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Mariano Ospina Peña

(Vea también Alfonso López Pumarejo y los Militares)

“Desde la pérdida de Panamá hasta la depresión económica mundial, Colombia pasó por el periodo más largo de estabilidad política interna de su historia como nación independiente. Los dos partidos tradicionales demostraron una capacidad para el debate civilizado y la competencia pacífica que contrasta nítidamente con su anterior comportamiento; hacia 1930, Colombia estaba a punto de ser aclamada como democracia latinoamericana ejemplar. La economía mientras tanto, batía records en su ritmo de crecimiento. La expansión de la producción y exportación cafeteras era su rasgo más notable, pero el banano, el petróleo y la industria manufacturera constituían otros polos de desarrollo. No todo iba tan bien bajo la superficie de la sociedad, pero sin lugar a dudas los líderes colombianos tenían muchos motivos de satisfacción dentro del contexto latinoamericano. Sobra decirlo, la tranquilidad política y el crecimiento económico eran fenómenos íntimamente relacionado: uno era principal causa y efecto del otro.”[1]

En las elecciones presidenciales del 9 de febrero de 1930 se puede apreciar el avance democrático y la participación de la gente que concurría a votar en las urnas por su candidato favorito. Las elecciones se caracterizaron por el civismo de una sociedad joven ante los comicios, cuyos antecedentes parten de 1914, cuando por un mandato de la reforma constitucional de 1910, se aprobó la participación por medio del sufragio en las elecciones presidenciales en ciudadanos varones mayores de 21 años, que supieran leer y escribir o poseyesen una renta anual de $300 pesos o propiedad raíz de $1000 pesos. Este decreto significa el inicio de un cambio profundo en la democracia colombiana en el siglo XX.

En esta oportunidad resultó vencedor el Doctor Enrique Olaya Herrera, político del Partido Liberal pero candidato de coalición. Los resultados le dan 369.934 votos que incluyen 80.000 de los republicanos conservadores del exPresidente conservador, Carlos E. Restrepo; Guillermo Valencia Castillo recibe 240.360 y Alfredo Vásquez Cobo 213.583 votos.

Posesión de Enrique Olaya Herrera

La Guardia Cívica Liberal

Ese mismo febrero tras su elección, siendo Enrique Olaya Herrera Presidente electo hace el primer desplante al Ejército Nacional, una paupérrima fuerza de 6200 hombres, de los cuales 200 eran oficiales[2] y autoriza el funcionamiento de la Guardia Cívica Liberal bajo la inspiración del General Juan B. Castaño, un militar de los antiguos ejércitos partidistas. Una de las primeras actuaciones de la Guardia Cívica Liberal fue la de colocar a un grupo de sus integrantes, como guardia permanente, en la residencia del presidente electo, además contribuía a vigilar las sedes del partido.

La Guardia Cívica Liberal llegó a tener un número impresionante de miembros. Castaño era un buen organizador y lo acompañaban hombres como el General Antonio Morales y Pedro Pablo Medina. Entonces comenzaron a dar a sus miembros, instrucción militar; pero un poco más tarde, cuando Olaya ya ejercía la presidencia, se invocó contra la Guardia el artículo constitucional que, con el mal recuerdo de las sociedades democráticas, aprobaron los constituyentes de 1886. Se formó un debate; se quiso intranquilizar al ejército y Olaya se vio obligado a la disolución de la guardia por el malestar que había generado entre los militares y la ciudadanía.[3]

Aun cuando la transición política al término del largo periodo de gobiernos conservadores contó con la neutralidad de las fuerzas militares, no es menos cierto que la desconfianza con respecto al ejército era grande en las filas liberales. En los primeros meses de 1930, recién elegido Enrique Olaya Herrera para la presidencia de la República, su partido comenzó a organizar una Guardia Cívica Liberal bajo la conducción de los generales Juan B. Castaño, Antonio Morales y Pedro Pablo Medina, que además de impartir instrucción militar a sus numerosos miembros contribuía a vigilar las sedes del partido y la casa del presidente electo. La guardia debió ser, sin embargo, disuelta a solicitud del propio Olaya Herrera debido a los debates que generó en la opinión pública y al malestar que produjo en las filas del Ejército.[4]

La Liberalización del Ejército

Al asumir Olaya y el liberalismo, desconfiaban profundamente del Ejército. Afirmaba sus sospechas en ese ejército conservador, lo que llevó a decretar la prohibición de deliberar y como consecuencia a los cuerpos de policía y ejército se les retiró el derecho al sufragio mientras estuviesen en servicio activo, desconociendo que las escuelas de la reforma militar de Reyes, habían profesionalizado la milicia, lo que había garantizado su apoliticidad.

Debido a su profesionalización, el mismo Ejército se negó en apoyar los intentos del General Ignacio Rengifo, el destituido Ministro de Guerra del gobierno Abadía, en sus intentos de gestar un movimiento contra el cambio de gobierno.

La Misión Chilena y luego la Misión Suiza que dirigieron la Escuela Militar de Cadetes, por su carácter de extranjeros, fueron muy cuidadosos en alejarse de la pugna política y sentaron las bases para un ejército verdaderamente nacional. Es importante anotar del oficial chileno Washington Montero, Director de la Escuela Militar en 1913:

“Se debe desterrar de la milicia la política; los puestos deben ser servidos por los más meritorios sea cual fuere su filiación partidista. La pasión política acaba con el compañerismo tan indispensable en los que vivimos en los cuarteles”

 “Los que servimos por más de 35 años en las Fuerzas Armadas y los que apenas permanecen pocos años, sabemos que dentro de la oficialidad hay unos que pertenecen a familias de un partido (político) y otros a familias del partido contrario, y que cada oficial puede simpatizar con los postulados del uno o del otro, pero que el Ejército sea liberal, conservador, socialista, comunista, afortunadamente desde la reforma del General Rafael Reyes no lo ha sido y gracias a Dios que no sea nunca y que todos los oficiales sean cual fueren sus simpatías, no tienen ninguna cuando se trata de cumplir su deber.”

La Escuela Militar de Cadetes fundada en 1907 en buena hora por el General Rafael Reyes, acababa de cumplir en 1932 sus bodas de plata. Eso significa que de sus aulas habían salido 25 promociones de oficiales. Los salidos en los primeros años de fundada tenían más de 20 años de servicio y altos grados militares, luego tranquila y automáticamente habían desplazado a los oficiales cuyos grados los habían adquirido luchando por un partido. Eso demuestra sin lugar a dudas, que la casi totalidad de los oficiales del Ejército era apolítica. El aspirante a Oficial entraba a la Escuela más o menos a los 16 años, es decir cuando no pertenecía a ningún partido; en la Escuela solo recibía enseñanzas sobre la Patria, salía de ella alrededor de los 21 años y como sus compañeros tenían la misma formación militar, poco o nada les importaba la política. Me costa, que cuando en la década del año 30 salió la ley que prohibía el voto para los militares en servicio activo, a la mayor parte, si no a todos, de los oficiales salidos de la Escuela Militar no nos afectó la Ley, pues nunca habíamos votado. Todo lo anterior es para demostrar que fue al Ejército, debido entre otras cosas a la imparcialidad, a quien le tocó enfrentarse ante la difícil situación de orden público ya que por ese entonces el motivo de la violencia era más que todo de carácter político.

General Ricardo Bayona Posada[5]

Para complementar lo dicho por el General Bayona Posada, nuestro Ejército por su ínfimo tamaño, solo contaba con poco más de 200 oficiales en 1930. Ocho generales, dieciocho coroneles,  treinta y cuatro teniente coroneles, cuarenta y cinco mayores y el resto de la oficialidad entre capitanes, tenientes y subtenientes. El primer General egresado efectivamente de la Escuela Militar ascendido en 1934, fue el General Adelmo Antonio Ruiz Mares quien con sus compañeros, un poco menos antiguos, Roberto Perea Sanclemente y Alfonso Escallón Fernández fueron ascendidos al grado de Coronel mediante el decreto 190 del 5 de febrero de 1929. Esto implica que posiblemente, solo había 23 oficiales en la cúpula, no egresados de la Escuela Militar, pero todos habían tenido que prepararse mediante los cursos de aplicación, cursos de información y Estado Mayor en la Escuela Superior de Guerra.

Tomás Rueda Vargas, aseguraba en su artículo “Ejército de confianza y confianza en el Ejército” del 30 de agosto de 1934:

“De esta manera en 1930, a tiempo de la posesión del doctor Olaya, había un Ejército conservador en un 55 por ciento que respetó y sostuvo lealmente en verdad el nuevo orden de cosas”.[6]

Tomás Rueda Vargas destacado miembro del Partido del nuevo Presidente Olaya Herrara, Director de la Biblioteca Nacional, rector del Gimnasio Moderno y del Colegio Mayor de San Bartolomé, miembro de la Academia Colombiana de Historia y de la Academia Colombiana de la Lengua, además de representante a la Cámara y prolífico autor, defensor de la reforma militar de Reyes y de la Escuela Militar y gran escritor sobre asuntos militares de su época, afirmaba en su artículo “Las Bocas Cerradas”  del 21 de agosto de 1930:

“Han quedado plenamente justificados los esfuerzos de cuantos trabajamos en diversos sectores sociales por la conversión de las viejas montoneras partidaristas en un verdadero ejército nacional, porque ha pasado a la categoría de los hechos, que registrará la historia colombiana con legítimo orgullo, la actitud asumida por el Ejército en el debate de la elección presidencial.[7]

Alfonso Rumazo González, el liberal ecuatoriano describe así la transmisión de mando en 1930:

El día 7 de agosto, el Presidente Conservador (Miguel Abadía Méndez) entregó el mando al Presidente Liberal, serenamente, sin que nada enturbiase aquel augusto momento de purísima democracia. Fue día de gloria para la historia colombiana. Lo aplaudió y ensalzó la América entera. Se dio allí un ejemplo de la grandeza con que es posible proceder cuando domina la paz y cuando el pueblo se impone con las libertades que preconiza. En cualquier otro país, un cambio de gobierno habría significado lo de casi siempre: una revuelta interior, el derramamiento de sangre de los compatriotas, el desarrollo gigante de los caprichos, de las obsesiones, de la intransigencia. En Colombia fue una obra tranquila, natural, determinada solemnemente por lo sagrado del voto. Los conservadores tuvieron el rasgo nobilísimo de proponerse reconquistar en cercano plazo lo que acababan de perder, pero querían valerse de la misma arma: el sufragio.[8]

Y era cierto. La transmisión del mando se llevó a cabo sin ningún traumatismo, con gran sentido de civilidad. Una vez terminados los escrutinios el Presidente de la República, como el conservatismo reconocieron el triunfo del adversario y las fuerzas militares lo apoyaron. Los conservadores habían perdido la presidencia pero seguían siendo mayoría en el Congreso, Asambleas y Concejos.

En 1930 se manifiesta un ejército de carácter nacional que permite el cambio de gobierno y que se va a poner al servicio del gobierno liberal para defender el orden público tal y como lo había hecho en los anteriores periodos conservadores.[9]

Las minorías liberales requerían reducir las distancias con las mayorías conservadoras. Este fin se buscó mediante la politización del Ejército y fueron ingentes los esfuerzos en lograr su liberalización. Sin embargo los egresados de la Escuela Militar de Cadetes continuaron en su apoliticidad.

Ad portas a la Guerra con el Perú, en mayo de 1932, el Ministro de Guerra Carlos Arango Vélez fue reemplazado, sin previo aviso, en altas horas de la noche, lo que era poco menos que una destitución por la puerta trasera. Aparentemente Arango había tenido un desacuerdo fuerte, que se convirtió en altercado con el señor Presidente Olaya Herrera, sobre algunos oficiales del Ejército. En su reemplazo asumió el Ministerio de Guerra, Carlos Uribe Gaviria, capitán en el Ejército de Chile e hijo de Rafael Uribe Uribe.

La Purga

A pesar de que el Ejército Nacional era el más pequeño y su presupuesto era el más bajo de toda América Latina, Olaya Herrera lo había reducido aún más al inicio de su mandato. Además ordenó una purga, considerada urgente. Por este medio, el Ministro de Guerra, Uribe Gaviria dio de baja a casi el 20% de la oficialidad.

Estos fueron todos los oficiales retirados del servicio activo durante los tres primeros años del gobierno del Presidente Enrique Olaya Herrara. Como se podrá observar fueron retirados oficiales de todos los grados, incluso los subalternos.

[10]Grado               Nombre                     Causa                        Decreto     

 

 

La Guerra con el Perú

El 1 de septiembre de 1932 los peruanos invadieron territorio colombiano y se apoderaron de la población de Leticia. La fuerte persecución del gobierno a los militares, se destapa tras el asalto a Leticia y se resume en las palabras del Jefe del Partido Liberal, Alfonso López Pumarejo a Francis White, el Subsecretario de Estado de los Estados Unidos, que el gobierno colombiano no podía irse a la guerra con el Perú porque su partido, el Partido Liberal:

“había luchado contra la camarilla militar y había quebrado la casta uniformada”.[11]

Generales de las Fuerzas Militares

Ante tantos desafueros contra los oficiales del Ejército, el Presidente y su partido político no sabían que esperar y cuál podría ser la reacción de los militares y cúpula militar colombiana. Lo único consistente radicaba en su desconfianza. Entonces con el fin de asegurarse la subordinación de los militares, Olaya Herrera contrató los servicios del ahora general chileno recién retirado, Francisco Javier Díaz Valderrama como asesor técnico del Ministerio de Guerra. Nuevamente abofeteaba aquel Ejército conservador, puesto que tras la purga de Uribe Gaviria, quedaban los seis generales sobrevivientes: Manuel T. Quiñones, Alejandro Uribe, Manuel T. Balcázar, Arturo Dousdebés, Juan Manuel Balcázar y Aníbal Ángel, a quienes se añadía el ahora recién ascendido Efraín Rojas Acevedo, más los retirados que incluían al General Carlos Cortés Vargas (a quien Olaya personalmente le encomendó la comisión de traer un buque adquirido en Nueva York).[12]

Obviamente el gobierno tuvo que salir a la carrera para armar el país y tratar de reparar en lo posible el faltante de oficiales para los cuadros de mando. Para quienes han tenido la oportunidad de estudiar los acontecimientos militares de esta etapa bélica contra el vecino peruano, llegarán a la conclusión que a las Fuerzas Militares de Colombia, el gobierno y el Partido de Gobierno no les permitió desarrollar toda su potencial militar pues el liberalismo buscaba una solución política, lo que impediría el permitir a un militar descollar a nivel nacional.

Mientras los militares habían tenido que sufrir todas las privaciones, esfuerzos, heroicidad y ya estaban a punto de culminar exitosamente, mediante las armas para una contundente victoria militar, la recuperación de los territorios invadidos, los políticos habían interferido con el fin de impedir su lucimiento. La contratación en calidad de asesor del General chileno, Francisco Díaz Valderrama, por encima de los colombianos, el retiro y retorno del General Alfredo Vásquez Cobo a Francia, señalaba con claridad que el gobierno no permitiría que los mandos militares ganaran la guerra y se convirtieran en figuras nacionales. Muchos uniformados consideraban que el jefe del Partido Liberal, Alfonso López Pumarejo se había ido a mendigar un acuerdo que no hacía honor y ofendía la dignidad de Colombia ante la dolorosa afrenta peruana. Para ellos la invasión al territorio nacional, la captura de las autoridades nacionales, agravado con haber arriado y destruido el pabellón nacional en Leticia era imperdonable, los culpables merecían un escarmiento y ellos estaban preparados y en condiciones de hacerlo.

La imposibilidad del liberalismo en politizar nuestras fuerzas militares conllevó a la politización de la Policía ya que estas se dividían en tres tipos, Nacional, Departamental y Municipal y las tres se hacían por medio de nombramientos tanto de nivel nacional, departamental como municipal. Así nace la Popol que sale a perseguir a los conservadores y con ello comienza La Violencia en Colombia. (Vea también Alfonso López Pumarejo y los Militares)

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[1] David Bushnell; “Colombia una Nación a pesar de sí misma”, Editorial Planeta Colombiana, Bogotá, 1996

[2] Coronel Guillermo Plazas Olarte; Historia de la Fuerzas Militares, Ejército Tomo III; Conflicto con el Perú 1932-1934; Planeta Colombiana Editorial S.A.; Bogotá; 1993

[3] Carlos Lleras Restrepo; Borradores para una historia de la República Liberal Tomo I; Editorial Nueva Frontera, Bogotá; 1975

[4] Eduardo Pizarro Leongómez, “La Profesionalización Militar en Colombia (1907-1944)”, revista Análisis Político, mayo/agosto 1981, Bogotá

[5] General Ricardo Bayona Posada; “Recuerdos de un Ochentón”, Editorial Kelly, Bogotá 1984

[6] Tomás Rueda Vargas; “El Ejército Nacional”, Imprenta y Litografía de las Fuerzas Militares, Bogotá, 1968

[7] Tomás Rueda Vargas; “El Ejército Nacional”, Imprenta y Litografía de las Fuerzas Militares, Bogotá, 1968

[8] Alfonso Rumazo González, “Enrique Olaya Herrera”, Editorial Zig-Zag, Santiago de Chile, 1940

[9] Patricia Pinzón de Lewin; “El Ejército y las Elecciones”; CEREC; Bogotá; 1994

[10] Archivo Central de la Presidencia de la República, Secretaría Jurídica, Decretos Originales ya enumerados

[11] Adolfo León Atehortúa Cruz, “Militares y civiles: modernización y profesionalización del Ejército en Colombia 1907-1958; El Conflicto Colombo-Peruano Apuntes acerca de su desarrollo e importancia histórica”, École des Hautes Études en Sciences Sociales, Paris, 2007

[12] Coronel Guillermo Plazas Olarte, Historia de las Fuerzas Militares de Colombia, “Conflicto con el Perú”, Tomo III Ejército, Planeta Colombiana S.A., Bogotá 1993