En Venezuela a fines de 1922:

“reventó el pozo de La Rosa, que chorreaba cien mil barriles por día, y se desató la borrasca petrolera. Brotaron los taladros y las cabrías en el lago de Maracaibo. Setenta y tres empresas surgieron en un santiamén. El rey del carnaval de las concesiones era el dictador Juan Vicente Gómez, un ganadero de los Andes que ocupó sus veintisiete años de gobierno (1908-35) haciendo hijos y negocios. Mientras los torrentes negros nacían a borbotones, Gómez extraía acciones petroleras de sus bolsillos repletos, y con ellas recompensaba a sus amigos, a sus parientes y a sus cortesanos… Los favoritos del dictador vendían las concesiones a la Shell o a la Gulf; el tráfico de influencias desató la especulación y el hambre de subsuelos. La ley petrolera de 1922 fue redactada por los representantes de tres firmas de los Estados Unidos. Los campos de petróleo estaban cercados y tenían policía propia. Se prohibía la entrada a quienes no portaran la ficha de enrolamiento de las empresas; estaba vedado hasta el tránsito por las carreteras que conducían el petróleo a los puertos.”[1]

La mañana del 14 de diciembre de 1922 la tierra se estremeció en la ciudad de Cabimas (Estado Zulia) y le siguió un estruendo, parecía anunciar un terremoto, y es que en el caserío La Rosa, las piedras brotaban del suelo, todo suponía que algo peor pasaría. Sin embargo un volcán de riqueza estalló en erupción. Lo que salía a toda presión era el rubro más valioso para la época, el Petróleo más oscuro y espeso.

Aterrorizados los hombres que trabajaban en el pozo petrolero de la VOC, llamando al jefe de perforación gritaban:.

¡Mister Brake! ¡Mister Brake!,

Algunas personas en ese momento histórico decían que El Barroso II llegó a alcanzar la altura de un rascacielos.

Contó el jefe de la perforación:

“Eso fue más o menos de cuatro y media para las cinco de la mañana, nosotros nos quedamos alrededor porque el pozo comenzó a gruñir”

Antes de que este importante mineral se diera al descubierto por sí solo, se habían hecho tres intentos en los pozos Santa Bárbara 1 y El Barroso 1, los cuales solo arrojaron amargos fallos. Solo el Santa Bárbara II produjo algo.

El Barroso II también llamado pozo R 4, abrió paso a la industrialización y fue allí cuando arrancó el ciclo de producción del rubro que más se exporta en Venezuela. La lluvia negra que cayó en 1922 develó un potencial petrolífero, confirmando un subsuelo rico, que afloró 100 mil barriles por día de los nueve que estuvo.

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[1] Eduardo Galeano; “Las Venas Abiertas de América Latina”; Siglo XXI Editores, 2010