Tomado de Yanquis y Latinos 200 Años de Mariano Ospina Peña

La Expedición Punitiva

El 8 de marzo de 1916, Pancho Villa atacó la población de Columbus, sobre la frontera. Con 400 hombres, asaltó una guarnición de 600 tropas estadounidenses. Son muchas las especulaciones que se han tejido alrededor del porqué. El hecho fue que lo atacó y esta “invasión” a territorio estadounidense acarrearía consecuencias.

La población estadounidense de Columbus sobre la frontera atacada por Villa

El General John Black Jack Pershing

1916 era año electoral en los Estados Unidos. El Presidente Wilson estaba buscando su reelección y con el país pidiendo una retaliación contra Villa, no podía permanecer indiferente, así que con el fin de evitar un guerra abierta con México, se comunicó con el Presidente Carranza a quien le advirtió de sus intenciones, aclarando que no se trataba de una invasión yanqui, y que no había ningún interés territorial. Simplemente era una expedición para la busca y captura de Pancho Villa. A Carranza no le quedó más remedio y aceptó bajo la condición, que la soberanía mexicana y la dignidad del pueblo sería respetado. Así el 10 de marzo, Wilson ordenó al General  John “Black Jack” Pershing ingresar al territorio mexicano con 5 mil tropas, en persecución de Pancho Villa.

El 15 de marzo al cruzar el río Grande con tres brigadas, comenzó la “expedición punitiva”. Era la misión imposible. Para capturar a Villa, “Black Jack” Pershing tenía que enfrentar una lucha antisubversiva y esto significaba, la quema de poblaciones, retaliaciones, fusilamiento de prisioneros y torturas. Los expertos en Washington consideraban que inevitablemente y más bien pronto, tendría que haber una guerra con México, pues tarde o temprano, la expedición punitiva se enfrentaría con las tropas federales del Presidente Carranza. El Departamento de Guerra ya tenía planes de contingencia. La Armada bloquearía todos los puertos mexicanos y el ejército ocuparía Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. Para ello se requerían 250 mil efectivos. Del conflicto que presumiblemente se avecinaba, Wilson esperaba lograr un presidente más amistoso con los Estados Unidos.

 

Las tropas de Black Jack Pershing cruzan el río Grande para invadir México tras Pancho Villa

200 camiones llevaban suministros a Black Jack, sus hombres tuvieron que construir una carretera hasta el centro de Chihuahua, ya que las existentes eran inservibles. El desierto cobró con creces a los expedicionarios, tan dura fue la marcha, que Black Jack debía dar un descanso de 10 minutos por cada hora de travesía. A pesar de su bien apertrechado y aprovisionado ejército, Black Jack hacia muy poco progreso en su tarea de capturar a Villa. Enfrentaba una población hostil, en un terreno difícil y desconocido y estaba a merced de la buena voluntad de los locales, quienes no la tenían para el yanqui invasor y eran poco colaboradores, negándoles la venta de elemento cualquiera e incluso les negaban las más mínimas y básicas direcciones. Guías contratados a altos costos, inevitablemente los alejaban de Villa, en vez de acercarlos, y los locales remataban con desinformación. Para finales de marzo, Black Jack comandaba siete mil tropas y contaba con un escuadrón aéreo de 8 aeronaves, además de los comandantes militares de Carranza.[1]

Desmotivados, las huestes de Pancho Villa se internaron en las sierras, pero el carisma y fortaleza de Villa los mantenía unidos. La solidaridad que levantaba en la población y el discurso anti yanqui hacia efecto lentamente. Hasta las tropas federales de Carranza comenzaron a asistir a los villistas.

Antes de morir ejecutado, su teniente Pablo López afirmó a un periodista irlandés:

Los Estados Unidos utilizaron la ultima tecnología militar contra Pancho Villa en preparación para la Primera Guerra Mundial

Señor soy solo un ignorante peón. Mi educación la hice conduciendo bueyes y siguiendo el arado. Sin embargo cuando el buen Francisco Madero se levantó en armas contra nuestros despóticos amos, con gusto respondí a su llamado. Todos conocíamos a Pancho Villa, ¿Quién no? Sus logros son contados cada noche en las fogatas de los campamentos. Él era el objeto de adoración de quienes eran pisoteados por los opresores. Cuando hicieron el llamado, fui uno de los primeros en unirme a él y desde entonces he sido su fiel seguidor y amante esclavo. Preferiría morir por mi patria en batalla, pero si está decidido que me matarán, lo haré como Pancho Villa lo desearía, con la cabeza en alto y sin vendajes. La historia no podrá registrar que Pablo López, parpadeó al borde de la eternidad.”[2]

Pablo cumplió su palabra al pie de la letra. Sonrió camino al paredón, tranquilo fumó un cigarro y cuando le ofrecieron sus últimos deseos, pidió el retiro de todos los “gringos”. Rehusó el vendaje y personalmente dio la orden de “fuego” al pelotón de fusilamiento. Su coraje y bravura hicieron de Pablo un mártir, ayudando a que las gentes de Chihuahua comenzaran a ver a los yanquis por los ojos de Villa y sintiendo que Carranza no era más que un perro faldero de los estadounidenses. Ni siquiera una recompensa de 50 mil dólares por Villa, vivo o muerto, era efectiva. Nadie daba información a los expedicionarios yanquis.

Para finales de abril, en Washington le aconsejaban a Wilson retirar las tropas de México, sin embargo Wilson, quien buscaba que Carranza cediera en otorgar concesiones especiales a los inversionistas estadounidenses, decidió dejarlo como carta de negociación.

Mientras tanto en México la yanquifobia crecía. El doce de abril, Black Jack con sus expedicionarios ingresaron a Parral donde fueron recibidos a piedra por enfurecidos parroquianos, quienes gritaban consignas de “Viva Villa”. Según los yanquis, “en la consiguiente lucha”, dos estadounidenses y docenas de parraleros murieron. Una desigual lucha de piedras contra balas. La reacción de Carranza fue tímida, pero sintiendo la presión anti yanqui y a la población colocándose a favor de Villa, dijo a los estadounidenses, que ya era hora para el retiro de la “expedición punitiva”.

Cuatro facetas le resultaron al conflicto. Carranza y Wilson oficialmente unidos con el fin de acabar con Pancho Villa. Carranza con la necesidad del retiro de Black Jack. Wilson tras las concesiones que Carranza no le daba, y Black Jack desesperado con Carranza y Wilson pues solo deseaba se le permitiera carta blanca en su persecución de Villa.

En mayo, Pancho les hizo una mala jugada a todos. Ordenó un segundo ataque en Glenn Springs Texas, lo que motivó una nueva violación a la frontera mientras en Ciudad de México, Saltillo y Chihuahua habían enormes manifestaciones antiestadounidenses. A Carranza no le quedó más remedio que advertir perentoriamente que no admitiría más violaciones al territorio mexicano y exigió el retiro inmediato de Pershing. La yanquifobia crecía por todo México. A Black Jack se le advirtió que debía retroceder hacia la frontera estadounidense. Sus tropas solo podían marchar hacia el norte, en cualquier otra dirección, encontrarían resistencia de las tropas federales del General Jacinto Treviño. Crecía la fiebre de guerra. Todos esperaban de Wilson, la captura de Veracruz, dejando a Carranza el único camino de atacar con todos sus fuerzas a Pershing y probablemente aliarse con Pancho Villa contra los “gringos”.[3]

Para el mes de junio cualquier chispa encendía el conflicto, pero a pesar de recibir un enorme e incendiario tizón, no se prendió la guerra. El 21 de junio, Black Jack desafiando a Carranza, envió al Capitán Charles Boyd con cien hombres en una barrida al este. En Carrizal, ochenta kilómetros al sur de Ciudad Juárez, advertidos por el comandante militar de no ingresar a la población, Boyd hizo caso omiso para ser recibido por fuego de ametralladoras mexicanas. Al final, entre los muertos se encontraban los dos comandantes militares. La guerra no estalló porque ni Wilson, ni Carranza la deseaban. Wilson no quería dejarse atrapar en una guerra contra México cuando se le venía la Primera Guerra Mundial. Cada día que pasaba, los yanquis sentían que las provocaciones alemanas los llevarían a participar y Carranza sabía que los estadounidenses querían reemplazarlo en el solio presidencial.

El Presidente Wilson no se sintió capaz de solicitar una autorización al Congreso para una mayor fuerza militar contra México y escribió:

No puedo llevarme a solicitar que los Estados Unidos haga la guerra a México”.

Luego comenzó a escribir sus pensamientos sobre la Revolución mexicana repitiendo lo que había dicho año y medio antes en Indianápolis:

no es cuestión del pueblo americano dictar a otros pueblos como debe ser su gobierno.”

Al mostrar el borrador al Secretario Lansing, este cuestionó el compromiso presidencial a la no intervención y anotó al margen del documento del presidente, ¿qué hay de Haití, Santo Domingo, Nicaragua, Panamá? Lansing tenía toda la razón. Claro que el presidente no se refería a Latinoamérica en general sino a México en particular.[4] El Presidente Woodrow Wilson pasaría a la historia de las turbulentas relaciones latino-estadounidenses como el hombre que más cañoneras y marines había enviado a la región. ¿En dónde estaba su compromiso con la no intervención?

México y los Estados Unidos crearon un Comisión Conjunta con el fin de lograr negociaciones directas. De ahí en adelante fue un estatus quo, que terminó en febrero de 1917 con el retiro de todas las tropas estadounidenses. Una victoria para Carranza y una derrota para los Estados Unidos. La Expedición Punitiva contra Pancho Villa es considerada la mayor humillación estadounidense. Pancho Villa fue el gran ganador y volvió a ocupar su lugar en la Revolución Mexicana.

Casi que simultáneamente con el retiro de Black Jack y sus expedicionarios, se promulgaba la nueva Constitución mexicana. De inmediato los inversionistas y concesionarios estadounidenses formaron una asociación “National Association for the Protection of American Rights in Mexico” con activa participación y asistencia de la Secretaría de Estado, quienes mediante lobbying, buscaban defenderse del temido Articulo 27, el cual proveía que el subsuelo mexicano era un bien público.

Ahí no terminó el odio contra Villa. De allí en adelante comenzaría una guerra subterránea, sucia, contra el mexicano. La incipiente comunidad de inteligencia estadounidense comenzó a contratar asesinos, pistoleros, gatilleros y sicarios quienes trataron infructuosamente de acabar con Pancho. Incluso enviaron nipón estadounidenses como agentes comerciales de Tokio, que ingresaron al círculo de confianza del líder mexicano y lograron envenenar su café. Villa sobrevivió y al fallar todas las sucias maniobras de la pre CIA, las autoridades estadounidenses trataron de enterrar la evidencia de todos sus actos en archivos cerrados.[5]

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[1] Frank McLynn, “Villa and Zapata”, Carroll & Graf Publishers, Nueva York, 2001

[2] Ibíd.

[3] Ibíd.

[4] Lars Schoultz, “Beneath the United States”, Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, 1998

[5] Frank McLynn, “Villa and Zapata”, Carroll & Graf Publishers, Nueva York, 2001