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Mariano Ospina Peña

Bogotá se convirtió en un caos la tarde del 3 de noviembre cuando empezaron a llegar los rumores que anunciaban la temida pérdida de Panamá. Ciudadanos de todas las edades y condiciones llenaron las calles con la vana esperanza de que se dijera algo que deshiciera el desmembramiento del país, pero el gobierno se mantenía en silencio.

Ante la falta de información oficial, el 7 de noviembre los políticos inquietos por la situación de Panamá, se reúnen y dirigen a Palacio para indagar. Pedro Nel Ospina que hacía parte del grupo encontró a Marroquín, de quien se había distanciado, tranquilamente leyendo una obra de Paul Bourget. Cuando este notó que alguien se le acercaba se dirigió a su encuentro con el dedo índice entre las paginas para marcar el sitio donde llevaba la lectura. Al reconocerlo exclamó:

“¡Ah, Pedro Nel! No hay mal que por bien no venga. Se nos separó Panamá, pero tengo el gusto de volverlo a ver por ésta su casa.”[1]

 “Al separase Panamá, Colombia quedó anonadada. Un sentimiento de estupefacción paralizó por semanas la vida de todo el país. Aquello era una sensación compleja, mezcla de asombro, de indignación, de impotencia, de furor y de ánimo vengativo. Nadie sabía qué actitud asumir, qué camino tomar.”[2]

Asaltaron al hombre equivocado” reza la portada de la prestigiosa publicación con un denigrante dibujo de Colombia, de fecha noviembre 21 de 1903. Desde entonces, Roosevelt acusaba a Colombia de querer “asaltar a los estadounidenses

Muchos lo habían advertido, entre ellos Carlos Martínez Silva e incluso Rafael Uribe Uribe pero en un país andino, de espaldas a sus propias costas, en ambos océanos, que la hacían la más marítima de Sur América, y que había permitido la ocupación de la costa de Mosquitia, por los ingleses y después por un dictadorzuelo como José Santos Zelaya en Nicaragua, así como las islas Mangle (Corn Islands), de propiedad colombiana pero sin el dominio, porque el mismo gobierno nicaragüense las había ofrecido secretamente en arriendo a Estados Unidos, era poco lo que se podía esperar.

En los Estados Unidos, el Presidente Teodoro Roosevelt, artífice de la rapiña, con el fin de ocultar su vergonzoso proceder, acusaba a Colombia de haber querido asaltar a los estadounidenses y lógicamente en Colombia se acusaba a los yanquis, encabezados por Roosevelt, de haberse robado Panamá. Así en Colombia imperaba desde 1903 un fuerte sentimiento antiimperialista y más que todo, antiestadounidense. Hasta la más respetada, encopetada y recatada de las damas capitalinas afirmaba con desprecio:

“¡Yanquis hijueputas!”

En Bogotá se formó espontáneamente un movimiento de protesta contra la intervención norteamericana. Numerosas organizaciones mutuales, juntas de vecinos y personalidades exigieron del gobierno del presidente José Manuel Marroquín la adopción de medidas en defensa de la integridad nacional. Paralelamente se organizaron recolectas de dinero y movilizaciones de protesta.[3]

El ejército y la policía reprimieron en Bogotá, “sangrientamente”, una manifestación popular. Un mes más tarde los liberales se armaron contra el régimen de Marroquín. La sublevación fue contenida nuevamente.[4]

La República de Panamá

El 20 de febrero de 1904, Raoul Amador hizo un almuerzo en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York, el mismo día de la posesión de su padre, con el fin de homenajear los hombres que hicieron posible la “independencia” de Panamá con la asistencia del Secretario de Guerra, William Taft.

Los homenajeados fueron: William Nelson Cromwell, alto directivo del Ferrocarril de Panamá y creador de la Panama Canal Company of America y líder del American Syndicate; George Henry “Geo. H.” Sullivan, socio de Cromwell; E.B. Hill socio de Cromwell; William J. Curtis, socio de Cromwell; Roger Leslie “R.L.” Farnham, agente de prensa de Cromwell; E.A. Drake, Vicepresidente del Ferrocarril de Panamá; Charles Paine, directivo del Ferrocarril de Panamá; R.L. Walker empleado del Ferrocarril de Panamá; S. Deming, empleado del Ferrocarril de Panamá y el Dr. M.J. Echevarría, médico panameño residenciado en Nueva York.[5]

 

Programa del almuerzo dado en el Waldorf Astoria de Nueva York el 20 de febrero de 1904 en favor de aquellos hombres quienes habían colaborado en mayor medida a la independencia de Panamá

Una prueba más de la indiscutible participación oficial del Ferrocarril de Panamá y sus directivos, en Nueva York y obviamente en Panamá, en la farsa armada por Cromwell y los Estados Unidos para independizar el istmo.

El nuevo Secretario de Guerra William Taft, al visitar Panamá en 1904 afirmó sobre el ejército panameño y su capacidad de defensa como:

no mucho mayor que el ejército de un escenario de ópera.”

Si Colombia hubiera tenido libre acceso por mar, habría podido desembarcar varios miles de soldados veteranos en ambos lados del istmo.[6]

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[1] Laureano Gómez Castro, “Cáracter del General Ospina”, Bogotá, 1928

[2] Eduardo Lemaitre, “Rafael Reyes”, Intermedio Editores, Bogotá, 2002

[3] Mauricio Archila, “La Clase  Obrera Colombiana (1886-1930)”

[4] Patricia Pinzón de Lewin, “El Ejército y las Elecciones”, Cerec, Bogotá, 1994

[5] Earl Harding, “The Untold Story of Panama”, Athene Press Inc. Nueva York, 1959

[6] David McCullough, “The Path Between the Seas”, Simon and Schuster, Nueva York, 1977