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Mariano Ospina Peña

Carlos Martínez Silva como Canciller, al llegar como Ministro Plenipotenciario de Colombia en Washington, por solicitud de John Hay, había entregado un memorando con algunos puntos sobre cómo podría ser la negociación del canal en Panamá con Colombia, pero Colombia jamás había entregado una oferta formal o planteado condiciones para una concesión estadounidense. Es William Nelson Cromwell, quien no tiene por qué intervenir en las negociaciones entre los Estados Unidos y Colombia, el que hace el primer borrador y añade correcciones exigidas por John Hay o sea el Tratado se había convertido en una imposición de los estadounidenses Teddy, John Hay y Cromwell sin que los colombianos mediaran en su contenido.

Las Objeciones al tratado

En un artículo publicado el 29 de agosto de 1902 en el Evening Star de Washington, los colombianos anuncian diferencias y divergencias con las sugerencias del gobierno estadounidense. La exigencia del negociador John Hay, Secretario de Estado, sobre el arrendamiento a perpetuidad de la franja de tierra sobre la cual se cavaría el canal, no se podía hacer, ni se podían establecer tribunales estadounidenses y fuerza pública en la zona estadounidense, porque ambas condiciones violaban la Constitución colombiana. Muy en contra de la opinión general, con el fin de superar este inconveniente, el gobierno de Colombia sugería que se hiciera un arrendamiento a 100 años, renovable a consideración de los Estados Unidos. En cuando a la administración de justicia y la fuerza pública en la zona del canal, ésta podía ser administrada por estadounidenses pero debía estar sometida a la justicia colombiana y solamente las leyes colombianas serían las que imperan en toda la zona.[1]

Entonces comienza en los Estados Unidos una despiadada campaña publicitaria de matoneo en los medios, con el fin de convencer a los estadounidenses de la gloriosa obra benéfica para toda la humanidad, en la cual ellos están empeñados pero tropiezan con unos colombianos, subdesarrollados y ávidos de dinero, poniendo todo tipo de trabas a su heroica labor. La campaña es dirigida en tres frentes: desde la Casa Blanca en cabeza de Teddy y el Secretario Hay, la oficina de prensa de Cromwell al frente del inescrupuloso Farnham y periodistas amigos de Bunau-Varilla.

Pero no eran las únicas objeciones. En vista que el tratado Salgar-Wyse de 1877 claramente estipulaba en el artículo 21: “Estaba expresamente prohibido ceder la concesión a otro gobierno extranjero.”[2]

 Ésta prohibición aceptada por los franceses desde 1877 se convirtió en otro dolor de cabeza para los colombianos porque, estando en su derecho el gobierno colombiano, exigió de la Compagnie Nouvelle du Canal de Panama, como indemnización la suma de 10 millones de dólares por el traspaso de la concesión al gobierno de los Estados Unidos. Cromwell en conjunto con Douglas Robinson, convencieron a Teddy para que no permitiera a Colombia cobrar una indemnización a la Compagnie Nouvelle du Canal de Panama, haciendo que quedará prohibido dentro de las cláusulas del mismo tratado.

José Vicente Concha Enviado Especial y Ministro Plenipotenciario de Colombia en los Estados Unidos

Cromwell afirmó posteriormente, mientras él hacía malabares con la legislación estadounidense:

“Uno de los problemas vitales al que nos enfrentábamos era inducir a Colombia, mediante tratado, el permitir la Compagnie Nouvelle du Canal de Panama transferir sus próxima a vencer concesión sin tener que pagar parte alguna de los $40 millones de dólares a Colombia, que recibiría de los Estados Unidos si un tratado satisfactorio se lograba negociar.”

Comienza entonces la lucha de separar a Colombia de cualquier parte de los $40 millones de dólares que el American Syndicate recibiría con la venta de la empresa. La nueva táctica de Cromwell fue involucrar al gobierno colombiano en la negociación. En esos momentos se encontraba José Vicente Concha de Ministro Plenipotenciario en Washington. Cromwell por su propia cuenta comenzó a negociar con el Ministro Concha:

“En el curso de conferencias que sucedieron por semanas a la vez, el señor Cromwell llevó al Ministro (Concha) a comprometerse con varias bases para una propuesta.”[3]

Y lamentablemente Concha cayó en el juego de abogado neoyorquino y permitió su interferencia. Entonces Cromwell quien no tenía ninguna autoridad y cuyo fin era la venta de la compañía francesa a los Estados Unidos, abusando de su posición gracias a su socio Robinson, con el beneplácito de Teddy, personalmente redactó el borrador de un tratado internacional entre Colombia y los Estados Unidos, en el cual fue muy cuidadoso en permitir que la empresa francesa del canal pudiese transferir su concesión panameña a los Estados Unidos sin tener la necesidad de cancelar una penalidad, e intimidó a Concha para que la aceptase.[4] Si Colombia lo ratificaba, recibiría una miseria de los 40 millones, si no, daba el pretexto perfecto a Madman Teddy para la segregación del istmo de Colombia. Luego volvió a redactar el borrador original y lo transmitió oficialmente al Secretario de Estado John Hay. Por solicitud de Hay, hizo algunos cambios, nuevamente redactó un borrador y lo presentó a Concha.

Para colmo, los accionistas “franceses” que ya eran los del American Syndicate, pretendían vender sus derechos al gobierno norteamericano (Art. 1) en 40 millones de dólares, lo cual estaba prohibido por el Salgar-Wyse, sin pagar un céntimo de indemnización a Colombia como establecía dicho tratado. Estas diferencias explican que la opinión pública colombiana, y gran parte de la panameña, así como el gobierno del presidente Marroquín y sus negociadores, dudaran de la conveniencia de un tratado en estas condiciones con Estados Unidos. Ello produjo un gran debate nacional, y finalmente la renuncia del negociador colombiano José Vicente Concha.[5]

Con la Casa Blanca, el Secretario de Estado, la oficina de prensa de Cromwell y el poder oculto del American Syndicate, la presión de los estadounidenses era insoportable. Carlos Martínez Silva había regresado enfermo a Colombia. La maquinaria publicitaria de Cromwell y Roosevelt seguía acusando a Colombia de ser un  simple comerciante en sus esfuerzos por obtener ventajas pecuniarias. A Colombia no se le podía dejar ver como una nación en la defensa de su soberanía. La doble moral que esto llevaba, simplemente se desvanecía con la retórica patriótica y emocional de los estadounidenses empujados por el imperialismo del Destino Manifiesto.

En concordancia con la actitud de matoneo de Madman Teddy para con una nación amiga y aliada pero mucha más débil, el Departamento de Estado anunció que el Gobierno de los Estados Unidos no esperaría para concluir el tratado con Colombia, sino que “empezaremos a cavar el canal y después discutiremos los términos”. El 30 de octubre de 1902, el Evening Times de Washington publicaba en primera página a dos columnas:

Construir el Canal a pesar de Colombia

El Departamento de Estado esperará un tiempo razonable para que actúe el gobierno istmeño y luego empezará a trabajar

Ha sido anunciado en el Departamento de Estado que el gobierno de los Estados Unidos no será demorado más allá de un tiempo razonable para la construcción del Canal de Panamá. Si Colombia manifiesta su disposición en regatear sobre los términos: el precio a pagar y la extensión de la jurisdicción estadounidense en el istmo, el gobierno de los Estados Unidos no esperará para concluir el tratado, sino que empezará a cavar el canal y discutirá la términos posteriormente…[6]

 El 18 de noviembre de 1902 el Secretario de Estado John Hay, entregó al Ministro José Vicente Concha, la revisión de Cromwell del tratado sobre el artículo XXIII en el cual se proponía un pago de $7 millones de dólares y una anualidad de 100 mil o $10 millones de dólares y una anualidad de 10 mil. El Secretario Hay decía a Concha, que el gobierno colombiano no debería demorar más y decidir por una de estas alternativas.

Concha envió el siguiente cable a Bogotá: El Departamento de Estado me ha respondido en cuando al asunto del Canal de Panamá en forma de ultimátum. Se niega a incrementar el valor de la indemnización; sustenta el cambio en el contra-memorando del 18 de julio; no permite que la empresa del canal entre en arreglos previos con el gobierno de Colombia y pretende que el tratado constituye permiso para la cesión de derechos al gobierno de los Estados Unidos sin otra condición; niega el retorno a poder de Colombia de la tierras gubernamentales; no acepta indicar fecha de terminación del tratado.

Yo no creo que el tratado sea admisible en esta forma. La comunicación del Departamento de Estado no admite nuevas objeciones.[7]    

The San Francisco Call de octubre 30, 1902 titula: “La demora de Concha molesta América” El Ministro colombiano demora las negociaciones del Canal. Los Estados Unidos no están satisfechos con la conducta de la nación

Con el fin de lograr su tan anhelado canal interoceánico, la presión del gobierno norteamericano condujo a conversaciones con Colombia que se habían convertido en imposiciones, al existir la permanente amenaza de hacer el canal por Nicaragua. El Presidente estadounidense, Madman Teddy había denigrado de los colombianos al denominarlos “liebres” con las que debía negociar pero con el fin de favorecer a su cuñado y sus socios del American Syndicate, se aseguraba que los colombianos no pudieran exigir una compensación adecuada a la empresa francesa por el traspaso de la concesión.

José Vicente Concha como Ministro Plenipotenciario de las liebres en Washington, había sido incluido por Cromwell en las negociaciones de la venta de la empresa francesa como si fueran las negociaciones sobre el canal de Panamá con los Estados Unidos.

El 19 de noviembre, José Vicente envió un nuevo cable a Bogotá:

Yo no puedo conscientemente aceptar el tratado últimamente propuesto por el Departamento de Estado en Washington ya que sacrifica a Colombia, sin siquiera la excusa de una ventaja pecuniaria, porque ella recibirá menos de lo que ahora recibe del Ferrocarril de Panamá (250 mil dólares anuales).[8]

Así mismo añadió que su renuncia era irrevocable. Pero respondió al Secretario Hay poniendo de presente las objeciones al tratado propuesto:

Como es limitado el tiempo en que las compañías disfrutarán del usufructo de estas propiedades, es claro que ello indica un gran precio, que pertenece a Colombia, y no hay razón o motivo de que sea pagado a las empresas o que su dueño las ceda gratuitamente. Colombia ha ejercido un acto de excepcional liberalidad al extender el periodo de construcción de los trabajos, con el único efecto en que ésta última está ahora en una posibilidad de recuperar una parte de su capital, el cual, de no haber sido así, habría pasado a Colombia dentro de unos pocos meses.

El abajo firmante no demanda ni sugiere que los Estados Unidos intervenga en cuestiones que deberán ser discutidas entre el gobierno de Colombia y dichas compañías, pero si presenta estas preguntas para que haya claridad en la equidad con que Colombia procede con sus peticiones. Al presente si falta algún ejemplo de su liberalidad en concesiones de tierra, será suficiente demostrar el incremento de la zona del canal de 200 metros concedidos a la empresa, a 5000 metros ofrecidos a los Estados Unidos.

Las anteriores razones sirven en parte, pero también demuestran la necesidad que existe que el gobierno de Colombia celebre un contrato especial con las compañías que van ceder sus derechos; pero a ellas decimos que el tratado entre Colombia y los Estados Unidos no puede tener la facultad judicial de ajustar o cancelar los vínculos que existen entre la República de Colombia y esas compañías, vínculos que proceden de contratos perfectos, que no pueden deshacerse en conformidad con los principios de jurisprudencia universal porque una de las partes celebra un pacto concerniente al mismo material con una tercera parte, que en este caso sería los Estados Unidos.[9]

Lo que José Vicente no sabía, era que Madman Teddy defendía a toda costa, los $40 millones que recibiría la empresa de su hermana y cuñado con sus poderosos secuaces del American Syndicate y a Colombia no se le permitiría tocar estos recursos. Después de esgrimir sus razones en contra y en razón a lo lesivo que era para el país el borrador de tratado de Cromwell, Concha renunció con el fin de no tener que unir su nombre, a un tratado tan impopular en el departamento de Panamá, como en todo el territorio colombiano y escribió al gobierno el 28 de noviembre de 1902 que el secretario, doctor Tomás Herrán tomaría su puesto como encargado de negocios y ese mismo día sin esperar respuesta, el Doctor Concha dejó Washington. Ni siquiera se despidió del Departamento de Estado. Su último acto oficial fue transmitir a Bogotá el borrador Cromwell-Hay del 18 de noviembre y afirma:

“A pesar del deseo de aparecer ellos como la Nación más respetuosa de los derechos de otras fuerzas, estos caballeros juegan un poquito con su presa antes de devorarla; cuando todo esté dicho y hecho, ellos lo harán de una manera u otra. Los estallidos de la prensa, que usted conocerá al recibo de ésta, y las más o menos disimuladas amenazas que aparecerán cada día en los periódicos, procedentes del propio Míster Hay o de Míster Cromwell, quien es una rata y muy activo en fomentar estos y otros alborotos, no han dado el resultado que ellos esperaban”[10]

Ahora con todas las modificaciones exigidas por Hay y el borrador redactado por Cromwell que las liebres consideraban inaceptables, Concha salió de Washington afirmando:

“Los dedos se me paralizan al pensar no más en poner mi firma al pie de estipulaciones de esa índole. Nada vale mi oscuro nombre y yo no quisiera para él sino un olvido completo; pero muchos días pienso, y veo hasta en el sueño, una época no remota en que se señalaría a mis pobres hijos con el dedo, diciéndoles: esos son los hijos del que firmó la desmembración del territorio colombiano; y entonces miro como una muralla de acero que se levanta entre el secretario de Estado y este maltrecho ministro de Colombia”.[11]

El 23 de noviembre el francés Bunau-Varilla desde París, le envió el siguiente cable a Marroquín en Bogotá:

“Marroquín -Presidente. -Bogotá

“Situación en extremo peligrosa justifica someterle siguiente consideración: suspensión en firmar tratado sobre Canal de Panamá en víspera reunión Congreso tiene tres consecuencias igualmente peligrosas para los intereses vitales de Colombia: o la final selección de la vía de Nicaragua, acuerdo ley Spooner o la perdida de todo lo conquistado y continuación del actual estado de al terminar el próximo febrero no está todo convenientemente arreglado, o la creación de sucesos internacionales de la mayor gravedad, de los cu

 

ales puede resultar que el canal sea construido por Panamá contra Colombia, en lugar de llevarse a cabo con ella amigablemente. La única esperanza es una acción decisiva y radical del supremo Gobierno de la República. “BUNAU VARILLA”[12]

El 26 de noviembre el San Francisco Call publica en primera página con un titular a 6 columnas que dice:

El gobierno teme que Colombia quiere extorsionar de los Estados Unidos una gran suma por  las concesiones del canal

Planea Licitación mundial

Falla la negociación del Tratado

Aún hay duda sobre la Ruta Panameña

El Secretario Hay le entrego el reporte al Presidente Roosevelt, que el Ministro Concha (embajador) había fallado en acordar la última propuesta ofrecida por los Estados Unidos como base para el tratado del canal de Panamá.

…Se ha sabido que el gobierno teme que Colombia esté comprometida en un ardid para lograr una muy mayor suma por las concesiones colombianas a lo que fue especificado en el acuerdo original o estarían (los colombianos) esperando a que expire la presente concesión para declarar la extensión hasta 1910 inválida, y así poder colocar el canal en el mercado internacional y entregarlo al mejor postor.[13]

Es obvio que este tipo de información provenía de la misma Casa Blanca (Teddy y Hay) y de la oficina de prensa de Cromwell con el fin de desacreditar a Colombia y presionar a los representantes colombianos en Washington. El diario no menciona que los gringos han asustado a todos los posibles compradores con sus afirmaciones del canal y la Doctrina Monroe y tampoco se ha llegado a un acuerdo inicial del cual Colombia se esté retractando. Colombia pasa de un país que defiende su soberanía, a un villano extorsionista ante los ojos del público estadounidense.  

José Vicente se fue justo a tiempo, porque el American Syndicate también estaba aplicando todo su poder de coerción e influencia. El 29 de noviembre, el San Francisco Call publicó en primera página a una columna, un artículo titulado:

“Haríamos la Guerra a los Colombianos”

Se desesperan quienes respaldan la ruta panameña

Urgen a los Estados Unidos construir el canal sin tratado

La ley limita las acciones en referencia a la vía acuática

El Buró del Call, 1406 G Street N.W., Washington, Nov 28.-Personas interesadas en vender el Canal de Panamá a los Estados Unidos por 40 millones de dólares, aparentemente han perdido la cabeza por la negativa de Colombia en negociar el canal de acuerdo a la ley Spooner y ahora urgen al Presidente, al Departamento de Estado y miembros influyentes del Congreso, una vía que llevaría a la conquista de Colombia por este país. Amenazas han sido hechas por las personas interesadas, de cosas espantosas que sucederían a Colombia si ella no negocia rápidamente un tratado. Se afirmó que los Estados Unidos podrían seguir adelante y construir el canal bajo los derechos de la Compañía del Canal de Panamá, tan pronto se cancelen los $40 millones y si Colombia continua vacilando, este gobierno ignoraría al gobierno de Bogotá, tomaría posesión del istmo y pagaría a Colombia la compensación que considerara adecuada.

El senador Cullom, Presidente del Comité de Relaciones Exteriores tras una entrevista con el Presidente en el día de hoy, intimó que los Estados Unidos tendrán plena autoridad para cavar el canal tan pronto se paguen el valor de compra a la Nueva Compañía del Canal. El cree que tras adquirir los derechos, los Estados Unidos pueden construir sin esperar el tratado con Colombia.

Sentimiento significativo

Esto no significa que el Presidente tomará este curso de acción, pero si es un indicativo sobre el curso que han tomado las conversaciones llegando al punto en que un  senador tan prominente como Cullom piense en la guerra.

La Ley Spooner del canal muestra que estos procedimientos serían ilegales. Las secciones 2 y 3 dicen:

El Presidente está autorizado para adquirir de la República de Colombia para los Estados Unidos, en los términos que él considere razonable, el control perpetuo de una franja de tierra en el territorio de la República de Colombia, con no menos de 6 millas de ancho que se extiende desde el Mar Caribe hasta el Océano Pacífico con derecho al uso y disposición de las aguas ahí. El Presidente también podrá adquirir territorios adicionales y derechos de Colombia, que puedan facilitar el propósito general aquí anunciado. Cuando el Presidente haya logrado asegurar a satisfacción el título de propiedad de la Nueva Compañía del Canal de Panamá y obtenido mediante tratado, el control necesario del territorio de la República de Colombia, estará autorizado a pagar por la propiedad de la Nueva Compañía del Canal de Panamá $40 millones de dólares y a la República de Colombia las sumas acordadas.[14]

Tomás Herrán Mosquera

Tomás Herrán Secretario de la Legación de Colombia

Tras la intempestiva partida de José Vicente, quedó el Secretario de la Legación, Tomás Herrán Mosquera de 59 años y Tomás no era una “liebre” cualquiera, pero si una víctima más en ésta sórdida historia canalera.

Tomás era de la élite criolla, y venía de una importante y adinerada familia política. Nació en Bogotá el 21 de Septiembre de 1843, hijo de Pedro Alcántara Herrán presidente de la República. Su madre Amelia Mosquera era hija del General Tomás Cipriano de Mosquera, Presidente de la República en varias oportunidades. Su abuelo materno había enviado a su padre a hacer lobby al senado de los Estados Unidos con el fin de lograr la ratificación del tratado Mallarino-Bidlack. Su padre había viajado con su familia, incluido un pequeño Tomás de apenas 3 años. Así Tomás creció en Washington. Había obtenido su pregrado en 1863 y una maestría en 1868 de la prestigiosa Universidad de Georgetown mientras su padre fue Ministro de Colombia en Washington. Además acompañó a su padre en diversas posiciones gubernamentales. Tomás era un diplomático de carrera habiendo sido durante diez años Cónsul General de Colombia en Hamburgo, Alemania. Tras casarse con Laura Echeverri, una acaudalada heredera del sistema financiero, entidades comerciales e industriales de Antioquia, Herrán, radicado en Medellín, fue Agente Comercial y Cónsul de los Estados Unidos de 1877 a 1879 y de nuevo en 1893 hasta 1898.  También había ejercido la docencia y alcanzado la posición de Ministro de Instrucción Pública. En septiembre de 1900 había sido nombrado al frente de la Secretaría de la Legación colombiana en Washington.[15]

“Su nuevo nombramiento renovaría los antiguos esfuerzos de su padre y su abuelo materno, por mantener el patrimonio de Colombia en el Istmo y por desarrollar al mismo tiempo la economía de esta región a través de la construcción de un sistema de transporte transcontinental.”[16]

En cable del 3 de diciembre de 1902 Herrán informa a Bogotá:

-Washington, 3; Buenaventura, 3 de diciembre de 1902-Exteriores-Bogotá.-Legación a mi cargo, pero sin carácter Ministro Plenipotenciario no puedo negociar Tratado; hay urgencia. -HERRÁN

 La respuesta el 11 de diciembre fue:

Herrán –Legación-Colombia-Washington-Como Encargado de Negocios es usted Ministro Diplomático. El Gobierno de Colombia le confiere plenos poderes para adelantar negociación Canal de Panamá. Haga lo posible para obtener $10 millones dólares de contado y $600 mil renta anual, y todas las ventajas posibles de acuerdo con instrucciones anteriores. Exija declaración por escrito de que el Gobierno de los Estados Unidos no mejora propuesta, si éste fuere el caso, y firme Tratado con cláusula indispensable de que éste queda sometido a lo que determine el Congreso de Colombia. El próximo correo llevará ratificación poderes. Córdoba continúa Legación. -MARROQUÍN-PAÚL

William Nelson Cromwell, al igual que había hecho con Concha, seguía su venenosa relación confidencial con el Dr. Herrán y conocía al dedillo las instrucciones recibidas por Herrán gracias a que mediante sobornos, tenía como espía a Luis Halberstadt, jefe de protocolo de la Cancillería en Bogotá.

Los Estados Unidos seguían firmemente opuestos a las enmiendas hechas por José Vicente Concha y obviamente de un incremento en el pago inicial y las anualidades. Entonces Cromwell urgió de Hay que aumentase la anualidad. El 12 de diciembre tras una larga conversación con Madman Teddy, Hay autorizó a Cromwell prometer a Tomás Herrán una anualidad de cien mil dólares.

Tomás informó al gobierno colombiano el 13 de diciembre: Tras varias discusiones el gobierno de los Estados Unidos ofrece un máximo de $10 millones de dólares y una anualidad de $100 mil. Yo considero que es inaceptable, pero espero órdenes del gobierno de Colombia.[17]

El 19 de diciembre en carta al gobierno nacional, Tomás informa de peligros que ciernen la república:

Además del ya conocido ultimátum, otro peligro nos amenaza. El señor Shelby M. Cullom, senador de Illinois y presidente del Comité de Relaciones Exteriores sostiene que en caso de que Colombia no se preste a un acuerdo satisfactorio, el gobierno de los Estados Unidos puede llegar a un entendimiento directamente con la compañía del canal, pasando por encima de Colombia y expropiar parte de nuestro territorio sobre la base de una utilidad pública universal y dejan pendiente la compensación con Colombia, la cual será decidida posteriormente. El Presidente Roosevelt es un partidario decidido de la ruta panameña y en vista de su violenta e impetuosa disposición, es de temer que el esquema del senador Cullom no le disguste.[18]

El 20 de diciembre el Senador Morgan, partidario del canal por Nicaragua presentó una moción en el Congreso en el cual al Presidente (Madman Teddy) se le requería concluir de inmediato

Shelby Cullom

negociaciones para el canal nicaragüense ya que no se había logrado un tratado con Colombia. Cromwell de inmediato organizó la oposición y logró derrotar la moción. Temiendo la falta de progreso, fue a la Legación de Colombia y le dijo al Dr. Herrán que una acción por parte del gobierno de Colombia era imperativa ya que el Departamento de Estado presentaría un ultimátum el 5 de enero.

El 25 de diciembre Tomás envió un cable al gobierno de Colombia: Es probable que el Departamento de Estado presente un ultimátum el 5 de enero.

El 31 de diciembre recibió respuesta del gobierno colombiano: Esperamos con impaciencia el ultimátum anunciado para así decidir si usted ha de firmar.

Aparentemente Tomás Herrán comprendió la manipulación de William Nelson Cromwell y comenzó a desprenderse del abogado neoyorquino según se entiende en la carta de 9 de enero de 1903, al gobierno colombiano:

En el periodo inicial de nuestras labores aquí, cuando fue necesario lograr adherentes a la ruta panameña que competía con la de Nicaragua, los agentes de la Compagnie Nouvelle du Canal de Panama fueron aliados muy útiles, especialmente el Señor William Nelson Cromwell, el hábil abogado de la compañía, un hombre activo, infatigable y de gran influencia. Mientras los intereses de Colombia y la compañía del canal fuesen idénticos, esta poderosa cooperación fue muy útil, pero ahora los intereses no son comunes y yo trabajo independientemente de nuestros antiguos aliados. Ya que la ruta panameña ha sido preferida, los agentes de la compañía, con el fin de mantener las negociaciones que han iniciado con los Estados Unidos, hacen todo los posible por hacer firmar el tratado sin importar el costo para Colombia. El señor Philippe Bunau-Varilla trata inoficiosamente de intervenir en este asunto y sé que ha estado enviando cables al gobierno colombiano. Este caballero es un accionista importante de la compañía del canal, pero no tiene posición oficial en ella. Su actividad es de su propia cuenta y representa tan solo sus propios intereses.[19]

El 10 de enero el Vicepresidente Marroquín y el Canciller Paul instruyeron a Tomás Herrán tratar de obtener mejores condiciones económicas y le afirman: “Si esto no es posible y usted ve que por la demora, todo se pierda, firme el tratado.”[20]

El 16 de enero el Secretario de Estado Hay informó a Cromwell, que había recibido un cable del Ministro Hart en Bogotá en el cual le informaba que Colombia no estaba dispuesta en aceptar la oferta hecha por los Estados Unidos, y que el Ministro Herrán en Washington había recibido instrucciones de insistir en los términos previamente solicitados, además de las enmiendas exigidas por José Vicente Concha antes de retirarse. El cable también estipulaba que la empresa del canal era requerida a nombrar un agente en Bogotá. Así el Secretario Hay dio instrucciones por cable al Ministro estadounidense en Bogotá para que anunciara oficialmente al gobierno de Colombia que: “si la presente actitud de Colombia no cambia, será imposible continuar las conversaciones y  las negociaciones serán finiquitadas.”[21]

El mismo ultimátum de Hay fue enviado a Tomás en la Legación de Colombia en Washington. Tomás no dio respuesta alguna. Esta situación desesperó al abogado neoyorquino Cromwell. Los dos gobiernos prácticamente habían roto las negociaciones y no había comunicación entre sí.

El mismo William Nelson Cromwell afirmó: Decir que estábamos casi desesperados no es una exageración porque ninguno de los dos gobiernos podía satisfacer al otro y habían dejado las conversaciones. Una solución parecía imposible. En estas críticas condiciones estuvimos muy ocupados presentando nuestros argumentos ante el encargado de negocios de Colombia, examinando con él las instrucciones recibidas y discutiendo varios planes con el fin de llegar a un acuerdo. El encargado de negocios aunque bien dispuesto, era impotente.

Por solicitud del Secretario Hay, le mantuvimos informado casi hora por hora, sobre el estado de las negociaciones, las cuales aún parecían sin esperanza y de las cuales el gobierno estadounidense veía como virtualmente cerradas y a punto de ser oficialmente terminadas por un anuncio público en este sentido.

Estuvimos en sesión continua con el señor Herrán y le persuadimos que abandonara todas las enmiendas (incluida la indemnización de la compañía francesa por la transferencia de la concesión a los Estados Unidos) y que dejara solo aquella en referencia a las anualidades de los Estados Unidos. Este fue un importante paso hacia el éxito, pero sobre los arreglos pecuniarios aún no habíamos salido del punto muerto. Continuamos con nuestros esfuerzos para persuadirle (a Tomás Herrán) mediante conversaciones y de nuevo el señor Cromwell encontró una solución al divisar un plan mediante el cual se reemplazaba el Artículo XXV-B (sobre el asunto de la anualidad), en la cual la cantidad exacta de la anualidad se dejaba a una comisión de tres, nombrados en el tratado (con el Presidente del Tribunal de la Haya como árbitro), pero dentro de los límites mínimo y máximo, impuestos por cada gobierno. Tras prolongados esfuerzos, el señor Cromwell logró persuadir al Ministro Herrán de aceptar esta substitución y de autorizarle proponerla a los Estados Unidos. El Ministro aceptó mediante la siguiente comunicación.[22]

Legación de Colombia, Washington DC enero 16 de 1903

Señor William Nelson Cromwell

Apreciado Señor: Le repito lo dicho esta mañana lo cual es: yo firmaré en nombre de mi gobierno el tratado propuesto por los Estado Unidos, sí el Artículo XXV-B es modificado y sustituido por la cláusula adjunta, que usted sugiere y que yo he aprobado con mis iniciales. Sinceramente, -Tomás Herrán

De inmediato presentamos esta nota al Secretario Hay y al Presidente, urgiéndoles su aprobación. Como resultado de largas conversaciones fuimos autorizados anunciarle al señor Herrán que su propuesta sería aceptada, al menos que una suma fuera acordada en el acuerdo, lo cual era preferido. Este avance fue inmenso porque demoraba el ultimátum y reabría la puerta a la negociación. Habiendo llegado hasta ahí, sugerimos un compromiso sobre la base de $250 mil dólares anuales. Esta era el valor de la anualidad que había servido por muchos años las concesiones del Ferrocarril de Panamá y la cual mantuvimos como un precedente que generaba una base equilibrada para el arreglo. Sin embargo los Estados Unidos no había mostrado la más mínima disposición en exceder la suma de $100 mil. Finalmente el señor Herrán cedió a nuestros argumentos y nos autorizó ofrecer al señor Hay un compromiso sobre la base de $250 mil dólares anuales. Era necesario llevar los Estados Unidos hasta esta nueva cifra. Todo el 21 y el 22 de enero el señor Cromwell se dedicó a esta tarea, discutiendo con el Secretario Hay, explicando los peligros de la situación y la necesidad de una acción inmediata porque el gobierno de Bogotá podría, en cualquier momento, reducir los poderes del señor Herrán que ya de por sí era un asunto de recelo y urgiendo un incremento de la anualidad ofrecida por los Estados Unidos. Como resultado de estos argumentos y de su propia convicción, el Secretario autorizó un compromiso con esta cifra si el encargado de negocios aprobada todas las demás clausulas.[23]

Tomás Herrán ya había recibido instrucciones desde el pasado 10 de enero.

Cuenta Cromwell: Fuimos a la casa de ese funcionario, hicimos un esfuerzo supremo en hacerle decidir y llevarlo a un acuerdo sobre todas las cuestiones aún sin acordar. Entonces rápidamente corregimos el borrador del tratado para hacerlo conforme a este arreglo y acompañando al encargado de negocios a la residencia del Secretario Hay en la noche del 22 de enero le anunciamos a este último que un entendimiento se había alcanzado y que el señor Herrán estaba listo para firmar el tratado ahí en ese momento. El señor Herrán confirmó lo anterior tras recibir del Secretario Hay la afirmación que el tratado representaba los mejores términos que los Estados Unidos podían ofrecer.[24]

Entonces Tomás Herrán siguiendo las instrucciones del gobierno firmó el tratado con la  plena autorización del Vicepresidente José Manuel Marroquín y del Canciller Felipe Paul. Cómo el tratado había sido redactado por William Nelson Cromwell buscando lograr sus objetivos y los de sus socios del American Syndicate, obviamente resultaba altamente lesivo para la soberanía colombiana por cuanto se otorgaba a Estado Unidos el control absoluto, por cien años prorrogables unilateralmente por los Estados Unidos, de una franja de tierra de cinco kilómetros a lado y lado del canal. Estados Unidos pretendía construir un canal dominado militarmente por ellos; en la que podrían:

“dictar y hacer cumplir los reglamentos de policía y de sanidad… que se juzguen necesarios para la conservación del orden…”  

y en la que habría tribunales colombianos, norteamericanos y mixtos, según la causa que se juzgue; con el control norteamericano de los puertos de Panamá y Colón, y de las aguas del río Chagres, etc.[25]

El Secretario de Estado advierte al Presidente Roosevelt que ha firmado el tratado y lo dará a conocer en la mañana siguiente

Pero el Tratado no gustaba. El hecho de perder la soberanía sobre la franja del canal era muy mal visto. Ninguna liebre aprobaba, ni siquiera las liebres en Panamá, pues estaban los diarios El Cronista, El Duende, El Istmeño y El Mercurio, todos en contra del Tratado Herrán-Hay. Claro que había una excepción y era el de J. Gabriel Duque en el diario La Estrella, que favorecía a los yanquis. Es que la imposición imperialista que sacaba a Colombia de su propio territorio y colocaba leyes y autoridades estadounidenses, respaldas con tropas y equipos de guerra en la zona del canal, además de aquello de “concesión perpetua disimulada” no gustaba. El Cronista, diario liberal de la Ciudad de Panamá publicó el siguiente artículo el 8 de junio de 1903:

“Próximamente se elevará á las Cámaras Legislativas un memorial concebido en los siguientes términos: Honorables Senadores y Representantes al Congreso de la República de Colombia. Los que suscribimos, naturales y residentes en la ciudad de Panamá, con el mayor respeto nos tomamos la libertad de indicaros que al considerar el proyecto de Tratado sobre Canal Interoceánico, que será sometido á vuestra sanción, lo reforméis de modo que no se menoscabe prerrogativa alguna de las inherentes á la soberanía de Colombia en el territorio en donde se ejecutan los trabajos de la Empresa, y sobre sus moradores permanentes ó transeúntes, ora en lo que se relacione con la administración de la justicia, ora en cuanto al servicio de policía, ya en lo relativo á la imposición, distribución y recaudo de los impuestos, ya en lo concerniente á cualquiera otro ramo de Gobierno en tierra y aguas colombianas y sus habitantes. Estimamos que las reformas que determinarán vuestra ilustración y vuestro patriotismo, comprenderán en forma precisa las ventajas que de derecho corresponden á la Nación, y muy particularmente al Departamento de Panamá, y que estas ventajas quedarán fija y solemnemente consignadas en el respectivo Convenio.”

“Ante todo, Honorables Senadores y Representantes, que las decisiones que habéis de adoptar se inspiren en el concepto de la integridad moral y material de la Patria.”[26]

Para desdicha del país, el Embajador estadounidense en Colombia, Charles Burdett Hart nombrado en julio de 1897 por el asesinado Presidente Mckinley fue reemplazado Arthur M. Beaupré el 13 de abril de 1903 quien fue nombrado Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario por Madman Teddy. Beaupré un abogado de Illinois, fue nombrado por su lealtad al Partido Republicano y no por sus cualidades diplomáticas.

La situación para el tratado se veía mal. Incluso el ministro Beaupré en Bogotá le afirmó al Secretario de Estado:

Arthur M. Beaupré Ministro estadounidense en Colombia

si la convención propuesta fuese sometida a la libre opinión del pueblo, no pasaría.[27]

Y no pasaría porque todo era al juicio unilateral de los yanquis, sin ninguna consideración con la nación contratante. Era exactamente lo que había dicho el Ministro mexicano Zozaya en Washington casi cien años antes:

Los yanquis son incapaces de hacer un tratado de alianza o comercio excepto cuando les conviene, sin ningún sentido de reciprocidad”[28]

En su declaración de 1907, William Nelson Cromwell afirmó: “Toda la negociación fue conducido por mí con los Ministros Concha, Herrán y el Secretario Hay, y además fui el intermediario sus comunicaciones oficiales.”

Los codiciosos y ávidos de dinero

Al día siguiente de su firma, el 23 de enero, el tratado fue enviado al Senado estadounidense para su aprobación. Muchos senadores demandaban enmiendas con el fin de asegurar un aún mayor control, total y absoluto de la zona del canal por los Estados Unidos. Cromwell rechazó cada uno de los cambios. Él había sido advertido repetidamente por parte de sus agentes en Bogotá y de cables del Departamento de Estado, que Colombia seguía propuesta en exigir $10 millones de dólares a la empresa francesa por autorizar el traspaso de su “no traspasable concesión” según lo que estaba claramente estipulado en el contrato de concesión.

Colombia había pedido a los Estados Unidos $25 millones de dólares como adelanto y $600 mil en anualidades. Sin embargo los yanquis se habían negado en pagar un centavo más allá de $10 millones y $250 mil. Una injusticia porque esas anualidades de $250 mil eran las mismas que ya cancelaba el Ferrocarril de Panamá. Entonces lo lógico era que la Compañía francesa se viera obligada en cancelar una multa por su incumplimiento y el permiso de traspasar la concesión a una nación extranjera.

Según el Representante Henry T. Rainey de Illinois quien por años atacó en el Congreso de los Estados Unidos, la actuación de Madman Teddy en la revolución panameña, el propósito de Colombia en no aprobar el tratado Herrán-Hay, tenía el fin de esperar el vencimiento de la concesión con los franceses y entonces todas las propiedades de la empresa francesa revertirían al gobierno colombiano, sin compensación. Una vez todos los activos del Canal de Panamá en poder de los colombianos, ellos podrían venderlos a los Estados Unidos y recibir los 40 millones de dólares, los cuales eran el equivalente a 160 años de regalías o 1’160 millones de hoy. Aparentemente Rainey pensaba que Colombia podía denunciar la última prórroga de seis años, hasta 1910.[29] Claro que la Compagnie Nouvelle du Canal de Panama no veía con buenos ojos esta posición del gobierno colombiano. Philippe Bunau Varilla ya se había negado en cancelar a estado colombiano la suma de 10 millones de dólares que éste le había exigido por hacer el traspaso de la concesión al gobierno estadounidense. Entonces Cromwell y secuaces vieron que Colombia estaba puesta a hacerse a las propiedades y derechos de la Compagnie Nouvelle du Canal de Panama. Como resultado estaban dispuestos en favorecer cualquier acción que lo impidiera.[30]

Según Cromwell en su testimonio de 1907: “Nos parecía que la única forma para nosotros salir de este problema, para derrotar estas maniobras y salvar que la compañía tuviera que pagar un tributo de muchos millones de francos, era convencer al gobierno de los Estados Unidos que debía rehusar el consentir cualquier enmienda, o permitir que el tratado dependiera, en forma alguna, en un acuerdo previo con la empresa del canal, tal como lo demandaba Colombia. Con este fin tuvimos numerosas entrevistas con el Secretario Hay, los senadores Hanna, Spooner y Kittredge, con el congresista Burton y otros y en ciertas ocasiones con el Presidente. Señalamos que Colombia ya se había comprometido moralmente en consentir (el tratado), y que su consentimiento debería serle impuesto, como demanda la buena fe internacional, y así logramos un sentimiento favorable de apoyo y protección a la empresa contra estas exigencias… En varias ocasiones el Secretario (Hay) envió por medio del Ministro estadounidense (en Bogotá) firmes y positivos rechazos en consentir enmendar la transacción propuesta. El Secretario Hay nos honró con su confianza al permitirnos colaborar con él en redactar estas instrucciones.”[31]

La realidad es que Madman Teddy influenciado por su hermana, cuñado y los poderosos del American Syndicate, negó a Colombia, el derecho a exigir la indemnización a la compañía francesa del

Alfredo Vásquez Cobo

canal cuando este punto, no tenía absolutamente nada que ver con el Tratado entre Colombia y los Estados Unidos.

A principios del año de 1903, el Ministro de Guerra Arístides Fernández es reemplazado por Alfredo Vásquez Cobo. Veamos que nos cuenta Juan B. Pérez y Soto, ex-Presidente de la Comisión Investigadora de la Cámara de Representantes del Asunto Panamá.

Juan B. Pérez: Sube el General Alfredo Vásquez Cobo al Ministerio de Guerra en Febrero de mil novecientos tres, muy rogado, pero al fin cede por compromiso, animado del deseo de hacer el mayor bien á la patria, particularmente en aquello del Istmo, que le es tan conocido, por experiencia personal, de trato y comunicación con sus personajes de todas las parcialidades políticas, y especialmente, por conocer á los Jefes militares que ahí están ejerciendo funciones, lo que ellos pueden valer o no, esto por haber visitado el Istmo varias veces, permanecido allí algún tiempo y hecho la última campaña. Apoyado en estos antecedentes ha sostenido el General Vásquez Cobo, en varias ocasiones, que él estaba penetrado de la urgente necesidad de una fuerte guarnición militar en el Istmo, tanto para mantenimiento del orden interno, como en mira ante la amenaza del yanqui.[32]

Sin embargo, Vásquez Cobo era un chafarote y en vez de reforzar la guarnición en Panamá según la solicitud del mismo gobernador, hizo retirar el Batallón Holguín asegurándole que el Batallón Colombia era suficiente.

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[1] Agosto 29 de 1902, “Canal Negotiations”, diario The Evening Star

[2] Olmedo Beluche, “La Verdadera historia de la separación de 1903, Reflexiones en torno al Centenario”, Ártica S.A., Ciudad de Panamá, 2003

[3] Earl Harding, “The Untold Story of Panama”, Athene Press Inc. Nueva York, 1959

[4] Gobierno de los Estados Unidos, “The Story of Panama. Hearings on the Rainey Resolution Before the House of Representatives”, Government Printing Office, Washington DC, 1913

[5] Alexander S. Bacon, “The Woolly Horse”, sin editorial, Nueva York, 1909

[6] Octubre 30 de 1902, “To build Canal Despite Colombia”, diario el Evening Times de Washington

[7] Gobierno de los Estados Unidos, “The Story of Panama. Hearings on the Rainey Resolution Before the House of Representatives”, Government Printing Office, Washington DC, 1913

[8] Ibíd.

[9] Ibíd.

[10] Miles P Duval Jr, “De Cádiz a Catay: la historia de la larga lucha diplomática por el Canal de Panamá́”, Editorial Universitaria, Ciudad de Panamá, 1973

[11] Ricardo A. Sánchez, Diego Uribe Vargas, “Los Últimos derechos de Colombia en el Canal de Panamá: El Tratado Uribe Vargas – Ozores”, Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Derecho, Empresa Editorial, Bogotá, 1991

[12] Carlos Martínez Silva, “Por qué caen los partidos políticos”, Imprenta de Juan Casis, Bogotá, 1934

[13] Noviembre 26 de 1902, “Administration Fears That Colombia Schemes to Mulct United States…”, diario The San Francisco Call

[14] Noviembre 29 de 1902, “Would Wage War on the Colombians”, diario The San Francisco Call

[15] Eduardo Caballero Calderón, Gran Enciclopedia de Colombia, Tomo de biografías, Círculo de Lectores, Bogotá, 1993

[16] Ibíd.

[17] Gobierno de los Estados Unidos, “The Story of Panama. Hearings on the Rainey Resolution Before the House of Representatives”, Government Printing Office, Washington DC, 1913

[18] Ibíd.

[19] Ibid.

[20] Ibid.

[21] Ibid.

[22] Ibíd.

[23] Ibíd.

[24] Ibid.

[25] Olmedo Beluche, “La Verdadera historia de la separación de 1903, Reflexiones en torno al Centenario”, Ártica S.A., Ciudad de Panamá, 2003

[26] Juan B. Pérez y Soto, “Panamá Derrotero”, Imprenta Eléctrica, Bogotá, 1912

[27] Mayo 4 de 1903, Beaupré a Hay, Diplomatic History of the Panama Canal: correspondence relating to the negotiations and application of certain treaties.

[28] Mariano Ospina Peña, “Yanquis y Latinos”, Edygraf Publicidad SAS, Bogotá, 2012

[29] Frederic Jennings Haskin, “The Panama Canal”, Doubleday, Page & Company, Nueva York, 1913

[30] Edward Kaplan, “U.S. Imperialism in Latin America: Bryan’s Challenges and Contributions, 1900-1920”, Greenwood Press, Westport Connecticut, 1998

[31] Earl Harding, “The Untold Story of Panama”, Athene Press Inc. Nueva York, 1959

[32] Juan B. Pérez y Soto, “Panamá Derrotero”, Imprenta Eléctrica, Bogotá, 1912