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Mariano Ospina Peña

Elihu Root Secretario de Estado

Elihu Root seguía obsesionado con la situación de enemistad con los Estados Unidos que continuaba en Colombia y sabía que Teddy jamás permitiría una declaración lamentando los hechos, entonces ideó un complejo tratado trilateral, Root-Cortés-Arosemena, que le permitiría a Panamá presentar disculpas por los Estados Unidos. Entonces en uno de sus últimos actos como Secretario de Estado, a principios de enero de 1909, Panamá firmó un tratado con Colombia reconociendo 2.5 millones de dólares correspondientes a la deuda externa nacional anterior a la secesión. Esto a cambio del reconocimiento formal de la independencia del departamento panameño. Ese mismo día los Estados Unidos y Panamá firmaron un tratado en el cual pagaban la mitad de lo acordado con Colombia mediante la cancelación de los 250 mil dólares anuales de estipendio por la zona del canal, desde 1908 y no en 1913. Así mismo los Estados Unidos firmaban un tratado con la República de Colombia otorgando a los ciudadanos colombianos preferencias navieras a través del canal y entregaba concesiones comerciales adicionales en la zona del canal. Todo se justificaba por la:

“peculiar, histórica y geográfica relación colombiana con Panamá.”

Tanto el Congreso estadounidense como el panameño ratificaron el acuerdo. El abogado neoyorquino Cromwell se adjudicó el crédito de este tratado. Pero en Colombia, el Senado lo negó porque la opinión pública colombiana seguía muy hostil hacia los Estados Unidos. Las heridas eran aún muy profundas y no había perdón.

Según William Nelson Cromwell, la idea del tratado trilateral había nacido de una serie de conferencias que él había sostenido con el Presidente Reyes en Nueva York en septiembre de 1907:

“de las cuales resultó una gran amistad, una amistad que aún perdura.”

Afirmó no estar en libertad para divulgar detalles de estas reuniones con el Presidente colombiano pero si podía afirmar que el General Reyes les había dado tanto consideración y apoyo, que enviamos al Capitán Beers al istmo para que explicara el plan en detalle al gobierno de Panamá, quien rápidamente autorizó su estudio.[1]

El Trece de Marzo de 1909

En vez de los tratados sugeridos por Root, Francisco José Urrutia, el Canciller colombiano solicitó una arbitración para toda la cuestión panameña o en su defecto una propuesta estadounidense para compensar a Colombia por todas las pérdidas ocasionadas con la separación de Panamá. La entrante administración Taft rehusó considerar estas sugerencias ya que indicaría válida la posición colombiana en 1903 de haber sido agredida y reflejaría muy mal sobre el gobierno de Teddy.[2]

Cuando el pueblo colombiano se enteró del tratado que pretendía aprobar, en el cual Colombia reconocía la República de Panamá y recibía a cambio el uso gratuito del canal, más $2.5 millones de

Nicolás Esguerra y Alfonso Villegas

dólares, Nicolás Esguerra, uno de los pocos liberales que nunca fue reyista, armó el avispero al negar a la Asamblea Nacional, nombrada por el presidente, el derecho a aprobar el tratado con los Estados Unidos. Alfonso Villegas Restrepo encabezó quienes se lanzaron a las calles a agitar a las masas y quienes conspiraron en clubes y casas particulares lo hicieron con la idea de que era necesario reemplazar el régimen de Reyes por un gobierno que siguiera reconociendo los derechos de los liberales, e hiciera este reconocimiento más estable al basarlo en prácticas legales claras.[3]

Reyes jamás logró imaginar el altísimo nivel anti-yanqui que aún permanecía en el pueblo colombiano. La oposición al tratado fue tan grande que Reyes tuvo que limitar las libertades individuales con el fin de controlar las críticas. Esto sin embargo no fue suficiente para impedir la oposición en la prensa y las manifestaciones callejeras contra lo que muchos colombianos consideraban un humillante tratado con los Estados Unidos.

General Juan María Gilibert

El Congreso estadounidense y el panameño ratificaron el acuerdo. Pero en Colombia Nicolás Esguerra apoyado por Francisco de Paula Matèus de la futura efímera Unión Republicana impugnó los acuerdos. Según Esguerra estos, por ningún motivo podían ser aprobados por una Asamblea Nacional Constituyente, solo podían aprobarse por un Congreso constitucionalmente elegido. Con su actitud tomó fuerza en contra de los tratados y en contra del gobierno de Reyes. Enrique Olaya Herrera, otro futuro republicano, alebrestó a los estudiantes quienes generaron disturbios, a los que se unieron opositores al gobierno de Reyes.

La policía encabezada por el General Gilibert, exaltó los ánimos de los manifestantes al  prohibir conglomeraciones de más de cinco personas. A pesar de que Reyes reorganizó el gabinete nombrando a Jorge Holguín designado y Ministro de Hacienda, los ánimos no se calmaron.

El 13 de marzo las manifestaciones contra el gobierno fueron muy serias. Se apedrearon los edificios públicos y la casa Arzobispal. Las heridas por Panamá eran muy profundas y aún no había perdón para los estadounidenses.

La tradición antiimperialista siguió viva en los sectores populares urbanos que nuevamente se expresaron en marzo de 1909 en el rechazo al pacto tripartito firmado por representantes de Colombia, Panamá y los Estados Unidos. Colombia, por medio de este tratado, reconocía a la República de Panamá, y a cambio recibía una pequeña compensación por parte de los Estados Unidos. Las protestas urbanas de febrero y marzo del mismo año expresaron tanto el descontento con el tratado como con la dictadura del general Rafael Reyes (1904-1909). La caída del general Reyes aplacaría temporalmente la movilización popular.[4]

En vez de los tratados sugeridos por el Secretario de Estado Elihu Root, Francisco José Urrutia, el Canciller del General Reyes, solicitó una arbitración para toda la cuestión panameña o en sudefecto una propuesta estadounidense para compensar a Colombia por todas las pérdidas ocasionadas con la separación de Panamá.

Presidente William Taft de los Estados Unidos y el Canciller de Colombia Francisco José Urrutia

El gobierno estadounidense del nuevo Presidente William Taft (1909-1913) rehusó considerar la arbitración que solicita el canciller colombiano Francisco José Urrutia ya que estas sugerencias indicarían válida la posición colombiana en 1903, de haber sido agredida por los Estados Unidos y reflejaría muy mal sobre su protector y jefe político, Madman Teddy Roosevelt, y su  gobierno.[5]

“Viva la soberanía nacional – abajo los curas – Muera Brioschi” 

El 3 de noviembre de 1910 al conmemorase un aniversario más del zarpazo de Panamá, se supo que estando en la ciudad de Barranquilla el general Alfredo Vásquez Cobo, Ministro de Guerra durante esos aciagos acontecimientos, una turba enardecida, que le responsabilizaba, le había obligado a dejar la ciudad. Vásquez se había desplazado para Cartagena pero al conocerse la noticia, hubo quienes quisieron castigarle por su responsabilidad y mostrarle el desagrado que les inspiraba su presencia en esa ciudad también, pero fueron contenidos por el gobernador del departamento, José María de la Vega. El resentimiento por la ofensa de Panamá seguía presente en los colombianos y claro generaba un antiyanquismo muy fuerte. La prueba estaba en la caída del régimen de Reyes el año anterior por el pecado de haber firmado el tratado.

Arzobispo de Cartagena Pedro Adán Brioschi

Esa caída de Reyes había generado un breve periodo de agitación política que preocupó seriamente al Arzobispo de Cartagena y lo señaló como:

“brotes semisalvajes de desorden y libertinaje”

Este era producto de la libertad que respiraba la nación después del régimen fuerte y autoritario del general Reyes, que dejó el camino abierto para las manifestaciones políticas en la prensa y el pueblo. La posibilidad de que el liberalismo llegara al poder le atormentaba, y él sabía que muchos liberales aún guardaban rencor anticlerical. A esto es que se debe el haber decidido vender los bienes de la iglesia, que según él:

los había hecho a veces, quitándose el pan de la boca

Ese diciembre de 1910, en Cartagena de Indias con 16 mil habitantes, se organizó una protesta ciudadana en contra del Arzobispo Pedro Brioschi por la venta del edificio de San Pedro Claver, las accesorias construidas detrás del seminario, la casa de la calle de la Factoría, donde estaba el colegio de San Pedro Apóstol, y el Palacio Arzobispal a The American Educational Union de San Francisco, California, la cual estaba representada por el presbítero Marco A. Restrepo. Incluso el Papa Pío X había otorgado el traspaso pero también con afán había preguntado:

“¿No causará está licencia algún disturbio? ¿No proporcionará al prelado de Cartagena algún dolor de cabeza?”

La soberbia de Brioschi no le permitió medir los alcances del traspaso de estos bienes a unos estadounidenses con lo cual desafiaba al mismo tiempo, el sentimiento

Gobernador José María de la Vega

patrio, incluso en los conservadores más clericales.[6] Aparentemente Monseñor Brioschi no era muy estimado en la ciudad por su antipatía y arrogancia. Su actitud de intolerancia hacia el liberalismo y la masonería inclinándose únicamente hacia “los miembros del Partido del orden”, los políticos conservadores, le ganaron la animadversión de muchos cartageneros de ambos partidos. También había generado algunas medidas impopulares con el fin de lograr mayores ingresos. En 1899, apenas un año después de su nombramiento, creó un arancel eclesiástico, luego aumentó los derechos de los párrocos, determinó derechos a la curia, aumentó en un 50% los servicios espirituales y elevó los costos en las ceremonias y sacramentos religiosos.

La venta fue muy difundida por la prensa y el negocio se había hecho por la suma de 20 mil dólares. El día de la firma de las escrituras en la Notaría Primera, el mismo notario Luis Scotchborg, dio la voz de alerta:

“sepan ustedes que el Arzobispo está vendiendo los bienes de la iglesia, y lo que es más grave, no a cualquier comprador, sino a un comprador yanqui” [7]

Si bien no existía duda del derecho de la Iglesia sobre la propiedad de los terrenos y bienes a vender, pero en forma tonta e ingenua Brioschi las traspasaba a los gringos, cuando estas propiedades eclesiásticas colindan con los defensas de la ciudad como son el cuartel del ejército y las murallas de San Javier. ¡A los gringos… que habían usurpado Panamá, unos pocos años antes!

Entonces el 10 de diciembre sin convocatoria ni organización, comienza en forma espontánea la protesta ciudadana:

Desde las once de la mañana comenzó a correr por la ciudad la noticia que el Sr Arzobispo Brioschi había vendido a una compañía yanqui varios bienes de la iglesia. Se creyó en principio que se trataba de una chanza; pero que al fin y al cabo se tuvo la seguridad real y efectivamente la venta estaba hecha el pueblo de Cartagena se sintió estremecido de indignación en todas las capas sociales; y en las calles y en las plaza, en los hogares se elevaba al unísono la más severa protesta. Un sentimiento unánime unía todos los corazones, enlazaba todas las voluntades y vibraba con el acento de todas las energías.[8]

Liberales y conservadores se unieron indignados contra el prelado italiano y llenaron la plaza de la Catedral de manera que el mismo Brioschi, atemorizado, huyó de su residencia y se refugió en la casa del Gobernador José María de la Vega. Una comisión compuesta por los señores Luis B. Sánchez, Domingo de Granados, Clímaco Mouthon Rivera y Marcelino Jiménez V. fue enviada para hablar con el gobernador para que se detuviera la transacción. Según el diario El Liberal, de la Vega justificó la venta y la aprobaba por ventajosa para la ciudad.[9]

La población enardecida por el atrevimiento del prelado italiano apedreó la casa arzobispal, desobedeciendo y arrollando a la policía enviada a preservar la calma. En esta situación salió un escuadrón del ejército al mando del coronel Obando y logró restablecer el orden. Sin embargo la población seguía muy indignada y regresó a día siguiente:

“El once de diciembre cartelones colocados en diferentes puntos de la población invitaban al pueblo para que concurriese a las cuatro de la tarde al Parque de Bolívar con el objeto de protestar contra la venta de los bienes de la iglesia. Desde las primeras horas de la mañana empezaron a reunirse los manifestantes en diferentes puntos de la ciudad. A las tres de la tarde el Parque de Bolívar estaba totalmente atestado de ciudadanos de todas las capas sociales y matices políticos. En esos momentos una comisión de ciudadanos se acercó al Señor Gobernador del Departamento y con el objeto de manifestarle nuevamente la exaltación del pueblo, y que debía interponer su influencia para calmar los ánimos. El Gobernador replicó que estaba dispuesto a servir de mediador en el desgraciado asunto; pero para ello debía dirigírsele un memorial que se pondría en conocimiento del pueblo, el cual, desde ese momento disolvería la manifestación y se retiraría a sus casas tranquilamente, dejándole a él, el tiempo suficiente para llevar a cabo las gestiones con las que se comprometería.

Aparentemente la comisión redactó el memorial y buscó a los pobladores para que la firmaran y estuvieran de acuerdo con ella. La comisión se dirigió al Parque de Bolívar con el objeto de llevar a conocimiento del pueblo el pacto que acababa de efectuarse. La policía rodeaba toda la manzana del Arzobispado a órdenes del general Carlos Díaz.

“En el parque se presentó un piquete del batallón Sucre, la multitud silbó y le arrojó algunos pedruscos, algunos oficiales a cargo del coronel Obando, siguiendo órdenes emprendieron la marcha; la confrontación dejó varios heridos, entre ellos un joven de apellido Lemaitre, quien recibió un balazo estando de pie y mirando como curioso a la multitud. Así mismo otros dos individuos de apellido Sánchez y Sierra resultaron gravemente heridos,[10] solo un policía resultó herido en un pulmón. [11]

Subteniente Teodoro Hilders

Aparentemente hubo disparos provenientes de la residencia del prelado italiano, el palacio arzobispal. Un policía de apellido Herrera se negó disparar contra la población, lo mismo el subteniente de la policía, Teodoro Hilders (años después sería Jefe de la Policía Departamental). Ante la agresión, las gentes salieron a armarse para enfrentar a la autoridad. Algunos ciudadanos en forma prudente recurrieron al gobernador quien les acompañó hasta el lugar de los hechos e impartió órdenes precisas. A pesar de ello, la población exigió la destitución del jefe de policía y siete agentes más y amenazó con disturbios si no era atendida su exigencia. La exaltación popular se calmó con la creencia que el general Carlos Díaz, quien aparentemente había dado la orden de abrir fuego contra la población, había sido destituido de la policía y reemplazado por Manuel Esteban Ortiz.

El día doce se anuló la escritura. Los señores Ramón P. de Hoyos, Secretario de gobierno y Gabriel Rodríguez D., Fiscal del tribunal, mostraron la orden del arzobispo para anular el registro notarial de la venta de los bienes para el beneplácito de los 3 mil concurrentes al Parque de Bolívar.

Brioschi fue obligado a salir del país con fuerte protección policial hacia Colón, en la ahora República de Panamá. En el muelle le afirmaría a Diego Martínez señalando:

“aquellos techos que blanquean son obra mía, porque en ese pueblo desgraciado no hay quien haga nada por el bien, ahí quedan en obras ochenta mil Liras de mis fondos particulares”[12]

Sin embargo no podía dejar de anotar al respecto con cierto cinismo:

“No está demás manifestar que perdono de todo corazón las ofensas irrogadas a mi pobre persona en días aciagos, fruto de una banda de desadaptados que no ven más allá de su ignorancia”[13]

 Un año después en el diario El Caribe de Cartagena se cuestionaba la política colombiana y la reacción del pueblo colombiano:

“… ha sido necesario creer que por ser la víctima un prelado inerme y benévolo, por eso se le llenó de contumelias en nombre de un mentido patriotismo. Dígasenos si no, por qué el pueblo de Cartagena soportó en vergonzoso silencio y aun lleno de terror cerval, la horrible humillación que se le impuso, obligándolo a recibir la visita del ministro americano Root; á darle la bienvenida y á agasajarlo con espléndidos festejos? Ah! Es que detrás de Root estaban los acorazados y los ejércitos yanquis oh ignominia para un pueblo que tiene tan gloriosa historia de sacrificios! Y hemos seguido manteniendo relaciones comerciales y diplomáticas con la nación que nos ha arrebatado a Panamá. ¿Dónde está entonces la viril protesta del pueblo colombiano? ¿Dónde el acto heroico para lavar la afrenta? Por qué los que hoy afrentan desafiar las bayonetas pretorianas, no se estrellaron gloriosamente contra esas bayonetas en los días de la visita humillante de Root?”[14]

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 [1] Earl Harding, “The Untold Story of Panama”, Athene Press Inc. Nueva York, 1959

[2] Edward Kaplan, “U.S. Imperialism in Latin America: Bryan’s Challenges and Contributions, 1900-1920”, Greenwood Press, Westport Connecticut, 1998

[3] Jorge Orlando Melo, “De Carlos E. Restrepo a Marco Fidel Suárez: Republicanismo y gobiernos conservadores”, Publicado en: Nueva Historia de Colombia, Bogotá, Editorial Planeta, 1989, Vol. III

[4] Mauricio Archila, “La Clase  Obrera Colombiana (1886-1930)”

[5] Edward Kaplan, “U.S. Imperialism in Latin America: Bryan’s Challenges and Contributions, 1900-1920”, Greenwood Press, Westport Connecticut, 1998

[6] Eduardo Lemaitre, “Historia general de Cartagena”, tomo IV, Bogotá, Banco de la República, 1983

[7] Ibíd.

[8] Diciembre 13 de 1910, diario El Porvenir de Cartagena

[9] Diciembre 17 de 1910, diario El Liberal de Cartagena

[10] Diciembre 23 de 1910. “Sangre”, diario El Caribe de Cartagena mencionado por María Fernanda Lorduy Flórez en “La protesta popular en Cartagena 1900-1920”, 2011

[11] Diciembre 13 de 1910, diario El Porvenir de Cartagena

[12] Diciembre 16 de 1910, diario El Porvenir de Cartagena

[13] Diciembre 13 de 1911, “Carta del Arzobispo”, diario El Porvenir de Cartagena

[14] Agosto 23 de 1911, diario El Caribe de Cartagena