I-Los Estados Unidos y América Latina

Mariano Ospina Peña

Presidente Tomás Cipriano de Mosquera

Presidente Tomás Cipriano de Mosquera

En 1845 el interés activo de los estadounidenses en Latinoamérica se enmarcaba en que era una ruta de tránsito, un mercado para sus productos y un escenario para competir con la Gran Bretaña. La potencia europea había expandido su presencia en la región desde la colonia, controlando Belice y, haciendo caso omiso a la Doctrina Monroe, se había tomado la colombiana costa de Misquitos, a pesar de las protestas del Presidente Francisco de Paula Santander. Al llegar la bonanza del oro en la recién anexada California e incrementarse el tráfico por México, Nicaragua y el istmo colombiano de Panamá, los estadounidenses extremaron su celo sobre el ingreso de potencias extranjeras en el área.

Los gobiernos colombianos de la década anterior habían mantenido altas tarifas de importación para los productos estadounidenses. Sin embargo el Presidente Tomás Cipriano de Mosquera (1845-1849) cambió de posición favoreciendo el libre comercio y otorgando generosas concesiones para el desarrollo de infraestructura para el transporte. Los colombianos ya no veían en los británicos aliados, sino enemigos. La invasión a la Costa de Misquitos y sus pretensiones territoriales en Bocas de Toro, llevaron en forma ingenua, a negociar con los Estados Unidos. Reconociendo la debilidad del país y su absoluta incapacidad en defender el territorio nacional amenazado por el depredador británico, el Presidente colombiano acordó y firmó el Tratado Mallarino-Bidlack con los Estados Unidos en 1846, otorgando a este país los mismos derechos que a los nacionales colombianos para el tránsito, paso y uso de su departamento istmeño de Panamá.

Así expuso las ventajas del convenio el entonces Secretario de Relaciones Exteriores, Manuel María Mallarino:

Manuel María Mallarino, Canciller de la Nueva Granada y Benjamín Alden Bidlack Ministro Plenipotenciario de los Estados Unidos en Bogotá los firmantes del Tratado de 1846

Manuel María Mallarino, Canciller de la Nueva Granada y Benjamín Alden Bidlack Ministro Plenipotenciario de los Estados Unidos en Bogotá los firmantes del Tratado de 1846

“Dados los manejos y conducta de la Gran Bretaña y sus miras sobre el Istmo, existía el peligro de que dominara en el Continente americano, dominio que sería ruinoso para el comercio de la Unión americana, para la nacionalidad de las repúblicas hijas de España, funesto a la causa de la democracia en el Nuevo Mundo y eminentemente perturbador de la paz pública en este hemisferio; así como la necesidad para los Estados Unidos de interponer su influjo moral y aún sus fuerzas entre la debilidad de los nuevos Estados de América y los planes ambiciosos de las naciones comerciales de Europa, especialmente de la Gran Bretaña. Así para asegurar la libertad de los mares americanos y del comercio del hemisferio, y por la conveniencia de no despertar celos internacionales con tratados extraordinarios especiales, debían introducirse las garantías de posesión territorial por parte de los Estados Unidos incidentalmente en pactos de comercio y como parte de ellos, de manera que, o las naciones europeas se verían compelidas a abandonar sus planes antiamericanos, inclusive los de usurpación territorial por parte de la Gran Bretaña, quedando afianzada la libertad de los mares continentales, o si no los abandona, sufrieran el perjuicio en su comercio por no participar de las franquicias concedidas a los Estados Unidos.”

El documento fue firmado por Mallarino y el Ministro estadounidense en Bogotá, Benjamín A. Bidlack, el 12 de diciembre de 1846. La reciprocidad era:

“Los Estados Unidos garantizan positiva y eficazmente a la Nueva Granada, por la presente estipulación, la perfecta neutralidad del ya mencionado Istmo,…; y por consiguiente garantizan de la misma manera los derechos de soberanía y propiedad que la Nueva Granada tiene y posee sobre dicho territorio”[1]

“La garantía de posesión para la Nueva Granada y de neutralidad universal, sería referente a las Provincias del Istmo, hasta la frontera con Costa Rica”[2]

 Mosquera realmente buscaba una alianza militar y la disfrazó con un inofensivo convenio de amistad, comercio y navegación.[3] El Presidente de los Estados Unidos, James K. Polk, le favoreció porque beneficiaba el comercio y la inversión en Panamá, además de dar los primeros pasos para una vía interoceánica bajo el control estadounidense. Ni Polk, ni Mosquera soñaron los alcances que tendría el Tratado. Incluso Mosquera esperaba la firma del mismo por otros poderes dando a Colombia la tranquilidad de una protección multilateral. Con ese fin envió a Ricardo Becerra a Europa pero toda su labor se perdió por interferencia estadounidense, a quienes no les interesaba su firma por más poderes. Ya iba aprendiendo Colombia que existían diferencias grandes entre la seguridad nacional colombiana y la estadounidense.

Todo esto sucedía al mismo tiempo en que Estados Unidos se batía en una guerra con México tras haberse anexado Texas y con el fin de arrebatarle parte de Wyoming, la mitad de Nuevo México, Arizona, California, Nevada, Utah y  Colorado. ¡Mejor dicho la entonces mitad de México, se convirtió en la mitad de los Estados Unidos de hoy![4] Precisamente por esta guerra, no se firmó el tratado en los Estados Unidos hasta 2 años después.

El tratado permitía en forma explícita el uso de tropas estadounidenses para garantizar, en todo momento, el paso entre los dos océanos, supuestamente con la autorización del gobierno colombiano. Tácitamente, fue el entonces Presidente Mosquera, quien le abrió las puertas al intervencionismo yanqui en Colombia.

The Daily Union de Washington DC del 16 de junio de 1848 reproduce en toda la primera página, la totalidad del Tratado Mallarino-Bidlack suscrito con la República de la Nueva Granada en español e inglés

The Daily Union de Washington DC del 16 de junio de 1848 reproduce en toda la primera página, la totalidad del Tratado Mallarino-Bidlack suscrito con la República de la Nueva Granada en español e inglés

Pero Teddy Roosevelt iría mucho más lejos con el fin de justificar su rapiña, al afirmar:

“Era permitido a nuestro gobierno transportar las tropas colombianas desarmadas, bajo la protección de nuestros hombres armados, mientras las armas y municiones colombianas iban en tren separado. Es obvio que la soberanía colombiana era de tal carácter para justificar nuestra insistencia en la medida en que existía por nuestra protección y así debería haber una reciprocidad implícita en el sentido de esa aceptación.[5]

En Panamá, las tropas colombianas no necesitaban protección. Se requería protección contra actores externos, principalmente Inglaterra y después los mismos Estados Unidos. La falsedad de sus afirmaciones es desmentida por el Ministro colombiano en Washington, José Vicente Concha el 27 de octubre de 1902 cuando afirmó al gobierno nacional:

“Cuando por primera vez usaron los Estados Unidos el derecho de tránsito por el Istmo que les garantiza el Tratado vigente, fue con el fin simplemente de llevar tropas al Oregón y California, y lo ejecutaron desembarcándolas y haciéndolas pasar a través del Istmo, sin dar aviso previo alguno a las autoridades granadinas, por lo cual el Secretario de Relaciones Exteriores hizo que se reclamase en Washington por la Legación, y en conferencia celebrada en Septiembre de 1858 entre el Ministro granadino, General Herrán, y el Secretario de Estado, General Casey, se acordó que en lo sucesivo cuando hubiesen de pasar fuerzas americanas por el territorio del Istmo, lo harían desarmadas y como grupos de simples individuos particulares… Este acuerdo tuvo punto de cumplimiento durante la guerra de secesión americana… Hoy es tan diversa la interpretación que se da al Tratado de 1846, que las tropas americanas desembarcan en Panamá para desarmar las del soberano del territorio. Cualquier comentario más extenso sobre este punto, sería redundante.[6]

Sin embargo existía Nicaragua por donde también se proyectaba un canal interoceánico, el cual estaba más cerca 650 kilómetros. Entonces allí se estableció el magnate Cornelio Vanderbilt con sus asociados y organizaron la American and Pacific Ship Canal Company e hicieron los primeros estudios para un canal por el lago Nicaragua. Sin embargo las buenas relaciones entre los centroamericanos y estadounidenses fueron entorpecidas por el filibustero de William Walker, por lo que la concesión de Vanderbilt fue rescindida en 1856.

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[1] Tratado Mallarino-Bidlack

[2] Raimundo Rivas, “Historia Diplomática de Colombia 1810-1834”, Ministerio de Relaciones Exteriores, Imprenta Nacional, Bogotá, 1961

[3] Eduardo Lemaitre, “Panamá y su separación de Colombia”, Intermedio Editores, Bogotá, 2003

[4] Mariano Ospina Peña, “Yanquis y Latinos”, Edygraf Publicidad SAS, Bogotá, 2012

[5] Teodoro Roosevelt, “Theodore Roosevelt: an autobiography”, Macmillan, Nueva York, 1913; Bartleby.com, 1998

[6] Olmedo Beluche, “La Verdadera historia de la separación de 1903, Reflexiones en torno al Centenario”, Ártica S.A., Ciudad de Panamá, 2003