Tomado de Yanquis y Latinos 200 Años por Mariano Ospina Peña

En España, su aliado Napoleón Bonaparte, envío tropas para reforzar el ejército franco-español ocupando a Portugal. En febrero ordenó a sus comandantes tomarse los fuertes españoles y terminó

Napoleón Bonaparte

Napoleón Bonaparte

invadiendo España. Forzó el derrocamiento de Carlos IV, quien fue reemplazado por su hijo Fernando. Apresó a los dos reyes y colocó a su hermano José Bonaparte, en el trono español. De inmediato estalló un movimiento en rebeldía al nuevo monarca francés en España.

Este movimiento se trasladó a las colonias españolas de América, quienes se negaban en aceptar la autoridad de Bonaparte como rey de España. Declararon temporalmente vacante el trono yorganizaron juntas para un autogobierno temporal. En principio aducían actuar en nombre del monarca legítimo, Fernando VII, hasta que el rey se pudiese liberar de los franceses para reasumir el gobierno del Imperio español. En la práctica, las juntas eran gobiernos autónomos, lo que conllevó a declaraciones de independencia. Sin embargo las autoridades españolas en las colonias continuaban gobernando y buscando acabar estos nuevos gobiernos, generalmente lograban el suficiente apoyo de los locales, para crear una férrea resistencia. Claro que la resistencia no fue igual en todas partes, lo cual creó diferentes teatros regionales de guerra y lucha independista.[1]

Simultáneamente los latinos comienzan a crear y seguir caudillos. El caudillismo no fue una creación de los latinos ya que a través de la historia, encontramos cientos de ellos en todos los países e idiomas. En principio, ésta autoridad era un esfuerzo por llenar el vacío resultante al deponer la autoridad institucional del Rey. Al promover una irrestricta lealtad a la persona del nuevo líder, esta se basaba en su carisma para mantener las fuerzas políticas bajo control. En algunos casos el caudillismo se legitimaba mediante elecciones, pero en muchos casos se seguía un modelo dictatorial en el cual se recurría a la violencia, cuando la lealtad hacia el líder fallaba.

Manuel Hidalgo, Simón Bolívar y José de San Martín

Manuel Hidalgo, Simón Bolívar y José de San Martín

Así comenzaban a aparecer en México, un Miguel Hidalgo, vestido de cura y con un estandarte de la Virgen de Guadalupe, un Simón Bolívar el Libertador, quien blandió tanto espada, como pluma, para emancipar cinco naciones suramericanas, un José de San Martín quien escalaba los Andes para liberar a Chile, o José de Francia, el célebre Dr. Francia en Paraguay. Después vendría un Antonio López de Santa Ana, un Juan Manuel de Rosas, un Andrés Santa Cruz y el paraguayo Francisco Solano López.[2] La influencia del caudillismo quedaría muy arraigada en la mente colectiva de los latinos durante siglos.

Al estallar los conflictos de independencia en las colonias españolas y portuguesas, el comercio con los Estados Unidos se multiplicó. Los comerciantes yanquis en los grandes puertos de Nueva Inglaterra se acostumbraron a servir los mercados, que por tantos años les habían sido negados por las restricciones españolas y exigieron de su gobierno, el mantenimiento de la apertura comercial.

Sin embargo los británicos, quienes se habían visto privados de sus socios comerciales europeos por las guerras napoleónicas y la imposición del sistema continental de Napoleón en Europa, se

Francisco Solano, José de Francia y Juan Manuel Rosas

Francisco Solano, José de Francia y Juan Manuel Rosas

lanzaron a la ofensiva comercial en las colonias españolas rebeldes de América. El Príncipe Juan, regente portugués, al solicitar la ayuda británica para trasladar su corte al Brasil, era consciente de los intentos británicos de “reparar en el Nuevo Mundo, las pérdidas sufridas por su comercio en el viejo mundo”. Lo que deseaban los británicos era abrir los mercados brasileros, solamente a la Gran Bretaña, convirtiendo al Brasil en una dependencia suya y así establecer entre la Gran Bretaña y Brasil una relación de soberano y súbdito. Pero el Príncipe Juan aprovechando la ausencia del Ministro británico, declaró los puertos de Brasil abiertos a todas las naciones amigas. Los demás países latinos hicieron más o menos lo mismo, adoptando el intercambio comercial con todos los países amigos. Intercambio sujeto a moderadas tarifas aduaneras, con el fin de generar ingresos, aunque impuestos proteccionistas más altos se adoptaban en beneficio de los productores locales políticamente poderosos. Mientras tanto La Riqueza de las Naciones de Smith era utilizada por los incipientes exportadores latinos, para tratar de ingresar en el protegido mercado británico.[3]

A mediados de 1810 el ahora Secretario de Estado, Robert Smith advertía a los británicos, se mantuvieran alejados de la Florida. En septiembre, el Congreso hizo su primer pronunciamiento oficial en referencia a Latinoamérica y aprobaron la resolución de No Transferencia. No se aceptarían transferencias de colonias entre poderes extraños a América.

Esta primera mitad de siglo serviría para crear la mentalidad que influenciará las relaciones con Latinoamérica. Se iniciaría específicamente por el de la seguridad nacional y el expansionismo.[4] Bajo esta óptica quedaría por siempre Cuba y Puerto Rico.

Estos y los conflictos independistas latinoamericanos con sus embargos, bloqueos y privatizaciones, temporalmente redujo el volumen de las exportaciones estadounidenses a las colonias rebeldes españolas, creando una demanda solo satisfecha, una vez las hostilidades cesaran.

Francisco de Paula Santander

Francisco de Paula Santander

Durante la independencia, muchos de los revolucionarios creían que obtendrían apoyo oficial para sus movimientos, pero las políticas del gobierno estadounidense se mantuvieron en la neutralidad.

Al colombiano Francisco de Paula Santander no le fascinaban los asuntos internacionales de la misma manera que a Simón Bolívar, pero él había comentado (igual que el Libertador), la aparente indiferencia del gobierno norteamericano hacia la lucha de emancipación de las repúblicas hispanas.[5] Aunque sí era cierto, también era difícil para los estadounidenses formular una política exterior con respecto a los latinos. Existían 4 centros de poder diferentes en la lucha independista. Cada uno tenía diferentes móviles, causas y líderes. La Nueva España compuesta de México y Centroamérica, La Plata con Argentina, La Nueva Granada con Colombia y Venezuela y por último Brasil. Todos con formidables obstáculos naturales y militares entre sí, que impedía una integración.

Al estallar las guerras independistas, el Presidente Madison trató a los rebeldes con lo que él denominó “filantropía agrandada”, lo que se traduciría en una

James Madison

James Madison

autorización de venta de armas por parte de los fabricantes y comerciantes estadounidenses. Mucho más pasivo, el Congreso afirmó su “interés amistoso” en la independencia de Latinoamérica y por lo tanto los poderes europeos fueron notificados por el Secretario de Estado, James Monroe, que los Estados Unidos tenían “interés en la independencia de las provincias españolas.”[6]

En el Alto Perú, el pueblo de La Paz apresó al gobernador local y al obispo y declaró la independencia de España en 1809. Aunque la rebelión fue corta, se convertía en la primera de una colonia española en América. El manifiesto oficial otorgaba a los indígenas, criollos y mestizos los mismos derechos. La rebelión pronto se convirtió en una lucha étnica y de clases, lo que permitió que fuera sometida fácilmente por tropas españolas procedentes del Lima, con el apoyo de criollos locales. Claro que esta venía precedida de otra en Chuquisaca entre el Presidente de la Audiencia, quien favorecía lealtad a la Junta que gobernaba a nombre de Fernando y los jueces de la Audiencia quienes consideraban que en ausencia del monarca legítimo, el poder revertía a la localidad. En este conflicto se unieron los estudiantes criollos de la Universidad de San Francisco Javier, la tercera establecida por España en el Nuevo Mundo y a la cual acudían estudiantes de todo el sur del continente suramericano.[7]

James Monroe

James Monroe

En México el movimiento independista comenzó en 1810 liderado por el sacerdote radical Miguel Hidalgo, a pesar de sus grandes victorias, no logró tomarse Ciudad de México. La lucha adquirió características de una lucha de clases, grandes atrocidades se cometieron contra los españoles residentes. Los criollos aristócratas, a pesar de sus desacuerdos con el régimen colonial español, temiendo convertirse en el próximo blanco de los ataques, apoyaron a los realistas. Tras la ejecución de Hidalgo, recogió sus banderas otro sacerdote, José María Morelos quien tampoco logró la confianza de la aristocracia criolla. Solo hasta 1821 cuando un aristócrata como Agustín de Iturbide logró negociar una alianza con los sucesores de Hidalgo y Morelos, se logró la independencia y no fue que se buscara. Iturbide propuso a España coronar un príncipe español como monarca constitucional de México. Al negarse España, Iturbide se convirtió en el Emperador Agustín I.[8]

En la Nueva Granada también se escuchó el grito de la independencia el 20 de julio de 1810 y Cartagena de Indias declaró su independencia en 1811. Ese año se formaba las Provincias Unidas de la Nueva Granada. Los Estados Unidos, sin otorgar un reconocimiento diplomático, se acercaron con el fin de incrementar las relaciones comerciales y competir con los esfuerzos ingleses. Pero los Estados Unidos se concentraron más en Venezuela que en la Nueva Granada. En 1810 llegaba a La Guaira, Robert Lowry, un agente comercial.

Los granadinos solicitaron el apoyo estadounidense, en particular para armas y municiones. La Junta gobernante en Bogotá solicitó, directamente al Presidente Madison, ayuda para la formación de nuevas instituciones gubernamentales. Fueron muchos los esfuerzos en ganar el favor de los estadounidenses con el argumento basado en la similitud de ideales políticos e instituciones, que unían a los rebeldes granadinos con el modelo estadounidense. Los Cartageneros enfatizaban en las ventajas comerciales de las cuales disfrutaría los Estados Unidos en los puertos granadinos. A pesar de las ventajas ofrecidas, la neutralidad estadounidense se mantuvo inamovible.[9]

Breve fue la existencia de Las Provincias Unidas de La Nueva Granada. Tropas españolas reconquistarían el territorio y continuarían gobernando hasta la independencia definitiva en 1819. La

Andrew Jackson

Andrew Jackson

neutralidad estadounidense se justificaba a pesar de la opinión de los representantes estadounidenses, quienes veían inevitable la independencia de España, por la inmensa hostilidad al gobierno español. En 1813 el agente J. Robertson en Caracas, afirmaba que España no podría retener sus colonias.

En Venezuela la independencia se proclamó en 1810 por las elites caraqueñas. El intercambio comercial con los Estados Unidos era importante, pero más importante era el reconocimiento diplomático, armas y asistencia. Los venezolanos sabían que no podrían sobrevivir como una provincia autónoma sin neutralidad en el intercambio, asistencia y apoyo diplomático y para ello miraron hacia los Estados Unidos y la Gran Bretaña como fuentes lógicas de ayuda. Desde 1808 los británicos habían logrado una reducción arancelaria del 25% en Venezuela, lo cual hacia poco interesante el comercio con los estadounidenses y el Presidente Madison favorecía el lucrativo comercio de granos en la península ibérica, a un posible comercio al sur de sus fronteras. En vista de una posible guerra con Inglaterra o Francia, las relaciones con América Latina no tenían igual urgencia. Y los deseos de los Estados Unidos por la Florida, implicaba que no deseaban enemistarse con España, ni aprobar planes independistas latinoamericanos. Así los intereses nacionales estadounidenses de momento, no coincidían con los deseos independistas de América Latina.[10]

En 1817 el entonces Presidente James Monroe solicitó del futuro Presidente, Andrew Jackson[11] (1829-1837), encabezar una campaña militar contra los insurreccionados indios seminolas y creek. Jackson consideró que la mejor manera era usurpar, la colonia española de la Florida. Lograba así cortar el suministro de armas y protección a los rebeldes nativos.

La verdad es que esa no era la única razón. Tras la guerra de 1812, el gobierno estadounidense continuaba muy preocupado por la suerte de los territorios de la Florida. En 1815 el entonces Secretario de Estado James Monroe afirmaría:

la Florida del Este en sí, es comparativamente nada, pero como un puesto en manos de la Gran Bretaña, es de la mayor importancia. Comandando todo el golfo de México y todas sus aguas, incluido el Misisipi con sus afluentes que dan al Mobile, una vasta región de las más fértiles y productivas tierras de esta Unión estarían sujetas a su acoso, ya que dependen esencialmente de la navegación y comercio.

Davy Crockett and Sam Houston

Davy Crockett and Sam Houston

La Florida era vista por Monroe tal como muchos de sus sucesores verían otras partes de Latinoamérica, áreas de tierras no atractivas, pero las cuales, adversarios extra hemisféricos podrían utilizar como base para atacar a los Estados Unidos.[12]

Por lo tanto Jackson se tomó la población de Pensacola deponiendo al gobernador español. Esta acción lógicamente creó un incidente internacional. Muchos dentro de la administración del ahora Presidente Monroe, solicitaron una fuerte censura para Jackson. Sin embargo fue arduamente defendido por el Secretario de Estado, John Quincy Adams (Adams Jr.) y aprovechando la debilidad española en ese territorio, lograron forzar el tratado Adams-Onís en el cual España cedía la Florida y ajustaba los límites entre el Virreinato de la Nueva España y Estados Unidos. Durante la guerra contra los Indios Creek Bastones Rojos, Jackson tuvo como subalternos a Samuel Houston y David Crockett. Jackson y Houston se harían muy amigos.

En un caso más de limpieza étnica, la cual curiosamente tenía sus bases en la biblia, para 1818 la amenaza de los nativos se había eliminado. Entre Jackson en el sureste y el también futuro

William Harrison

William Henry Harrison

presidente, William Henry Harrison en el noreste, la mancha indígena se había casi exterminado. Se calcula unas cien mil personas, quienes perdieron además de sus vidas, sus tierras, mediante engaño, manipulación legal, intimidación, campos de concentración y el asesinato.

Aplicando varios pasajes bíblicos, los estadounidenses hacen suyas las promesas de Dios a su pueblo prometido. A Isaac, Dios le ofrece hacer multiplicar sus descendientes tanto como las estrellas en el firmamento y darles naciones en la tierra. Hay muchos salmos donde se afirma que Dios entregará a su pueblo para poseer, “hombres paganos y los confines de la tierra,” dando instrucciones de destruir en pedazos, como una vasija cerámica, a los “paganos con látigo de hierro”.

Lo que se entendió como un mensaje básico, se tradujo en la posesión de tierras, la multiplicación del pueblo y fructificar a expensas de los “paganos”. Adicionalmente a lo religioso se une una tradición de la Ley Natural que incluye la unión entre posesión y producción. Los nativos al ser además de paganos, cazadores y recolectores hacían de la tierra, según los blancos, terrenos baldíos para ser tomados y colonizados. Existía la obligación de cultivar la tierra, lo cual mejoraba lo natural, la naturaleza, y estos pueblos no lo podían lograr, por lo tanto sus títulos sobre la tierra no tenían validez. En cambio los europeos estando capacitados, justificaban sus títulos como legales.[13]

Luis de Onís

Luis de Onís

Latinoamérica pasara a un segundo plano para los Estados Unidos por las amenazas españolas de acabar las negociaciones fronterizas y limítrofes. La frontera de su nuevo territorio de Louisiana, había quedado bastante confusa por instrucciones deliberadas de Napoleón y la continuidad de las conversaciones estaba ligada directamente al apoyo que se negara a los revolucionarios latinos.

El Ministro español en Washington, Luís de Onís quien negociaba con los estadounidenses, sagazmente exigió al gobierno de los Estados Unidos la firme promesa de no reconocer la independencia latinoamericana a cambio de la Florida. A pesar de que los presidentes estadounidenses se negaron en hacer la promesa, se mantuvieron sin comprometerse con América Latina hasta asegurar el Tratado Adams-Onís.[14] Además el gobierno estadounidense temía que, una mayor participación suya, con los movimientos rebeldes latinoamericanos podría motivar la participación de otros poderes europeos e incluso provocar una guerra con España o sus aliados.[15] Además existía mucho escepticismo de que al alcanzar la independencia, esta llevaría a instituciones libres y democráticas en Latinoamérica. Tomás Jefferson habría dicho en 1813:

la historia… no aporta ningún ejemplo de un pueblo, influenciado por la iglesia, de mantener un gobierno civil y libre. [16]

En medida que pasaron los años y a raíz del éxito en el progreso independentista latinoamericano, en 1817 bajo el gobierno del ahora Presidente James Monroe, el congreso estadounidense empezó a ejercer más presión para el reconocimiento de las rebeldes colonias españolas. Esta se profundizó significativamente tras la culminación del Tratado Adams-Onís (1819), el cual finiquitó las negociaciones fronterizas con España. Sin embargo a pesar de ser ratificado por el Congresoestadounidense, problemas internos en España impidieron su inmediata ratificación.

Thomas Jefferson

Thomas Jefferson

Tomás Jefferson también ayudó a forjar la mentalidad del Adams Jr. sobre los latinoamericanos, pero también existían los informes de los primeros agentes estadounidenses en Latinoamérica. De los más interesantes era un sureño cosmopolita, el detestable Joel Roberts Poinsett, agente en México. Años antes de su asignación mexicana, fue enviado en 1811 por el Presidente Madison al cono sur, primero Buenos Aires y luego Chile. Con el fin de redactar una constitución, el 11 de julio de 1812 recibió en su residencia una comisión de seis, encabezada por el héroe de la independencia chilena, Camilo Henríquez. Alcanzó gran cercanía con José Miguel de la Carrera, caudillo y Jefe de Gobierno chileno. Su envolvimiento con las políticas revolucionarias locales llevó a las autoridades realistas, en declararle persona non grata. En 1816 le presentó al Presidente Madison a José Miguel de la Carrera, a quien Carrera le solicitó ayuda para la independencia chilena. Por encargo de Adams Jr. escribió sus comentarios sobre el cono sur.

En sus escritos, Poinsett parecía optimista sobre el futuro distante pero muy escéptico sobre los planes inmediatos:

“El espíritu de los litigios impregna todas las clases, los abogados son un cuerpo numeroso, y la práctica no es como en los Estados Unidos, un recurso para una justicia imparcial, sino es el arte de la multiplicación de los actos y decisiones de postergar hasta lograr el favor del juez por medio de la influencia y el soborno.”[17]

Poinsett encontró especialmente sin principios los líderes políticos criollos de Buenos Aires (“nada más que trucos bajos, astucia, y artificios”) y así las revoluciones fueron frecuentes.

Otro de los observadores latinoamericanos fue Alexander Scott, el primer enviado con ayuda estadounidense. En 1812 Venezuela sufrió un devastador terremoto, en el cual fallecieron unas treinta mil personas. Scott arribó con seis buques cargados de harina para mitigar el sufrimiento de la población que se encontraba ya en franca rebelión contra España.

Los patriotas venezolanos erróneamente creyeron que venía con instrucciones de iniciar unas relaciones diplomáticas formales. Scott actuaba más como un observador y siempre mantenía a Washington informado sobre las actividades patriotas. Con ese fin visitó la guarnición militar del General Francisco de Miranda en La Victoria, una zona militar critica, sin comunicar sus propósitos a los venezolanos.[18] Scott concluyó rápidamente que las condiciones que observó no eran debidas a la rebelión o el terremoto. El problema informó, era que los venezolanos eran:

tímidos, indolentes, ignorantes, supersticiosos e incapaces de empresa o esfuerzo. De la presente moral y los hábitos intelectuales en todas las clases, me temo no han llegado al punto en la dignidad humana que hace del hombre meritorio para el disfrute de un gobierno libre y racional.”[19]

En 1817 el Presidente Monroe envió dos comisionados a Latinoamérica en busca de información fresca y el hispanófobo Adams Jr. incluyó un tercero. Así John Graham, César Augusto Rodney y Teodorico Bland partieron hacia la Argentina. La comisión llegó en 1818, permaneció dos meses en Buenos Aires y regresó a Washington donde cada uno presentó su informe. Rodney tenía un punto de vista muy positivo, Graham un poco menos positivo y Bland, quien además había visitado Chile, fue altamente crítico, se quejó de todo y especialmente de “las raras y extrañas instituciones políticas y eclesiásticas de Buenos Aires.”

Tras leer cuidadosamente los tres informes, la predisposición de Adams Jr. hizo que desechara por completo los dos primeros y se quedó con el crítico de Bland (comisionado por él). El informe de Bland también coincidía con los informes que llegaban a la cancillería de otros agentes estadounidenses. Un agente comercial, Tomás Lloyd Halsey afirmaría sobre los líderes argentinos “una ausencia total de aquellos patriotas capaces y desinteresados como los que guiaron y empujaron al pueblo de los Estados Unidos a la feliz independencia que lograron.[20] De Chile el Cónsul John Prevost describía la constitución como “un instrumento indefinido, crudo y complicado.” El agente comercial en Valparaíso decía “la integridad, el honor, la verdad o la justicia son tan poco entendidas, al igual que el patriotismo es utilizado para encubrir actos de despotismo e injusticia.”[21] El Cónsul Robert Lowry escribía desde Venezuela “esta gente está mal preparada para los derechos de la libertad civil y la levadura del despotismo español ha infectado a sus presentes gobernantes tanto como lo hizo con sus antiguos amos.”[22]

A pesar de que los Estados Unidos mantenían firme su posición de nación neutral ante los conflictos y guerras independistas latinoamericanas, también insistía en su derecho, como nación neutral, de fomentar el comercio con todo el área, sin sufrir confiscaciones o ataques. Pero en 1816, España apretó el control de las costas caribeñas en un último esfuerzo de mantener su derrumbante imperio y decretó un bloqueo naval a cientos de kilómetros de costas, entre Santa Marta y Puerto Bello.[23]

En 1818, en el Libertador Simón Bolívar sostuvo un encuentro diplomático con el Gobierno de los Estados Unidos, precisamente a consecuencia del bloqueo español. En retaliación, Bolívar había decretado un bloqueo similar, el 6 de enero de 1817 sobre varios puertos venezolanos, incluidos Guayana o Angostura e instruyó que todo buque, sin importar su bandera, si se aproximaban a kilómetro y medio del puerto se podría capturar. Entonces los venezolanos capturaron y decomisaron dos buques estadounidenses, Tigre y Libertad de la empresa Peabody, Tucker and Coulter, que aprovisionaban con armas y suministros a los españoles en el río Orinoco.

Entonces Adams Jr envió a un periodista de Baltimore con ambiciones políticas, John Baptist Irvine a Venezuela. Irvine debía buscar a Bolívar y en forma firme y enérgica debía exigir la devolución de las naves y una compensación por las cargas pérdidas. Aunque los Estados Unidos no tenían interés en establecer relaciones con Venezuela, Irvine debía informar a Adams sobre la población y los recursos de la zona controlada por Bolívar, las probables consecuencias en la liberación de esclavos y el potencial comercial de Venezuela.[24]

Después de ser recibido cordialmente por Bolívar, Irvine presionó su caso en términos tan enérgicos, que Bolívar los consideró vejatorios. Mientras refutaba las protestas de Irvine, Bolívar añadió su propia protesta contra la política oficial de neutralidad aplicada por Washington hacía la lucha de América Latina por la independencia. Esta política era esencialmente la misma que seguía Gran Bretaña, pero viniendo de una república del Nuevo Mundo provocaba más resentimiento. Dispersos entre la correspondencia de Bolívar se pueden encontrar comentarios algo amargos. Al igual que la presión demasiado entusiasta de Irvine en reclamos financieros, indudablemente influyó en la opinión de Bolívar (nuevamente expresada más de una vez) el hecho de que Estados Unidos siguiera una política de “comerciantes” en asuntos extranjeros. Tal vez una expresión más enérgica de Bolívar de ese sentimiento en particular fue un arrebato contra “el presidente de los vendedores ambulantes y mercachifles (hucksters) estadounidenses; detesto a ese grupo a tal extremo que no desearía que se diga que un colombiano hizo alguna cosa de la misma manera que ellos“.[25]

Para terminar afirmaría el Libertador, “no permitiré que se ultraje, ni se desprecie el Gobierno y los derechos de Venezuela. Defendiéndolos contra la España ha desaparecido una gran parte de nuestra población y el resto que queda ansía por merecer igual suerte. Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende”.

Irvine no se dio por vencido y continuó varios meses en Venezuela enviando continua correspondencia a Adams Jr. En estas dibujaba a Bolívar como un tirano. “Las ruedas de este gobierno ya están atascadas con imbecilidad. Es más, como Bolívar encabeza el ejército, también se ha puesto a la cabeza del gobierno. Se dice que espera incrementar su poder usando un congreso de ignorantes con pretensiones de sabiduría. Otros podrán salvar la nación, pero ésta ha sido puesta más en peligro por este Don Quijote con ambición, sin talentos militares, que por un inagotable y salvaje enemigo.” Finalmente Irvine se dio por vencido y regresó a su país derrotado en febrero de 1819.[26]

Pero los esfuerzos de Adams Jr. no pararon allí. Entonces el Presidente Monroe envió dos buques de guerra al mando del Comodoro Oliver Hazard Perry. “Si los patriotas se disgustan por la presencia de las naves de guerra, entonces el Capitán Perry debe explicar que el Presidente de los Estados Unidos prefiere dar explicaciones por medio de un oficial naval en vez de un agente especial nombrado con este propósito precisamente porque considera que una comunicación no oficial es más amigable y confidencial”, explicaba Adams Jr. Perry fue recibido a finales de julio de 1819 por el Vicepresidente Francisco Antonio Zea ya que Bolívar se encontraba en campaña.[27]

Perry falleció de fiebres en las costas de Trinidad. Su capellán, John N. Hambledon al regresar a los Estados Unidos afirmaba de los nativos que eran las:

gentes más indolentes e inactivas del mundo” y consideraba a los soldados del fuerte “tan ignorantes y faltos de disciplina que estoy seguro doscientos buenos soldados podrían tomarse ambos fuertes.” Afirmaba el capellán que no había ley más allá de la voluntad de Bolívar “quién es un absoluto dictador cuya educación deja mucho que desear”. Anotaba que muchas de las personas con que hablaba tenían prejuicios contra los Estados Unidos pero consideraba que estos habían sido fomentados por los británicos quienes se “dedicaban a difamar de los Estados Unidos en Venezuela.”[28]

Siendo su ejército libertador compuesto igualmente por granadinos y venezolanos, Bolívar había podido ir y venir entre las dos colonias hasta la victoria definitiva. Teniendo ya unidad militar, solo bastaba lograr la unidad política. La influencia personal del Libertador había creado Colombia.[29] Tras la decisiva Batalla de Boyacá en 1819, promulgó la unión del Virreinato de la Nueva Granada con la Capitanía de Venezuela y la Real Audiencia de Quito. Más adelante en el Congreso de Cúcuta se redactó una constitución centralista. La guerra aún no terminaba con España, La Nueva Granada y Venezuela eran libres pero los españoles aún se encontraban en Ecuador, Perú y el Alto Perú, por lo que la unión también servía el propósito estratégico de garantizar un esfuerzo bélico coordinado.

Colombia fue una creación del Libertador. Los historiadores han denominado esa genialidad La Gran Colombia con el fin de diferenciarla de la actual Colombia

Colombia fue creación del Libertador. Los historiadores han denominado esa genialidad la Gran Colombia con el fin de diferenciarla de la actual

Se asumía que la independencia de Latinoamérica implicaría una mayor oportunidad económica para los Estados Unidos. Ellos necesitarían de los mercados y materias primas de Latinoamérica para contrarrestar los efectos de la revolución industrial e industrialización del país.

Es en este mismo año, 1817 que se comenzará a construir el Canal de Erie. Un viaducto acuático que llenaba de esperanza, la posibilidad de unir las lejanas tierras del interior con la costa atlántica.

John Quincy Adams

John Quincy Adams

El hispanófobo, John Quincy Adams escribiría en 1818:

la situación de estos países, los ha lanzado a un intercambio comercial con otras naciones y entre estas, los Estados Unidos,” tras advertir a la contrarrevolucionaria Santa Alianza, “no podemos aceptar ni aprobar cualquier interferencia para la restauración de la supremacía española, en ninguna de las provincias suramericanas.[30]

En 1819 se admitió a Alabama como el vigésimo segundo estado de la Unión. En la Cámara de Representantes la diferencia entre representantes de estados libres o abolicionistas y del sur o esclavistas seguía creciendo. Ahora eran 105 contra 81.

[1] David Bushnell & Neil Macaulay, “The Emergence of Latin America in the Nineteenth Century”, Oxford University Press, Nueva York, 1994

[2] Hugh M. Hamill, “Caudillos: Dictators in Spanish America”, University of Oklahoma Press, 1992

[3] David Bushnell & Neil Macaulay, “The Emergence of Latin America in the Nineteenth Century”, Oxford University Press, Nueva York, 1994

[4] Lars Schoultz, “Beneath the United States”, Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, 1998

[5] David Sowell y David Bushnell, “Santander y los Estados Unidos”, Revista Credencial Historia, Edición 28, abril de 1992, Bogotá

[6] Lars Schoultz, “Beneath the United States”, Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, 1998

[7]Kenneth D. Lehman, “Bolivia and the United States”, The University of Georgia Press, Athens Georgia, 1999

[8] David Bushnell & Neil Macaulay, “The Emergence of Latin America in the Nineteenth Century”, Oxford University Press, Nueva York, 1994

[9] Stephan J. Randall, “Colombia and the United States”, University of Georgia Press, Athens Georgia, 1992

[10] Judith Ewell, “Venezuela and the United States”, The University of Georgia Press, Athens Georgia, 1996

[11] Andrew Jackson, un tinterillo cuya participación en diversas guerras, especialmente contra los aniquilados nativos, le había hecho un héroe nacional.

[12] Lars Schoultz, “Beneath the United States”, Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, 1998

[13] Anders Stephanson, “Manifest Destiny”, Hill and Wang, New York, 1995

[14] Judith Ewell, “Venezuela and the United States”, The University of Georgia Press, Athens Georgia, 1996

[15] Don M. Coerver, Linda B. Hall, “Tangled Destinies Latin America & the United States”, The University of New Mexico Press, Albuquerque, 1999

[16] Albert Ellery Bergh, “The Writings of Thomas Jefferson”, Octubre 24 de 1823, Jefferson a Monroe, The Thomas Jefferson Memorial Association, Washington, 1903-1904

[17] Noviembre 4 de 1818, Poinsett a Adams, Communications from Special Agents, Archivos Nacionales, M37/R3

[18] Judith Ewell, “Venezuela and the United States”, The University of Georgia Press, Athens Georgia, 1996

[19] Noviembre 16 de 1812, Alexander Scott a James Monroe, Consular letters from La Guaira, Archivos Nacionales, M84/R3

[20] Abril 20 de 1816, Halsey a Monroe, Consular Despatches from Buenos Aires, Archivos Nacionales, M70/R1

[21] Julio 23 de 1823, Prevost a John Quincy Adams, Consular Despatches from Valparaiso, Archivos Nacionales, M146/R1

[22] Septiembre 22 de 1822, Lowry a John Quincy Adams, Consular Despatches from La Guaira, Archivos Nacionales, M84/R1

[23] Stephan J. Randall, “Colombia and the United States”, University of Georgia Press, Athens Georgia, 1992

[24] Judith Ewell, “Venezuela and the United States”, The University of Georgia Press, Athens Georgia, 1996

[25] David Bushnell, “Simón Bolívar y Estados Unidos, Un Estudio en Ambivalencia,” Universidad de Florida, Verano 1986, Air and Space Power Journal, Summer Edition 2006

[26] Judith Ewell, “Venezuela and the United States”, The University of Georgia Press, Athens Georgia, 1996

[27] Ibíd.

[28] Ibíd.

[29] Posteriormente los historiadores denominarían éste país la Gran Colombia con el fin de distinguirlo de la actual Colombia.

[30] The Diaries of John Quincy Adams, “A Digital Collection”, www.masshist.org/jqadiaries/