la Armada de los Estados Unidos.”[3]

Las relaciones latino estadounidenses a partir de ahora se enmarcarán dentro de lo que los estadounidenses denominan, defensa hemisférica, alejando a las potencias, quienes teniendo la fuerza necesaria, estaban dispuestos en hacer respetar los reclamos de sus ciudadanos y sus bienes, en principio, en forma diplomática y en últimas por medio de sus cañoneras. Dos factores adicionales se tendrán en cuenta. La ideología del jingoismo, que se adjudicaba la obligación de los Estados Unidos, como diría “Madman Teddy”:

mostrar a esos Dagos[4] que tendrán que manejarse correctamente”.

El segundo factor era la percepción que los poderes europeos, en particular Alemania, utilizaban los reclamos de sus ciudadanos como subterfugio para probar los límites de la Doctrina Monroe. Había que impedir que los justos o no justos reclamos de los poderes extra hemisféricos, se convirtieran en concesiones territoriales. Ahí nace el Corolario Roosevelt, una adición a la Doctrina Monroe.

1902: Una caricatura de Inglaterra y Alemania respondiendo a un bloqueo de Venezuela por el incumplimiento en el pago de su deuda externa.

Para “Madman Teddy” no bastó su “splendid little war” con España, ni el raponazo de Panamá o su política del “big stick”.[5] Su enmienda a la Doctrina Monroe o Corolario entrega el “derecho” a los Estados Unidos para intervenir con el fin de estabilizar los asuntos económicos de las pequeñas naciones caribeñas y centroamericanas (léase Latinoamericanas) incapaces de cancelar sus deudas, adquiridas especialmente de banqueros en Inglaterra y Alemania, quienes según los yanquis, afanosamente buscan lograr acuerdos territoriales o territorios en América. Así se legaliza el intervencionismo estadounidense en el continente. Se convierte Madman Teddy en el Policía de América. La mayor preocupación de Roosevelt era la defensa del ahora canal estadounidense de Panamá, en construcción.

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[1] Lars Schoultz, “Beneath the United States”, Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, 1998

[2] Junio 25 de 1901, Almirante Dewey al Secretario de la Armada, General Board Subject Files, no. 171, “Doctrina Monroe, División Histórica de la Armada, Archivos Operativos.

[3] Ivan Musicant, “The Banana Wars”, Macmillan Publishing Company, Nueva York, 1990

[4] Como siempre, Madman Teddy se refiere en forma despectiva a los latinos. Dago es una corrupción anglo del nombre Diego, forma en que despectivamente se venían refiriendo a los mexicanos a mediados de siglo anterior.

[5] Roosevelt tomó de un viejo proverbio africano su célebre frase, “habla suavemente pero lleva un gran garrote, así llegaras lejos”, con lo cual definió su política exterior la cual sería conocida como la política del garrote. Utilizó el proverbio por primera vez, siendo vicepresidente, en la Feria Estatal de Minnesota el 2 de septiembre de 1901, apenas un par de semanas antes de asesinato del Presidente McKinley.