Así nació la dictadura de Fulgencio Batista en Cuba

Tomado de Yanquis y Latinos de Mariano Ospina Peña

General Gerardo Machado

La represión en la Cuba del General Gerardo Machado, trajo como consecuencia el nacimiento de un movimiento clandestino de las clases medias, en gran número, estudiantes…. el ABC. Este nuevo movimiento comenzó su lucha contra la tiranía de Machado devolviendo cada golpe que recibía. Este nuevo estado de terror buscaba la directa intervención de los Estados Unidos mediante la Enmienda Platt y la atmosfera para Machado fue tornándose muy oscura, al punto que el Embajador Guggenheim en 1932 escribía al Departamento de Estado que “Machado tendría que irse” y solicitaba al Secretario de Estado Stimson, anunciar públicamente que Machado ya no contaba con el apoyo de los Estados Unidos. En octubre las muertes se sucedían a diario y en todas partes. El ABC colocaba bombas en sitios estratégicos y sus estallidos resonaban por toda Cuba.  Uno de los blancos preferidos era la represiva policía de Machado. Para completar el cuadro de violencia, los precios del azúcar se cayeron y la cotización internacional se encontraba en niveles muy bajos.[1]

Los violentos acontecimientos de Cuba no le podían ser indiferentes al nuevo Presidente Roosevelt. Al fin y al cabo él, la había visitado cuando ejercía el cargo de

Presidente Roosevelt

subsecretario de la Armada en 1917. Lo más impactante para Roosevelt en esa oportunidad, había sido un coctel nuevo, el “daiquiri” y la vestimenta de los cubanos. Cordel Hull también la conocía. Al frente de unas tropas de voluntarios, estuvo 5 meses en Santa Clara, durante la Guerra Hispanoamericana. Además, el principal funcionario latinoamericanista era Sumner Wells, quien además de mantener una estrecha relación con el General Enoch Crowder, llevaba varios años en la División de Asuntos Latinoamericanos. Incluso, Sumner le había aconsejado al Virrey Crowder, que el mejor candidato para la presidencia cubana era Manuel de Céspedes por su:

susceptibilidad y docilidad frente a las sugerencias o consejos que le podría hacer la legación estadounidense.”[2]

Sumner Welles

En la Habana a principios de 1933 la CNOC declara una huelga y ésta comienza con el cese de 20.000 trabajadores a quienes paulatinamente se van uniendo miles de trabajadores más. A pesar de su política del Buen Vecino anunciada por el Presidente Roosevelt, con su enviado Sumner Welles, nuevo embajador en la Habana, llegaban  29 buques de guerra, mientras aeronaves de combate y “marines” se encontraban en alerta. Welles arribaba con el fin de lograr la salida del dictador.

Tras incesantes esfuerzos, mediación para unos, intervención para otros, Welles logra acuerdos con el ABC, los políticos, los militares y Machado. La táctica de Sumner da sus frutos logrando una sublevación militar, cuyo resultado fue el nombramiento del General Alberto Herrera en reemplazo del dictador Machado. Pero Herrera no era el escogido de Welles. Welles había escogido a Carlos Manuel de Céspedes. Céspedes era muy americanizado y según Welles muy manejable para ellos. Entonces el nuevo embajador forzó la dimisión de Herrera y Céspedes quedó en la Presidencia a pesar de no tener el apoyo de ningún sector en Cuba. Su mayor cualidad política era el haber sido el hijo del prócer, Carlos Manuel de Céspedes.[3]

Los grupos revolucionarios que no habían aceptado la mediación del Embajador Welles, se manifestaron inconformes con la Presidencia de Céspedes. A pesar

Carlos Manuel de Céspedes

de todo, aparentemente Sumner había logrado un éxito mayúsculo y gustoso recibía las felicitaciones de su gobierno por el gran desenlace de los acontecimientos en Cuba. Pero no era cierto. El gobierno provisional de Céspedes empezó muy mal. Los deseos de venganza que albergaba la población contra todo lo que hubiese pertenecido al régimen violento de Machado, debía ser destruido. Sucedieron infinitos saqueos y asesinatos. El ABC pedía sangre y buscaba afanosamente para linchar, a todos los miembros de la policía, que habían cometido los horripilantes crímenes del dictador derrocado. Las poblaciones se levantaban contra las autoridades, que habían pertenecido al gobierno anterior.[4] Tal como había afirmado Crowder una década antes sobre Céspedes:

su mera debilidad de carácter lo hace insignificante en cualquier tipo de crisis política.”[5]

Céspedes logró armar un gabinete netamente pro estadounidense. Él mismo era nacido en Nueva York, educado en los Estados Unidos y sus ministros todos tenían o habían tenido fuertes relaciones con ese país y guardaban por él una fuerte admiración. Para Sumner era el gobierno ideal. Céspedes asumió el 12 de agosto y el 13 fue reconocido su gobierno por Roosevelt.

En medio de la violencia desatada en Cuba, el Gobierno de Céspedes dictó varios decretos el 24 de agosto, por los cuales declaró nula la Constitución de 1928 y puso en vigor la de 1901, disolvió el Congreso y los demás organismos electivos.

Como dato curioso y sorpresivo, el clamor contra el gobierno provisional de Céspedes no llegó de parte de los estudiantes y otros descontentos de Machado. Por el contrario llegó de un grupo que había sido relativamente cercano al dictador. Un rumor cierto o falso coloca en alerta los suboficiales del Ejército. La situación de postración económica que vivía la isla amenazaba con reducirles los salarios. El grupo se organizó con el Presidente del Club de Hombres Alistados, el Sargento Pablo Rodríguez quien lo encabezaba, seguido por el Sargento José Pedraza, el Sargento Manuel López Migoya y dentro de ese círculo estaba el Sargento Fulgencio Batista, un taquígrafo del Estado Mayor quien recientemente, el 17 de agosto, en el entierro de un compañero asesinado por Machado, había pronunciado un duro y amenazador discurso. El grupo lo cerraban un cabo, Ángel Echevarría, y 3 soldados, Mario Alfonso Hernández, Ramón Cruz Vidal y Juan Estévez y se les conoció como la Junta de los Ocho.[6]

La idea del grupo era tratar de ejercer presión contra una eventual reducción en sus salarios, pero también abogar para pasar de suboficiales a oficiales, sin los requisitos previos, además impedir una purga en los mandos bajos del ejército por apoyar el gobierno de Machado. Uno de los grupos que había luchado a lado del ABC y que se había opuesto a la mediación de Welles, el movimiento de Ley y Justicia de Ramiro Valdés Daussá, entró en contacto con el grupo de los suboficiales a finales de agosto y lo respaldó. La mayoría de los demás grupos, casi todos de izquierda, no se enteraron del movimiento hasta después.[7]

El Cabo Capote por cuenta propia, se le ocurrió llamar al Capitán Torres Menier, un muy apreciado oficial, a quien solicitó se uniera al movimiento. Torres Menier llegó donde los suboficiales, fue recibido por el Sargento Batista y ante las inquietudes salariales de los suboficiales, aclaró que no se les reducirían los sueldos. El Sargento Batista tomó la vocería de sus compañeros y exigió mejores condiciones para los hombres alistados. El ambiente no era el mejor, así el Capitán Torres se retiró y regresó con otros oficiales quienes ante el estado de ánimo reinante, tratan de intermediar para calmar la situación. Batista rechaza las ofertas de los oficiales y por iniciativa y cuenta propia, ordenó a sus compañeros suboficiales hacerse cargo de las compañías y personal de tropas, con instrucciones precisas de no aceptar ordenes de oficiales, ni permitir que oficiales las impartieran. Así mismo los oficiales quedaban bajo estricta observación, sin estar detenidos. Entregó el comando del Campamento Colombia, donde se encontraba, al Sargento José Pedraza y se desplazó al Batallón de Infantería en Maestranza. En Maestranza varios de sus compañeros se niegan unirse al movimiento y Batista ordena a su amigo, el Cabo Oscar Díaz reunir el batallón, el cual arenga para que se una a su movimiento, haciéndole la oferta de entregar mejores botas y publicó un manifiesto para conocimiento general. Tras los anteriores movimientos de Batista, éste se convierte en el líder indiscutido de la que sería denominada la Rebelión de los Sargentos.[8]

Sargento Fulgencio Batista

Con suma facilidad, Batista se tomó el Campamento Colombia y lo curioso es que todo el ejército le siguió. Las Fuerzas Armadas estaban comandadas ahora por suboficiales. Muchos oficiales se retiraron de los cuarteles sin problema, pero otros fueron detenidos en las instalaciones militares. El Sargento Batista se auto nombró jefe de personal e ingresa oficialmente en la política de Cuba. Se cumplía el insólito derrocamiento de la oficialidad de las Fuerzas Armadas. La verdad es que ante tan absurda situación en las filas, los oficiales no podían creer que un golpe contra ellos podría tener éxito y no organizaron ninguna clase de oposición o resistencia.[9]

Los estudiantes y el ala radical del ABC, sumado a los profesores universitarios, todos decepcionados con el nuevo gobierno de Céspedes, estaban más que dispuestos en apoyar la rebelión de los sargentos y se unieron al movimiento. Los líderes se dirigieron al Campamento Colombia donde se entrevistaron con Batista y, Sergio Carbó le convenció de abandonar la idea de una revolución radical y la eventual colaboración de los oficiales. Carbó sentó las bases de una Proclama Revolucionaria para la creación de una nueva Cuba. Rápidamente se formó un grupo de cinco que se harían cargo del gobierno derrocando a Céspedes. El profesor médico, Ramón Grau San Martín, Porfirio Franca, un banquero honesto, el periodista Sergio Carbó, José María Irizarri, un abogado y Guillermo Portela un profesor de derecho. La pentarquía comenzó a formar el gabinete ofreciendo a Batista la secretaría de Guerra, Batista se negó exigiendo el Comando del Ejército.[10]

El 5 de septiembre de 1933 por primera vez en su historia, Cuba tenía un gobierno propio. Revolucionario, popular, con el respaldo de buena parte de la población y sin el beneplácito de Washington, ni la intervención de la Embajada estadounidense y más extraño aún, sin políticos.[11]

Ramon Grau San Martin

Sumner Welles, indignado, no alcanzaba a comprender todo el asunto. Tal vez le faltaría información puesto, que un reciente huracán había azotado la isla y muchas de las comunicaciones estaban caídas. Incluso al Presidente Céspedes lo sorprendió la pentarquía, recorriendo el país evaluando los destrozos. Muy asustado, Welles se comunicó con el Secretario de Estado solicitando el envío inmediato de buques de guerra a los puertos cubanos y el desembarco de mil hombres, quienes deberían permanecer hasta tanto se logre formar un nuevo gobierno.

El pánico que lo había sobrecogido, le llevó en hacer una llamada urgente para que todos los ciudadanos de los Estados Unidos se refugiaran en céntrico Hotel Nacional de la Habana donde llegaron asustadas, más de 150 familias a buscar refugio. Sorpresivamente, el embajador recibió la visita del Sargento Batista acompañado de otro sargento. Querían conocer la opinión del embajador y cuál sería la actitud del gobierno estadounidense hacia el nuevo gobierno revolucionario. Welles les respondió que no tenía comentarios pero como buen diplomático, dejó la puerta abierta a futuras reuniones.[12]

La Embajada de los Estados Unidos en la Habana se convierte en el centro de los políticos tradicionales. El embajador recibe información de todo el mundo. Con él se especula sobre supuestos acuerdos con la pentarquía. Aún creen en la posibilidad de hacer un gobierno con todas las fuerzas políticas del país. Querían que presidiera la junta el Coronel Mendieta, un personaje bastante oscuro, pero popular y de quien se considera que puede volver a tomar el mando sobre el ejército, con los oficiales, si logran saltarse a los suboficiales. Pero requerían mantener el orden público especialmente en la Habana y Santiago de Cuba, lo que se podría lograr con los marines de Welles. Nuevamente los políticos cubanos buscan la intervención estadounidense en su favor. Aunque Welles aún no lo sabía, el Presidente Franklin Delano Roosevelt negó la autorización para el desembarco de marines.[13]

Secretario de Estado Cordell Hull

El Secretario de Estado Cordell Hull había hecho una rápida encuesta, que incluía varios gobiernos latinoamericanos, el mismo Presidente Roosevelt se había entrevistado con los enviados de México, Argentina, Brasil y Chile, y todos por unanimidad, estaban en desacuerdo con una intervención militar. Así los marines solo podrían ser utilizados en la defensa de la Embajada o el Hotel Nacional. Para mayores infortunios, el Secretario de Guerra de Céspedes, Horacio Ferrer, se reúne con Welles y le informa que con las Fuerzas Armadas insubordinadas no hay sino apoyo moral, no vale la pena los esfuerzos en mantenerse. Dichas estas palabras, a la una de la tarde de ese mismo 5 de septiembre, el Presidente provisional Céspedes le entrega el poder a la pentarquía, que de inmediato se posesiona del Palacio Presidencial desde donde comienza a despachar. El Directorio Estudiantil emite una proclama atacando todo, empezando por los Estados Unidos y su embajador:

“El directorio se opone a todo este desgraciado asunto de la mediación y del gobierno inanimado nombrado por el embajador de los Estado Unidos……”.[14]

Sumner Welles recibe la visita de Grau San Martín de la nueva pentarquía. Su posición es radical. Si la pentarquía no hace la revolución, ésta la hacen los sargentos del ejército.

Simultáneamente la contrarrevolución se maneja desde el Hotel Nacional donde ahora está hospedado el Embajador Welles. Allá comienzan a llegar oficiales de todos los grados, a quedarse. El embajador era un magnifico escudo. Welles insiste en la intervención militar estadounidense, pero le nacen nuevas dudas, pues una vez desembarcadas las tropas de ocupación, difícilmente podrían ser retiradas.

Batista envía emisarios para dialogar con Céspedes y le ofrece la Presidencia a condición de dejarle como Jefe del Ejército. Las condiciones de Céspedes no fueron satisfactorias para Batista quien ordenó sitiar el Hotel Nacional. Mientras esto sucedía, la pentarquía necesitaba reorganizar el ejército y propuso a los coroneles de Quesada y Perdomo, formar una cúpula militar con Batista y otros dos sargentos que serían seleccionados por los primeros tres. Los coroneles contra propusieron reinstalar todos los oficiales con excepción a aquellos partidarios del régimen de Machado y dar una anualidad a los hombres alistados. Rechazada la contra propuesta, el Sargento Batista se auto ascendió al grado de coronel y sus compañeros más destacados al grado de capitán.[15]

El nombramiento del ahora “Coronel” Batista como Jefe de Estado Mayor, causó desconsuelo en la Pentarquía. Porfirio Franca simplemente renunció. Mientras todo esto sucedía en Palacio, tropas del Coronel Batista patrullaban las calles y el mismo Batista se encontraba en el Campamento Colombia, sus intenciones un verdadero enigma, pero ya había distancia entre él y el gobierno. Así en Palacio mediante votación, la pentarquía recibió la autorización para nombrar un presidente. En una confusa situación en Palacio, el Directorio Estudiantil termina por nombrar en la Presidencia a Ramón Grau de San Martín.[16]

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[1] Hugh Thomas, “Cuba, La lucha por la Libertad, 1762-1970”, volumen 2, Ediciones Grijalbo. S.A., Barcelona, España, 1973

[2] Marzo 1 de 1921, Sumner Wells, Memorandum, 837.00/2216, Archivos Nacionales, M488/R14

[3] Hugh Thomas, “Cuba, La lucha por la Libertad, 1762-1970”, volumen 2, Ediciones Grijalbo. S.A., Barcelona, España, 1973

[4] Ibíd.

[5] Abril 21 de 1923, Crowder, “Recent Cabinet Crisis”, 837.00/85, Archivos Nacionales, M488/R25

[6] Mariano Ospina Peña, documento, “Cuba-USA”, www.asisucedio.co

[7] Ibíd.

[8] Ibíd.

[9] Hugh Thomas; Cuba, La lucha por la Libertad, 1762-1970”; volumen 2; Ediciones Grijalbo. S.A.; Barcelona, España; 1973

[10] Mariano Ospina Peña, documento, “Cuba-USA”, www.asisucedio.co

[11] Ibíd.

[12] Hugh Thomas; Cuba, La lucha por la Libertad, 1762-1970”; volumen 2; Ediciones Grijalbo. S.A.; Barcelona, España; 1973

[13] Mariano Ospina Peña, documento, “Cuba-USA”, www.asisucedio.co

[14] Hugh Thomas; Cuba, La lucha por la Libertad, 1762-1970”; volumen 2; Ediciones Grijalbo. S.A.; Barcelona, España; 1973

[15] Mariano Ospina Peña, documento, “Cuba-USA”, www.asisucedio.co

[16] Hugh Thomas; Cuba, La lucha por la Libertad, 1762-1970”; volumen 2; Ediciones Grijalbo. S.A.; Barcelona, España; 1973