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Mariano Ospina Peña

Tras el suceso en la oficina de Cromwell, quien prácticamente le había sacado a empujones, Amador envió de inmediato un cable a sus cómplices en Panamá: “Disappointed (decepcionado)”.

Philippe Bunau-Varilla

Ahora el francés Bunau-Varilla se haría cargo del complot, en compañía de William J. Curtis, a quien Cromwell había encargado en forma oficial la empresa (a Hay y Teddy se les había advertido mediante una carta). No hay que olvidar que el francés recibía remuneración económica del financista Isaac Seligman, viejo conocido de Cromwell y miembro de American Syndicate.

Bunau-Varilla había llegado a Nueva York el 22 de septiembre y según dice él, se había registrado en el Waldorf Astoria. Entonces la habitación 1162 del hotel fue la cuna de la nueva nación. De inmediato se dirigió a hablar con Joshua Lindo, un banquero panameño quien le había tenido que prestar dinero a Amador para su estadía en Nueva York. Lindo le informó sobre la sorpresiva actitud de Cromwell, quien supuestamente se había retirado del complot. Bunau-Varilla hizo llamar a Amador para que fuera su hotel a dialogar con él.

Entonces Manuel Amador le visitó el 23 de septiembre en el Waldorf Astoria donde Bunau-Varilla le aseguró que todo estaba ya en orden, tal como había quedado con el abogado neoyorquino. En el punto culminante de la conversación, Bunau pregunta cuáles son las esperanzas de éxito del movimiento. A lo que Amador responde:

“Después de la revolución que ha mantenido al país en suspenso por más de 3 años, la paz ha vuelto (la Guerra de los Mil Días). En Panamá solamente hay una débil guarnición colombiana. Aún más: esos hombres han dejado de considerarse extranjeros entre nosotros: nuestras emociones y aspiraciones son suyas. Su General, Huertas, un soldado gallardo a quien sus tropas obedecen fielmente, se sorprende de la manera como Colombia se conduce respecto a Panamá. Una revolución no tendría hoy obstáculos; pero los colombianos dominan el mar; la tripulación de sus barcos le es fiel; debemos por consiguiente ante todo adquirir una marina que impida a Colombia aniquilar con sus tropas a la Provincia de Panamá. Además, nosotros necesitamos armas. Ha sido para obtener esos buques y esas armas que yo he venido. A nuestro primer enviado, el Capitán Beers, se le dieron seguridades en ese sentido y la misma promesa se me hizo cuando yo llegué: que los Estados Unidos nos darían todo el dinero que necesitáramos para comprar armas, vapores y pagar las tropas”.

“¿Qué cantidad de dinero considera usted necesaria? –le interrumpí.

“Nosotros necesitamos $6 millones de dólares –replicó Amador.

“Mi querido Doctor –dije- Ud. Me ha expuesto la situación y ha venido a pedir consejo. Yo le respondo: Déjeme pensar el asunto…”.[1]

Bunau-Varilla prometió apoyo económico y ofreció hacer los arreglos necesarios con el gobierno estadounidense para que hubiese la presencia de los buques de la Armada estadounidense defendiendo a los panameños.

Ya resuelto todo con Amador, los dos se dirigieron a Washington DC. Allí el francé

Francis Butler Loomis Subsecretario de Estado 1903-1905

s, se entrevistó con el Secretario Hay y el Subsecretario Francis B. Loomis. Loomis le llevó a la Casa Blanca para que entrevistara con el Presidente.

Asi el 9 de octubre, de nuevo se reunió Bunau-Varilla con Madman Teddy. Corinne ya los había presentado a principios de 1902. Tras una conversación intrascendente sobre el Dreyfus Affair y el tremendo impacto sobre la sociedad francesa, el ingeniero francés mencionó el asunto de Panamá al Presidente, de inmediato Madman Teddy tomó el tema con sumo interés y le pidió su opinión al respecto:

Bunau-Varilla:”Monsieur le Président, une révolution.” 

Teddy: “A revolution? Yes, yes, of course, a revolution, that way we can carry out our plans.”[2] “Loomis permaneció mudo y quieto, sin que un solo pliegue de su rostro dejara traslucir su desagrado por la revelación que acababa de hacer el presidente.”[3]

El 10 de octubre Madman Teddy le escribió a Albert Shaw editor del American Review of Reviews, quien venía prediciendo con mucha exactitud lo eventos a suceder en Panamá:

Yo echo a un lado la propuesta de fomentar la secesión de Panamá. En forma privada me siento libre de decirle, que estaría encantado si Panamá fuese un estado independiente o si se independizara ahora; pero si yo lo dijera en público, equivaldría a instigar una rebelión, por lo tanto no puedo decirlo.[4]

Amador y Madman Teddy

El periodista Earl Harding relata que Raoul Amador le contó en Panamá, en marzo de 1910, lo que su padre le había confiado antes de fallecer. Es importante anotar que esto mismo fue repetido cuando testificó ante jueces estadounidenses:

Mi padre no aceptaría la palabra de ninguno de los conspiradores en los Estados Unidos, ni la del abogado Cromwell, ni la del ingeniero francés Bunau-Varilla así que personalmente fue hasta la ciudad de Washington. Llegó en las horas de la noche y fue directamente a la Casa Blanca donde habló con el Presidente Teodoro Roosevelt hasta altas horas de la noche y regresó a Nueva York en el primer tren que madrugaba para Nueva York. De esta manera no quedaría registro de su estadía en la ciudad. Mi padre me afirmó que no arriesgaría su vida y las de nuestras gentes en promesas de segunda mano. A la salida, el Presidente acompañó a mi padre hasta el cabriolé, colocó la mano sobre su hombro y le dijo: Siga adelante doctor; estaremos usted hasta el final. [5]

A su llegada de nuevo a Nueva York, Amador Guerrero envió un nuevo cable a sus secuaces en Panamá: “Hope (esperanza)”

Los de la reunión secreta en la Casa Blanca en octubre de 1903; Madman Teddy, Presidente de los Estados Unidos, John Hay, Secretario de Estado, el sobornado conspirador colombiano, Manuel Amador Guerrero y posiblemente su hijo, Raoul Amador

Esta información fue confirmada por Robert B. Alling, un abogado neoyorquino, cuñado de Jenny Smith Amador, esposa estadounidense de Raoul Amador y concuñado del hijo de Amador. El abogado Alling había conocido de estos planes revolucionarios directamente por boca del médico Manuel Amador Guerrero. Según el mismo Harding, Raoul le contó los planes unas dos semanas antes de revolución panameña a su amigo de universidad, el médico Philip Embury, según se desprende de la afirmación de Embury:

“El (Raoul) estuvo aquí una noche de octubre de 1903 en un automóvil nuevo. Cuando le tomé del pelo por no haber venido antes con su nuevo auto, me contó que, había estado muy ocupado con su padre; que el viejo estaba aquí en asuntos importantes en conexión con Panamá; que juntos habían ido a Washington y que se habían entrevistado con Roosevelt y John Hay y tras su regreso a Nueva York, su padre había regresado a Panamá con todos los arreglos completados; que dentro de tres semanas sabríamos de una incendiaria revolución en Panamá, tal como sucedió.”[6]

Bertha Gresham, una amante de Raoul, afirmó que, mientras ellos vivían en la calle 87 West de Nueva York, él (Raoul) le afirmó repetidamente, que había estado con su padre en una conferencia

Brigadier General Charles Humphrey

de medianoche en la Casa Blanca y que, el Presidente Teodoro Roosevelt le dijo al Dr. Amador, que los panameños podían confiar en la ayuda de los Estados Unidos para llevar a cabo sus planes independistas.[7]

Pero la verdad es que Amador había ido por lo menos tres veces a Washington DC.  Una vez con Cromwell, otra con Bunau-Varilla y otra vez solo. El ingeniero estadounidense F.F. Whittekin de Medellín, supo del viaje de Cromwell y Amador por medio del conductor del tren. Amador también le había dicho a Arango en la presencia del yerno de éste último, Ernesto T. Lefevre, que había estado en Washington con Bunau-Varilla esperandole hasta medianoche en el lobby de un hotel mientras el francés estaba en la Casa Blanca. También le dijo a Eusebio A. Morales de su viaje a Washington y al gringo Prescott, le afirmó que había ido solo a Washington pero que Duque con su indiscreción de contarle todo a Tomás Herrán en la Legación de Colombia, había arruinado todo.[8]

Después de estas reuniones en Washington y la Casa Blanca, el entonces brigadier general Charles Humphrey, quien ocupaba el comando del cuerpo logístico del ejército estadounidense fue a verle. Éste llegó a Nueva York y durante los días 15, 16, 17 de septiembre, tomó las habitaciones contiguas al conspirador colombiano en el Hotel Endicott.[9] Ahí se coordinó la entrega de armas y material de guerra para la “revolución”.

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[1] Gobierno de los Estados Unidos, “The Story of Panama. Hearings on the Rainey Resolution Before the House of Representatives”, Government Printing Office, Washington DC, 1913

[2] Philippe Bunau-Varilla, “From Panama to Verdun My Fight for France”, Dorance and Company, Pittsburg, 1940

[3] Eduardo Lemaitre, “Panamá y su separación de Colombia”, Intermedio Editores, Bogotá, 2003

[4] Gobierno de los Estados Unidos, “The Story of Panama. Hearings on the Rainey Resolution Before the House of Representatives”, Government Printing Office, Washington DC, 1913

[5] Earl Harding, “The Untold Story of Panama”, Athene Press Inc. Nueva York, 1959

[6] Ibid.

[7] Ibíd.

[8] Gobierno de los Estados Unidos, “The Story of Panama. Hearings on the Rainey Resolution Before the House of Representatives”, Government Printing Office, Washington DC, 1913

[9] Ibíd.