Tomado de Yanquis y Latinos 200 Años de Mariano Ospina Peña

Tras la construcción del Ferrocarril de Panamá, la nueva situación cosmopolita en Ciudad de Panamá comenzó a generar encendidos desordenes policiales, que concluyeron con la tranquilidad en las relaciones de los colombianos y los estadounidenses que transitaban por el istmo.

Los gobernadores colombianos enfrentaban, además de los problemas derivados de la centralizada política administrativa y fiscal desde Bogotá, una ausencia total de requisitos y normas para el tránsito de inmigrantes.

El 15 de abril de 1856 un gringo borracho llamado Jack Olivier, le robó una tajada de sandía a un moreno colombiano, vendedor ambulante, quien le reclamó airadamente por los diez centavos del pedazo de fruta. Haciendo caso omiso, Olivier terminó el pleito con el asesinato del colombiano, lo cual enfureció a la multitud de nacionales que persiguieron a los viajeros estadounidenses, los cuales se resguardaron en la estación del ferrocarril y desde allí abrieron fuego contra los colombianos. Los resultados finales fueron 15 yanquis muertos y 16 heridos además de destrozos en cuatro de las casas del ferrocarril.

Las investigaciones concluyeron, según testimonios de los cónsules de Francia, Ecuador y Gran Bretaña, que los gringos habían sido los agresores. El investigador estadounidense, Amos Corwine pese los testimonios de los diplomáticos, se parcializó a favor de sus compatriotas. Los Estados Unidos negó la culpabilidad de sus nacionales y cuando ya todo había terminado en Panamá, cinco meses después, evocando la XXXV cláusula del Tratado Mallarino-Bidlack, enviaron dos buques de guerra, el Saint Mary’s y el Independence para desembarcar ciento setenta marines, quienes se tomaron la Estación del Ferrocarril.

Los negociadores del Presidente Franklin Pierce en 1857 elevaron una inaudita demanda de cuatro puntos a los representantes del gobierno colombiano, el canciller Lino de Pombo y el Procurador General, Florentino González.

a). Colón y Ciudad de Panamá serían independientes bajo una supuesta soberanía colombiana y controlarían una franja de 25 millas de ancho, de mar a mar, con la línea férrea como eje.

b). Las islas de la Bahía de Panamá debían cederse a los Estados Unidos.

c). Los derechos de Colombia en el Ferrocarril de Panamá debía cederse a los Estados Unidos.

d). Dos millones de dólares debían cancelarse como indemnización por las pérdidas de vidas y bienes ocurridas durante los desórdenes en abril de 1856.

Colombia rechazó la propuesta e insistió en la responsabilidad de los estadounidenses y exigieron al gobierno de Estados Unidos el pago de los daños ocasionados.

Al ascender a la presidencia en 1857 el Doctor Mariano Ospina Rodríguez, finalmente la paupérrima Colombia fue obligada en aceptar su responsabilidad en los hechos de Panamá y pagó en 1865 por la tajada de sandía que se robó el gringo borracho, cuatrocientos doce mil trescientos noventa y cuatro dólares. De allí en adelante, los marines entrarían a voluntad en Panamá sin que el gobierno colombiano pudiera impedirlo, cómo sucedió en Ciudad de Panamá en 1856, 1860, 1865, 1873, 1885, 1901 y 1902. En Colón lo harían en 1868, 1885, 1901, 1902 y 1903. En Bocas del Toro lo harían en 1895 y 1902.

Los Estados Unidos tendrían una influencia muy grande sobre Ospina. Además de tener que aceptar los pecados del borracho gringo, su Ministro en Washington, el General Pedro Alcántara Herrán tuvo que aceptar, arrendar o vender a los Estados Unidos una isla de la bahía panameña no superior a cien acres, para establecer una estación de carbón. Propuesta que por lesiva a los intereses nacionales fue negada en el congreso.[1]

Ospina presagiando el sometimiento y anexión de los territorios latinoamericanos a la unión estadounidense le escribió al mismo General Herrán el 10 de julio de 1857 para que consultara con el gobierno de Presidente James Buchanon:

“Me permito llamar a usted la atención sobre este punto. ¿Qué inconveniente le resultaría a la Nueva Granada de anexarse a la Unión Americana? La Unión estaría dispuesta a aceptar la anexión. Todos los hombres que tienen sentido común han empezado en preguntarse: siendo cierto que estos países van a ser absorbidos por la Confederación del Norte, ¿por qué no se hace de una vez aquella operación pacíficamente?”[2]  

A pesar de la estratégica posición geográfica de Colombia, puerta de entrada a la América del Sur, con costas que bañaban los dos océanos y cuyo Departamento de Panamá tenía una locación privilegiada para la construcción del tan anhelado canal centroamericano, los yanquis tenían tantos problemas internos, principalmente el de impedir el desmoronamiento de la nación, que una propuesta como la de Ospina Rodríguez ni siquiera fue respondida, pues además incluía la decisión de que bando apoyaría el nuevo territorio al alcanzar la estatización, ¿se uniría a los abolicionistas del norte o a los esclavistas del sur? Además ¿que iban hacer los yanquis con tanto mestizo zarrapastroso?

“El Presidente Buchanan había asumido la presidencia de los Estados Unidos en 1857 cuando una ola de enardecida pasión, sin precedentes en la historia estadounidense, estaba arrollando la nación. El lograr mantener en jaque las dos partes durante estos aciagos tiempos fue en sí un logro notable. Sus debilidades y errores en aquellos tormentosos años, fueron magnificadas por enfurecidos partidarios de ambos, Norte y Sur. Sus muchos talentos, que en una época más tranquila, podría haber adquirido para él un sitial entre los grandes presidentes, fueron eclipsadas rápidamente por los eventos catastróficos de la guerra de secesión y por el imponente Abraham Lincoln.”[3]

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[1] César Torres del Río, “Grandes Agresiones contra Colombia”, Ediciones Martínez Roca, Bogotá, 1994

[2] Alfredo Iriarte, “Lo que la lengua mortal decir no pudo”, Editorial Planeta Colombiana, Bogotá, 2003.

[3] Philip S. Klein, “President James Buchanan: A Biography”, American Political Biography Press, Newtown, Connecticut, 1995