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Mariano Ospina Peña

“En un malvado momento, William McKinley cayó ante las balas de un asesino, pero la ironía radicaba en que el hombre que debía reemplazarle, había sido puesto en esa posición por la misma gente que no desearían nunca, verle ser presidente.”[1]

Teddy era ególatra, dueño de la verdad absoluta. Siempre tenía la razón y no existía otra opinión valida. Sus posiciones y políticas debían recibir total aceptación y completo apoyo o si no se

Madman Teddy el vaquero

consideraba traición y quien así actuaba, era enviado al “club de Ananías”, tildado de mentiroso y condenado al ostracismo. Hay muchos ejemplos de quienes sufrieron la mortífera venganza de Madman Teddy. (Ananías en el acto de mentirle al apóstol Pedro, murió. Hechos de los Apostoles 5:1-11)

Mark Hanna, el todo poderoso senador de Ohio e íntimo amigo del asesinado mandatario declaró airado:

“Ahora ese maldito cowboy está en la Casa Blanca”

En efecto era cierto. Madman Teddy de apenas 43 años de edad, era quien ahora manejaba los destinos de los Estados Unidos. El belicoso jingo había logrado su máxima aspiración y las palabras de Hanna eran exactas, Teddy era todo un vaquero. En las aún tierras vírgenes de Dakota del Norte fundó dos haciendas:

“desbravaba potros, arreaba ganado, derribaba árboles, rajaba leña y construyó por sí mismo su casa. Llegó incluso a organizar una excursión de casi dos mil kilómetros para cazar búfalos y osos pardos.”[2]

Madman Teddy además de vaquero era un Rambo de 1900. Había tratado de crear una guerra con Inglaterra pero fue su injerencia la que creó la guerra de 1898 con España,  descrita por el también jingo Cabot Lodge:

“fue como si un toro hubiera penetrado en una cristalería”

Pero por encima de todo, Madman Teddy, el político, quería lograr una victoria electoral a la presidencia en 1904. Sabía muy bien, que ningún Vicepresidente de un presidente asesinado ganaba las elecciones, y él había llegado a la Casa Blanca, no por méritos propios, sino por el asesinato de William McKinley. Así que iniciando su presidencia decidió controvertir la decisión de McKinley, quien había escogido la ruta de Nicaragua para el canal interoceánico.

El escoger Panamá fue una de sus cínicas maniobras políticas que lograría distanciarlo de su antecesor y ayudarle en alcanzar una victoria electoral a nombre propio. En resumidas cuentas, a Roosevelt le parecía que escoger a Panamá para el canal interoceánico, sería bueno para su campaña electoral de 1904. Para lograr su fin se sirvió de traición política, alianzas inescrupulosas, conspiraciones, restarle autoridad al Congreso con el fin de incrementar la presidencial y por último, pudo acrecentar la fortuna de su familia y secuaces.

Entonces Roosevelt al encontrarse inesperadamente en la presidencia de los Estados Unidos, a pesar de todos los estudios y advertencias de los expertos de la época que clamaban por hacer un canal en el istmo centroamericano por Nicaragua, decidió de pronto y en forma unilateral, hacerlo por Colombia y adquirir de cualquier manera, la empresa, que en manos de los franceses, había tratado de hacerlo y fracasado en Panamá.

Su decisión en 1902, fue la de forzar la adquisición de la quebrada Compañía Francesa del Canal de Panamá y su concesión que expiraba, sus mapas y mediciones inexactas, maquinaria vieja y oxidada y edificaciones derruidas. Roosevelt conmocionó a una nación que estaba emocional y cognitivamente cometida con Nicaragua como ruta para un canal interoceánico estadounidense. La suciedad de los actos del gobierno de Roosevelt, su familia, amigos y aliados políticos en la mal llamada rebelión panameña contra Colombia, alcanza la luz en medio de privilegios, políticas, determinaciones, ampulosidad y suerte. La historia teje hilos intrincados de codicia corporativa con ambiciones políticas desaforadas y una diplomacia de cañoneras ejercida por “Madman Teddy”, que resultó en uno de los mayores fraudes perpetrados al público estadounidense y una de las mayores traiciones a un país aliado, respaldado por un tratado internacional firmado por su propio país.

 Aunque Teodoro Roosevelt y Marcus Hanna nunca habían sido aliados políticos, Teddy buscó a Hanna con la esperanza lograr para sí la influencia de Hanna en el Senado. Hanna aceptó bajo dos condiciones: la primera, que Roosevelt debía cumplir la agenda política de McKinley y la segunda:

“Si yo me abstengo de llamarle Teddy, usted se abstiene de llamarme viejo.”[3] Aunque gustoso aceptó las dos, como es obvio en Teddy, no cumplió.

La Familia Presidencial

Douglas Robinson

El presidente de los Estados Unidos, Teodoro Roosevelt (1858-1919) había nacido en Nueva York y era hijo del hombre de negocios y filántropo, Teodoro Roosevelt (1831-1878) y Martha Steward Bulloch (1835-1884). Tuvo además tres hermanos, una hermana mayor, Anna (1855-1931) y dos hermanos menores, Elliott (1860-1894) y Corinne (1861-1933).

Anna su hermana mayor, sufrió del Mal de Pott, casó con el Contralmirante William Sheffield Cowles con quien tuvo un hijo. Su hermano Elliott se alcoholizó muy temprano en la vida y terminó por suicidarse en 1894. Elliott casó en 1883 con Anna Rebecca Hall con quien tuvo tres hijos entre ellos Eleanora, esposa del futuro Presidente, Franklin Delano Roosevelt.

Su hermana menor, Corinne, con muchas reservas, se casó en 1882 con el heredero millonario en finca raíz, Douglas Robinson (1855-1918) hijo de Douglas Robinson (1824-1893) y Frances Monroe (1824-1906), con quien tuvo cuatro hijos: Theodore Douglas Robinson (1883-1934), Corinne Douglas Robinson (1886-1971), Monroe Douglas Robinson (1887-1944) y Steward Douglas Robinson (1889-1909).

Robinson cayó enamorado de Corinne el día que la conoció y con su pedigree, los Roosevelt de inmediato decidieron que este era el hombre que debía casar. Rápidamente Robinson se ganó la buena voluntad de los suegros. Cada vez que Corinne encontraba una objeción al matrimonio con Robinson, su hermana Anna le blandía una espada de Damocles y le insistía: “no debes retroceder”. Su madre favorecía su matrimonio y le decía:

es un buen hombre aunque muy ordinario. Pero no es ordinario malo sino como la quinina. Es ordinario limpio.”

Gelston Castle en Jordanville, Nueva York

A pesar de ello Corinne continuaba reacia.[4] Viajó extensamente por Europa y el Medio Oriente además de publicar varios libros de poesía.

La fortuna de Douglas Robinson le hizo gerente del Astor Trust Company, una empresa de J.P. Morgan. Robinson manejaba las inversiones financieras de Teddy desde antes de casarse con Corinne. También heredó “Gelston Castle”, una mansión en Jordanville, una minúscula población del estado de Nueva York. Allí se conocieron Corinne y Douglas en su niñez y siempre tuvieron la mansión como residencia veraniega.

Un mes antes de casarse con la menor de los Roosevelt, Robinson y Teddy se hicieron socios en la Elkhorn Stock Company, una

empresa ganadera en Dakota. A pesar de ello, el invierno de 1886 fue en extremo severo y Teddy perdió gran parte de su herencia. Robinson continuó como su asesor financiero. En marzo de 1892 Roosevelt se esforzó en reducir sus pérdidas y en conjunto con Archibald D. Russell, R.H.M. Ferguson y claro, Douglas Robinson, organizó la “Elkhorn Ranch Company”, bajo las leyes de Nueva York en la cual transfirieron los activos de la anterior y adquirieron más ganado. Sin embargo nunca recuperaría las pérdidas.

En enero de 1904, Teddy escribe pidiendo ayuda a Douglas para que le explique sobre los intereses de una fiducia.

Douglas Robinson era el hombre a quien se acudía cuando había problemas, ya fueran financieros o de familia. También era el intermediario perfecto cuando las cosas eran complicadas o incomodas para Teddy. Por ejemplo, cuando William Taylor, ex gobernador de Kentucky, fue acusado por el asesinato del gobernador en ejercicio William Goeble y quiso discutir la situación con el gobernador Teddy, se encontraron en la residencia privada de Robinson. A Robinson le encargaban el manejo de las situaciones embarazosas. Al hermano menor de Teddy, Elliott, un alcohólico empedernido, Robinson le dio trabajo en sus empresas. Cuando éste se suicidó, Katy Mann, una antigua empleada doméstica se le presentó a Robinson, no Teddy, con un hijo de Elliott y exigió la suma de 10 mil dólares.

Douglas escribe a Teddy informándole que un candidato para tercer secretario en la legación de Londres, no es apto para el cargo

A pesar de los fracasos en Elkhorn, con Eliott y que aparentemente Corinne, su esposa, le tenía poco aprecio, Teddy en particular, continuaba teniendo en él un extraordinario nivel de confianza. Cientos de cartas, entradas en los diarios y recuentos de prensa demuestran la creciente dependencia de Teddy en Robinson para lograr sus objetivos. Su presencia se encuentra en cada una de las acciones y decisiones que toma el Presidente Roosevelt. Los dos se encontraban constantemente en sus oficinas con el fin de discutir desde asuntos de estado, hasta asuntos domésticos de familia.[5]

Robinson manejó todos los ingresos de Teddy como presidente, sus inversiones y manejó la fiducia heredada de su padre. Roosevelt pasó el resto de su vida buscando estabilidad económica con la ayuda de Robinson. Le explicaba a Teddy los balances de sus fiducias, o hacía mandados y adquisiciones.

Robinson hizo numerosas recomendaciones de personajes para posiciones y asumió reuniones con el Presidente, en la Corte Suprema, con mandos militares y con el Fiscal General.

También hacía lobby con el fin de lograr audiencias del Presidente para sus amigos y asociados de negocios. Robinson tenía relación de negocios con banqueros de inversión, quienes estaban muy interesados en que el Presidente les abriera camino a sus negocios y no tenía reservas en unir el poder político, con el capital privado.

Robinson se había unido al American Syndicate antes de que Teddy irrumpiera en la historia y sus vínculos con Cromwell y secuaces comienzan en mayo de 1900, mientras Madman Teddy aún estaba en la gobernación de Nueva York. Con toda seguridad, Robinson le comentaría a Teddy, como él y otros magnates habían hecho un consorcio para lograr millones de dólares apropiándose de la Compañía francesa del canal de Panamá. Lejos estaban en creer que Teddy podría ayudar ese negocio se concretara.

Corinne Robinson

La verdad es que Nicaragua perdió con Panamá, no en el Congreso o en la opinión pública, ni en los estudios o comisiones, sino en la sala de la casa de Corinne Roosevelt, los salones del Hotel Willard, y en las oficinas de J.P. Morgan y lugares donde se reunió el American Syndicate.

Y para la muestra está ésta carta del 22 de enero de 1902 en que Corinne Roosevelt Robinson escribe a su hermano, el Presidente, una nota en la cual le suplica recibir al señor Philippe Bunau-Varilla quien recién ha llegado de París y se encuentra en el hotel Willard de Washington DC:

y desea ansiosamente tener una pequeña charla con usted sobre la cuestión panameña”.

Y lo presenta como un experto en el tema canalero. Por lo tanto es Corinne, esposa de Robinson, uno de los socios del American Syndicate, quien presenta al francés con el presidente estadounidense.

 “Esta carta refiere al señor Bunau-Varilla quien está muy ansioso de tener una pequeña charla contigo. Él está ahora en el nuevo (hotel) Williard en Washington. …Yo sé cuan ocupado estas, pero pensé que podrías querer verle sobre la cuestión panameña.”[6]

La respuesta de Roosevelt a la situación en Panamá será considerada la más controversial de toda su vida, en particular su insistencia en la ruta panameña por encima de todos los obstáculos. Su actuación denota tal extremo de violencia, que hasta sus más connotados seguidores, la ven como una pataleta infantil en lograr su voluntad, sin contemplar las consecuencias. Sus ataques y amenazas a Colombia fueron totalmente innecesarias ya que, su obligación legal era negociar el canal por Nicaragua, sin embargo prefirió hacer toda la pantomima de una revolución en el istmo. Esto solo se explica en que, sus intereses particulares y los de poderosos magnates, estaban relacionados directamente con el Canal de Panamá.

Carta de enero 22 de 1902 de Corinne Roosevelt a su hermano Teddy, solicitando audiencia para el francés Philippe Bunau-Varilla “experto sobre el tema de Panamá”

Colombia con todo en contra, dentro la negociación del canal de Panamá, no entendía que los franceses y yanquis le hacían una celada e ingenuamente no captaban los  sucesos. A pesar de ello, los colombianos no hacían más que generarse publicidad adversa con su absurda guerra civil, que lentamente destruía el poco país que había.

 

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[1] Howard Howland, “Theodore Roosevelt and His Times”, FQ Books, 2010

[2] Eduardo Lemaitre, “Panamá y su separación de Colombia”, Intermedio Editores, Bogotá, 2003

[3] H.W. Brands, “T.R.: The Last Romantic”, Basic Books, Nueva York, 1997

[4] Betty Boyd Caroli, The Roosevelt Women, Basic Books, Nueva York, 1999

[5] El Theodore Roosevelt Center tiene cientos de comunicaciones del ex Presidente Roosevelt. Se puede visitar en: www.theodorerooseveltcenter.org

[6] Carta de Corinne Roosevelt Robinson a Teodoro Roosevelt, enero 22 de 1902, Theodore Roosevelt Papers, División de Manuscritos, Biblioteca del Congreso