Nixon atacado en Venezuela

Tomado del libro  Yanquis y Latinos 200 Años de Mariano Ospina Peña

El Vicepresidente de los Estados Unidos, Richard Nixon y el entonces Teniente Coronel Venon Walters

El Vicepresidente de los Estados Unidos, Richard Nixon y el entonces Teniente Coronel Venon Walters

En 1958 el Presidente de los Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower designó al Vicepresidente Richard “Tricky Dick” Nixon para que lo representara en la próxima posesión del nuevo mandatario argentino, el primero de mayo. Aprovechando su viaje a sur América, a Nixon le prepararon una tour de buena voluntad por varios países. Nixon había sido muy bien recibido en 1955 durante una visita oficial a los países caribeños y Centroamérica. Había elogiado a Fulgencio Batista como el Abraham Lincoln de Cuba, abrazado a Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana, brindado por Carlos Castillo Armas en Guatemala y justificado el apoyo estadounidense a estos dictadores, al anotar que la democracia no era una opción en Latinoamérica. Posteriormente en una reunión del NSC afirmaría que:

los españoles tienen muchos talentos, pero el gobernarse no es uno de ellos.”[1]

El Departamento de Estado solicitó a 8 de sus embajadas en Suramérica crear un itinerario adecuado para Tricky Dick, quien estaba dispuesto a discutir sobre asuntos álgidos, con ciudadanos corrientes y figuras políticas controversiales. Así Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú, Colombia, Ecuador y Venezuela quedaron como anfitriones temporales de la caravana vicepresidencial.

Ike personalmente nombró al Teniente Coronel Venon Walters como ayudante e interpreté del vicepresidente. Cuenta Walters, que cuando lo nombraron para el viaje:

el gobierno de los Estados Unidos, obedeciendo a la presión de ciertos grupos norteamericanos que querían ver protegidos sus intereses, adoptó algunas medidas de tipo proteccionista. Por ejemplo se habían impuesto algunas restricciones a la importación de petróleo venezolano.”[2]

Lógicamente estas medidas ambientaron el viaje con un sentimiento bastante antiestadounidense entre los latinos. Lo que nunca esperaron los yanquis fueron las violentas manifestaciones con que fue recibido el Vicepresidente de los Estados Unidos.

Nixon saluda al nuevo Presidente de la República Argentina, Arturo Frondizi

Nixon saluda al nuevo Presidente de la República Argentina, Arturo Frondizi

En Montevideo fue acosado por estudiantes universitarios de la facultad de derecho, con quienes sostuvo un debate. En Buenos Aires durante la posesión presidencial, a pesar del gravísimo error del Embajador Willard Beaulac, quien hizo llegar 10 minutos tarde al vicepresidente, todo estuvo bien. Luego, al igual que en Montevideo, Tricky Dick se trasladó hacia la universidad de Buenos Aires, cuyo rector era el hermano del Presidente Frondizi, un hombre de izquierda con quien Nixon dialogó y entró en debate con los estudiantes. Luego vendría una agradable experiencia en Asunción, como huésped del Presidente Stroessner. La siguiente parada fue en La Paz, Bolivia, otra agradable visita.

Luego, sufrió demostraciones hostiles en los alrededores del hotel Bolívar, en su visita a Perú. Arribó a Lima a inicios de mayo de 1958 y una de sus actividades centrales fue el discurso que debía dar en la Casona de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. A pesar de haber sido declarada persona non grata por los estudiantes, hizo caso omiso a sus consejeros, asistió a la Universidad de San Marcos demostrando mucho valor, pero poca prudencia. Fue recibido con carteles hostiles, Nixon Fuera, Go Home Nixon, Yankee Out, pero descendió del vehículo y se mezcló con los estudiantes. Muchos sorprendidos por el valor del vicepresidente se acercaron para estrecharle la mano. Sin embargo los que estaban más alejados comenzaron a lanzar piedras y frutas. El Coronel Walters iba uniformado y:

“con la consiguiente sorpresa, vi que unos estudiantes me ofrecían la mano y me decían en español: “el gringo tiene cojones”.

Una turba que le salió al encuentro, le impidió el paso.“Por qué teméis la verdad”, les dijo el vicepresidente, y por toda respuesta recibió una lluvia de piedras que rompieron la dentadura de un agente del servicio secreto. Lejos de tratar de calmar las cosas, les increpó con un sonoro “¡Cobardes!”. Frustrado

En Perú Nixon fue acosado y no se le permitió el ingreso a la Universidad Mayor de San Marcos

En Perú Nixon fue acosado y no se le permitió el ingreso a la Universidad Mayor de San Marcos

por la imposibilidad de debatir con los estudiantes de la Universidad de San Marcos, se dirigió a la Universidad Católica donde ingresó sorpresivamente a una clase. Cuenta el Coronel Walters:

El profesor y los estudiantes nos miraron sorprendidos. El profesor dejó de hablar al reconocer al vicepresidente de los Estados Unidos. Mr. Nixon levantó la mano y dijo: Vengo de la Universidad de San Marcos, en donde he comprobado que allí no creen en la vieja tradición universitaria de escuchar los pros y los contras de un tema debatido. Solo estaré un día más en Lima y he querido comprobar si lo que acabo de decir ocurre también en la Universidad Católica. Los estudiantes se abalanzaron sobre Mr. Nixon y, con la consiguiente alarma de la policía peruana y del servicio secreto, lo levantaron en hombros gritando Viva Nixon, Viva los Estados Unido. La noticia corrió por toda Lima y a partir de aquí fue calurosamente recibido en todos los sitios que visitó. Cuando nos trasladábamos de un sitio a otro por las calles de Lima, si alguien alzaba la voz en protesta, prontamente era acallado por los gritos favorables.[3]

Al día siguiente salieron para Quito. Allá fue cordialmente recibido en el aeropuerto y durante todo el trayecto las multitudes bordeaban las calles saludando amistosamente. Tras los saludos de rigor con las autoridades gubernamentales, Tricky Dick sorpresivamente decidió dar un paseo por el centro de la ciudad. Cuenta Walters:

Yo le acompañe y vi cómo la gente le vitoreaba y le estrechaba la mano. En una de las calles principales, Mr. Nixon miró al interior de una peluquería y decidió entrar para que le cortaran el pelo. Se sentó en el sillón y me dijo: dígale que corte un poco por todas partes. El barbero estaba encantado de tener tan imprevisto cliente. Ante la tienda se congregó una gran multitud para ver cómo –pelaban- al vicepresidente de los Estados Unidos.”

El Vicepresidente Richard Nixon es recibido cordialmente en Bogotá

El Vicepresidente Richard Nixon es recibido cordialmente en Bogotá

No sobra aclarar que la peluquería fue rebautizada “Peluquería Nixon”.[4]

Estando en Quito, la delegación vicepresidencial recibió inquietantes informes sobre actos que se proyectaban en Bogotá y Caracas. El Coronel Walters se encontraba extremadamente inquieto por Bogotá. Aún recordaba los desórdenes del Bogotazo cuando había acudido a la Novena Conferencia Panamericana como asistente e intérprete del Secretario de Estado, General George Marshall en 1948. Además en Colombia se había desarrollado casi constantemente una guerra civil, con gran violencia y derramamiento de sangre. Sin embargo fueron recibidos, cordial, pacífica y amistosamente. Los miembros de la Junta Militar que recientemente había depuesto al dictador Gustavo Rojas Pinilla, acababa de celebrar una elecciones libres en las que Alberto Lleras Camargo había ganado la primera magistratura.

El día trece de mayo salieron de Bogotá para efectuar el corto vuelo que los llevaría a Caracas, en donde, según sus informes los esperaban problemas de violencia. Durante el vuelo fueron recibidas comunicaciones de la Embajada de los Estados Unidos en Caracas advirtiéndoles que se producirían manifestaciones violentas en protesta por la presencia del vicepresidente Nixon.

Ese martes, a las 11 de la mañana como estaba previsto, el avión de la Fuerza Aérea estadounidense aterrizó en Maiquetía proveniente de Bogotá. Era la octava y última parada de un recorrido de 18 días (del 27 de abril al 15 de mayo) por todos los países de América del Sur, con la excepción de Brasil y Chile. Las restricciones comerciales impuestas por los estadounidenses habían logrado para los venezolanos, la pérdida de puestos de trabajo. Los comunistas le prepararon una gran e inamistosa recepción y una multitud le recibió en el aeropuerto. Cuenta Walters que:

“abundaban las pancartas, y todos parecían gritar y agitar los brazos. Cuando se abrió la portezuela del avión, salí inmediatamente detrás del vicepresidente y su esposa, y a mis oídos llegaron gritos hostiles y obscenos, y pude leer las palabras de las pancartas que decían, Go Home Nixon, Yanqui Imperialista, Fuera Nixon, y otras frases parecidas, igualmente hostiles.

Lo primero vio, nada más descender de la aeronave con su esposa Pat Nixon, fue una inmensa pancarta, ubicada en el centro del balcón del terminal que da a la pista de aterrizaje, que ponía: “Fuera, Nixon”.

El vicepresidente se volvió a mí y me preguntó ¿qué dicen? Repuse, estas multitudes están totalmente en nuestra contra, Señor Vicepresidente. Descendimos la escalerilla y en tierra encontramos a las autoridades venezolanas, encabezadas por el señor Venturini, Ministro de Asuntos Exteriores esperándonos. Los abucheos eran tan estentóreos que el vicepresidente se volvió a mí y dijo secamente, no pronunciaré las habituales palabras de llegada. Los manifestantes no solo se encontraban en la terraza del edificio de la terminal sino también en otra terraza descubierta. El vicepresidente estrechó la mano del embajador de los Estados Unidos y de los restantes dignatarios y acto seguido se acercó a un grupo de mecánicos de aeropuerto que tenían un aspecto extremadamente solemne. Estrechó la mano a cada uno de ellos, a los cuales se les iluminó un poco la cara al estrechar la mano del vicepresidente, pero recuerdo que alenté la esperanza de que no les encargaran tarea alguna de mantenimiento de nuestro aparato. Los abucheos eran muy recios y siguieron sonando durante toda la interpretación del himno nacional estadounidense. Cuando la banda inició el himno nacional venezolano, pensé que los abucheos cesarían, ya que en todos los países de América Latina escuchar el himno nacional constituye una solemne ocasión, y todos lo respetan, sea cual fuere la filiación política de los presentes. Sin embargo los abucheos prosiguieron con la misma intensidad durante la interpretación del himno venezolano. Se dio el caso curioso que nuestro auto no estaba junto a la fachada interior de la terminal, sino al otro lado en la fachada exterior por lo que tuvimos que cruzar el vestíbulo. Cuando pasamos por debajo de la terraza, la multitud que en ella se encontraba nos escupió. Fue un chubasco de escupitajos. Nada pudimos hacer para evitarlo por cuanto esa gente se encontraba dos o tres pisos por encima de nosotros. Estoicamente cruzamos la terminal. Advertí que el vicepresidente estaba muy irritado, y yo por mi parte apenas podía dominar la rabia y mi sensación de frustración sin posible remedio. La muchedumbre estaba en gloria al ver que nosotros no podíamos darle la justa respuesta y al comprobar la pasiva actitud de la policía venezolana, que permitía aquellos desordenes. La policía ni siquiera intentó intervenir. Se comportó como si nada ocurriera.”

El coche del vicepresidente estaba en el lugar previsto, rodeado de una multitud a la que la policía mantenía a raya, a una distancia de dos metros del coche. La policía impedía a la multitud alcanzar físicamente al vicepresidente, pero no le impedía escupir y proferir insultos y obscenidades. La lluvia de salivazos volvió a caer sobre él, su esposa, sobre mí, y sobre el grupo encabezado por el ministro de Asuntos Exteriores, quien no parecía en modo alguno afectado por lo que estaba ocurriendo. Subí al primer coche, en el que viajaban el vicepresidente y el ministro de Relaciones Exteriores venezolano. Nixon se sentó en el asiento trasero a la derecha, el ministro de Asuntos Exteriores a su lado en la parte izquierda. Yo iba sentado en un asiento abatible delante del ministro venezolano. En el asiento abatible delante de Mr. Nixon iba un agente del servicio secreto y otro agente iba sentado al lado del chofer.

Rápidamente los metieron en el Cadillac 63-CD y la caravana salió del aeropuerto rumbo al Panteón Nacional para poner una ofrenda de flores en la tumba de Bolívar.

El vehículo en que viaja el Vicepresidente de los Estados Unidos es detenido y asaltado por enfurecidos venezolanos. Las autoridades venezolanas se limitan a observar.

Llevábamos delante varios automóviles. Exactamente ante nosotros iba un autocar grande con periodistas y fotógrafos de prensa. Cuando nos faltaba poco por llegar a las afueras de Caracas, nos encontramos con dos automóviles abandonados en medio de la autopista. Los separadores de la autopista eran lo suficientemente altos para impedirnos pasar al otro lado. El automóvil con los periodistas se detuvo y nosotros también. Cuando lo hicimos, de detrás de los arbustos que bordean la carretera a uno y otro lado surgió una nutrida multitud armada con palos de beisbol, tuberías de plomo y con piedras. Íbamos con una escolta de motoristas que jamás sabré adonde se fue aunque se dé cierto que desapareció. Entonces la multitud comenzó a golpear el coche con los palos de beisbol y los tubos de plomo y puedo asegurar que estar en el interior de un automóvil, así golpeado es algo parecido a estar dentro de un tambor. El vicepresidente se mantuvo imperturbablemente calmo. Desde el coche que nos seguía, la señora Nixon observaba la escena. Varios agentes del servicio secreto rodearon nuestro automóvil en un intento de protegernos, sin causar daño a los venezolanos aun cuando procuraban repelerlos, a fin de que no pudieran proseguir en sus denodados esfuerzos por destrozar los vidrios de las ventanillas.

El agente secreto sentado a mi lado, en el otro asiento abatible, extrajo el revólver, y dijo: Matemos a unos cuantos de esos hijos de puta y larguémonos de aquí. Mr. Nixon muy tranquilo y sin perder la compostura, le dijo: Guárdese eso. Sáquelo solamente cuando abran la portezuela e intenten apoderarse de mí. Y no dispare, si yo no se lo digo. El agente se guardó el revólver.

Las caras contorsionadas en el exterior, junto a la ventanilla constituían un verdadero espectáculo. En ellas se advertía una rabia, un odio, un veneno y una brutalidad que casi causaban terror. Vi que la chaqueta de un hombre se abría y que caía un revolver al suelo. No sabía entonces si aquel hombre era uno de los agitadores o un policía. Luego supe que se trataba de un policía, aunque en el momento en que ocurrió el hecho, nada hacía para protegernos.

Mr. Nixon permanecía tranquilamente sentado en la parte trasera del automóvil. Los fotógrafos que iban adelante de nosotros, se encontraban en excelente situación para presenciar el ataque, y disparaban constantemente sus cámaras. Recuerdo que me pregunté, con la consiguiente alarma, como nos las íbamos a arreglar para salir de aquel atolladero. Recuerdo que me preocupaba la posibilidad de que me pusieran un ojo morado o me partieran la nariz, pero el hecho de que no hubiera tiros era un tanto tranquilizante, por lo que no pensaba en la posibilidad de que me mataran, posibilidad que, por lo general, es fuente de un miedo más agudo que cualquier otro. Probablemente mi reacción fue ingenua e injustificadamente confiada.

El ministro de Asuntos Exteriores venezolanos estaba muy alterado. Poco le faltaba para tartamudear como hablando consigo mismo, allí, en el asiento trasero, cuando una piedra rompió el vidrio de la ventanilla correspondiente a su lado, y quedó rociado por el vidrio hecho añicos, a punto estuvo de ponerse histérico. [5]

Durante catorce interminables minutos, Tricky Dick y su esposa, en vehículos diferentes, quedaron atrapados mientras energúmenos caraqueños insultaban, golpeaban y escupían sobre sus vehículos. Tras romper otra ventanilla en la cara de Walters, los dos autos atravesados fueron retirados y la caravana vicepresidencial pudo continuar su recorrido. Walters sangraba por la boca y el ministro de Asuntos Exteriores había recibido un vidrio en el ojo.

Nixon con el Presidente de Venezuela Almirante Wolfgang Larrazábal y Héctor Santaella

Nixon con el Presidente de Venezuela Almirante Wolfgang Larrazábal y Héctor Santaella

Una vez en la residencia de la Embajada, Tricky Dick recibió la visita del Presidente, Almirante Wolgang Larrazábal quien se presentó a pedir disculpas por los sucesos:

le quitó importancia a los hechos, y echó la culpa a la dictadura de Pérez Jiménez y a cuantas personas se le ocurrió, menos a los comunistas, quienes evidentemente, eran los culpables de los sucesos. También era participe de esa responsabilidad su propio gobierno que, en un acto de debilidad y negligencia, encomendó la protección del vicepresidente solamente a la policía de la ciudad, en vez de situar, como hubiera debido, unas cuantas unidades del ejército, máxime si tenemos en cuenta las amenazas y las advertencias de violencia contra el vicepresidente Nixon. Cierto es que los comunistas no fueron los únicos participes en aquellas violentas manifestaciones, pero como suelen hacer muy a menudo, ellos proporcionaron la organización y fueron la fuerza impulsadora.”[6]

Eisenhower envió tropas de inmediato al Caribe con el fin, de ser necesario, rescatar a Nixon. Obviamente los comunistas fueron culpados de los desórdenes y ataques latinoamericanos contra Tricky Dick. Sin embargo este también hizo énfasis en la pobreza y subdesarrollo regional.

Ellos están preocupados, como debería ser, sobre la pobreza y miseria y enfermedad que existe en tantos lugares[7] afirmaría Tricky Dick en el

La prensa destaca el envió de tropas a Suramerica

La prensa destaca el envió de tropas a Suramérica

aeropuerto a su llegada a los Estados Unidos donde fue recibido como un verdadero héroe.

Al día siguiente comentaría al gabinete:

los Estados Unidos deberán evitar cualquier cosa que, dé la impresión que ayuda a proteger los privilegios de unos pocos. En vez de ello debemos dedicarnos a mejorar el estándar de vida de las masas.”

Dulles sostuvo estar de acuerdo con Tricky Dick y añadió sobre la dificultad de:

lidiar con ella ya que la democracia tal como la conocemos, no será instituida por las masas al alcanzar el poder, en vez de ello, traerán más bien una dictadura de las mayorías”.[8]

Unos días más tarde en el NSC Tricky Dick diría que:

el continente sur con seguridad está evolucionando hacia formas democráticas de gobierno. Normalmente deberíamos saludar tal desarrollo pero debemos ver que este desarrollo puede no ser en cada país la mejor de todas las vías, especialmente en aquellos países latinoamericanos que aún no tienen madurez.”

Luego Tricky Dick anotaría que la generación más joven de líderes latinoamericanos como Arturo Frondizi de la Argentina, eran ingenuos ante la amenaza comunista, “tanto que asusta su actitud[9]

Los latinoamericanos se quejaban en la atención puesta de los Estados Unidos en la Guerra Fría y el anticomunismo. Aseguraban que sus países requerían más asistencia económica básica y no más armas con el fin de repeler el comunismo. También se cuestionaba el apoyo estadounidense a dictadores por sus perfiles anticomunistas, lo cual había creado grandes sentimientos antiestadounidenses en toda la región. Este sentimiento fue la respuesta a las políticas pos Segunda Guerra Mundial por la negligencia hacia Latinoamérica y su desarrollo económico.[10]

Con el fin de enfrentar las crecientes expectativas de reforma en Latinoamérica, Ike encaminó la política para sus sucesores al reversar la oposición gubernamental de asistencia para el desarrollo económico. Días tras el retorno de Tricky Dick a Washington, el gobierno de Ike declaró que no podía oponerse a acuerdos para la estabilización de mercados, que tampoco se opondría a la creación de la Asociación Internacional para el Desarrollo con créditos blandos y apoyó un plan con el fin de duplicar la autoridad crediticia del Banco Mundial, así como incrementar los créditos del Eximbank a 7 mil millones de dólares y también apoyaría la creación de un mercado común latinoamericano.[11]

[1] Marzo 10 de 1955, Memorando de la reunión del NSC, FRUS 1955-1957, Vol. 6

[2] Vernon A. Walters, “Misiones Discretas”, Editorial Planeta S.A., Barcelona, 1978

[3] Ibíd.

[4] Ibíd.

[5] Ibíd.

[6] Ibíd.

[7] Junio 9 de 1958, Boletín del Departamento de Estado

[8] Mayo 16 de 1958, minuta de la reunión del gabinete, FRUS 1958-1960, Vol 5

[9] Mayo 22 de 1958, minuta de la reunión del Consejo Nacional de Seguridad, FRUS 1958-1960, Vol 5

[10] Don M. Coerver y Linda B. Hall, “Tangled Destinies, Latin America and the United States”, The University of New Mexico Press, Albuquerque, 1999.

[11] Lars Schoultz, “Beneath the United States”, Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, 1998